sábado, 11 de mayo de 2013

Pio Vucetich


Con esta entrada continuamos selecionando para el visitante del blog materiales audiovisuales relevantes. En este caso estamos ante una valiosa entrevista al psicólogo y sanador Pio Vucetich centrada en el uso de la ayahuasca. Una entrevista entre dos mundos dada su formacion de psicólogo y, al tiempo, de hombre-medicina, chaman o sanador formado en la medicina tradicional. El caso de Pio Vucetich está muy lejos de esos que dan ayahuasca sin formación alguna y sin ceñirse a un contexto de capacitación contrastado. Esto se nota en sus palabras, en su prudencia, en la manera en que atiende a la propia vitalidad y energía como esfera en la que trabaja la medicina tradicional, en su reivindicación de un "saber hacer" para que la ayahuasca se nos brinde como recurso medicinal... En el contexto general de la entrevista quisiera subrayar, en especial, dos temas. De un lado la apelación a un principio espiritual, auténtica reserva de salud del hombre, en la que éste encuentra su equilibrio y se abre a la plenitud de la vida. De otro la manera en que Pio Vucetich considera el trabajo del chaman durante las sesiones de sanación en tanto facilitador que acompaña el propio proceso de cada cual bien lejos de todo patrón milagrero o directivo. En fin estamos ante una entrevista de gran coherencia interna que atiende a determinadas cuestiones fundamentales que, efectivamente, están a la base del buen uso de la ayahuasca. Dejemos la palabra a Pio Vucetich.






sábado, 2 de marzo de 2013

De vuelta al LSD


Desde hace ya algunos años plantas y fármacos visionarios comienzan a ser de nuevo considerados en diversos tipos de investigaciones. Quedan ya lejos los años de plomo de la prohibición y, sobre todo, ese contexto de guerra fría que tanto animara a la cancelación y persecución de todo lo que tuviera que ver con la dietilamida del ácido lisérgico. El LSD vuelve pues a considerarse desde la propia riqueza de la experiencia que cataliza, desde sus posibilidades clínicas y terapeúticas y desde su potencia para generar procesos de transformación personal. Al día de hoy conocemos mejor sus riesgos pero parece que las bendiciones de éste fármaco visionario, puramente occidental, parecen no haberse olvidado. De esta valoración ya madura y de las nuevas investigaciones en curso va el digno documental "Viaje al LSD" que traigo a colación en el blog. En su metraje diversos temas van siendo tratados sin por ello dejar de ocultar, lejos de todo mesianismo vulgar, la necesidad de contextos y de precisión. El contexto de riqueza de la experiencia será señalado ya desde el comienzo del video. Y a partir de ahí diversas investigaciones serán reseñadas. En relación a las mismas me ha parecido impresionante la efectividad de la ingesta del fármacos visionarios en enfermos terminales de cara a un mejor confrontar la posibilidad de la muerte cercana.
 
 
Desde un punto de vista biomédico resultan interesantísimas las matizaciones de David E. Nichols sobre la acción del LSD activando los receptores de la serotonina 2A en el cortex central, el área encargada de discernir, elaborar, visualizar e interpretar la realidad que nos rodea. La serotonina es un importante neurotransmisor; percepciones y emociones quedan muy vinculadas a la bioquímica de la serotonina. La dietilamida del ácido lisérgico resulta ser una molécula tan similar que se acopla con los receptores de la serotonina catalizando un funcionamiento modificado del cerebro. Estas indicaciones serán matizadas con la relevancia del llamado el llamado locus coeruleus en relación a la acción del LSD sobre la conciencia. El locus coeruleus es el grupo de células nerviosas del tallo cerebral encargado de promover los estados de alerta y la atención a las novedades; lo que nos daría una pista sobre esa sensación de desaparición de filtros perceptivos y de ensanchamiento de la conciencia en la novedad que suele tener el experimentador con el LSD... En fin, buen provecho… “Viaje al LSD”. Ahí va el enlace.




sábado, 2 de febrero de 2013

El príncipe en su infierno

Sólo, en su estancia infinita, sin techos ni suelos, sin paredes. Entre una roja tiniebla que todo lo inunda.

A nadie soporta. A todos persigue y agrede. A nadie tolera. Es una máscara hueca con cuerpo de trapo, un caricato que rompe los puentes, un espectro veloz que a todo amedrenta. Se presenta con su rictus de dolor y violencia, quiere encoger los corazones.

Su pasión es extrema y su rabia hierve en ese rojo brillante. La vida, rabiosa, se rehierve encerrada. Hay amor pero se niega; hay eros pero se oculta. Hay vida pero vida amordazada.


Todo queda atado y tenso. De la gran mordaza sólo escapa el temor, un temor que se disfraza de rabia violenta, un deseo de alteridad en el temor negada. Temor;  una vida contenida y cercenada.

Del temor ya perdió la memoria y sólo sabe de un poder que nada tolera. Caliente pero rigido a nada se abre. Privado de vida pero saturado de esa rabiosa vida retenida. No conoce a nadie. Sólo se escucha a sí mismo. A nadie más ve. No hay vida a su alrededor; sólo el eco de proyecciones y reflejos.

¿El infierno?... Ya lo dijo el Maestro Unamuno: La permanente condena al permanente encierro en uno mismo…

En las inmediaciones de esa morada solitaria un tumulto se remueve. No hay más que seres deformes.

La imagen nos dice.

Arriba los corazones. Escuchad el sonido del silencio.

sábado, 5 de enero de 2013

Eyengui: La visión de la iboga

Con esta entrada profundizo en mi intención de asomarme a esos rastros que nos puedan hacer más comprensibles los universos chamánicos y el uso que esas tradiciones ancestrales hacían de las plantas visionarias. En concreto ofrezco al visitante del blog el visionado de“Eyengui, el Dios del sueño”, una magnífica película muy cercana al género documental. En la misma, los pigmeos nos muestran su mundo, su sensibilidad y también el uso que hacen de la iboga a través de lo que sería un determinado arte extático. Desconfío del uso tan extensivo de palabras como chaman o chamanismo aunque reconozco su utilidad para nombrar a esas culturas de la physis[1] que viviendo completamente integradas en ella la veneran en su creatividad y en su potencia. En esos mundos, los saberes del éxtasis, en sus diversas variedades, son viático de salud, escena comunitaria, danza, experiencia mántica y mistérica, vía abierta a las tramas ocultas del mundo ordinario, teatro, ritual, terapia, espacio lúdico… Observamos pues muchas esferas antropológicas antes de que quedaran separadas en las civilizaciones históricas. Esto es importante ya que permite indagar en las conexiones entre todas esas esferas y, también, en el sentido que anima a todas ellas..

Eyengui es una gozada de película. Da gusto verla. Expresa ese mundo ancestral en que lo acontecido, muy rápidamente, no se transforma en historia sino en narración, en cuento, en fábula y en literatura ejemplar. En este sentido viendo esta película estamos ante un documento de excepción sobre el origen y la forja de los mitos, esas narraciones ejemplares que, según Aristóteles, nos indicarían viáticos y modos de plenitud del ser del hombre. Lo acontecido se transforma en cuento, se comunica oralmente con una clara intencionalidad pedagógica -o de paideia-y así pasa a formar parte del bagaje de narraciones de la tribu. Un bagaje, por cierto, con sus modos de re-elaboración y sus variantes sobre un mismo tema. Todo un botón de muestra de cómo opera el pensamiento narrativo; la creatividad y la imaginación al encuentro de las necesidades con las que queda confrontado el hombre. No olvidemos que la finalidad del pensamiento narrativo es transmitir un legado sapiencial, ofrecer perfiles de formación del carácter y de integración de la vida anímica y, finalmente, abrir a la vida e indicar un“saber vivir”.

La película nos introduce a un hecho real que le sucedió a una tribu de pigmeos baka asediados por las madereras y los trabajadores bantúes a sueldo de estas madereras. Ante la irrupción del orbe tecnificado, la propia selva como entorno entra en crisis. Desciende la caza, se rompen los equilibrios naturales y el Dios Eyengui calla. Ya no se comunica con los pigmeos a través de sueños y visiones como era costumbre. Eyengui es el gran espíritu, el espíritu supremo, el Misterio de la vida que todo lo acoge, la selva como totalidad. Es algo más que el bosque con sus animales y sus plantas. Lo es todo; con su sentido, sus equilibrios y sus escenarios de conflicto; todo, con sus plenitudes y sus crisis, con su belleza y su decadencia, con sus auges y sus modos de degradación. Lo es absolutamente todo, integradamente, sin escisión alguna. Eyengui es la selva en su totalidad… En el hogar de los señores de la selva, teniendo a Eyengui a la vista, todo se revela diferente y muestra sus secretos. En palabras de los pigmeos que acceden a esa visión “allí todo es diferente”… A ese arte definitivo, intimando con el espíritu de Eyengui, apelaran los pigmeos baka para superar sus problemas. Eyengui es la selva pero la selva para un pigmeo, siendo selva, nos introduce en una reflexión metafísica y ontológica en toda regla.

