sábado, 23 de enero de 2010

La vecindad de Albert Hofmann: Ernst Jünger (III)

Albert Hofmann arranca su libro "Mundo exterior, mundo interior" narrando una experiencia de infancia. En la misma la mera presencia de la campiña en la que se encontraba, sobrecogiéndole, pareció arroparle con su majestad. En este texto, el químico, psiconauta y humanista suizo nos dirá: “Hay experiencias de las cuales la mayoría de las gentes se avergüenza de hablar porque no entran dentro de la realidad cotidiana y escapan a una explicación racional. No nos referimos con ello a acontecimientos extraordinarios del mundo exterior, sino a procesos de nuestro interior a los que se priva de valor como si fueran meras quimeras, y se les expulsa de la memoria. En las experiencias a las que nos referimos, la imagen familiar del entorno experimenta, súbitamente, una singular transformación: placentera o aterradora, se muestra bajo otra luz, cobra un sentido especial. Tal experiencia puede acariciarnos tan sólo como un soplo o, por el contrario, grabarse profundamente en la mente”. Para el descubridor de la LSD, la memoria de esas experiencias y el modo en que nos relacionamos con ellas, será una de las claves de nuestra capacidad de vida y equilibrio. Su relevancia vendrá dada por la quiebra de todo ese universo de convenciones y categorías compartidas que nos cosifica en una determinada imagen del mundo. En las mismas, algo significativo de lo real quedará liberado en la conciencia. Hofmann hará depender de estos momentos cumbre nuestra propia plenitud, la creatividad de nuestra capacidad de percepción e, incluso, los vínculos con esa profundidad sin fondo, empapada de Misterio, a la que todo parece remitirse. Jünger las transformará en la raíz originaria de su pensamiento, en el gozne alrededor del cual gire ese mirar panóptico y holográfico capaz de integrar las diversas perspectivas de la vida y conciliar sus tensiones, oposiciones y contrarios en la propia plenitud del hombre. Del emerger de esa mirada poderosa dependerá la conciliación en la visión de todo aquello que nos cosifica y lastra. El adormecimiento de tal capacidad humana supondrá una vida mortecina e indiferenciada.


En ese emerger y ese advenimiento de lo misterioso y profundo al que Hofmann se refiere, Jünger verá una conciliación de perspectivas complejas y contrarias que quedarán restituidas a ese Uno que es el Todo. Tal será la cualidad de la visión holográfica y panóptica a la que alude. Por eso, este maestro discreto, reivindicará la vigencia y la actualidad de una “ciencia de la abundancia”, capaz de estar a la altura del advenimiento de las fuerzas del espíritu. La necesidad y pertinencia de esta “ciencia de abundancia y plenitud de vida” tendrá como necesario reverso el tomar conciencia del enorme lastre que la cultura moderna supone de cara a reconocer la totalidad de lo humano. Consideremos como ésta arroja al cajón de sastre de lo irracional y del subjetivismo los encuentros con el espíritu. Jünger se referirá a esta ciencia de la abundancia del siguiente modo: “La vida contiene dos caminos opuestos, uno va hacia la penuria, el otro hacia la abundancia, esa de la que se rodean los fuegos de sacrificio. Nuestra ciencia está, por naturaleza, orientada a la penuria y contrapuesta al lado magnífico del mundo; está inseparablemente ligada a la necesidad, como el que mide lo está a la regla y el que cuenta a la numeración. Por eso habría que inventar la ciencia de la abundancia si no existiera ya, que no es otra que la teología”. La teología y no sólo ella. En su obra "La emboscadura", este autor asociará el arte y la poesía a esa teología en tanto que cartogramas y espejos de la evolución espiritual del hombre.


Tanto Hofman como Jünger, si en algo estarán interesados, será en el poder de la propia mirada, en la capacidad de la visión y en lo que ésta libera. Tal es el “poder visual” al que alude el pensador alemán en su novela "Visita a Godenholm" que, en parte, narra su primera experiencia con la LSD de la mano del químico suizo. Hofmann nos reseña en su libro "La historia de la LSD" tal poder visual como una de las cifras de comprensión de los efectos de los enteógenos en el advenimiento de una belleza palpitante y sobrecogedora que nos remite a esas experiencias cumbre. El alquimista suizo no se refiere a una experiencia meramente estética, sino a la revelación de una vitatalidad ubicua, desvelada, unificada e integrada en la mirada del hombre. Despertar a modos de experiencia que transciendan los automatismos que cercenan inadvertidamente nuestra capacidad de percibir inafectada y libremente será pues, para ambos personajes, el tremendo valor de los efectos de las sustancias visionarias. Por esto mismo no será de extrañar que Jünger profetice en sus diarios la inevitabilidad en el largo plazo de su acogimiento "en sociedad". Tomemos conciencia de la mutilación en el repertorio de lo humano inducido por una cultura como la contemporánea que se legitima en la represión de la dimensión más espiritual del hombre. Para este autor, tal y como manifiesta en el vol. IV de sus diarios, la funcionalidad actual del uso de los enteógenos sería presentar a las claras la complejidad perceptiva de la psique del hombre y la trama espiritual del mundo.


