lunes, 1 de marzo de 2010

Fernando Sánchez Dragó

Pocas presentaciones requiere Fernando Sánchez Dragó. Desde la publicación del “Gargoris y Habidis” Dragó, ahí anda, encandilando y deleitando a la multitud de lectores con que cuentan sus obras. En su carácter poliédrico los enteógenos no ocupan, desde luego, un apartado marginal. En su haber eventos como el curso de Verano que junto a Antonio Escohotado organizó en la Universidad Complutense de Madrid o la legendaria intervención de Albert Hoffman en la TVE de entonces en un programa monográfico sobre la LSD. Del dicho al hecho. En su recóndita casa de Soria, en medio de una intensa nevada, nos habló largo y tendido sobre los enteógenos.

JCA: Tu contacto con los enteógenos ha sido extenso e intenso. Se te considera uno de los pioneros por lo que a estos temas se refiere. Qué te han aportado estas experiencias vitalmente y desde el punto de vista de tu creatividad como escritor.
En lo que me han marcado profundamente estas experiencias es en mi experiencia religiosa y filosófica. Estas han sido, por así decirlo, una experiencia epistemológica o de teoría del conocimiento. Esto, naturalmente, repercute en mi literatura desde el punto de vista del contenido de mis escritos que así se ha visto enriquecido desde estas experiencias. Con todo la experiencia enteogénica no ha sido para mi una experiencia meramente literaria o artística sino de contacto con esa realidad que está más allá de la ilusión, de eso que los hindúes llaman maya. Huxley creo que si que tuvo una experiencia fundamentalmente artística y estética en sus experiencias con mescalina. El vio el arte de otra manera en sus tomas de mescalina. Yo reconozco este modo de experiencia pero para mi el encuentro con los enteógenos no se ha limitado a una mera experiencia literaria o artística sino vital. Los enteógenos me han aproximado a las respuestas de esas grandes preguntas de quienes somos, de donde venimos y a donde vamos. Para mi ha sido una experiencia muy similar a esas que nos cuentan de Eleusis en el sentido de conocerse a uno mismo y de conocer la trama del universo. En ese sentido la experiencia es sobre todo filosófica y religiosa y ocupa un lugar importante en mi vida, en mi relación con los demás y en mi relación con la literatura y, por supuesto, conmigo mismo.
En relación a las experiencias enteogénicas la literatura siempre sirve para sedimentarlas en la medida en que la literatura sedimenta los datos que la experiencia de la vida te va dando. La literatura es tentativa de encontrar explicación al mundo y resultado de la sedimentación de las experiencias personales… En realidad esto es la literatura: Reflexionar sobre la vida; pero esto es aplicable no sólo a las experiencias con estas sustancias sino a toda experiencia vital
En mi relación con la literatura si que influyeron las sustancias, y no sólo, sino un conjunto de experiencias que se fueron sucediendo en el encuentro con la vida. Recuerdo que yo en tiempos, como dicen en Cataluña, era un letraherido, es decir una persona que solo vive alrededor de los libros y que piensa que la literatura es lo más importante en la vida. Desde esa visión de mi existencia, tan endogámica y enclaustrada en la literatura, fui evolucionando a través de mi encuentro con la vida, con la India y con las sustancias. Y así se fue iniciando un proceso de cierto distanciamiento de la literatura en el sentido del letraherido que he dicho antes. En este proceso cada vez más fui concibiendo la literatura como vehículo para la transformación propia, del lector y de la sociedad. Mi estilo, poco a poco, se fue suavizando y haciéndose menos rebuscado y más inteligible. En este sentido “Gargoris y Habidis” es la apoteosis de la búsqueda de mi estilo literario. Desde ahí mi literatura se concibe mucho más para ser leída antes que como objeto