Como decía la película es casi un documental en el que los protagonistas son los mismos pigmeos que padecieron la odisea que se nos narra. Así esta se convierte ante nuestros ojos en un cuento ya que es contada desde la mirada propia de esta tribu y desde su sensibilidad comunitaria, mágica y espiritual. Lo acontecido se transforma en una historia de Eyengui. Finalmente la fábula ejemplar es transmitida oralmente a los niños con fines educativos y pedagógicos de tal suerte que queda asimilada al bagaje mítico de la tribu.

Para poder contarnos y transmitirnos algo tan singular la tarea de dirección y guión, llevada adelante por Javier Novoa, necesariamente, ha de ser tan brillante como especial. Brillante por lo difícil de narrar un cuento que, sin embargo, es casi un documental y especial por quedar abierta la historia a la mirada y la sensibilidad de los propios pigmeos. El resultado es tan poderoso y amable como la cultura de esos hombres pequeños de la selva. Me encanta ver a los pigmeos jugando, transformando lo cotidiano en un juego, en un ritual, en una representación, en un ceremonia que lo eleva, en un tiempo sin historia permanentemente cualificado por esos escenarios y esos juegos. Allí no hay historia sino rito, juego y narración ejemplar.

Para nosotros, humanos pasados por tantos milenios de civilización y de historia, asomarnos a la vida de los pigmeos no puede dejar de abismarnos. Tan distante, tan íntima, tan sencilla, tan poderosa… No comparto el mito del buen salvaje ni pienso que la vida de estos pueblos sea un paraíso -sencillamente disponen de ciertos recursos- pero sí estoy dispuesto a reconocer los valores de esas culturas ancestrales a las que apreciamos y valoramos tan poco. A este respecto entiendo muy poco la pulsión de tantos contemporáneos de denostar las culturas que nos son ajenas, magnificando sus contradicciones, con el fin de engrandecer la propia.

En este sentido, la película nos muestra con nitidez la complejidad metafísica y la elaboración estructural de un sistema de ideas y de unas elaboraciones del imaginario que se nos ofrecen vertebradas desde un magnífico ejemplo de pensamiento narrativo. El henoteismo[2] que muestran los pigmeos es evidente y es que, como muchos teóricos de la filosofía de las religiones y estudiosos de religiones comparadas nos indican, la distinción entre monoteísmo y politeísmo acaso dé muy poco de sí, ya que la cuestión de la Unidad está en el sentido y la fibra más intima de muchos panteones supuestamente politeístas. De hecho, entre los pigmeos baka el origen y el sentido armónico y unitario de la multiplicidad de los espíritus y de la exuberancia vida, peligros incluidos, constituye la referencia espiritual de privilegio. Junto a este plano de Unidad, centrado en Eyengui, el animismo en tanto indicación del plano de la Multiplicidad es la otra gran referencia de su sistema de ideas y creencias. Todo está animado, todo tiene su espíritu, su actividad y su finalidad y hay que saber lidiar con todo ello ya que si bien todo tiene su origen en Eyengui no todo le conviene al hombre en tanto particularidad y forma concreta. Esto es, habrá lo que le nutra y convenga y lo que le perjudique y ponga en peligro.

Desde este plano de la multiplicidad la selva deja de ser selva y es bosque; un complejo universo en el que los peligros acechan pero también todo género de bendiciones que nutren el cuerpo y el alma. Bendiciones y descalabros quedan remitidos a la interactuación entre cada hombre y ese universo animado a través de los diversos espíritus de plantas y animales. La sabiduría se remitirá pues a ese saber vivir en un mundo complejo pero que se acoge a una esencia común(Eyengui). El bosque será pues hogar feliz, despensa nutricional y medicinal pero también ámbito de peligros con los que habrá que lidiar. Bendiciones y peligros quedaran remitidas a ese universo de espíritus y potencias anímicas a través de las cuales el pigmeo entiende el mundo.

Del mismo modo que Eyengui expresa un mundo unitario y no dual el bosque es el reino de la dualidad, del bien y del mal- Para indicar el mal y la posibilidad del daño los pigmeos se referirán a los llamados espíritus de las tinieblas. Análogamente también se referirán a los espíritus protectores, que sanan y enseñan cómo vivir. Para el pigmeo baka los malos espíritus necesitan comer carne de hombre, son predadores de hombres y se nutren de ellos. La ingesta de carne expresaría, básicamente, la asimilación de la energía anímica. El brujo sería un hombre que se pone al servicio de estos malos espíritus con el fin de obtener alguna ganancia. Aunque, en realidad, se limitaría a estar poseído por tales espíritus ya que quedaría asimilado desde sus exigencias y deseos convirtiéndose en un predador de hombres dispuesto a nutrirse con su carne y con su espíritu practicando el canibalismo. Reveladoramente, en la película, los brujos negros que acechan a los pigmeos serán, finalmente, un grupo de trabajadores bantúes de una compañía maderera, completamente amacarrados, desarraigados, alienados, degradados al extremo y dispuestos a todo tipo de rituales delirantes con el fin de intentar salir de su miserable condición de cloaca última del capitalismo y de eslabón final en una larga cadena de dominación tecno-económica. Para poder oponerse a ellos y a la degradación del bosque y de la fauna, los pigmeos, apelaran a la visión de Eyengui.

Junto a estos espíritus de las tinieblas, en el bosque todo estará animado, habrá también espíritus afines al hombre que le enseñaran los remedios de las enfermedades. El enkankan será el hombre-medicina u hombre de los remedios -el chamán-. Curará recurriendo a conocimiento botánicos y a prácticas rituales en las que, sirviéndose de salmodias y cantos, invocará a esos espíritus protectores. En las mismas el espíritu será quien cure a través del canto y de las manos del hombre-medicina. De entre esas plantas con capacidad de sanar habrá una, el embondo -iboga-, que permitirá al hombre acceder al reino de los antepasados y de los grandes espíritus de la selva y a la intimidad con el Gran Espíritu. En esa intimidad quedarán reveladas las tramas ocultas de las cosas y así podrán ser resueltos los desafíos más grandes.

Como no podía ser de otro modo, el escenario de uso de la iboga acontece en un escenario muy formalizado y reglado. Quienes la ingieren son cuidados y atendidos por los otros asistentes al ritual. A esto se le da una enorme importancia ya que los pigmeos consideran que quien ingiere la iboga se encuentra en un enorme estado de exposición ya que esta planta visionaria “les abre la cabeza”. Como parte de esa formalización la ingesta se realizará en un lugar concreto, el kamambako, un lugar sagrado en el que los pigmeos guardan las armas, enseres de los antepasados y también los colmillos de los elefantes cazados por la tribu. Tal ingesta responderá al preciso protocolo que exige una cuidada experiencia extática con sus danzas, sus cantos y sus invocaciones. En palabras de los pigmeos baka una experiencia “para ver lejos”

En fin, estamos ante una excelente película para adentrarnos por esos rastros y veredas que nos muestran los distantes universos chamánicos. Ahí les dejo el enlace.


 
 
 
 
 

[1] Physis, en griego clásico naturaleza. El significado griego incorpora tanto la creatividad de la misma como su autoregulación. El complemento de tal idea es la de arje, que sería la instancia rectora o determinante del proceso creativo de la Physis.
[2] Con la expresión henoteísmo se indica el carácter que muestra un panteón religioso o un modelo teológico al indicar una referencia de Unidad subyacente a cualquier diferencia. Con tal expresión se quiere indicar el carácter unitario y la atención a la noción de Unidad (del mundo, de lo divino, de lo real…) de muchos sistemas de creencias aunque tengan una formulación politeísta. Esta expresión ha sido acuñada precisamente para salir del carácter simplificador de la distinción, puramente apologética, entre monoteísmo y politeísmo.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Entrencinas

El entramado cotidiano acosa. Intimamente aparece. Es el reino de las identidades perdidas, de los hombres y las mujeres sin rostro, del deseo atropellado que atropella. Entre encinas ingiero la ayahuasca esperando su cópula salvaje y selvática, mi devenir planta, esa metamorfosis del alma en la que siendo dejamos tanta hojarasca de lado.
 
Nada de eso ocurre.
 
En otras tierras fueron vivos trazos amarillos y rosados, trazos de metamorfosis que abrían a la vida pájaros de fuego y figuras de vida poderosa. Ahora los trazos son de un apagado verde y azul. Ejecutan  una danza discreta; una danza acuática y ondulante de la que no brotan formas. La danza es Océano; toda ella; sin forma, diferencia ni fisura alguna. Sólo hay Océano.
 
Un cuerpo  doliente y lánguido yace tumbado en el  lecho de un río de cera. El fluir de la cera líquida va desdibujando y desgastando cuerpo y rostro. El cuerpo también es de cera. La forma pierde sus relieves y, poco a poco, la cera se libera en el torrente. Solo hay río.
 
Una presa de agua impenetrable sestea en una noche de esperas y silencio. Eros, dormido, se oculta en su oceánica penumbra sin forma. Eros, un eros yaciente y retenido, ajeno a devenires, figuras y geometrías. Sólo queda el agua dormida.
 