Profundidad, superficie, advenimiento… Tales nociones, ya comentadas en la entrada En compañía de Hofmann: Ernst Junger (II), nos indicaban las posibilidades perceptivas de nuestra capacidad de visión y vida. Para profundizar en tales claves baste con recordar la enorme reserva de energía psíquica que libera tomar conciencia de los referentes espirituales de la existencia advertiendo las carencias que se derivan de su represión. Nos referimos precisamente a esas energías que nos hacen aventurarnos en el reconocimiento de sentido y en lo transcendente. Tal plano de transcendencia, en tanto dispensador de sentido, lejos de desencatar lo inmediato lo revestirá de plenitud y brillo. Inmanencia y transcendencia se enhebrarán así en Unidad.


Desde lo dicho no será pues de extrañar que tanto uno como otro consideren los enteógenos como llaves o instrumentos que ofrecen, en palabras del químico suizo, un cruce de frontera. Bajo sus efectos entrarán en crisis todo tipo de troqueles perceptivos para remontarnos a ese núcleo esencial donde palpitan y se aquilatan la vida y sus procesos, a esa instancia espiritual que se expresa en nuestros pensamientos y acciones y que cristaliza en la materia y en la totalidad de la vida. Los entéogenos, según Hofmann, nos sumergirán en el Misterio y nos permitirán acceder a ese “preciso punto donde tiene lugar el tránsito entre materia y espíritu” en un poderoso ejercicio de penetración visual. Consideremos que ese preciso punto es la sede desde donde la vida adquiere su perfil y cualidad. De ahí la importancia que confiere Hofmann a la creatividad subyacente al propio proceso perceptivo en su libro "Mundo interior, mundo exterior". Percibir es crear en la mirada, participar, en suma, del proceso generador de la vida. De ahí, la responsabilidad e importancia de saber dirigir esa creatividad a las secciones de lo real que nos devuelvan a nuestra propia plenitud. Los enteógenos serán, pues, llaves de acceso a los misterios de nuestra propia creatividad perceptiva, al porqué de sus extravíos y a los modos de plenitud de la misma.


Aclaremos que el espíritu, para ambos, no será otra cosa sino ese inmenso e inocente poder que se expresa en la vida y en nuestro pensamiento; la bondad de todo, en la medida en que todo encuentra, en tal instancia, su origen, finalidad y plenitud. Me refiero al plano de sentido del cosmos entero. Su perspectiva no será, pues, la de un panteísmo reductor ni la de un fideismo religioso meramente sentimentaloide. Estaremos ante la sensibilidad de quien advierte como todo no es sino símbolo de un determinado sentido de totalidad que escapa a nuestra capacidad de comprensión. La progresiva toma de conciencia de ese sentido, en su advenimiento e irrupción en el interior del hombre, será para ambos la directriz de toda sabiduría humana. Transcender la particularidad, lejos de suponer indiferenciadas y absurdas fusiones placentales con el cosmos, supondrá encontrar nuestra más profunda identidad en nuestra capacidad de integración en la vida y en nuestro propio proceso de diferenciación personal.


Hofmann, Jünger… Personalmente veo a ambos autores como esos filósofos-magos-alquimistas del Renacimiento surgiendo, a medio camino entre la filosofía, la poesía y los enteógenos, en pleno siglo XX. Estamos, pues, ante dos aventureros, dos eslabones de lo más granado de la cultura occidental, dos hombres que supieron mirar en una dirección orientada subidos a la vigorosa grupa del enteógeno. Desde mi punto de vista, la manera en que estos dos cómplices abordaron el desafío que suponen sus efectos debería ser una de las atalayas privilegiadas para la integración y comprensión de los mismos. No olvidemos la urgencia de referentes y contextos puramente occidentales por lo que a la experiencia enteogénica se refiere. Remontar la problemática social de estas sustancias y estar a la altura de sus efectos serán las felices consecuencias de seguir la senda indicada por estos amantes de Ariadna, la dama del alma . Tomemos conciencia de cómo Teseo se identifica con y se une a Ariadna para salir del laberinto y dejar atrás el Minotauro. La memoria de Ariadna será su hilo conductor. Ariadna, esto es, la pura receptividad capaz de transcender todo ese entramado de proyecciones que nos cosifica y cosifica la vida; el Minotauro, por el contrario, el símbolo del furor tanático, del puro poder, del control y de la ceguera a la vida. Paradojicamente, la verdadera fuerza no estará en la rígida y temerosa disposición del Minotauro, sino en la ductilidad y flexibilidad del agua, esto es, en el caudal de salud que dimana de la receptividad y de la capacidad para toda forma. El vigor espiritual, la fuente de esa abundancia que mencionara Ernst Jünger, será pues la dúctil Ariadna y su tremendo poder de integración y generación de sentido. Ariadna, la dama del lago de la mitología celta y de su versión cristianizada en el ciclo artúrico. Sólo esta dama será capaz de otorgar la espada que permite a Arturo(o a Teseo) vencer al Minotauro y liberar la mirada. A lo dicho responderán los afanes tanto de Hofmann como de su maestro discreto.

