domingo, 14 de marzo de 2010

Elaboración e Integración: La aportación de Stanislav Grof

Bien lejos del mero coleccionismo de experiencias, el pilar sobre el que debería descansar cualquier incursión en este ámbito de las sustancias visionarias, debería ser el de la integración y elaboración de su experiencia. Muy poquito dan de sí las lides visionarias lejos del aquilitamiento en la sobriedad de los aportes de sentido que puedan sernos indicados en este género de aventuras del espíritu. Los enteógenos nos miden. De ahí que exijan de nuestra propia capacidad de respuesta a su mirar. Por lo que se refiere a esta perspectiva de integración de la experiencia enteogénica la relevancia de lo terapéutico, de un modo o de otro, se hace tan evidente como ineludible.

A partir de lo dicho las disposiciones de los psicólogos y terapeutas que se están acercando a la experiencia visionaria suelen quedar vinculadas con perspectivas de investigación antropológica, filosófica, literaria, meditativa, espiritual o estética; atendiendo incluso al valor y al saber hacer de las tradiciones ancestrales de uso. No podía ser de otra manera ya que la riqueza de la experiencia enteogénica, por expresar lo humano, no se detendrá en la alcoba psicofamiliar o en el mero experimentalismo. Autores como Jung, Maslow, Assaglioli, Almendro, las diversas derivas post-junguianas -como la de James Hilmann- y la psicología transpersonal de Stanislav Grof o Ken Wilber aportarán instrumentos hermenéuticos completamente a la altura de ese encuentro entre psicología y disciplinas humanísticas. Desde esta perspectiva psicológica, puramente fenomenológica(1), el bagaje humanístico indicado vendrá a interpretarse y entenderse a favor de la praxis psicoterapeútica; lo que servirá toda una serie de referencias existenciales y vivenciales que ampararan una profundización en la experiencia singular y en la integración de la misma. Tal será la fuerza de una perspectiva empírica, cualitativa, hermeneútica y centrada en lo puramente existencial y en lo fenoménico


La función de esos referentes humanísticos, al encuentro de la psicología, será servir toda una sinfonía de metáforas capaces de resonar en el interior del hombre, enriqueciendo su propia capacidad de autocomprensión y refinando la cualidad de sus potencias perceptivas; lo que se traducirá en la profundización del propio proyecto personal. De ahí el valor necesariamente metafórico, a la medida de la persona concreta, de toda psicología fenomenológica y cualitativa. En este sentido, el acierto de James Hilmann al reivindicar el carácter mítico y literario de la terapia analítica y de su método, es enorme ya que será precisamente ese carácter literario y humanístico el fundamento de su carácter empírico. Un carácter empírico, por lo demás, completamente en la línea de ese empirismo clásico que sabe atender a la propia experiencia personal -fenómeno- desde su refinamiento y desde las resonancias y devenires creativos que dicha experiencia promueve. En realidad, no será otra cosa una terapia sino profundizar, literaria y creativamente, en el relato de nuestra propia vida y en nuestra capacidad para conducirlo en la senda del sentido. Por eso mismo, el acogimiento de la propia vida no podrá ser otra cosa que la iniciación en un arte.


Acaso esta orientación fenomenológica y hermeneútica sea lo que mejor delimite en términos epistemológicos la perspectiva psicológica descrita. Advirtamos como el empirismo propio de las ciencias humanas, centrado en la cualidad y el refinamiento de la propia experiencia personal, poco tendrá que ver, por mucho que lo complemente, con el criterio empíricopositivo de las ciencias duras o fisicalistas o de la psicología estadística y cuantitativa. Desde esta orientación fenomenológica se tratará, por tanto, de atender a todos esos recursos de corte humanístico en el viático de integración en el sentido del propio proyecto personal; en término generales y en relación a la experimentación con fármacos visionarios. Como se hace obvio esta perspectiva supera con creces la propia de la psicología clínica para adentrarse en lo que serían las terapias de desarrollo personal.


De entre los nombres ya citados el de Stanislav Grof cobra una especial relevancia. En realidad sólo cabe calificar su influencia como decisiva precisamente por sentar las bases de madurez de lo que sería la delimitación psicoterapeútica de la experiencia enteogénica. De su mano se han dado pasos decisivos a la hora de integrar perspectivas terapeúticas previas. Su llegada a Estados Unidos, a comienzos de los setenta, supuso una auténtica revolución en lo que eran las terapias, de corte psicodélico-catárquico(2), que se venían haciendo hasta el momento en Estados Unidos. Tal revolución consistió en aunar las posibilidades terapeúticas de las experiencias catárquicas con los procedimientos de integración y elaboración analítica propios de la escuela psicolítica(3).


Desde esta perspectiva integradora los cartogramas desarrollados por Grof destacan por la larga experiencia terapeútica y analítica en la que se apoyan. A partir de su gran bagaje acumulado, por dedicarse durante muchos años a la elaboración de experiencias inducidas por sustancias visionarias y otras técnicas de modificación de conciencia, este psicólogo checo afincado en EE.UU nos ha legado el acaso más importante esfuerzo urbanizador de la experiencia con estas sustancias. Grof partirá de la necesidad de interpretarla y entenderla a la hora de integrarse y enriquecerse vitalmente con la misma. Hasta el punto que a partir de Grof se pueda afirmar, del mismo modo que los cabalistas dicen de los sueños, que las experiencias visionarias son su interpretación; lo que apunta a cómo la propia experiencia vendría a quedar cualificada desde su fructificación en la propia vida del experimentador.