Viejos amigos ante la hoguera cantan ditirambos. La vida queda abierta.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Chamanismo: Rastros y ecos distantes

Esta entrada, en sus diversos parágrafos, pretende ser un mero prolegómeno, un panorama disperso de rastros capaces de indicarnos qué pudiera ser eso del chamanismo. Al tiempo y en el tercer parágrafo reseñaré la magnífica película “El camello que llora” como recapitulación de tales rastros, como introducción a la sensibilidad propia de las tradiciones chamánicas y como relato en el que la promoción ritual de la salud queda postulada como uno de los ejes de la sensibilidad chamánica.


I
El chamanismo, siguiendo la pista indicada por uno de los personajes de “El camello que llora”  acaso no sea más que una canción muy especial. Del mismo modo que las técnicas espirituales sufíes una respiración que se transforma en ritmo y en danza. O quizá la meditación zen una respiración que se convierte en un cristal claro y limpio que todo lo acoge. Aproximarse al chamanismo requiere un esfuerzo considerable. Nos instalamos en el alba de la humanidad; en el nacimiento del imaginario, del arte y de la simbólica; en el acontecer del ritual y su tempo como ese espacio privilegiado del que mana la vida al ordenar y servir de referente al tiempo ordinario. También nos instalamos en una naturaleza animada –la physis nos dice- como libro abierto de la vida y metáfora cifrada de la existencia humana. Dicen que las culturas chamánicas no tienen libro sagrado pero como nos recuerda Frithjof Schuon en “El sol emplumado”, su magnífica colección de ensayos sobre la tradición lakota, la naturaleza entera es su gran libro sagrado. Sus leyendas son sus códigos hermenéuticos y su fibra íntima. En los mismos, los animales y las plantas son también aspectos de lo humano y lo humano un aspecto más de la vida.  De ahí que animales y plantas nos hablen y nos instruyan en fábulas, leyendas, experiencias oníricas y estados modificados de conciencia; pero, ¿nos hablan de verdad?(alguna vez lo he escuchado). ¡Qué pregunta más impropia!… Cierta vez escuché a un hombre-medicina shuar diferenciar entre la anaconda corriente y esa otra anaconda presta a la mirada y a la palabra viva... Y qué nos dicen plantas y animales. Nos hablan de nuestra forma, de nuestro ser; y por eso mismo de nuestra salud, de nuestro vigor y de la recuperación de nuestra forma cuando, desequilibrados, la perdemos. ¿El chamanismo?, una canción muy especial, un ritmo que nos devuelve la memoria de nuestra forma y salud, un estado propio –no ajeno- que, irrumpiendo, nos desvela nuestra forma, nuestros desequilibrios y el viático hacia la salud. A todo esto se añadirán unos importantes conocimientos de herboristería y, también, un conocimiento preciso en el manejo del tempo ritual, de los cánticos, símbolos, representaciones y demás cifras de vida que vengan a convocarse.

 
Los rituales chamánicos, facilitados por un chaman reconocido y capacitado por una determinada tradición, quedaran pues configurados como una teúrgia o como rituales de magia pneumática capaces de promover la salud y de restaurar los equilibrios perdidos a través de la rememoración de unos misterios; los de la vida y sus registros de plenitud y escisión; los del engarce entre materia y espíritu, entre posibilidad de ser y plenitud de ser, entre superficies y profundidades, entre las meras apariencias y esas fuerzas activas que constituyen toda trama. Tras las necesarias habilidades del hombre-medicina, manejando y orientando las energías desatadas y las potencias de vida que subyacen a la experiencia ritual, acontecerá cierta capacidad para ver en lo oculto y lo profundo; en concreto en esa red de fuerzas activas que determinan superficies y apariencias. El chaman sabrá pues de determinados tránsitos de la vida anímica y del territorio en que estos se desenvuelven. Me refiero todo a esa trama de correspondencias entre psique y cosmos de las que dependerá el acceso de nuestra conciencia a secciones de vida de lo más diverso -bien de expansión e integración, bien de escisión y contracción-. De esta manera los estados del alma se corresponderán con determinados estados del Ser; o lo que es lo mismo dichos estados del alma ampararan el acceso de la conciencia a diferentes secciones o texturas de realidad. Así, esos tres niveles ontológicos -esas tres texturas de realidad o estados del Ser-, que dijera Eliade, tan recurrentes de los cosmos chamánicos –celestes, terrenales e infernales-, dependerían en su brindarse del encuentro entre la textura espiritual, visionaria e imaginaria de cada cual con la trama de su propia vida. Lo que supondría que esta geografía imaginal, en sus tierras celestes, infernales y mundanas, daría cuenta de la vida anímica del hombre y del modo en que éste habita el mundo. En esa cópula entre psique y cosmos, en los desajustes de la misma, podría radicar el origen de ciertos padecimientos. El chaman u hombre-medicina sabrá de la geografía imaginal descrita y de sus nexos y, al tiempo, sabrá facilitar un determinado tránsito, sanador y catárquico, por tales geografías del espíritu; si es que es el caso y si es que los padecimientos de quien ha perdido la salud así lo aconsejan. El rito, la modificación de conciencia y la ruptura de la cotidianidad propia del ritual serán la clave básica de su práctica sanadora. El rito -y las influencias que el rito dinamice- será pues lo que otorgue el carácter medicinal y sanador a cualquier brebaje visionario o fármaco que pueda ser empleado. El rito desde su radical intimidad con la conciencia humana y desde las influencias que acoge.


¿La brujería?. Los saberes del alma que sirven para sanar, precisamente por operar sobre el alma también sirven para hacerla enfermar o para rentabilizar y manipularla en alguna dirección. Pongamos la superstición en su sitio y la brujería y la magia en el suyo, un sitio bien distinto. Como bien nos recuerdan Umberto Eco o Ion P. Culianu -y como bien nos advirtiera indirectamente el gran Giordano Bruno- es la sociedad contemporánea, en sus circuitos de imágenes y en los diseños de identidades resultantes, la que ha realizado la vigencia política a gran escala de la magia de manipulación.




 II
Me refería a la dificultad de comprender y acceder a los universos chamánicos. Encontramos una gran lejanía cultural y los referentes neochamánicos -a medio camino de la new age, las supersticiones contemporáneas, el síndrome de Harry Potter y la estafa más insidiosa- son todo menos una ayuda. Antes de nada quisiera diferenciar entre dos categorías diferentes que, generalmente, se confunden. Una cosa es la dignísima curandería mestiza y otra las tradiciones chamánicas propiamente dichas. La primera supone la pervivencia en sociedades, más o menos  occidentalizadas y cristianizadas, de sabidurías de curandería nativa pero ya en otro marco sociocultural y religioso diferente del chamánico.  Esta distinción, aparentemente diáfana, viene a complicarse por los agudos procesos de aculturación que observamos en muchas tradiciones y culturas nativas. Añadamos a este paisaje complejo  la actual moda neochamánica y su capacidad para agudizar las contradicciones existentes. Como se hace evidente frente a la demanda de chamanes surgirán los que se hagan pasar por los mismos; o los que improvisen, a veces sinceramente (o no), unos conocimientos casi perdidos y peor entendidos...


En fin, las dificultades a la hora de asomarse a los universos chamánicos no son pocas pero si que cabe cierto acercamiento a lo que siendo tan ajeno nos es, paradójicamente, tan propio. Por muy lejano que nos resulte el chamanismo no deja de interpelar a lo humano y a la plenitud de sus potencias. Para este movimiento de acercamiento al chamanismo dirigir nuestra mirada a sus variedades tibetanas y mogolas nos ofrecerá un auténtico arsenal de referencias y de instrumentos hermenéuticos y de comprensión. No olvidemos como su vinculación con el lamaísmo asegura la pervivencia y la orientación sapiencial de tales referentes chamánicos. Al hilo de lo dicho tampoco estaría de menos atender a esa reflexión de Toshihiku Izutsu sobre el taoimo en tanto refinamiento del chamanismo tradicional chino.


Por cierto, esas nuevas veredas destinadas a tecnificar y a especializar, aun más si cabe, la formación de los antropólogos, bien lejos de toda perspectiva generalista, integradora y humanística, -antes llamábamos a esto una perspectiva culta, es decir, cultivada- sirven de muy poco a la hora de clarificar que sea eso del chamanismo ya que quedan rotos los puentes que facilitarían su reconocimiento. Advirtamos cómo una formación que desatienda una perspectiva integral, generalista y dispuesta a la pluridisciplinariedad sólo privará al investigador de los más elementales recursos hermenéuticos capaces de discernir las variedades del éxtasis o la propia naturaleza del chamanismo como expresión del espíritu humano. En este sentido el estudio de las tradiciones chamánicas es muy difícilmente deslindable de la historia de las religiones, de la filosofía de las religiones o de una fenomenología del éxtasis y la experiencia religiosa. De ahí la pertinencia de la obra de Mircea Eliade en tanto historiador y filósofo de las religiones.