artístico. Para mi las experiencias enteogénicas dejan al mero arte por el arte en un segundo plano, de tal suerte que éste se concebirá desde el punto de vista de la propia transformación. Las experiencias con sustancias dieron cauce y fueron un acicate a la literatura que yo hacía pero no sólo eso. A mi una de las cosas que más me transmitieron estas experiencias fue que en el universo había una trama, que es holográfico y que la parte está en el Todo y el Todo en la parte, y que no puedes separar ningún fragmento del universo de esa trama. Sin esta certeza gnoseológica, sin este conocimiento, mi obra nunca hubiera seguido los derroteros que ha seguido. Por ejemplo nunca habría escrito “Gargoris y Habidis”. Si te fijas en esta obra fundamentalmente lo que se hace es poner en relación hechos, seres, leyendas, batallas, sabios, reyes o danzas populares desde esa trama del Todo. Así se da nota de todo tipo de mundos para a continuación establecer conexiones que, en principio, pudieran pasar inadvertidas. Hilvanar los datos procedentes de la investigación con los que suministran las leyendas a la luz de este tipo de experiencias es el fruto, en lo relativo a “Gárgoris y Habidis”, de mis experiencia psicotrópicas; este es el nexo del “Gargoris y Habidis” con mis experiencias con la LSD.
Esta búsqueda e investigación sobre la trama de lo real está presente en toda mi literatura. Sin esa certeza holográfica del universo que me transmite la experiencia con los enteógenos, y luego ya a través de la meditación y otras experiencias paralelas como el tantra, no hubiera podido escribir mi literatura. Yo en realidad voy escribiendo un mismo libro al que le voy añadiendo partes. Todos mis libros responden a una misma trama. Por eso mis están tan llenos de autocitas. Estas autocitas que hago a pesar de su mala prensa son referencias cartográficas que componen la trama de toda mi obra. Mi obra intenta ser holográfica y estar interconectada. Es como una trama de anillos en la que todo esta relacionado y entretejido desde cierto tipo de experiencias. Y para todo esto ha sido muy importante mi encuentro con los enteógenos y con su experiencia holográfica.
JCA: En “La del Alba sería” te refieres a la LSD como al héroe de las mil caras. A qué te refieres con esa expresión.
La expresión el héroe de las mil caras es de Joseph Campbell. Es una figura que como tal existe y que es Dioniosos, Apis, Serapis, Jesús, Mitra, Buda... y que se propone como héroe iniciático. Las historias de todos estos personajes son muy paralelas. Este mito universal se fragua en el ámbito de la tragedia griega y de los Misterios de Eleusis. Desde él y en él se explica el logos a los iniciados en los Misterios al tiempo que se van fraguando formas de religiosidad acordes con diversas culturas. De ahí que ese héroe de las mil caras tenga variantes aunque la estructura mitológica de los ritos iniciáticos nos cuente siempre en lo fundamental la misma historia. En realidad el héroe revelaría la propia naturaleza del hombre y lo haría a través de un proceso de muerte-resurrección que se toma como propio. Esto es algo universal a todo proceso inciático.
Durante la celebración de los misterios de Eleusis, de los misterios mayores, se atravesaba una larga doble fila de personas que te insultaban, apedreaban, escupían y humillaban. A lo largo de ese trayecto el ego pasaba por una experiencia durísima de humildad en la que quedaba completamente machacado y sometido. Al llegar al santuario se ingería el Kykeon y se asistía a una escenificación escuchaban una serie de narraciones que recreaban las tres etapas de comprensión de la tragedia griega. En la primera se cuenta la historia de un personaje, por ejemplo Edipo, en la segunda llamada anagnorisis se reconocía la historia como propia. En una tercera etapa se producía la katarsis como fruto maduro de constatar la narración como experiencia propia. Este sería pues el patrón universal de toda narración o mito sobre el héroe de las mil caras.
