martes, 20 de julio de 2010

Vibración

El poder irrumpe, la fuerza se nos abre en flor. Un vibrar acontece y se revela. Por qué poder, por qué fuerza… Meras palabras, sencillos juegos de lenguaje que se derraman siempre más allá de sí; en la pura experiencia que indican. En ese vibrar la vida se percibe saturada de gozo, rebosándose, sobreabundante, orgásmica… Y así va cobrando forma hasta llegar a la palabra. Desde la pura potencia de vida al mundo de las formas, de las formas y de las palabras: Poder, fuerza. Un viaje de venida... Y por eso, cada palabra, cada forma, invita a un viaje de retorno. De retorno a la vida misma, a su mismo núcleo. Viniendo de la vida misma….


¿Quién se revela? La tercera persona, inexistente y ubicua, vacía y fértil, huidiza y presente, tachada y plena, inexpresable e íntima; siempre vibrando, pura potencia. Esa tercera persona en cuya luz de sombra todo adquiere un significado, un sentido, una calidad, un perfil… Y así el lenguaje nos habla y los decires nos dicen.


¿Qué vibrar? Un vibrar íntimo que nos torna pura vibración, un aleteo continuo que requiere silencio, un silencio extremo que nada sabe ni conoce, un rumor que todo lo acoge y que todo desdibuja. Atención pura. Nada existe. Nada es en esa plenitud que irrumpe derramando salud, intensidad y vida. Nuestros pensamientos nublan su acontecer. Nuestra capacidad de phantasía, generando imágenes a borbotones, vela su presencia. Nuestro dolor nos lastra. Nuestros deseos y su actividad nos sacan de su atención. Nuestro intelecto y nuestras conclusiones nos arrojan fuera de su límite... Y sin su límite no hay memoria, memoria fuerte, anamnesis, brotando de la calma del alma… El poder nos coge y nos suelta, nos deja arrojándonos a nos; sin fuerza. Arrojados al albur de nuestra phantasia y fragilidad. Con todo, ahí sí que cabe mirar. Mirar, ver y concluir… Acaso no seamos sino trigo. Trigo en la era siendo rastrillado, sacudido y separado de la paja. Trigo en el molino a la espera de fundirse en pan de vida.


Ella, la fuerza, siempre tan dispuesta. El alma siempre tan esquiva, generando imágenes a borbotones, inventando y rumiando sus propios devenires. A veces viendo y comprendiendo. Otras envuelta en sus jirones. Más allá de nos una vibración, una fuerza, una potencia de vida… Un poder más allá de significado y visión se nos brinda. El sujeto y los objetos cesan. Nada que comprender. Desde ese más allá se nos nutre. La salud se dispensa y un horizonte de vida se insinúa...


Aquí estamos. En la visión de los maestros de la firmeza. De su mano y en nuestra fragilidad.

8 comentarios:

R.A.B dijo...

Me gusta tu metáfora del trigo. Curiosamente, si miras en la posada verás mi nueva rúbrica, que es RAB atravesada por una espiga de trigo (símbolo de mi tierra y de la tierra grande -Gaia- que alguna vez sembramos con la luz que da la conciencia del ayllu, algo lamentablemente perdido desde hace siglos).
Quizá la labor de entregarnos a esa tercera persona que mencionas sea nuestro mayor desafío, un acto de arrojo. La de admitir, sin remordimientos intelectuales, que la palabra no es más que un instrumento nos rinde y agiganta.
Abrazos.

jcaguirre dijo...

Si, la palabra es una clave, un gozne, un interfaz. Hay quien se agarra al gozne para dotar de seguridad a la conciencia ordinaria. Esa es la crítica de Michaux a toda la metafísica, la de haberse convetido en una mera búsqueda de seguridades compartidas que cosifican la vida dejando de ser una cartografia de la vida y los cuerpos que se coge y se deja. También los hay que creen que, violentando la razón y acogiendo cualquier disparate, se trataría sólo de la propia experiencia y transforman la experiencia en un juego puramente sentimental por no haber elaborado minimamente ese ámbito de lo racional... Como si palabra y experiencia se opusieran... Esto sería lo típico de los ambientes new age con sus parodias y tenderetes... Trabajar con la palabra es inevitable para cualquier que quiera vivir. En lo poético y en lo racional. Si no trabajas en lo racional cualquiera te toma el pelo con enorme sencillez y si dejas de lado la poética y la creatividad en la palabra todo se vuelve rígido... Y si, la metáfora del trigo da mucho de sí...
Un abrazo.

R.A.B dijo...

Vaya que la tenemos con la new age... :D
por cierto, ayer me ofrecieron un seminario de 3 días para "abrir el corazón". Precio: 300€. ¿Te apuntas? :D
Bueno, en cuanto a la palabra... he tenido la oportunidad de asisitir a debates donde la gente cita al tao te king, por ejemplo, a la vez que se desgañita presentando teorías de todo tipo sobre la naturaleza de "la verdad". Para mí la palabra es un decodificador, y en el uso del mismo se hace necesario obviamente el manejo de la razón, sino ¿de qué manera traemos a este plano la experiencia aprendida más allá, o en éste mismo? Pero claro, no hay que olvidar que la palabra es también tramposa, quizá por eso de la búsqueda de seguridades compartidas que citas, y de construcción de mundos que benefician a unos en detrimento de otros (hemos hablado alguna vez sobre la naturaleza de los literatos).
En lo personal, últimamente prefiero descansar de la palabra poética en beneficio de la mancha y el color. Vamos, que desplazo la palabra poética al lienzo, un decodificador algo menos racional (y en mi caso menos egoico también).
:+

jcaguirre dijo...

Me habría encatado pintar pero no es el caso y por eso escribo. Aunque quizá no sea sólo por eso.

jcaguirre dijo...

encatado y encantado

R.A.B dijo...

Encatar es verbo?
...
Si existe, encaNtada :D
(no veas la que he liado con los animales en la posada...)
Pintar es una forma de meditación, algún día escribiré lo que siento al respecto. Añoro un viejo vídeo de Tàpies donde, ya anciano, aparece pintando con los pies entintados; no ha habido manera de encontrarlo aquí... Sus movimientos se comparan al tai-chi. Es un ejercicio genial que aplico siempre que puedo dar un taller de arteterapia.

Anónimo dijo...

Pintar es pensar en imágenes, por eso las imágenes nos dan que pensar

RAB dijo...

Anónimo, que da en la espina que eres escritor.