III
El camello que llora. Una madre que no quiere a su hijo. Un hijo que se sumerge en el desafecto y el rechazo de lo que sería ese núcleo íntimo que nos debe nutrir. Un vástago recién nacido al que no se le da teta, al que se rechaza, con el que no se quiere estar.  El resultado es claro; incertidumbre, enfermedad y fragilidad; acaso muerte… Con seguridad resulta casi imposible atisbar una fuente de dolor más originaria. Me viene a la cabeza ese emperador medieval que quiso “descubrir”  el lenguaje primigenio de la humanidad. Con ese fin encerró a un grupo de recién nacidos en una torre. Las nodrizas y la gente que les atendía tenían prohibido hablarles... Todos murieron. “El camello que llora”, acaso esta fabula siberiana y mogola, tan magistralmente llevada al cine, nos confronte con el núcleo más primigenio del dolor. Con la fuente más remota de todo desarreglo, esto es, una infancia desarreglada, una familia áspera y fría, una madre que evita, un entorno que agrede. Ahí, al vástago, le cuesta prosperar, le cuesta respirar, le cuesta andar. Ante una situación así cada cual sale por donde puede y los resultados nos desgranan los muy variados horizontes de lo enfermizo aunque también de la salud. Por cierto, la perspectiva apuntada nos sitúa ante una enfermedad inocente -no culposa- y ante una salud entendida como arte. De todo esto trata esta película; de la salud y de cómo ciertos rituales pueden promoverla integrando la sombra y el horror. ¿De qué manera?. Congregando al buen espíritu y a la vida triunfante que cobra –recobra- su forma propia. En la película se nos habla de los espíritus y de cómo estos se retiran ante la tecnificada y virtulizada vida moderna –la vida pierde así su propio rostro-. Se escenifican rituales, se hacen ofrendas y libaciones para congregarles, para que retornen y para que aseguren el buen discurrir y la buena naturaleza de las cosas que son. De todo esto va “El camello que llora”. Un camello recién nacido es despreciado por su madre ante un mal parto. La madre le niega la teta y el pequeño camello ve peligrar su vida. Su familia, los hombres que le rodean, van tejiendo diversas estrategias para solventar la situación. Finalmente será un ritual el que reconcilie a la madre con su camello. El ritual será sencillo. Unas salmodias, un canto y la bella llamada de un violón oriental. Ante el espíritu y la belleza convocadas la madre-camello llorará, reconocerá y palpará su dolor sin desagüarlo en el recien venido a la vida.  La camella llora, el llanto la mueve el alma y así acontece una toma de conciencia. Finalmente la reconciliación se produce.  El cachorro accede a la teta de la madre y se nutre de su leche. Ni más, ni menos.


Esta fábula chamánica, mogola y siberiana, nos coloca pues en uno de los núcleos más elementales del dolor humano al tiempo que nos muestra esos rituales que saben promover la salud y restaurar los equilibrios perdidos. De la mano del reconocimiento del dolor, de la catarsis y del advenimiento de un cambio profundo en el estado de la propia conciencia. Sólo un bobo quedaría insatisfecho por que la historia se desplace a un camello ya que los animales nos dicen. Y si esto es cierto, en términos generales, lo es con más vigor en relación a las tradiciones chamánicas; precisamente por ser tradiciones de la physis, es decir, tradiciones de la naturaleza animada. De los animales del alma a la catarsis ritual a través del rito. El rito, un teatro sagrado en palabras de Antonin Artaud; también y, desde su punto de vista, un teatro de la crueldad por ser capaz de sublimarla.


La relevancia de lo ritual nos lleva directamente a ese chamanismo ancestral que, en tanto sabiduría de la salud, sabe manejar determinados estados extáticos –acaso muy discretos- para re-equilibrar lo desordenado y la salud perdida. Podemos tirar del hilo y siguiendo la directriz de Mircea Eliade utilizar nociones helénicas para arrojar luz sobre algo que, en principio, nos resulta ajeno. La salud como re-equilibrio, la salud como la tarea que nos devuelve la forma perdida, rememorar el propio eide, la propia figura de plenitud, la salud como intensidad vivida de la propia forma, la enfermedad como el lastre, como desequilibrio y pérdida de la propia forma…


Si bien cada cual no construye la realidad unilateralmente, al modo que estúpidamente se escucha en los ambientes new age, no es menos cierto que realidad y conciencia, ya lo hemos indicado, se encuentran estrechamente vinculadas. Hasta el punto que el encuentro entre ambas queda determinado no sólo por aquello que se nos confronta –lo que nos sucede- sino por la elaboración que desde el imaginario hacemos de eso que nos pasa. De ahí que haya quienes se pasen la vida inmersos en infiernos privados o en territorios amables. En este proceso la relevancia y la operatoria de las facultades imaginativas del alma es lo decisivo. De tal suerte que sanar el imaginario se traduce en re-ordenar o re-equilibrar nuestra percepción y visión de precisamente eso que nos pasa. Hay visiones que enferman, que nos enferman profundamente y que están en la génesis de ciertos procesos y dolencias. Apelo a una manera de entender la imaginación que la considera relevante en la trama de nuestros procesos cognoscitivos y muy distante de como es entendida hoy en día. En concreto, apelo a esas tradiciones helénicas y mediterráneas de la imaginación creadora. De acuerdo a las mismas la imaginación tendrá una enorme relevancia en nuestra visión del mundo y en nuestros procesos cognoscitivos y perceptivos. Así, según veamos el mundo, habitaremos texturas de vida completamente diferentes.


La magia pneumática o ritual intentará mover ese punto de encaje del imaginar humano, a favor de la vida, y con la finalidad de corregir ciertos desequilibrios; lo que supondrá tomar conciencia de esas dosis de dolor subyacentes a determinados "modos de ver" y de vernos. Convocar el buen espíritu, el buen demon -la eudaymonia como decían los griegos-, será convocar la armonía, la integración y la propia figura de plenitud en medio de la contracción, los desequilibrios y el dolor. Una simple canción, una voz que irrumpe, un sonido que nos devuelve la vida, una salmodia que nos atraviesa cuerpo y mente; y nos hace llorar; y nos hace recordar. Un instante privilegiado y propicio, fuera del tiempo ordinario y, sobre todo, capaz de reordenarlo desde su riqueza. Ahí la salud queda promovida y se constata animada.


El hombre-medicina atenderá al manejo de ciertos estados y de ciertos escenarios con el fin de dinamizar esos procesos que promueven la salud. En la modificación de conciencia y en la ruptura del tiempo ordinario, sobre la base del tiempo ritual, el hombre-medicina encontrará las claves que permitan acceder a esas fuentes de las que mana la salud y la plenitud. Entre la salud alcanzada y un desequilibrio que se deja atrás mediará una determinada catarsis, una toma de conciencia; a veces un llanto lúcido y consciente. El camello que llora. Ahí va el enlace con la película completa. Toda una joyita cinematográfica.


 



martes, 2 de octubre de 2012

Holanda y las setas phantastikas: desafíos y normalización


Gracias a la aportación de Alejo Alberdi en su red social acabo de ver un video -dividido en tres partes- de cierto interés sobre la situación del consumo de las setas visionarias en Holanda. El video, que no deja de mostrar la estética y maneras de "colegueo" asociada al consumo de drogas por la prohibición, tiene, sin embargo, buena factura y aborda con claridad y concisión el estado de la cuestión en Holanda; tanto en lo referente a la bifronte situación legal del los hongos visionarios como al modelo empresarial que legalmente organiza y formatea el acceso a estos hongos. Holanda, ese laboratorio que ensaya vías de legalización y modos de acceso a drogas socialmente integrados. Desde luego un paso adelante pero precario, internacionalmente acosado, lleno de claroscuros y erráticas contradicciones. Podríamos criticar sus contradicciones pero, sinceramente, me sorprende que algo así pueda estar sobreviviendo al furor y al delirio prohibicionista. Tomemos nota del ensayo y del paisaje que nos brinda este video. Los datos son relevantes e interesantes. Para empezar la inexistencia, lejos de todo tópico, de un tipo standard de usuario de hongos visionarios; precisamente por la diversidad y pluralidad interna de consumidores e interesados. Otro dato relevante; la aseada e integrada textura empresarial -que hace sus cuentas y paga sus impuestos- amparada por el modelo holandés. Un dato creo que clave: la debilidad del modelo ante las presiones que las retóricas prohibicionistas son capaces de ejercer. Una conclusión: un modelo en proceso, con sus contradicciones y desafíos, pero difícilmente cuestionable si es que atendemos al coste, en términos criminales y de salud, de la caverna prohibicionista. No olvidemos; llevamos casi cincuenta años instalados en políticas fracasadas -de corte prohibicionista- en cuestiones de drogas. El saldo dejado por esas políticas -estados precarios, miles de muertos y millones de personas marginalizadas, enormes gastos para el contribuyente en políticas represivas, recorte de libertades, etc- resulta estremecedor...

 
El caso holandés resulta especialmente interesante por su evolución y por la manera en que organiza el uso y consumo de setas phantastikas. De una situación de legalidad estable éstas pasaron a prohibirse tras algún caso de suicidio. ¿Cabe plantear la prohibición del comercio de estas setas por las tragedias que puedan asociársele? ¿Cabe exigir a las drogas la inocuidad extrema para amparar su legalización? ¿Cabe asumir el enorme coste social de la prohibición por una práctica que no supera -ni de lejos- los márgenes de riesgo de la conducción a motor o de cualquier deporte de riesgo? ¿Cabe que la racionalidad política y la ecuanimidad sobrevivan a las campañas de los medios de comunicación que satanizan las drogas convirtiendo las desgracias en norma?. ¿Cabe dejar en manos de un consumo completamente liberalizado el uso de los fármacos visionarios?. ¿Cabe exigir para su ingesta contextos y marcos específicos?...