Si abordamos una personificación de los efectos de los enteógenos como hacen los peyoteros con el peyote, en el que éste es un Dios y un Maestro al que te diriges y te enseña el buen vivir pues entonces el peyote es el héroe de las mil caras. En este sentido es en el que decía que la LSD es el héroe de las mil caras. Todo lo que se dice en las diversas tradiciones sobre el héroe de las mil caras, tal cual, se puede trasladar a las experiencias con enteógenos. La pauta de comprensión que he descrito a propósito del héroe de las mil caras es una perfecta pauta de comprensión de la experiencia enteogénica. Esta pauta se deriva de (y conduce a) lo que Grof llama emergencias espirituales o Jung sincronías o yo fenómenos de convergencia. En realidad los enteógenos no te dan nada que no te den otras técnicas como la meditación. En mi caso fueron una primera apertura y en ese sentido una experiencia iniciática. Experiencias tales como la meditación no me aportaron nada que no hubiera intuido en las experiencias enteogénicas, aunque sí es verdad que te lo aportan de otra manera, de una manera más serena, lúcida y consolidada. Al bajarte el ácido aterrizas y pierdes la nitidez de esos niveles de intuición espiritual. La meditación sirve estados más estabilizados en los que se ahonda y se estabiliza lo que el ácido te muestra. En este sentido la meditación es la clave para integrar y realizar las intuiciones que muestra la experiencia enteogénica. Hay una embriaguez sagrada, un entender los misterios de universo, una felicidad extraordinaria, una fusión con el universo entero y de todo esto se trata. Las experiencias enteogénicas muestran un camino y son un primer paso en ese abrirse de las puertas de la percepción. La meditación o el tantra son el perfecto vehículo para profundizar en esas intuiciones.
JCA: La obra de Carlos Castaneda ha sido un referente ineludible para muchos de los que se han adentrado en estos asuntos. Qué te sugiere la obra de Castaneda.
Hay dos capítulos de “las enseñanzas de Don Juan” que me influyeron muy poderosamente en mi propio camino y en mi manera de entender las experiencias enteogénicas. Uno es el que se refiere a los enemigos del conocimiento: el miedo, el poder, la lucidez y la vejez en tanto enemigos de la sabiduría. Al tratar Castaneda a los enemigos del conocimiento habla de una clasificación de los hombres, muy paralela a Gurdjieff, en la que distingue el hombre-musculo, el hombre-materia, el hombre-cabeza, el hombre-corazón y el hombre-sexo. El ser humano integral, para Gurdjieff como el auriga que domina sexo, cabeza, corazón y cuerpo, integraría esas dimensiones de lo humano. Sólo a partir de que reconocemos ese hombre integral las experiencias con enteógenos comienzan a ser verdaderamente fructíferas. Se trata de integrar y equilibrar todo los diferentes aspectos del hombre.
El otro es donde hace el discurso sobre los aliados. Se trata de buscar un aliado, y este aliado no es el mismo en cada persona. Encontrar al propio aliado es fundamental a la hora de la profundizar en la sabiduría. Si uno encuentra su aliado todo se hace fácil y queda así liberado de todo tipo de obstáculos. Para mi ese aliado fueron las drogas enteogénicas. Sin ellas nunca habría entendido la meditación ni la sexualidad sagrada ni probablemente habría tenido ciertas experiencias. Por eso estoy tan interesado en estos temas. Con todo fueron un aliado para mi pero esto no significa que lo sean para todo el mundo. Los enteógenos no son para todo el mundo.
