miércoles, 7 de abril de 2010

Imaginar es ver

Sabido es que si algo emerge al encuentro de los llamados enteógenos son las muy diversas posibilidades del imaginar humano. Tal emerger podrá llegar a deparar sorpresas e imprevistos más o menos confortables. Delimitar e integrar toda esta liberación de posibilidades imaginativas exigirá de instrumentos hermenéuticos a la altura; palabras de vida que, más allá de sí, alumbren vida… Carecer de las mismas, es decir, carecer de toda referencia sapiencial respecto del imaginario, no sólo limitará y condicionará nuestra capacidad de experiencia sino que servirá todo tipo de dislates, delirios y desvaríos una vez que los estrechos límites de la conciencia racional hayan quedado rotos. Tal será el lenguaje, sus límites y su misterio más allá de sí.


Como se hace evidente, reconocer y disponer de tales instrumentos de comprensión y elaboración tendrá una relación directa con la manera en que concibamos lo imaginario. Desde luego no se tratará de primar una quimérica racionalización. La vida siempre desborda los usos del lenguaje. Muy al contrario, de lo que se tratará, será de advertir cómo el sentido propio de las diferentes cosmovisiones posibles servirá diversos ámbitos de experiencia y de elaboración de la misma. Lo que, muy directamente, pondrá sobre el tapete la relevancia cognoscitiva y perceptiva del imaginario. El encuentro con los enteógenos, la cualidad de su experiencia y la integración de los aportes de sentido que pudieran indicarse quedarán completamente condicionados desde la propia singularidad del experimentador y desde la trama existencial e imaginativa que éste habite. Acaso imaginar, ver, pensar y percibir no sean tareas tan desconexas.


Siendo así las cosas, detenernos en las posibles maneras de entender lo imaginario acaso nos ponga en la pista de cómo podemos entender o delimitar la experiencia con sustancias visionarias. Así pues, no debiera extrañarnos cómo la manera en que la cultura moderna concibe las potencias imaginativas de la vida anímica nos da razón de los límites que manifiesta tal cultura a la hora de delimitar, ubicar y reconocer este género de experiencias. Desbaratar tan angostos límites acaso nos obligue a bucear en nuestra propia tradición cultural a la búsqueda de esos saberes que se adentran en las veredas del imaginario y la imaginación creadora. La Grecia clásica, el sufismo, en tanto expresión de una larga tradición sapiencial mediterránea y la Florencia renacentista serán estaciones de privilegio en esa búsqueda.


Si hay alguna noción maltratada por la cultura dominante, de corte tardoilustrado y criptopositivista, es la del imaginario. De acuerdo a ese maltrato, la mera creencia y la imaginación quedarían confrontadas con la certeza del acceso a una racionalidad universal capaz, desde sí, de una descripción objetivadora de todo “ese mundo consistente y objetivo” que está ahí afuera. El precio de lo dicho será acoger una totémica ficción de separatividad entre un observador neutral y un mundo objetivo que se le confronta y ofrece. Otro importante precio a pagar será arrojar al cajón de sastre de "lo subjetivo" o de la mera elaboración fantasiosa asuntos tan decisivos como el de la relevancia cognoscitiva de imágenes y sentimientos. Lo que desdibujará, a partir de esa creencia ciega en un mundo objetivo, la más elemental toma de conciencia respecto de los diversos “mundos” y texturas de vida que imágenes y sentimientos vienen a instaurar. Ni que decir tiene que, desde esta perspectiva criptopositivista, cualquier tratamiento disciplinar del imaginario se hará impensable. 


Si de lo que se trata es de plantear un acercamiento a la experiencia enteogénica acaso una nueva manera de entender la imaginación sea precisa, una manera que haga consciente la relevancia de las facultades imaginativas de la vida anímica y, especialmente, la creatividad de nuestros procesos perceptivos. Maticemos que apelo a un sentido de la palabra imaginación muy distante del uso corriente que le adjudica la cultura dominante. Al aludir al imaginario, convocando todas esas tradiciones de la imaginación creadora, aludo al modo de conocer y percibir inherente a una determinada “imagen del mundo” –imago mundi-. Dicha cosmovisión o imago mundi constituirá, codificará y enhebrará nuestra capacidad de visión y entendimiento. De tal troquel imaginativo no se podrá prescindir tan fácilmente. Lo que, dicho sea de paso, asentará en una cierta evanescencia todo contenido de conciencia.