El problema es complejo y desde luego no admite subsumir la racionalidad en esas retóricas que, suministradas por los medios y demás lobbys prohibicionistas -son muchos los que viven de la prohibición-, saturan el entendimiento. Con todo, esas campañas retóricas, tras el suicidio de una chica y algún problema más causado por un enfermo mental -ambos casos recogidos sin tapujos en el documental-, consiguieron cobrarse la pieza perseguida. En concreto la prohibición del derecho de compra de las setas visionarias en las tiendas hasta entonces autorizadas -comercio minorista- y, no sólo, sino también su cultivo mayorista a gran escala. Curiosamente en el debate resultante no se hicieron valer los escasos riesgos existentes si es que atendemos a la cantidad de gente que ha ingerido tales setas sin que acontecieran problemas de relieve, ni cobraron fuerza las problemáticas de marginalización a las que se arrojaba al consumidor, ni tampoco emergió la cuestión de las condiciones y contextos exigibles a la ingesta de estas setas; hasta ahora limitado a la lectura de un sencillo prospecto tras su simple compra...

 
Sorprende la ligereza y simplicidad con la que trata de abordarse un asunto tan complejo y con tantos matices posibles... Sorprende que pueda tener éxito la cancelación de toda reflexión sobre un problema social complejo e insoluble -la gente no va a dejar de drogarse- en posiciones preconcebidas e imágenes desagradables suministradas desde la TV... Si bien es cierto que los medios se lanzaron como hienas y se cobraron la pieza de la prohibición el delirio, significativamente, no llegó a poseer completamente al legislador. El resultado fue la "prohibición" de las setas visionarias pero, reveladoramente, las sclerotias o trufas visionarias siguieron en el régimen del que antes disfrutaban las setas... Esta solución salomónica, irracional e incoherente pone sobre el tapete las enormes presiones que los legisladores pueden llegar a recibir y, sobre todo, la escasa convicción con la que se aplican las políticas prohibicionistas. Esta escasa convicción se convierte en un importante elemento de análisis ya que no deja de apuntar a la conciencia de fracaso de esas políticas y a su escasa justificación desde el punto de vista de la salud pública.

 
Con todo lo que sucede en Holanda, vacilaciones incluidas, es un auténtico laboratorio. ¿Cabe dejar a la libre regulación del mercado el uso de los fármacos visionarios? ¿Podría plantearse como una solución de compromiso que el acceso a ciertas sustancias acontecería en contextos y marcos precisos abandonando el modelo proporcionado por la venta minorista -libre ingesta tras la lectura de un prospecto-? ¿Acaso esos contextos serían los planteados por ciertas entidades religiosas? ¿Quizás dotar de contexto a los enteógenos, a través de una especie de chill outs de luxe, de acceso regulado, sería una solución?...

 
Yo, en principio y con mis dudas, soy de la opinión que los pasos a dar debieran exigir cierta formalización en los usos con el fin tanto de superar el saldo dejado por la prohibición en los hábitos de uso como de alumbrar espacios capaces de integrar la ingesta de fármacos visionarios. Para esto proceso el feliz hallazgo que la cultura rave ha hecho del llamado chill out, en tanto punto de partida, me parece algo a tener en cuenta. Otro tema, siempre a valorar y defender, sería el del libre cultivo de setas y plantas visionarias con vistas al autoconsumo. En todos estos temas hay que ser conscientes de los derechos en juego. Me refiero a los derechos fundamentales contra los que la prohibición atenta. Entre los mismos los de libertad religiosa y de culto pero también el más relevante, por ser más omnicomprensivo, de libertad de conciencia. Probablemente la mejor óptica para tratar estos asuntos y resolver ciertos enigmas no es la del libre comercio y la del simple levantamiento comercial de la prohibición sino el del ejercicio de ciertos derechos que deben ser amparados. Lo que evidentemente no proscribiría el intercambio y comercio de fármacos visionarios pero si regularía y formalizaría el acceso a los mismos. Quizá en la óptica aportada por la libertad de conciencia encontremos esa síntesis capaz de integrar socialmente el uso de los fármacos visionarios. Acaso la conciencia, nuestros modos y nuestro umbral de conciencia, no es lo más decisivo de nuestra vida... ¿Qué leyes son esas que nos impiden el libre ejercicio de la libertad de conciencia investigando sobre la misma?.... En fin, los videos a continuación en los respectivos enlaces.

 
 
 
 
 
 
 
 
http://www.vice.com/es_mx/hamiltons-pharmacopeia/hamilton-and-the-philosophers-stone-part-2#ooid=QzZW5oMzq3pTRgKpb9zT8Tiky-jFGNuG
 
 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Burbujeante sobre la piedra(De fiebres phantasticas y aguas derramadas)

El presente blog pretende ser la puesta en común de una determinada investigación sobre la modificación de conciencia y la ebriedad. De hecho, en su día, atendí a las posibles  alteraciones de conciencia vinculadas a los usos protocolizados de anestesias en entornos hospitalarios. Ahora dedico esta entrada a las experiencias visionarias y de modificación de conciencia que las fiebres elevadas pueden llegar a inducir. Acaso en tales estados se nos brinde ese estado acuoso, deshilachado y poco oportuno, del que hablara el gran Heráclito de Efeso. Un estado fronterizo que divisa confusamente espesuras impenetrables, formas que se desdibujan y llamaradas inciertas. Un sentir en el que, lejos de toda geometría, se intuye el derramarse del alma sobre la piedra fría y las intensidades de fuego que acompañan crisis y colapsos. Fríos y calores confundidos; figuras y rostros que pierden su identidad...



 

I


Fiebre alta, frío, calores, visiones, fragmentos de cotidianidad, sudores, delirios...

Recuerdo la textura acuosa y esquiva de esos días. En esa tierra líquida las formas parecían perder su hilo y su nervio. La conciencia vacilante se me escurría de entre las manos. El alma confundida se me derramaba desde los ojos; tan acuosa como los días se iba deshaciendo. El universo entero se destrenzaba hebra a hebra... Me sentía licuar.

Entre esas aguas destempladas también me ví en alguna ordalía. Hubo algún si y algún descarte olímpico; formas nuevas encontrando su cincel y parcas sombrías alejando su manto de olvido y ceniza.

En esos días todo se alternaba sin secuencia ni escenario alguno. Hielos, torrenteras, lagunas, rápidos, meandros, arenas movedizas, burbujeantes aguas hirvientes… Falto poco para divisar el Océano. De todo aquello quedaron imágenes en desorden además del recuerdo de la tenue piel que tuvo el mundo en esos días.

La memoria de lo vivido, más que a una secuencia lineal, me remite a un registro geológico, a un veteado de diversos estratos, a una farallón de roca en el que diversas imágenes quedan superpuestas por capas y niveles.






 
II


Arrebatado por enigmas insolubles, por los vientos arrastrado, vagando, perdido por un paisaje en penumbra, lóbrego, rocoso, cavernoso, saturado de oquedades y peñascos retorcidos.

Allí, confundido, en una gélida caverna, bajo una manta y un grueso abrigo, convertido en artesano loco, pretendía resolver un enigma.

"De un cuadrado hacer un círculo”.

Calores, fríos y sudores me asaltaban. Las altas temperaturas no cedían y mi desazón aumentaba. Mientras el cuadrado me atrapaba. Me saltaba a la piel. Se me reclamaba como propio. Sus ángulos y segmentos, subcutáneamente, profundizaban en mi cuerpo. De mi lado yo ponía mis vanos esfuerzos para resolver el enigma y saber de “cómo se nos brinda el círculo”. Del otro el cuadrado, crispando y tensando mi piel, transformaba mi cuerpo sin pausa. Soñando con esferas lidiaba con ángulos y segmentos…

Entretanto la aspereza de mi tránsito febril; calores y fríos desatados, destemplanza. Estaba en manos del más allá, del más allá de mí, del Misterio que nos rebasa… Al compás de todo aquello mis sueños geométricos se descomponían en sucesos aislados. Nada venía a enhebrarse en hilazón o sentido. Todo quedaba como derramado, irradiando una presencia a media luz. Por suerte, la amada supo transformar el calor febril en un frescor amable.

La luz, la luz plena del día, el sol reluciente iluminando la vida. Allí mi alma confusa atendió a acierto ritmo, a cierta melodía. Frío y calor iban encontrando un encaje. Finalmente mi corazón y mi alma se llenaron de un calor confortable y tranquilo. En sus ondas me mecí. Bajaba la fiebre.


 



III


Tras el día venía la noche, y en la noche no se donde me ví; pero ahí me ví, con mi cuerpo desdoblado en dos imágenes superpuestas. Ambas flotaban ingrávidas; la una junta a la otra. Desde esa mirada dúplice divise una tierra firme, dura y rocosa. Su color era de un blanco lechoso. Sin miedo apoyé mi pie en su vientre. Esa tierra, más allá del más allá, se me ofrecía tan fría y áspera como mi propio desorden. Una luz tenue irradiaba de la roca. Los relieves de la tierra, de esa liquidez lechosa, parecían acoger toda la vida posible; todo sentimiento sucedido, toda pasión por suceder…Esa tierra no era sino un océano cristalizado de roca. No sobrevolé ese reino pero en sus matices y veteados permanecían adormecidos y vivos los deseos de cada corazón.