Castaneda también da mucha importancia a la costumbre de la vecindad con la muerte y a la pérdida del miedo a la muerte. Quien pierde el miedo a la muerte ha resuelto todos los problemas, neurosis y tentaciones depresivas. Quien pierde el miedo a la muerte puede hacer frente a cualquier cosa. Cuando percibes que todo es Uno no hay enemigos. Yo solo soy un filósofo estoico. Mi libro “El sendero de la mano izquierda” no es más que Marco Aurelio y Epicteto trasladado a los tiempos actuales.
JCA: Si algo caracteriza la modernidad es su escasa disposición a la hora de valorar las sabidurías del espíritu, lo que hace muy difícil plantear la integración de las experiencias con enteógenos más allá de la mera experiencia. En el sentido de lo dicho Hofmann o Jünger apelan a la propia tradición cultural occidental e incluso a autores casi contemporáneos como es el caso de Goethe a la hora de apuntar a referentes hermeneúticos a la altura. ¿Esta el Occidente moderno preparado para abordar experiencias como las que sirven los enteógenos?
Occidente en los últimos siglos, y sobre todo a partir de la revolución francesa con todo lo que esta supone, ha visto como sus referencias espirituales se empobrecían tremendamente. Si a esto añadimos el proceso de degradación dogmática y moralista sufrido por el Cristianismo de la mano del poder de las Iglesias la situación es de gran precariedad.
Así las cosas es el artista quien podría y debería conservar en Occidente una vinculación originaria con el éxtasis pero sucede que a partir de la revolución francesa, más o menos y con las debidas excepciones, el arte occidental abandona la búsqueda de lo sublime- es decir: la del Conocimiento, la de la Bondad y la de la Belleza- apostando por lo contrario: el feismo la fragmentación, el malditismo, la maldad, la desdicha, etc. ¡Lastima! Con todo caso son artistas quienes han conservado en Occidente la vinculación originaria con el éxtasis. Por eso la experiencia enteogénica ha estado siempre muy vinculada a la creatividad pictórica, literaria o musical. La tarea más alta que le incumbe al artista es la de ser portavoz del éxtasis y de la memoria de ese hombre integral. Esta es su tarea más alta, pero insisto: cada vez son menos los artistas que se ajustan a lo dicho precisamente por la profundización en ese proceso que se inicia en la revolución francesa.
En la modernidad nos está siendo vedada la realidad precisamente al quedar cancelada esta valoración del éxtasis ya que el éxtasis es un modo de apertura a lo real. Hoy en día estamos embarcados en un proceso imparable hacia la virtualidad que es lo contrario del éxtasis y la apoteosis de eso que en el hinduismo llaman maya. O detenemos este proceso hacia la apariencia o seremos, dentro de poco, entes virtuales reducidos a una existencia meramente aparente. Nos están arrebatando la realidad en la medida e que el camino de la sabiduría y del éxtasis es el que conduce a la conciencia misma de lo real. El éxtasis es volver en si, volver a uno mismo. Estas experiencias hasta la llegada de la modernidad estaban completamente reconocidas. Desde entonces sólo se censura e incrimina toda cultura sobre el éxtasis. La existencia de sabidurías sobre el éxtasis son básicas para toda cultura, hasta el punto que de no existir tales sabidurías la cultura termina degradándose en mera civilización en el sentido en que Spengler utilizaba este término. Hoy no hay cultura. Esta se ve desplazada por la civilización y no sólo en Occidente sino en todo el planeta.
El abandono en Occidente de la cultura del éxtasis supuso que cualquier experiencia religiosa directa se nos hiciera completamente incomprensible hasta el extremo de su patologización. Esto es lo que hace que, buscando referentes, las gentes que tienen experiencias con enteógenos se interesen por todas esas culturas del pasado o de geografías remotas que si saben valorar la sabiduría del éxtasis. En Occidente todo esto se fue perdiendo y por eso muchos nos fuimos a Oriente. Yo personalmente me fui a la India. Mas tarde descubrí que esas mismas tradiciones espirituales también estaban en Occidente. Investigando sobre estos temas, es decir sobre las sabidurías de Occidente, nace un libro como “Gárgoris y Habidis”.