Estas facultades imaginativas de la vida anímica, lejos de quedar confrontadas con la racionalidad, serán condición constituyente del percibir humano en tanto posibilidad de vida. En este sentido, delimitarán el ámbito propio de nuestra racionalidad y lenguaje. Desde las mismas podrían hacerse afirmaciones como que “según imagines y veas así vives” o que “según acojas el mundo éste te devolverá tu mirar”... En resumen, percepción y pensamiento no serían sino el sello del carácter creador y creativo del conocer humano y de la reciprocidad existente entre exterior e interior… Ni que decir tiene que lo más común será que el operar de esa imago mundi, constitutiva tanto de la identidad propia como del mundo que se reconoce, sea completamente inconsciente. Nociones como la de episteme de Michel Foucault o la de paradigma de Thomas S. Kühn estarían muy en relación con todo lo dicho. Visto así, la experiencia con las sustancias visionarias se podría convertir, con todas las cautelas que se quiera, en una perfecta atalaya desde la que indagar en esas potencias de nuestra vida anímica. No olvidemos la gran capacidad de estas sustancias para poner de manifiesto las muy diversas posibilidades y registros que acoge la vida del alma. Tanto será así que las posibilidades introspectivas y de apertura a la vida que acogen los enteógenos estarán completamente en relación con lo dicho.


Interior y exterior, lejos pues de venir a cancelar su relación en las gastadas nociones de lo “objetivo” y lo “subjetivo”, encontrarán así una relación de reciprocidad y copertenencia tremendamente rica y dinámica. Tomar conciencia de la propia riqueza de la percepción humana en su acceso a texturas de ser –texturas ontológicas- de lo más diversas será tomar conciencia de la propia creatividad de la vida anímica. Los estados internos de la vida anímica y la cualidad del mundo percibido estarán en constante retribución desde la relevancia cognoscitiva de esas potencias imaginativas. Las variedades del percibir humano quedarán insertas en el natural “darse de la vida” en tanto expresión de las posibilidades de esa misma vida. El hombre, muy lejos de ser un mero espectador u observador neutral, será, pues, partícipe y agente de las diversas expresiones de la propia vida desde la creatividad de sus procesos anímicos. La realidad siempre será encuentro, cópula y cruce entre quien percibe y entre “aquello” que interpela nuestra percepción y nuestra capacidad de conocer. Tal encuentro acontecerá en un plano continuo que vincula y enlaza, dejando de lado todo dualismo y toda ficción de separatividad. Perceptor y realidad percibida no serán sino ese enlace en el que se asienta la propia expresión de la vida. Muy lejos de postularse una psicologización arbitraria y caprichosa del mundo que percibimos de lo que se tratará será de advertir cómo la creatividad imaginativa del percibir humano sirve, actualiza y expresa diversas escenas de una vida que integra lo humano.


Uno de los mayores valores de la experiencia enteogénica, precisamente por confrontarnos con nuestra propia vida anímica, será amparar un acceso al imaginario que desborda completamente la precaria noción moderna de imaginación. En tal acceso al imaginario, el alma se expande hasta el punto de revelarse el sinsentido de toda separación entre interior y exterior. Por eso, toda expresión imaginativa del alma nos hablará de nosotros mismos y, al tiempo, tendrá su propia consistencia por revelarnos una sección de vida determinada. Más allá del imaginario y de la creatividad del alma, ésta, más allá de sí, se las verá con la evanescencia de toda forma y con el Misterio de una creatividad desbordante, que todo lo acoge, en tanto núcleo de la vida.


