jueves, 15 de octubre de 2009

Cuidando del fuego: Josep Buigues, una mirada, una perspectiva



Hace un par de años, al filo del Otoño del 2007, nos dejó Josep Buigues. De acuerdo a la sensibilidad y la palabra nativa, Buigues, volvió al seno de ese Misterio desde el que fluye la deslumbrante sinfonía de creatividad y el canto de la vida. Su ausencia, tomada ya con cierta perspectiva, nos arroja claves muy significativas sobre la relevancia de su propuesta acerca del trabajo con los enteógenos y las plantas de poder. Apuntemos preliminarmente la consideración como medicina de las plantas enteógenas según el lenguaje, los usos y los procedimientos nativos en los que se formó y forjó este aventurero del espíritu. De acuerdo a los mismos, los enteógenos, quedarán visualizados a través de un determinado perfil de encuentro con el espíritu y con la propia capacidad de vida. Por eso mismo su carácter medicinal y la dimensión sapiencial que vendrían a expresar sobre la base de contextos rituales y simbólicos muy específicos.



Otro caso bien distinto será el del escaso contexto cultural existente en nuestras sociedades modernas por lo que se refiere al uso de estas medicinas. Sin embargo, no por ello, los enteógenos dejan de suscitar interés. Lo dicho llevara a Ernst Jünger a prever en sus diarios la aparición de cierto género de aventureros del espíritu y, finalmente, el desarrollo en el Occidente del siglo XXI de ámbitos capaces de dar cuenta y encaje de los efectos de tales sustancias y preparados. Desde el punto de vista de Jünger la vigencia de los enteógenos sería creciente en el contexto utilitario y materialista de esta modernidad tardía, dada la rotundidad de sus efectos a la hora de desvelar la complejidad creativa de la trama de la conciencia tanto a nivel psicológico como perceptivo y espiritual.



A propósito de todo lo apuntado tomará cuerpo la importancia de acercamientos como el planteado por este hombre-medicina en tanto tanteo de privilegio que apunta a la cristalización de esos ámbitos capaces de reconocer y profundizar en el uso de los enteógenos. Advirtamos el grado de madurez alcanzado por la propuesta de este valenciano. Por lo que se refiere a su propia evolución personal supo formarse en contacto estrecho y sincero con un entorno tradicional de transmisión lakota conocedor de un determinado “saber hacer”. Paralelamente supo atender a la integración de lo transmitido en un contexto cultural europeo sin, por ello, dejar de lado el legado sapiencial, ritual y espiritual nativo del que formaba parte. De hecho, tanto será así que si algo pone de manifiesto su trayectoria será la riqueza que mana de todo el conjunto de referentes que van de la mano del encuentro, por supuesto consciente, con una determinada tradición y con un determinado “saber hacer”.



Buigues fue uno de los primeros occidentales sin ascendencia étnicamente indígena, posiblemente el primero, en ser reconocido como hombre-medicina por la Iglesia Nativa Americana. Creo necesario aclarar que la Iglesia Nativa no es una Iglesia en el sentido institucional o burocrático del término. Tiene múltiples ramas y entornos, generalmente de corte tribal, lo que la configura como una red de hombres medicina y entornos étnicotribales diversos y autónomos que permite el reconocimiento jurídico de las prácticas religiosas de los indios americanos en USA. Este reconocimiento incluye los usos tradicionales del peyote. Como paréntesis, meramente indicar, la expansión de los usos de esta planta de poder en los rituales y ceremonias nativo-americanas a lo largo del siglo XX; por su potencia para fortalecer el mantenimiento y el vigor de las tradiciones nativas y por neutralizar problemáticas adictivas como las planteadas por el alcoholismo.



Como ya he indicado, Buigues, fue uno de los primeros occidentales reconocidos oficialmente por la Iglesia Nativa Americana en tanto hombre-medicina. En concreto recibió la transmisión de Aurelio Díaz Tekpankalli en el contexto del Fuego Sagrado de Itzachilatlan. Desde tal reconocimiento y dentro del Fuego Sagrado de Itzachilatlan Josep Buigues desarrolló su tarea cuidando del vigor del fuego ceremonial y organizando las ceremonias de integración personal y de desarrollo espiritual propias de esta vía espiritual; rituales de tabaco, temazcales o inipi -cabaña de sudar-, ceremonias de medicina y búsquedas de visión -retiros en soledad en la floresta-. La gente que asistía a sus ceremonias era muy variada ya que, en realidad, lo fundamental de su propuesta no era sumarse a grupo, dogmática o confesión alguna sino la eficacia psicoanímica o/y espiritual de las propias formas rituales desde la propia singularidad y senda de cada cual. Por eso había desde gentes muy comprometidas con la tradición nativa a personas venidas del yoga, del Zen o de entornos más puramente psicoterapeúticos. Cada uno en su propia línea de trabajo. Estos planteamientos le habían llevado a colaborar con gente de peso dentro del Budismo Zen, la psicología analítica o la psicoterapia.