JCA: Al hilo de todas estas carencias que sobre las cuestiones del espíritu arrastran muchos occidentales Ernst Jünger augura un futuro prometedor en “Pasados los setenta” al uso de estas sustancias. Para Jünger, en la medida que el hombre moderno padece un completo subdesarrollo espiritual que se traduce en su incapacidad para reconocer ciertos ámbitos de experiencia, los enteógenos, desde la rotundidad de sus efectos y las aperturas que procuran, irán despertando progresivamente un interés cada vez mayor.
Estoy de acuerdo con Junger en que estas sustancias pueden aportar al Occidental de hoy en día aperturas hacia las cuestiones del espíritu y la prueba es que a pesar de la represión, el desprestigio y la desinformación, el uso de estas sustancias no ha desaparecido. Aunque en la mayor parte de los casos se utilicen como drogas de recreo, fuera del ámbito sacramental, lo que a todas luces constituye una barbaridad, estas sustancias vuelven y esa vuelta cada vez es más madura y tiene mayores niveles de formación. El gran drama a propósito de estas sustancias es que han sido usadas desde un punto de vista profano, usándolas por ejemplo para ir a una discoteca. Usadas así el efecto puede ser demoledor y, de hecho, pueden conducir a la locura. Sin embargo pasan los años y empiezo a darme cuenta que surgen, como setas, gentes interesadas en estos temas que recuperan la experiencia como ésta intentaba ser al principio de los sesenta, antes de que se nos fuera de las manos.
JCA: Dices que en la cultura de los sesenta algo se fue de las manos. En este sentido se ha dicho con cierta malicia que el mesianismo lisérgico de los niños de las flores naufragó en el regazo de la heroína. Qué te parecen las críticas que se hacen desde ciertos ambientes que usan enteógenos a toda la cultura de las drogas de los sesenta y a la ingenuidad de la primera psicodelia. Pienso por ejemplo en las duras críticas de Theodore Roszak a Timothy Leary.
Los sesenta fueron importantísimos. Una serie de gentes muy heterogéneas nos aventuramos cada uno con mejor o peor fortuna por estos caminos desbrozando el territorio. A Leary se le puede acusar de frivolidad y sobre todo de politizar las cosas en su obsesión de crear un movimiento psicodélico. Pero el hecho es que sin los sesenta no estaríamos aquí hablando de estas cosas ni esas gentes de las que me hablas elaborando sus críticas. Así de claro. Yo personalmente tengo una gran deuda con los sesenta pues ese tiempo y sus intuiciones cambiaron mi vida, mi literatura, mi forma de pensar. Mis mejores amigos son los de esa época. Fue el tiempo en que fui más feliz y reconozco que en esa medida no puedo ser muy crítico, pero lo cierto es que gentes como Leary recogieron una antorcha al margen de sus posibles limitaciones. Los libros de Leary, por ejemplo el libro sobre el Bardo-Todoll y la experiencia enteogénica, son de gran interés. Los sesenta estaban muy bienintencionados pero hay que considerar que no se partía de cultura alguna sobre la droga. Todas las drogas valían y desde luego no éramos conscientes de cosas tan básicas como que la experiencia enteogénica nada tenía que ver con la experiencia opiácea, o que una conducía a la adicción y otra no, o que unas drogas exigían unas pautas de uso y otras drogas pautas completamente diferentes. Imagínate del desconocimiento del que partíamos. Por eso hubo gente que se quemó las alas. Esa frase de Allen Ginsberg, al comienzo de Aullido, de que había visto a los mejores cerebros de su generación destruidos por la droga en un momento dado casi la podría decir yo.