No se me hizo acogedora esa eternidad pétrea y polar... Volviendo deseante a la vida recuerdo esta visión como un tránsito a una Hibernia gélida y escondida. Un océano pétreo de memorias pasadas y futuras anhelando sangre y figura. Todas ellas según su propia medida. En Hibernia, la del corazón era la única guía, la medida madre. Acaso la que en su momento diera calidez a ese océano de roca. Dicen los sabios que más allá de la densidad del plomo radica la belleza; y aún más allá la inocencia de la vida. Uno. Todo a golpe de corazón y calidez, con el pecho bien abierto. Acaso todo ese océano de memoria esconda el Misterio de la piedra líquida y el secreto de toda memoria. Saliendo de esas tierras frías retorné a los calores del cuerpo. La fiebre empezaba a bajar.


 


IV


El calor irrumpe; como una marea que satura mis venas y mi piel. Cuerpo y mente encuentran su trenza. El calor viene de la mano del deseo. En el retorno a la vida eros despierta y entra en escena. La danza echa a andar. Geometría en movimiento. Figura. Cuerpo vivo.

lunes, 3 de septiembre de 2012

El viaje a Oriente: Richard Alpert(Ram Dass)

Como se hace evidente el Occidente moderno, en estos últimos siglos, ha realizado enormes logros desde el punto de vista científico-técnico. Con todo, tales logros, por el propio paradigma de conocimiento en el que se apoyan, encuentran territorios inéditos y sendas irreconocibles. Además, la circunstancia de que tales logros hayan ido de la mano de ciertos olvidos acentúa, aun más si cabe, las carencias que observamos en la cultura dominante respecto de determinadas potencias de nuestra vida anímica. El hecho de que la complejidad de la conciencia y tales potencias resulten completamente opacas para la vigente ilustración tecnocientífica, férreamente asentada en el primado y posibilidades de la conciencia ordinaria, fue, precisamente, lo que llevó a Ernst Jünger a considerar la pertinencia del uso de fármacos visionarios en nuestro tiempo. Toda una detonación capaz de licuar los límites de la conciencia ordinaria y de dejar constancia de sus troqueles.

Nos movemos, pues, en un tiempo de tremendos auges pero también de grandes indigencias. Lo que invita a dirigir la mirada hacia esas grandes tradiciones que han sabido dar una atención prefente a las potencias de la vida anímica y sus estados. De ahí que comparta la necesidad de cierto viaje al Oriente con el fin compensar esas carencias y esos olvidos. No se trata de que a Occidente le sean ajenos determinados asuntos; más bien se trata de tantear saberes y praxis capaces de rememorar lo olvidado y, al tiempo, de aportar nuevas referencias y contextos para atisbar esos futuros inéditos que superen las limitaciones de nuestro tiempo.

La pertinencia de esta mirada a Oriente ha sido afirmada por muchos a lo largo del pasado siglo. Personalmente creo que este viaje encuentra en el Budismo, lejos de todo folklore y de toda vulgarización new age, el rigor de una trasmisión capaz de responder a que tal viaje haya de ser de ida y vuelta; desde nuestra intimidad hacia nuestra propia cultura. Oriente si nos aporta algo es un saber vivo y centrado en esas posibilidades de la vida anímica casi olvidadas en Occidente; precisamente las posibilidades que emergen o pueden emerger al encuentro de los fármacos visionarios. Si ese viaje a Oriente es casi una necesidad para el Occidente moderno en general para aquellos interesados en las experiencias con enteógenos es, desde mi punto de vista, casi una urgencia.

Valga este preámbulo para introducir a Richard Alpert y su pasaje al Oriente. Desde su época de profesor universitario en Harvard, como alter ego de Thimoty Leary y pionero al encuentro de la psilocibina, la mescalina o la LSD, a su posterior inmersión en el bhakti-yoga como discípulo de acreditados maestros como  Neem Karoli Baba o Swami Muktananda. El de Alpert -su nombre hindú es Ram Dass- fue un auténtico viaje al Oriente y en concreto a la India. Personalmente he de reconocer que el folklor hinduista y el milagrerismo proclamado y exultante de muchos sabios hindúes se me hace algo barroco y bastante ajeno pero no seré yo quien no destaque el enorme caudal del universo de la sabiduría meditativa hindú y de sus tradiciones espirituales. Es más, cierta inmersión, aunque sea meramente intelectual, en las sabidurías de la India la veo casi como una necesidad para los interesados en discurrir por ciertas veredas. Y eso por mucho que en la India se haya consolidado toda una espiritualidad de sucedáneo para occidentales despistados o por mucho que la new age haya encontrado campo abonado en la parodía de las referencias hindués.

En fin, ahí van algunos videos de Alpert –Ram Dass- que dejan el testigo de su evolución y de su peculiar pasaje al Oriente. En ellos, más allá de las distancias y las cercanías que nos suscite su discurso, encontramos una determinada mirada y un tanteo de ese viaje al Oriente. Este es el viaje de Richard Alpert. Desde la psicología contemporánea y las terapias psicodinámicas al bhakti-yoga. Desde los fármacos visionarios a la Seva Foundation y a la promoción del bhakti-yoga en USA. Acaso su figura haya quedado relativamente opacada tras la del circense Leary pero lo cierto es que la extensa obra de Alpert -casi sin traducir al castellano- nos muestra tanto su biografía como su coherencia. Desde los años en que escribiera "La experiencia psicodélica" junto a Leary y Metzner o "LSD" junto a Sidney Cohen a libros como "Paths of God: Living the Bhagavad Gita" o "Be here now" considerado éste último uno de los legados más importantes de las inquietudes espirituales de los años sesenta y del movimiento hippie.


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jueves, 23 de agosto de 2012

La ayahuasca en Europa(los primeros años del nuevo milenio): El estado de la cuestión en España y algunas consideraciones previas

Con esta entrada quiero atender a la evolución del proceso de recepción de la ayahuasca en Europa durante los años que siguieron al año 2000, ciñéndonos al caso español. Estamos ya en 2012 y los últimos años han conocido cambios importantes respecto de lo que aquí se va a afirmar. Los cambios son muy contradictorios ya que han supuesto incautaciones y represión policial pero, al tiempo, han puesto de manifiesto la no punibilidad de la importación y manipulación de ayahuasca por considerar los organismos internacionales competentes que ésta queda fuera de la legislación penal internacional y de los correspondientes tratados internacionales de tráfico de estupefacientes. A esta nueva, contradictoria y confusa fase, la de los ultimísimos años, dedicaré una próxima entrada.

Sobre este tema del proceso de recepción de la ayahuasca en Europa ya dediqué una entrada a los años que precedieron al 2000. Como ya indiqué los noventa fueron un tiempo de activación de estudios y de propuestas innovadoras. Paradójicamente el proceso abierto dependía de cierta penumbra, de la discreción y del desconocimiento que la sociedad tenía de este complejo fármaco visionario. Dicha penumbra amparó el proceso de reconocimiento legal de las iglesias ayahuasqueras cristianas de origen brasileiro y de su libertad de culto, el despegue de cierta actividad investigadora y experimentadora -discreta y reservada a ciertos círculos- y, también, los enriquecedores contactos con tradiciones nativas americanas o de curandería mestiza. Esta presencia de la ayahuasca en España, acotada a ciertos ambientes, era completamente ajena a los cauces de distribución, modos y maneras del mercado negro de drogas.


Antes de nada creo que conviene hacer una serie de consideraciones previas, a modo de declaración de principios, desde las que acometer mi descripción y mi análisis. Lo primero es recordar cómo la etimología de fármaco -pharmakon- alude no sólo a medicina sino también a veneno; según se use con destreza o ignorancia. Esta etimología nos recuerda nítidamente cómo cualquier saber que invoque a las potencialidades como medicina de la ayahuasca–en un sentido psicoanímico e integral; no biomédico- y a su potencial sanador debe manejar protocolos tasados y precisos… Pharmakon… Pocas palabras expresan tan bien el perfil propio de las sustancias y plantas visionarias. Este carácter de pharmakon nos deja a las claras la necesidad de saberes, reglas, contextos, marcos.... También de ciertos escenarios y de ciertos modos y maneras. Esta noción de la ayahuasca, como pharmakon o medicina capaz de promover la salud y los equilibrios anímicos, será indicada también por lo aportado desde la medicina y curandería nativa. Un ejemplo de lo afirmado será el mito -narración- de descubrimiento y encuentro con la ayahuasca narrado en el libro de Frank Bruce Lamb “Un brujo del alto amazonas” en el que se narran las peripecias del hombre-medicina mestizo Antonio Cordova-Rios. El mito en cuestión desvela el encuentro en el origen entre la ayahuasca y el hombre. En la narración mítica quedan indicadas la capacidad de visión, de sanar y equilibrar, pero también la de destruir. Un mito -narración- humanamente complejo que contrasta con las milagreras y simplonas narraciones que sobre la ayahuasca viene elaborando la new age.