Por lo que se refiere a los rituales nativos era muy interesante cómo los había modulado en un sentido afín a la palabra del hombre occidental y en una clave terapéutica, sin por ello dejar de lado el marco espiritual nativo del que él mismo formaba parte. No olvidemos que terapia, en su sentido etimológico, alude a ese “cuidado de sí”, por lo demás auténtico epicentro de la sabiduría clásica grecolatina. A ese sentido tradicional de la palabra terapia, indesligable del desarrollo personal que promueven los acercamientos al espíritu y ajena a todo reduccionismo psicológico, es precisamente a la clave terapéutica que apuntaba la manera de trabajar de Josep Buigues en tanto hombre-medicina.



El área de trabajo fundamental que este hombre-medicina desempeñaba, ya lo he indicado, era el propio de las ceremonias rituales tradicionales en las que había sido iniciado, especialmente por lo que se refiere a la ceremonia de tabaco. En la misma los asistentes pueden tomar la palabra al serles entregado ritualmente el tabaco por el hombre-medicina que facilita el ritual. En ese momento quien tiene el tabaco y, en ese contexto ritualizado, se responsabiliza del pulso del propio ritual y, sobre todo, de su asistencia al mismo. A través de su palabra puede rezar o transmitir a la comunidad su verdad, su relación con el Misterio o con la propia comunidad. El tabaquito ritual abriría así a la elaboración de la propia vida y a la conciencia de su transparencia al espíritu. A esta manera precisa respondería la toma de la palabra por parte de los asistentes a una ceremonia de tabaco. El envés de lo dicho será el tratamiento catártico, de clarificación y refinamiento de las propias emociones y del propio espíritu, en esa relación con la palabra. En tanto clave de lo expuesto advirtamos como la noción de espíritu alude, de un modo muy directo, a la creatividad de la vida y al Misterio que ésta expresa. Siendo así las cosas, Buigues, dio unos determinados acentos al desenvolvimiento ritual que daban una especial relevancia a esta toma de palabra por parte de todos los asistentes en lo que sería el reconocimiento y el encuentro con sus propias emociones, problemáticas y estados. El “cuidado de sí”, de acuerdo al propio ritual, respondería, pues, al cuidado y a la atención a esa palabra que rítmicamente emergería del silencio.



El contexto de todo lo afirmado era, no tanto un mero desagüe emocional al modo de una psicoterapia poco elaborada, sino un anhelo de conexión con el propio corazón en el contexto espiritual y simbólico aportado por el ritual. Esta era pues la expresa directriz ritual impresa en la palabra: Expresarse desde la atención hacia la propia autenticidad y corazón en un contexto de cuidado del propio marco ceremonial y de los asistentes al mismo. Así se trataría de alumbrar esa palabra creadora que traduce, dinamiza y expresa la propia figura, tomando conciencia de sí a través de un acercamiento progresivo a la misma –poco a poco- y a la luz del propio ritual. Lo que exigiría no sólo palabra sino el acceso a ese silencio del alma que, despojando la palabra de barreras y ruidos, la lleva a su plenitud. En la medida de lo posible e inmerso en ese estado de modificación de conciencia y de encuentro con el abuelo peyote con todo lo que eso supone... Tal era el acento que Josep Buigues promovía en su manera de entender y desplegar los rituales nativos al encuentro con la mentalidad europea y a partir del tratamiento de la palabra que acontece en los mismos. Su manera de entender la autenticidad en la palabra trataba de buscar la forma integrada de las propias emociones y estados, la resolución de los conflictos en la progresiva toma de conciencia de su perspectiva óptima y, en general, la profundización en determinadas tomas de conciencia a través del encuentro con la propia palabra. Y todo ello en el contexto simbólico, arquetípico, espiritual y de encuentro con los elementos ofrecido por el ritual nativo. En realidad auténtico soporte y manantial de todo el trabajo personal apuntado.