Ahora se sabe mucho más, hay más información, y sobre todo hay un bagaje de experiencias acumuladas que se transmite de generación a generación. Muchas de esas críticas de las que me hablas desconocen lo mucho que deben a los sesenta. Más concretamente, y en el caso de Roszak y Leary, supongo que se conocerían ya que estaban metidos en las mismas ferias con lo que es muy posible que en tales críticas existan factores de índole personal.
Yo de los sesenta recuerdo especialmente la hermandad que había entre las gentes que tomábamos enteógenos y esto era muy bonito. Se vivía una especial sensación de cofradía para nada sectaria y totalmente libre. Recuerdo en Soria las sesiones con la LSD y después ir a desayunar juntos y a pasear por el campo. Quien ha vivido esto sabe que son experiencias muy bonitas y que rayan a gran altura. Entornos como el que he descrito, entre amigos, son desde luego de los mejores espacios para tomar enteógenos y desde luego están a años luz de muchos entornos sectarios que con los años han terminado por surgir.
JCA: Sobre todo esto de los marcos podríamos hacer una clasificación de los mismos. En un lado estaría el modelo propio de grupos en el que se comparte todo una perspectiva(psicoterapeútica o religiosa) y una determinada obediencia respecto de una organización que se supone es depositaria y mediadora de una determinada verdad. En este caso la gente quedaría encuadrada en una determinada estructura que, supuestamente, velaría por la integración de la experiencia(este es un modelo hoy en día en clara expansión).
En el extremo opuesto estarían las tomas que libremente pueda organizar un grupo de gente afín, de amigos, en un ambiente de privacidad, complicidad y tranquilidad(este sería el modelo heredado de los sesenta dependiendo su buena resolución de la destreza, el conocimiento y la experiencia de quienes organicen la toma, algo que no siempre es así). En este segundo tipo la integración dependería del ejercicio de la propia libertad de cada cual.
Y entre medias un modelo que sin generar iglesia o grupo alguno si que respondería a cierta institucionalización de la toma de cara a poder ofrecer una experiencia de buena factura a terceras personas, tal y como sucedía en los Misterios de Eleusis. ¿Cuál sería tu posición respecto de esta clasificación?
Mi postura estaría a caballo de estos dos últimos tipos. Todo esto que hablamos sobre los entornos y sobre cómo tomar me recuerda a William James. El piensa que el ser humano a partir de un determinado momento tiene una serie de atisbos luminosos y es a partir de estas experiencias cumbre desde las que surge el sentimiento religioso. Desde este núcleo inicial de experiencia se van formando las sectas y las Iglesias mediante el dictado de dogmas, normas y reglas, y claro, todo esto va disolviendo poco a poco el verdadero sentimiento religioso. Esto es una manifestación del constante y pernicioso miedo a la libertad que anida en el interior del hombre. En estos temas se trata de que cada persona conserve su propio camino. El verdadero chaman sirve sólo un escenario en el que cada cual pueda tener su propia experiencia.
El místico o sabio es, en realidad, el único hombre libre que existe. El único científico auténtico. Tiene un laboratorio que es su conciencia y, exactamente igual que el hombre de ciencias actúa en su respectivo campo de estudio, el místico actúa en su conciencia. Este enorme grado de libertad es incompatible con los planteamientos sectarios y dogmáticos de las Iglesias. Esto es muy paradójico por que al tiempo este camino místico es el núcleo originario de la religión en tanto experiencia religiosa directa. El problema es cuando desde una experiencia directa se genera una ortodoxia. A partir de ahí comienzan a ir las cosas mal espiritualmente.