Ambas perspectivas, la de la riqueza que nos aporta el propio lenguaje a través de la etimología de pharmakon –el lenguaje nos dice- y la de la memoria de esas culturas que supieron integrar los efectos de los fármacos visionarios nos sirven inmejorables instrumentos de discernimiento a la hora de evaluar el proceso de recepción de la ayahuasca en las sociedades occidentales modernas. Ambos referentes, por su propia complejidad y por la diversidad de matices que nos muestran, nos indican con rotundidad cómo este proceso de recepción, necesariamente, tendrá un formato dialéctico, estando sometido a contradicciones que habrá que ir superando. En Europa los contextos capaces de encontrar esa forma o figura que dé cuenta del uso de los enteógenos no pueden emerger de un día para otro. Por eso, al día de hoy, los entornos verdaderamente valiosos serán los que desplieguen modos y maneras capaces de madurar y refinar dicho proceso. Sencillamente se trata de dejar hacer a la creatividad humana y a su capacidad para integrar los desafíos con los que queda confrontada. Prohibiciones aparte, el espíritu es creatividad y, por eso mismo, libertad; libertad que se brinda en la plenitud de la forma alcanzada; la potencia creadora de la vida, su genio espiritual, su plenitud… Los noventa constataron pasos ciertos en la dirección apuntada y también encuentros enriquecedores. La llegada del nuevo milenio cambió mucho las cosas y, precisamente, de eso es de lo que trata está entrada.


Estos primeros años del tercer milenio, básicamente, trajeron la creciente popularidad de la ayahuasca. En este proceso el protagonismo de internet fue decisivo. Internet multiplicó exponencialmente las posibilidades de información y de contacto. Los hasta entonces, discretos y poco visibles ambientes ayahuasqueros, se hicieron de más fácil acceso. La ayahuasca, ese complejo y desconocido fármaco visionario, pasó a ser cada vez más conocido. Los entornos y disposiciones básicas cristalizadas en los noventa fueron capaces de desenvolverse en el nuevo escenario y continuaron su desarrollo. Con todo, aparecieron nuevas maneras y actores que introducían variantes y sobredimensionaban ciertas contradicciones. A esos nuevos actores quiero dedicar esta entrada ya que fueron la principal novedad que aconteció en esos años. Me refiero en concreto a los “organizadores de sesiones” y a los diversos pseudochamanes de corte más o menos new age y con vínculos fingidos o paródicos con alguna tradición amazónica. Su irrupción vino a configurarse en tanto mecanismo de mercado a través del cual una oferta pretende satisfacer una demanda. Entre los mismos encontraremos desde pícaros delirantes a psicoterapeutas desubicados.


Mi propósito es centrarme en estos “organizadores de sesiones” en tanto subvariante propia del mercadillo espiritual de nuestro tiempo. Trataré de esbozar ciertos rasgos que inviten al análisis de un panorama complejo. En este sentido, conviene no olvidar que en esos años los ambientes más serios y de más trayectoria convivieron con auténticos pirados además de con variantes a medio camino entre ambos polos. El hecho de que en esta entrada nos centremos más en la novedad de estos “organizadores de sesiones” no olvida la actividad continuada de los entornos más capaces.




Como se hace notar, el hecho de que la ayahuasca se fuera conociendo más -no sé si mejor- trajo transformaciones de gran calado. La primera fue el surgimiento de una demanda consolidada y creciente de ayahuasca. Esa demanda, por el perfil farmacológico de las cocciones de ayahuasca y, sobre todo, por el perfil tipológico de los demandantes no podía ser satisfecha por el mercado negro de drogas. El demandante de ayahuasca, por regla general, tiene un perfil más atento al desarrollo personal y a las cuestiones espirituales que al ocio; lo que supondrá, en principio, la valoración no sólo de la mera ingesta sino de un contexto que la brinde. Como resultante de esta demanda creciente la penumbra reservada en que se apoyaba el proceso abierto en los noventa se vió progresivamente perturbada. Todos los problemas surgidos tendrán en esta visibilidad devenida su condición previa. No olvidemos que la escasa visibilidad era precisamente lo que facilitaba este proceso de recepción de la ayahuasca.


En estos primeros años del nuevo milenio vemos, pues, cierta continuidad con los noventa -la del tipo de demanda- y cierta fractura, la de la pérdida de esa penumbra discreta que había amparado el desenvolvimiento de los ambientes ayahuasqueros. Este panorama auguraba una crisis de crecimiento sin que, desde mi punto de vista, hubiera la suficiente madurez. Con todo, los problemas más relevantes no vinieron desde la insuficiente madurez de los entornos ayahuasqueros sino que se derivaron del incremento exponencial del interés por la ayahuasca. Este interés, traducido en una demanda más que de ayahuasca de “experiencias ayahuasqueras”, conllevó la aparición de una determinada oferta en tanto mecanismo de mercado. El resultado fue que, en una sociedad como la nuestra, esta demanda de “experiencias ayahuasqueras”, aderezada con motivaciones psicoespirituales diversas, encontrara como ámbito propio el supermercado espiritual de nuestro tiempo. De ahí que la oferta ayahuasquera viniera a configurarse desde los conocidos patrones que ordenan el universo new age en tanto parodia de mercado de las cuestiones del espíritu. En los mismos, como es de sobra conocido, el rigor acerca de lo que se propone es descaradamente obviado a costa del desconocimiento del cliente. Esta necesidad de experiencias espirituales a demanda, a la que responderán fabulosos y gratificantes talleres –previo pago- de fin de semana, estará en las antípodas de cualquier inmersión imaginable en una práctica espiritual cotidiana, seria y dotada de contexto. El tinglado resultante, en tanto sucedáneo o simulacro, tendrá como condición -además de ese desconocimiento ya indicado- la credulidad y la transferencia fácil típica de los ambientes new age.


La parodia mercadotécnica de la espiritualidad y la terapia, típicamente new age, ha sido denunciada por multitud de autores. Por lo que se refiere al ámbito de las sustancias visionarias basten las durísimas y tempranas palabras lanzadas por Theodore Roszaj en su libro “El nacimiento de una contracultura” a propósito de los sucedáneos psicodélicos de la lisergia más mesiánico-delirante. Por lo que se refiere a la emergente new age ayahuasquera, ésta encontrará su campo abonado en una demanda que, inevitablemente, lo desconoce casi todo de la ayahuasca. Esta demanda amparará el desarrollo de una determinada oferta. Esta oferta troquelará el escenario resultante en tanto instancia que determina los modos, maneras y actividad a realizar. Con lo que finalmente será la oferta la que venga a configurar el paisaje resultante; lo que, por ejemplo, explica la idea completamente falaz que se vende a la gente en ciertos entornos de que la mera ingesta de ayahuasca –a través de una catarsis- sana, equilibra y drena la psique independientemente de cómo y qué se experimente y de lo que se haga después con esa experiencia. En realidad esas ideas, burdamente catárquicas, lo que velaran y desdibujaran será la necesidad de contextos específicos y de praxis complejas de integración de la experiencia.


Lo apuntado creo que nos ilustra sobre la naturaleza de los mercados y sobre el primado en los mismos de la oferta. El mercado es, desde luego, un valorable mecanismo de distribución de bienes y servicios pero no un modo de distribución infalible y capaz de satisfacer toda actividad. El mercado perfecto no existe ya que los demandantes no tienen ni una motivación preferentemente racional ni podrán estar siempre lo suficientemente informados como para seleccionar la oferta más idónea. La imposibilidad de una demanda formada e informada será precisamente lo que ampare que una oferta centrada en el lucro sea la fuerza que ordene el mercado resultante. Es cierto que en el mercado acontece un intercambio de ideas pero también que esas ideas que se intercambian son elaboradas a la medida de una demanda y de una sociedad que lo desconoce casi todo de la ayahuasca. El resultado inevitable de lo dicho será una boyante picaresca que tendrá como condición –en este caso más que en ningún otro- las necesarias dosis de delirio y desubicación personal de quien realiza la oferta. Dar ayahuasca no es cualquier cosa. Tanto quien la ingiere como quien la brinda asumen una determinada responsabilidad. De ahí los complejos protocolos que capacitan para la celebración de rituales y ceremonias ayahuasqueras en cualquier sociedad que haya integrado el uso de este brebaje visionario. Justo lo contrario de lo que sucede en este peculiar libre mercado del espíritu en el que cualquiera hace su oferta según le indiquen sus más estrictas ensoñaciones. No nos extrañe pues que este ambiente de los “organizadores de sesiones” promueva contratiempos diversos además de algún que otro descalabro.


Como se hace evidente las exigencias derivadas del lucro estarán en las antípodas de cualquier trabajo serio con ayahuasca asentado en la integración de las donaciones de sentido que aparecen durante la experiencia. Contextos así no se improvisan con la excusa de organizar una sesión y satisfacer una demanda pre-existente. Suponen una estructura compleja capaz de atender tanto al marco de toma como a la integración a corto y largo plazo de la experiencia. Esto rebasa muy de lejos la improvisación de un escenario en el que ingerir ayahuasca para hacer una caja rápida. Con todo, el problema planteado no será el del mero lucro sino lo que supone ese lucro de la mano de una oferta pícara e inmadura.