El propio diseño ritual, sus ritmos, silencios y símbolos, amparaba de esta manera una experiencia de corte catártico en el verdadero sentido de la expresión –la catarsis consiste en ordenar y purificar el propio psiquismo y no en pegar gritos ni cambiar salvíficamente de un día para otro-, de toma de conciencia y de dotar de forma e integrar el propio psiquismo. La facilitación de tal catarsis vendría amparada por ese encuentro con la palabra de la mano de la propia acción del ritual, con todo lo que eso supone. Advirtamos la relevancia y eficacia del propio diseño ritual en sus tiempos, escenas y claves. En lo referente a la palabra pero también a los cánticos que cada uno de los asistentes debían entonar en diferentes momentos adoptando, del mismo modo que en el uso de la palabra, una disposición activa y de responsabilidad personal con ellos mismos y con el propio desarrollo del tempo ritual. Por todo ello, las ceremonias rituales facilitadas por este hombre-medicina han sido una aportación de enorme interés a tener muy en cuenta si de lo que se trata es de trabajar directamente con la palabra y la propia responsabilidad personal en ese contexto de desarrollo de entornos capaces del encuentro con el enteógeno. La libertad de espíritu, la promoción de la propia responsabilidad y creatividad personal y una perspectiva terapéutica que se remontaba a ese sentido etimológico originario de la palabra terapia y a su contexto espiritual en tanto “cuidado de sí” eran las claves que daban cuenta del trabajo que proponía Josep Buigues en sus ceremonias. Cuidado de sí, cuidado del propio vigor, de la propia creatividad, del propio grado de integración, del propio espíritu, cuidado del grado de apertura a la vida, de intimidad con el Misterio.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece muy interesante el trabajo que realizaba Josep, es una pena que ya no esté con nosotros. La convergencia entre el camino nativo y la psicoterapia occidental es un camino de reflexión y trabajo que puede dar muchos frutos. Tanto en lo que se refiere a establecer un marco de comprensión de los beneficios que implica un buen uso de la experiencia visionaria en términos propiamente psicológicos, como a la hora de comprender las implicaciones espirituales de la misma desde unos parámetros que nos sean cercanos. Pues la malcomprensión de este ámbito puede extraviar a mucha gente en una incursión por una mera fenomenología, que lejos de generar modos de salud para la vida cotidiana, genere modos de desvarío, que en nada ayudan ni a la persona ni al entorno que trata de sacar provecho de esta experiencia desde una investigación profunda. Muchas gracias por tu artículo. Un saludo.

jcaguirre dijo...

Ese, creo, es uno de los problemas del uso de enteógenos: Cierta adhesión fenoménica a la intensidad que deja de lado traer a la sobriedad de la conciencia ordinaria lo que uno "ve"; una especie de bucle del pelotazo fantasioso y periódico que aleja de la realidad...

Entiendo que para dar un contexto al uso de enteogenos éste se debe asentar en una perspectiva de desarrollo personal, o de individuación, que diría un junguiano. De hecho, ya en los sesenta, se vió como los efectos positivos del uso de enteógenos iban asociados a las "emergencias de sentido" que promovían las experiencias en el experimentador.

Para todo ello las referencias terapeúticas que comentas, y también a una senda espiritual coherente y bien delimitada-si es el caso-, más allá de los desvarios y "mezclas a lo cutre" de la new age, son algo inevitable.

jcaguirre dijo...

Más allá de esa dimensión terapéutica -que hay que ponderar en todo cercamiento al espíritu- el trabajo de Josep Buigues se incardinaba con vigor y claridad en el universo espiritual, ritual, religioso y simbólico que, como hombre-medicina, le había sido transmitido.

Recuerdo cierto día, en ceremonia y portando el tabaquito, cómo nos hablaba de esa visión del corazón que irrumpe... También recuerdo el encendido y sincero valor espiritual que daba de los temazcales, a la búsqueda de visión y, desde luego, a las ceremonias de medicina... En realidad, con inmensa generosidad y dedicación, dedicó buena parte de su vida a abrir esos espacios en beneficio de personas de carne y hueso, muy lejos de todo sectarismo.

Fata Morgana dijo...

Matizando. Por eso siempre me ha molestado la actitud de ciertos "especialistas" que a la hora de hacer una integración de la experiencia, le niegan todo valor a la mente. Un pretexto magnífico para jnustificar la, en ocasiones, falta de rigor investigativo.
Parece que resulta muy difícil conseguir el punto medio entre lo fenomenológico y lo científico. Pero la ayahuasca, como el humano, ha evolucionado. En lo personal me resulta fascinante, viniendo como vengo del continente proveedor, que haya gente en éste investigándola tan seriamente: la integración de los dos hemisferios está en marcha.
Una vez Manuel Almendro (lo habrás visto) contaba de una ceremonia que se hizo en la selva y donde fue necesario la presencia de un "chamán" occidental (creo que en este caso era él, si mal no recuerdo) para sacar el viajante del trance. Se trataba de un viajante occidental. Decía Manuel que al chamán autóctono le resultaba imposible ayudarle, ya que no conocía sus códigos. Me resultó muy interesante esa matización. Por lo que cuentas, Buigues era un excelente "intérprete".
Un saludo.

jcaguirre dijo...

Si, Josep era un excelente intérprete.

Y sobre lo que comentas de lo mental lo cierto es que no se sale del laberinto de lo racional desde una apelación a lo irracional o al delirio. Ahí solo hay contenidos psicodinámicos que se compensan. En realidad, desde mi punto de vista, una vida anímica integrada integra sus diversas expresiones, entre ellas lo que llamamos mental. Ya decía Platón que el primer paso en la ascensión del alma era salir de lo irracional y tener una capacidad de palabra -opinion, doxa- adecuada.