La experiencia enteogénica es de religamiento y también de relectura y, por lo tanto, es una experiencia religiosa. Es de religamiento tanto en lo referido al si-mismo como al universo entero. No es algo que tenga que ver con las Iglesias y las obediencias. Tomar enteógenos supone abrir un espacio sagrado pero date cuenta que allá donde hay naturaleza hay un santuario. No hace falta que nadie venga a decirnos donde está el santuario. Estas experiencias te sacan de la historia y del tiempo lineal y te devuelven a la naturaleza. Somos naturaleza y no historia como el judeo-cristianismo ha pretendido. Sólo si damos carta de naturaleza a un tiempo lineal que progresa y avanza puede existir el concepto de historia. Si te vas al tiempo cíclico, al de Eleusis, al de los epicúreos o los estoicos, o por supuesto a Oriente, ahí no tenía sentido alguno la mentalidad histórica. Somos naturaleza y todo en la naturaleza es real y cumple una función. Justo al contrario de lo que sucede en esas grandes urbes modernas en la que todo es virtualidad y apariencia, y donde el hombre perpetra incesantemente actos gratuitos e innecesarios.
El camino del corazón es construir dentro de uno su propio espacio sagrado. Por esto mismo no se trata de reproducir la historia de las religiones a la hora de usar los enteógenos para ver como se desarrollan dogmáticas e instituciones. Más allá de todo esto cada cual puede hacer un espacio sagrado. La naturaleza es un gran templo y por lo que se refiere a como realizar la experiencia se trata de que el ambiente no nos pueda interferir desagradablemente. La gente con la que se cuente para la experiencia es muy importante, un entorno tranquilo, una música apropiada o el mero silencio. Por eso no se pueden tomar enteógenos ni con cualquiera ni de cualquier manera.
JCA: Llama la atención que vehículos con una potencialidad introspectiva y espiritual tan fina sean no sólo ignorados sino incluso despreciados por la cultura moderna y la sociedad contemporánea. ¿Qué conclusiones cabe sacar de este curioso ejercicio de ceguera colectiva?
Es cierto que la sensación que se puede tener ante las experiencias enteogénicas es que se han alcanzado niveles de introspección, sabiduría, conocimiento, inteligencia, sensibilidad e intuición muy finos. Pero hay que tener claro que este tipo de sustancias inducen estas reacciones a personas con cierta predisposición. Yo al principio, un poco ingenuamente, pensaba que las intuiciones y aperturas que inducen era algo general. Pero fui descubriendo poco a poco que esto en absoluto era así.
Sobre el por qué de la ceguera a la que apuntas considera ese miedo a la libertad del que hablara Erich Fromm. Esto es perfectamente aplicable a las experiencias enteogénicas. En la sociedad actual el clan de los resentidos se ha hecho con el poder, se ha roto todo criterio de excelencia y no se admiten peldaños ni medidas distintas a las de la mayoría. En la medida en que el clan de los resentidos se adueña del poder todas estas cosas dan muchísimo miedo intentándose segar toda individualidad que destaque en esta dirección. La democratización de la sabiduría es un sinsentido por que el saber es excelencia. Nuestra sociedad conduce a una igualación por abajo completamente nefasta e incompatible con esa igualación por arriba, paso a paso y poco a poco, que nos gustaría a algunos. La sabiduría es una praxis por la que toda comunicación sobre la misma es muy precaria y desde luego no democratizable. La intersubjetividad como criterio de la verdad espiritual no es un criterio muy satisfactorio. Además la consecuencia inmediata de consumir estas sustancias es dejar de de idolatrar todo eso que el sistema nos vende a cuento del éxito socio-económico como referente de vida, lo que desploma muchas cosas de la sociedad contemporánea. En este sentido el primer efecto de estas sustancias es desenganchar a la gente de muchas moralinas y códigos sociales. Es normal que algo así no sea demasiado bien recibido por una sociedad como esta.