Adviértase cómo todo uso solvente y formalizado de ayahuasca excluye lo que caracteriza a estos “organizadores de sesiones”. Como ya he indicado las iniciativas de éstos no pueden contar con esas estructuras. Es más, lo normal es que, ni siquiera, cuenten con el suficiente tejido humano de apoyo. Siendo así las cosas, no será raro que en estas sesiones los asistentes puedan ser un grupo de neófitos o desconocidos congregados por el propio organizador –al que, por otro lado, la mayoría de esos asistentes acaso tampoco conozcan en exceso-… Añadamos a lo dicho el hecho de que algunos de estos “organizadores de sesiones”, con el fin de convocar grandes grupos y así hacer caja, puedan recurrir al uso de técnicas de promoción comercial a través de emails masivos e, incluso, de publicidad explícita dejando de lado las más mínimas cautelas o protocolos de asistencia a una sesión de ayahuasca. Tales cosas sucederán si el objetivo fundamental es el lucro a corto plazo y no el establecimiento a largo plazo de un entorno de trabajo con ayahuasca… Atendamos a un dato más. El hecho de que casi cualquiera, sin considerar su situación psicoanímica o su circunstancia personal, asista a una sesión de ayahuasca suele ir sistemáticamente de la mano del típico tópico new age de considerar la ayahuasca como una especie de elixir de la salud psíquica, válido para todos, independientemente de los contextos y del estado de la persona en cuestión…


Bien, de todos estos mimbres cabe esperar cualquier cosa. No olvidemos la relevancia del perfil del grupo que hace la ingesta. Este perfil repercutirá notablemente en el tipo de sesión resultante; lo que podrá servir experiencias ásperas que lo único que hagan sea trasladar confusión al experimentador poco avanzado –y no solo-. Como sabemos todas las recomendaciones a la hora de ingerir enteógenos hacen especial énfasis en los lazos de confianza y complicidad –algo que hay que saber promover- que deben integrar a quienes experimenten en grupo. Lo contrario serían estos improvisados y desvertebrados grupos de aluvión -en los que todo el mundo cabe- compuestos por gente desconocida y reclutada a través de técnicas de promoción comercial. Literalmente, de un grupo enhebrado con tales hebras cabe esperar cualquier cosa… Basten estas consideraciones para ubicar el “típico timo ayahuasquero” del típico “organizador de sesiones”.


Sirva como indicador de todo este grado de delirio la recurrencia con que estos “organizadores de sesiones” hacen depender su actividad de algún género de mesianismo o “mandato privado" o "bendición recibida por parte de la ayahuasca” en algún género de “fantasía visionaria”… Comparemos toda esta picaresca delirante con los complejos y elaborados protocolos que en una sociedad tradicional (o en la curandería amazónica) se le exigen a quien va a trabajar con ayahuasca –entre ellos el del reconocimiento formal de su capacidad, otorgado por hombres-medicina o chamanes ya capacitados tras procesos que pueden durar muchos años-. Personalmente he llegado a saber de un caso en que el iluminado de turno presuponía esa bendición en toda persona que diera ayahuasca a terceros resistiéndose a considerar la existencia de malas prácticas... Sorprenden tantas dosis de delirio aunque quizá menos la condición del mismo. … Me refiero al vínculo tan pasmosamente infantil con lo visionario que subyace a todas estas demencias; vínculo sólo entendible en una sociedad que si se ha desentendido de algo es de la gestión de las potencias cognoscitivas de la imaginación… Podemos encontrar muchas notas delirantes en estos “organizadores de sesiones”… Hasta el punto de vislumbrar una selva abigarrada y bizarra. Recuerdo a uno de ellos “vendiendo” que lo normal era que se brotara con cierta normalidad la gente en las sesiones de ayahuasca…




Como ya he indicado la típica sensibilidad new age acogió a la perfección las parodias ayahuasqueras que vimos emerger en esos años que siguieron al 2000. Para cartografiar mejor ciertos delirios quisiera perfilar un ideologema aportado de modo directo por la típica irracionalidad new age. Me refiero a una disposición ágrafamente milagrera que entiende la ayahuasca como una especie de “espíritu salvífico” -personalizado y así despojado de su misterio- en el que descansaría, en exclusiva, su potencia sanadora. Esta disposición, si algo vendrá a desconocer y a relajar, será cualquier protocolo riguroso que contextualice y otorgue un formato preciso al trabajo con la ayahuasca. Así considerada, la ayahuasca, sería un espíritu que sanaría a través de su mera ingesta; sin más arte alguno. Se trataría de tomar y “dejar hacer” al espíritu sanador de la ayahuasca. Ella ya arreglará cualquier desaguisado… Todo así se haría depender, en exclusiva, de su “conciencia sanadora” dejando en suspenso todo arte riguroso de encuentro y reconocimiento de la ayahuasca. Nos encontremos pues ante un determinado relato. Ayahuasca buena y sanadora que nos cura… Tal relato resulta de una precipitación y de una simplicidad pasmosa. Paralelamente a este planteamiento neoespiritista encontramos su simétrico. Me refiero a esa tendencia a atribuir toda problematicidad y turbulencia existente durante una sesión a la acción de los malos espíritus o “malas energías”. Lo que, como se hace evidente, desplazará la crítica de una oferta mal diseñada o, incluso, el análisis o introspección personal respecto de los momentos más ásperos… Quizá habrá a quien le sorprendan por fantásticas estas elaboraciones. No nos equivoquemos. El hombre construye relatos y enhebra narraciones para entender y entenderse. Hasta el punto que podría hablarse de un pensamiento lógico-racional y otro de corte narrativo, simbólico y contextual. Como nos hizo saber Akira Kurosawa en su magistral película Rashomon poco sentido tiene preguntarse por la verdad empírica de los relatos y narraciones humanas. Ni si, ni no, ni todo lo contrario. Ya lo dijo Aristóteles; historias acaso inverosímiles pero ricas por reflejar los desafíos de lo humano en su acercamiento a sus figuras de plenitud y a su problemática existencial.


La cuestión de fondo es que no todos los relatos tienen el mismo valor, ni la misma potencia para sanar, nutrir y afirmar la vida. La ayahuasca es considerada una medicina para las culturas nativas. Con todo, compárese la complejidad narrativa y simbólica de los relatos nativos o mestizos relativos al descubrimiento y encuentro con la ayahuasca con esta simplicidad milagrera incapaz de incorporar arte, complejidad ni saber hacer alguno respecto de las potencias de salud de la propia ayahuasca. Como bien nos recuerdan nuestros maestros estoicos hay un imaginario que facilita el conocimiento y otro que lo vela…


Sobre este asunto de los ideologemas new age en tanto parodia de los discursos sapienciales de corte espiritual recuerdo a cierto “organizador de sesiones” encubriendo con alusiones a la “creatividad inherente al caos” o a la “bondad esencial de todo suceso” su responsabilidad en un mal planteamiento que pudiera condicionar o afectar a los participantes en una sesión… La new age… Una experta en descontextualizar y reducir al chiste bobo, de acuerdo a estrictos intereses de mercado, determinadas referencias de indudable interés. ¿Toda forma encuentra su origen en el caos y en una potencia por formar? ¿Todo descalabro pasa para bien?. ¿Vivimos en el mejor de los mundos y en el mejor de los instantes?... A buen entendedor pocas palabras bastan y si bien es cierto que el camino que sube es el camino que baja, como bien nos dijera Heráclito de Efeso, no es menos cierto que por ello uno no deja de subir y otro de bajar… Cada nivel de sentido en el nivel que le es propio. El de la unidad y la armonía de los contrarios en esa textura de misterio y Unidad; y el de la estupidez y los despropósitos humanos en el de lo humano, demasiado humano...


En fin. Falacias y delirios como los apuntados podrán ser esgrimidos –de todo hay y de todo esto he visto- con la finalidad de disfrazar, legitimar y amparar tanto las malas prácticas explicitas como la inexistencia de los contextos adecuados. De todo esto vimos hace ya algunos años. Finalmente quiero volver a incidir en que esos años también observaron el desarrollo de las iniciativas y las investigaciones más serias. Y entre esas iniciativas serias y las más delirantes encontramos diversas variantes intermedias saturadas de claroscuros y, por tanto, acaso de brillos.

Con esta entrada he tratado de atender las equívocas novedades que nos trajeron esos primeros años del presente siglo con el fin de clarificar las polaridades que desataron. Los entornos ayahuasqueros, no sólo en España sino en otros muchos lugares, intentaron reaccionar a todo este aluvión de malas prácticas constituyendo foros que elaboraron manifiestos y códigos deontológicos, promoviendo los usos responsables de la ayahuasca. Al menos en España esas malas prácticas y, sobre todo, la visualización creciente de la ayahuasca en la sociedad española, finalmente, trajeron problemas policiales diversos. Como ya he indicado el desarrollo de los entornos ayahuasqueros en España encontró, en su día, su medio y su humus en la penumbra social que suponía el escaso conocimiento que se tenía sobre la ayahuasca.