Según su criterio no se tratará de desecar en teorías la experiencia sino de abrir puertas diversas al fructificar  de la experiencia en la propia cotidianidad de la mano de una praxis analítica de toma de conciencia, verbalización y elaboración. Tal análisis trataría de dirigir una mirada criptográfica capaz de desvelar cómo y de qué manera la experiencia nos describe e interpela en sus devenires diversos. A partir de la misma, las mejores intuiciones que sobre nosotros mismos irrumpen de la mano del visionario, serían elaboradas terapéuticamente vehiculándose esa fructificación en nuestra cotidianidad. En este sentido el gran mérito de Grof será situar lo relevante de la experiencia enteogénica en su relevancia introspectiva aunando esta perspectiva con la capacidad re-estructurante que tienen estas experiencias a la hora de generar sentido.


Stanislav Grof, a partir de su enorme experiencia, compondrá un mapa en el que ordenará el territorio de la modificación de conciencia desde tres estratos. El primero acogerá la emergencia del inconsciente más psicobiográfico: infancia, desarrollo de la personalidad, etc. El segundo, aún declinándose de manera diferenciada, será más colectivo al reflejar el universal trauma del nacimiento y el abandono del claustro materno. A estos dos niveles de la psique pertenecerán las experiencias traumáticas en las que un yo separado del mundo se confronta con su propio dolor, su narcisismo y su capacidad de eclosión diferenciada. Un tercer estrato de la conciencia, puramente transpersonal por transcender la propia particularidad, dará cuenta de la apertura de la misma a planos crecientes de totalidad y de integración en el plano de la vida(experiencias arquetípicas transpersonales, uniones místicas con el todo, etc). Toda afección psíquica y toda escisión encontrará su correlato en el sentido que la psique, en este nivel, sea capaz de desplegar.


La enorme creatividad que desvela la conciencia humana en su acceso a esos planos transpersonales, capaces de cancelar escisiones diversas, se configurará como la autentica finalidad de la vida psíquica y, al tiempo, como una gran reserva de vigor anímico. El psiquismo se configurará para Grof desde una perspectiva teleológica, es decir, desde su potencia para dotar de sentido tensiones y afecciones diversas en la propia plenitud ontológica que se revela. Así la expansión de la conciencia encontraría su justificación y su causa en las figuras de plenitud que la misma es capaz de alcanzar en su propia evolución.

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(1) Por psicología fenomenológica, y en un sentido muy general, entiendo esas escuelas de psicología que encuentran su método básico en la atención a la experiencia vivida y al fenómeno. De la manera de percibirlo y vivirlo dependería la salud integral, la intensidad existencial y el perfil de vida de la que el hombre es capaz. Lejos de apelar a un mero subjetivismo psíquico de lo que se trataría es de destacar el valor de la propia vivencia como modo de conocer el mundo que a uno le circunda en sus diversas posibilidades ontológicas. Si a algo atiende la psicología fenomenológica es a la copertenencia y  la reciprocidad entre el mundo percibido y los estados internos de la vida anímica. En este sentido el ámbito propio de las humanidades y de las producciones literarias o artísticas serán el espejo privilgiado que refleja la vida del alma humana y sus posibilidades de ser(ontológicas). 
(2)Esta variedad terapeútica se basaba en la administración de una única dosis medio-alta o alta, generalmente de la LSD, cuya finalidad era inducir una experiencia de catarsis que reportara sentido e integración al experimentador. De acuerdo a sus propios planeamientos esta escuela formuló que las sustancias visionarias tenían propiedades “intrínsecamente curativas” de un modo en exceso generalista y poco matizado. Sus planteamientos se desarrollaron a partir de diversos estudios en los que se utilizaba la LSD en el tratamiento de la alcoholemia. Los mismos mostraron como quienes mejor respondían al tratamiento eran precisamente a quienes, la experiencia en cuestión, les había reportado experiencias de corte espiritual que liberaban poderosas reservas de sentido. Tales catarsis seguirían un determinado patrón de muerte-resurección, catarsis estructurante y toma de conciencia de la propia vida.
(2) La escuela psicolítica se desarrolló en Europa e integraba cierto número de tomas de sustancias visionarias en un contexto terapéutico global de corte psicoanalítico(freudiano) o analítico(junguiano). Las dosis que se utilizaban eran bajas o moderadas y, en todo caso, antes que deslumbrantes vivencias espirituales lo que sobre todo se buscaba era atender a la emergencia en la conciencia de contenidos psicobiográficos con el fin de avanzar discretamente en la terapia. Lo que aportaba, dicho sea de paso, una perspectiva tremendamente realista.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es curioso que esta entrada no diga nada de las matrices perinatales. ¿?

jcaguirre dijo...

Se habla mucho de las matrices perinatales en relación a Grof aunque desde mi punto de vista lo más valioso de Grof es cómo integra los planteamientos catarquicos con los psicolíticos en lo que sería la senda de una integración discreta, a medio y largo plazo, de la experiencia con enteógenos. Desde mi punto de vista lo de las matrices perinatales tiene su interés, como metáfora de una crisis es valiosa, aunque como mapa y como hermenéutica me quedo con lo ya desarrollado por Rank sobre el trauma del nacimiento.