miércoles, 23 de diciembre de 2009

Elementos: La piedra líquida










La noche fue fría, una de esas noches frías del Verano rural y agreste en la que los elementos nos sorprenden con poco equipaje. Los elementos, desasidos y sueltos, con esa vida que les imprime un movimiento a veces lento y pausado, otras centelleante. Su vida, vida del cosmos, siempre armonia. Hen kai Pan -Uno y Todo-.


En esas el aire se desata en viento. Me veo desplazado, violentado; sobrecogido por esa vida que irrumpe; desde más allá de nuestra piel; sin que quepa apelación alguna. Esa vida que nos descabalga para insinuarnos el pasaje de ver y sentir. En nuestra propia piel.


Venía de pasar unas fiebres de Verano. Entre el calor del día y el frío de la noche el abuelo peyote sirviendo de gozne, de quicio, de membrana sutil, de sagaz compañía, de engarce, de frontera traspasada, de doble que indica, de potencia que irrumpe, de presente que en su derredor congrega el tiempo. El frío arrecia en la noche y una brisa fresca que acaricia y mece, en su devenida gelidez, pasa a estremecernos. El cuerpo sentado en el suelo sin un respaldo firme, sobre la tierra, frente a un fuego que quema la piel sin llegar a calentar… El cuerpo como límite habitado, como límite que, desde sí, queda transcendido, habitando la escena de la brisa fría sentado sobre la tierra; para finalmente sentirse exhausto, más allá de sí, encumbrado y agotado, feliz. El cuerpo; nuestra forma, nuestra memoria. La vida irrumpe y nos muestra sus reglas. Receptividad, aire fresco, respiración pausada.


Los elementos y la carne abren la escena y la potencia de la vida emerge. Fuego, agua, viento, tierra. La vibración ritual acontece. Canto, palabra y belleza. El corazón y su anhelo. Encuentro.


Una brizna, un recuerdo chispeante, una visión que se insinua, una figura que irrumpe, una cifra enigmática que nos interpela y sirve de espejo. Así irrumpe la vida y la vida cambia su tono: Metamorfosis. Nada ha cambiado pero ya nada es lo mismo. Ni el que mira ni lo mirado. Todo queda enlazado, arraigado en la propia capacidad de visión. La luminosa tensión del acontecer. Su inagotable presencia… Sin posibilidad alguna de alteridad o contrario. El pensamiento se metamorfosea en visión. El ruido mental cesa. Silencio. La visión alcanza más allá de sí. Nadie mira. Nada es mirado. El universo entero participa de la danza. No somos sino danza. Danza y silencio.


Del silencio un sereno mar de piedra emerge, blanquecino y anaranjado, dúctil y sutil. Este agua de vida nos revela su capacidad de forma. Nos muestra las figuras que alumbra, los perfiles de sus olas, las expresiones de su ondular. En los brazos del abuelo, de ese abuelo peyote que sabe y que muestra. La piedra líquida esta viva y se nos brinda en sus figuras. Piedra ductil, matriz de formas, rebosando geometrías que vienen y van. El movimiento de la piedra.


De la piedra líquida emerge un rostro de dama, dulce, adolescente, todopoderoso, dotado de una timidez ya disuelta en el agua viva. Pétrea, acuática, de nariz chata y rostro agraciado, desvelada y clara; como las hadas de los cuentos de antaño. El rostro del agua y de la piedra, el rostro de la vida de la vida, el rostro que cristalizando ampara mil formas. Matriz de figuras. Madre de cristales y geometrías. María, Mnemosyne, Kali como Durga. La amada de todo amor. Medida de la vida. Mar, piedra, dama que seduciendo alumbra universos.


La receptividad se muestra. La serenidad del blanco, un calor anaranjado… Seducción sobria que todo lo acoge y en cuyo regazo todo encuentra raíz y residencia. Erótica.


A los pocos días, sorprendido y en plena calle, veo ese mismo rostro juvenil en un cuadro de vieja estética.


La serena piedra se licua, la vida alumbra en la piedra líquida, la piedra se hace agua en una templanza cálida y en una mirada limpia. La mirada de la dama. Limpia y poderosa. Con sabor a noche. Piedra iluminada.


Entre sombras y velos madura.
Como la semilla en la tierra,
inadvertidamente, envuelta en su Misterio.

5 comentarios:

Fata Morgana dijo...

Ahh...
la poesía del abuelo... lo que tiene de "milagroso" es que surje de la pura experiencia. Es lo que tienen los abuelos: que nos recuerdan el mirar la vida desde su dimensión poética, metafísica, que quizá sea el único y verdadero mirar.
Gracias por compartirla.

jcaguirre dijo...

Si, fue con el abuelo en el Molino Viejo, en la montaña de Teruel, al final del Verano. Hace ya unos años. Una pizquita de memoria del "anima" que diría Jung. Por cierto, en el blog de Tat, "El silencio de las caracolas", hay un texto muy bueno de Jüng sobre los arquetipos

Raticulina dijo...

"Nada ha cambiado pero ya nada es lo mismo. Ni el que mira ni lo mirado. Todo queda enlazado..."
Preciosa entrada. Valiosa experiencia. Aunque ya nada vuelva a ser lo mismo. O precisamente por eso.

Un abrazo

jcaguirre dijo...

Tras leer tu blog y la entrada poética de Morgana me animé a meter entradas más personales ya que un blog está para eso, para ir hacendo lo que uno vea. Lo bueno de los blogs, que permiten de todo y dan de sí para mucho

Fata Morgana dijo...

Pues qué bueno que te animes :D