9 comentarios:

Fata Morgana dijo...

Muchas veces he pensado en los enteógenos como en un hilo de Ariadna que nos devuelve al orden desde el caos. Lástima que, como hablábamos alguna vez, también nos presente nuevos desafíos muchas veces difíciles de realizar dentro de ese mundo cosificador que mencionas...
Valiosa la mención del maestro discreto. No por el sustantivo, sino por el adjetivo: la discreción es un referente claro a la hora de decidir en manos de quién te pones.
Un saludo.

jcaguirre dijo...

jeje, si alcanzar el orden desde el caos que toma forma para ver el caos como parte del orden y finalmente dejar de lado eso del caos y el orden... Bueno, según dicen, lo más fácil y lo más difícil...

Hace un par de días en el blog de Rat comentábamos eso de la mitología griega del Kaos como divinidad originaria enlazada a la Tierra -la posibilidad de vida- a través de Eros. Sin querencia por la vida no hay forma posible y sin receptividad y plasticidad la forma se convierte en cárcel, rigidez y muerte. Bueno meras reflexiones. Viva el agua

jcaguirre dijo...

Fue en el blog fractales no en el de Rat.

tula dijo...

.....podría decir que tengo un vínculo con A.Hofmann, su descubrimiento me llevó a descubrir lo que ahorra corroboro a pelo, que el mundo es una descripción, solo eso....pero suficiente.
El caos es fractal pero para verlo es necesario transcender la realidad cotidiana.
Que el Aguila le deje pasar.
Un saludo.

jcaguirre dijo...

Completamente de acuerdo Tula. Personalmente creo que todos los interesados por estos temas en Europa tenemos todos un fuerte vínculo con Hofmann.

Albert Hofmann es un personaje de mucha más talla y finura de lo que mucha gente se imagina. Sus libros están saturados de joyas y de intuiciones brillantísimas en muy diversos temas. Desde mi punto de vista su talla y sus vecindades espirituales e intelectuales son el aval más importante de la LSD de cara al futuro. Lo digo en tanto sincronicidad significativa evidentemente. Fue capaz de vislumbrar y delimitar el calado de la experiencia con la LSD tras su ingesta accidental...

Sobre esto no nos engañemos. Muy pero que muy poca gente habría sido capaz de valorar y delimitar tal experiencia del modo en que él lo hizo. Nada habría trascendido del suceso por pura ceguera del experimentador en el 99% de los casos de ingesta accidental. Hofmann calibró la experiencia a la perfección y, desde sus propios recursos, supo orientar esa experimentación y dirigirse a las personas indicadas...

Si en el futuro esto de los enteógenos acaba teniendo un lugar en la sociedad la LSD emergerá. Y eso a pesar de que mucho "purista enteogénico" la desprecie algo por su vinculación con la cultura de los sesenta... ¿Cuestión de tiempo?

tula dijo...

..y creo que tenia un valor sin el cual los actos se quedan en nada..valentía y propósito.

Fata Morgana dijo...

jejeje... yo la verdad es que para tomar contacto con el kaos necesito algo así como un buen disco y unas buenas pinturas, y si es posible los pies, para caminar sobre ella :D
Creo conocer el kaos desde antes de conocer la palabra y su significado.
Luego hay momentos intermedios, "blancos" vitales entre kaos y forma, y nuevo kaos y nueva forma, y nuevo kaos... Como el instante que yace entre una respiración y la otra, ese tiempo muerto -sólo en apariencia- que es, en mi opinion, lo más parecido al vacío, y que es donde nace y muere todo.
:+

jcaguirre dijo...

Hace poco vi un libro en al colecció Drakontos sobre la riqueza matemática del cero y el vacío. La nada parece muy llena...

emilio cañadas dijo...

Claro que la nada está muy llena. Como siempre digo, 0 es igual a Infinito.