10 comentarios:

tula dijo...

Interesante entrevista, aunque no comparto el tema sobre C.Castaneda, creo hace tiempo que leyó sobre ello..
Gracias, un saludo.

Roxana A. Basso dijo...

Es increible que este post no tenga ningún comentario...
Qué buen reportaje... :D
Qué claro que lo expone el Dragonauta... es un placer leerlo a este señor. Sin vueltas, y tan sensato. Me gusta cuando dice que hemos sustituido la cultura por la civilización (de consumo) y el desentrañamiento que hace de lo que hay detrás de los dogmas. Me acuerdo cuando le dí el link de Fata a un "amigo" cura... y me soltó un sermón. Para muestra, los botones sobran.
Un abrazo.

jcaguirre dijo...

Pues si, una excelente y muy libertaria entrevista. Dragó en estos temas se las sabe todas y habla con conocimiento de causa. Su perfil radiografía muy bien lo mejor de la sensibilidad sesentera. Recuerdo cuando en los ochenta se trajo a TVE al mismísimo Albert Hofmann en una entrevista memorable...

Fata Morgana dijo...

Estaría poder verla... échanos el cable, a ver dónde...
Beso.

jcaguirre dijo...

Un comentario de Fata Morgana no aparece en el blog aunque si como comentario moderado. Como no se si se ha perdido o si aparecerá finalmente, ya que aparece como si estuviese aprobado, lo reproduzco a continuación. Entiendo que se refiere a la entrevista a Hofmann en TVE.

Nos dice Fata Morgana: "Estaría poder verla... échanos el cable, a ver dónde...
Beso."

Pues esa entrevista no se si estará en youtube. Pero es de lo mejorcito y no estaría mal recuperarla. Fue en un programa en el que Dragó, junto a otros tres escritores de talla, dialogaban con Hofmann sobre la LSD en una entrevista coral con tertulia incluida. El programa se llamaba "El mundo por montera" y fue a finales de los ochenta. En su momento fue una acontecimiento discreto.

Anónimo dijo...

Fernando Sánchez Dragó, siempre tan polémico. Creo que los progres no le perdonan que les dejara plantado. Por eso se han esforzado en desprestigiarlo tanto. El es un espíritu libre, que dice lo que quiere, y con el que se está de acuerdo unas veces si y otras no... En muchas cosas disiento de él pero sobre estos temas se ve que sabe de lo que habla... Una excelente entrevista.

DDAA dijo...

Lo que yo -que no me considero "progre"- no le perdono a FSD es su incoherencia y sus salidas de pata de banco. En este artículo está muy comedido, pero habría mucho que discutir.

El vídeo de Hofmann se puede ver en este enlace
Public Blotter

Y la transcripción del programa, en este otro

Entrevista con Albert Hofmann

También Hofmann daba pie a la discusión y la polémica (por ejemplo, en este programa en concreto mintió descaradamente sobre el fin de sus experiencias con LSD), pero los asistentes optaron por la reverencia y por la repetición de tópicazos.

jcaguirre dijo...

Hola DDAA:

Pues si, del tema Hofmann en TVE el talante entregado se pone muy de relieve aunque hay que ponerse en esos "años de plomo" en temas de experiencia visionaria y en la excepcionalidad de la aparición de Hofmann en la TVE de entonces. En ese sentido, si es una entrevista excepcional, insólita y gran un mérito de Dragó. El fue el que le trajo por decisión propia. En esa época no había internet, ni la info de hoy en día, ni las posibilidades enteogénicas de las que se dispone ahora...

Y sobre la polémica que rodea a Dragó...

Personalmente hay temas en los que coincido con Dragó y otros en los que no, pero lo que si que me parece cierto es que una buena parte de la crítica que lo rodea se debe a que no sólo no se pliega a las exigencias de la progresía cultural y a sus oniremas de corrección política sino que además los provoca... Un caso similar al de Boadella. Por cierto, ambos tienen mucho de juglar y de vividor, por lo que ese juego de provocación es inevitable. Aunque claro, habrá a quien le guste más o menos.

Como nos conocemos sé perfectamente que ese no es tu caso y que tus críticas a Dragó no son gregarias sino de cosecha y elaboración propia.

Dragó es una persona que mejora mucho en las distancias cortas y, además, de estos temas sabe. Se quiera o no se quiera es uno de los grandes puntales de la generación precedente en todos estos temas que nos ocupan.

DDAA dijo...

He subido el vídeo a vimeo para que se pueda compartir en blogs y páginas web.

Albert Hofmann en El Mundo por Montera on Vimeo

jcaguirre dijo...

Algo de agradecer Alejo. Le dedicaré una entrada al enlace.