El interés y vigencia de este tipo de experiencias radicará precisamente en esa capacidad para desbloquear y advertir potencias de la vida anímica completamente desatendidas por el paradigma dominante. Ernst Jünger cifrará en lo dicho la vigencia y el interés que puedan suscitar las sustancias visionarias en el siglo XXI. Las grandes posibilidades transformadoras y catárticas que, de un modo u otro, se advierten en este género de experiencias tendrán una especial relación con esas tomas de conciencia respecto de las potencias de la vida anímica. Y es que como bien sabían los griegos no hay catarsis sin anagnorisis, es decir, sin toma de conciencia.

9 comentarios:

Fata Morgana dijo...

Los vegetales, todos, son sorprendentes. Tanto como una simple amapola puede hacerte visionar, con los ojos de la imaginación, la mismísima Vía Láctea dentro de ella, la banipteriosis caapi puede... obligarte a hacer un balance de los elementos amortizables de tu vida anímica, a los puedes tambiénllamarles de 1000 maneras diferentes, pero lo importante es que siempre son amortizables. Y lo bueno de las plantas maestras es que te lo hacen saber.
Me ha gustado mucho este post, gracias por él.
Un beso.

Surfreedom dijo...

Un placer leerte.
Sin secundar posicionamientos elitistas y exclusivismos como los que se han ido dando a lo largo del proceso de recepción y reflexión durante la maduración del movimiento, coincido al cien por ciento contigo, seran pues las disonancias cognitivas de individuo a individuo y las capacidades integradoras encaminadas a la asimilación de las potencialidades que se nos brindan , las que de una manera ineludible, nos midan sin cautela.
Un saludo y cuidate

jcaguirre dijo...

Así es, en estos temas cada cual recoge según su vaso. Y esos vasos posibles no sólo se diferencian en el tamaño o la anchura del cuello sino tambien en la forma y color. Incluso una misma persona puede que tenga vasos diferentes según los momentos o fases. Entre otras cosas por eso de la amortización que comenta Morgana. Es algo así como el ADN -que no hay dos iguales pero- pero además cambiante y en evolución. Y desde luego nada de esto tiene que ver con elitismo libresco alguno.

Surfreedom dijo...

Quiza debí obviar la primera parte del mensaje.Por supuesto que no tiene nada que ver con eso, era para marcar mi distanzamiento personal con respecto a esa actitud egocentrista que curiosamente tras muchas disoluciones algunos muestran . Siento si se percibió algo distinto. Un saludo

jcaguirre dijo...

Lo que comentas suele pasar y es uno de los grandes desafíos para quien toma enteógenos. El cierto infantilismo y esa "cultura del taller" que, a veces, rodean los enteógenos apuntala lo que comentas. No hay que olvidar que carecemos de los contextos y saberes más elementales de uso de sustancias visionarias. Jung trata muy bien los procesos inflacionarios del ego ante cierto tipo de aperturas...

A propósito de lo que planteas lo más peligroso son esos iluminados que "les pasa lo que a todo el mundo" y en plan narciso-pícaro deciden ponerse a "organizar sesiones" sin el más mínimo arte ni responsabilidad. Fuera de un contexto de integración de la experiencia poco sentido tienen tales iniciativas. Con todo, lo más desasogeante es la transferencia y la adhesión tan gratuita que mucha gente brinda a estos "personajillos iluminados" a lo new age...

jcaguirre dijo...

Por cierto Surfreedom, para nada eso de obviar la primera parte del mensaje. De un modo o de otro estamos completamente de acuerdo y si no de eso se trata, de hablar y de reflexionar en común.
Un saludo

tula dijo...

Los cuatro enemigos de un hombre de conocimiento según D.Juan.:
miedo, claridad, poder y muerte.
Me ha gustado tu escrito.
un abrazo

jcaguirre dijo...

Lo que comentas me recuerda eso que decía Platón de que la filosofía es una "meditatio mortis" o eso que dijera Heidegger de que el problema del tiempo presente no es la muerte de Dios sino que los hombres no advierten lo que tienen de mortal

tula dijo...

La claridad es lo que enseña la experiencia visionaria, eres hiperlúcido, ésta te lleva al poder de creer que lo sabes todo y que lo puedes manipular, eres Dios, la hostia...
El miedo: todos vamos con miedo a la experiencia, el miedo no mata.
La muerte, el tiempo, la vejez...es lo que no se puede vencer, los otros si.