domingo, 1 de agosto de 2010

Camino a casa

“El camino a casa” es una película excepcional. En su desarrollo el director nos va desmadejando tres historias que son la misma historia. La más explícita: una historia de amor. La más discreta: El entusiasmo por la enseñanza de un maestro rural. La que acoge toda la trama: La de la celebración de un rito puesto en cuestión por el aire de los “nuevos tiempos”. Por lo que se refiere a esto último el filme delimita con brillantez el sentido de lo ritual al tiempo que deja transparentar el nihilismo asociado a la visión moderna que se tiene de ritos y ceremonias. Como se hace evidente, no estamos ante una película que trate de la experiencia enteogénica pero si ante un discreta indagación sobre lo ritual. De ahí que dedique a la misma una entrada en este blog teniendo en mente los tanteos que sobre el sentido de lo ritual quiero acometer. A propósito de este tema creo que se hace evidente la dificultad de abordar cualquier formalización del uso de enteógenos sin considerar previamente una indagación seria de la escena ritual.


La película del director chino Zhang Yimou nos muestra, pues, una historia de amor, bella hasta decir basta. Visualmente sembrada y narrada con un ritmo que, naturalmente, enlaza las diversas historias. De entre las diversas visiones e hilos argumentales el director privilegiará, magistralmente, un mirar específico. Un mirar al que el mundo sólo le devuelve intensidad y plenitud. Un mirar capaz de llevar el color a la escena; lo que contrastará con el blanco y negro de los momentos en que ese mirar se vea sustituido por la visión de las cosas y la textura existencial de otros personajes. El ir y venir entre el color y el blanco y negro nos indicará los diversos mundos posibles. Pura imaginación creadora maravillosamente enhebrada por Zhang Yimou en, acaso, uno de sus mejores trabajos.


Así, toda esa trama, encontrará su enlace y resolución en la mirada encantada que dirige hacia la vida la protagonista femenina –Zhao Di-. En la misma la escena instaurada, el propio espacio visual de Zhao Di y la simple insinuación de los sentimientos serán los que nos hablen. En este sentido acaso estemos ante uno de los mejores trabajos de la protagonista femenina del film, la actriz china Zhang Ziyi. Los silencios dominarán la película. Los silencios y la intensa expresividad de un mundo atravesado por la historia de amor que se nos narra a través de la mirada de la joven protagonista. En su mirar las escenas más sencillas vendrán a encontrar un sentido y una cualidad especial. Tanto será así que toda la película tendrá como referencia básica, esté presente o ausente, el propio cuerpo sintiente de Zhao Di. Su propia expresividad emocional y corporal y el mundo que dimana de su mirada serán pues esa referencia básica. De ahí, la discreta sensualidad que irradia todo el film. Tal sensualidad, constituida desde la mirada de Zhao Di, irradiará tiempo, historia y naturaleza, sembrándolo todo de belleza y potencia vital. Esta potencia vital, finalmente, revelará el sentido del rito que se lleve a cabo. Aquí por sensualidad entiendo erótica, es decir, capacidad unitiva, vinculo de vida. Desde tal vínculo entre cuerpo y realidad quedará instaurada la textura y carne del mundo que se percibe. A la medida del cuerpo vivo que, traspasado en la percepción, alumbra una textura específica de vida. En la pelicula que nos ocupa la erótica será tan intensa que el cuerpo sintiente de la protagonista sublimará y encantará su propio entorno vital. De esta manera la expresión carne del mundo mostrará con especial claridad su sentido. ¿Acaso el mundo -lo real- y su específico aparecer se encuentra desligado del cuerpo vivo que percibe?... Parece que no. Hasta el punto que el cuerpo vivo, de la mano de su actividad anímica y fisiológica, vendrían a plasmar una posibilidad concreta de realidad: La vida como cruce, como copula, como encuentro. Atendiendo a lo dicho la noción de cuerpo pareciera ensancharse hasta el mundo que alcanza y revela su propio percibir... 


De esta manera el cuerpo de la protagonista, esto es su capacidad de vida y la sensualidad y creatividad de su mirada, será el plano en el que se desarrolle este film. La vitalidad de esta campesina alcanzará más allá de su propio mirar, y esa vitalidad será lo suficientemente creativa, penetrante y poderosa como para desvelarnos con sencillez la plenitud de la vida y el sentido de un rito. Esta vida y este sentido que Zhao Di será capaz de reconocer y convocar pondrá brillantemente en su sitio los prejuicios hacia lo ritual propios de la mentalidad dominante. Tras este prolegómeno adentrémonos más en la cuestión de lo ritual.


La película arranca con el hijo de la campesina volviendo a casa. Su padre ha muerto y se debate sobre cómo celebrar el funeral. La mujer se aferra a la celebración de una procesión ritual de corte tradicional. El alcalde del pueblo lo considera una superstición puramente sentimental y, además, compleja de realizar. Tal celebración exigiría desplegar, además, unos medios humanos y económicos de los que no se dispone. Entre medias de tales vacilaciones emerge la singularidad y corporalidad de la ya anciana Zhao Di, esto es, su capacidad de vida. Tras esta presentación se produce un gran flash back de varias décadas y la mirada de la joven Zhao irrumpe. El nudo de la película nos iniciará en la textura vital y en la mirada de la campesina. El color llega a la pantalla -antes estábamos confrontados con el blanco y negro- y todo descansará en el regazo de la mirada de la joven. Todo quedará acompasado a su capacidad de vida, esto es, a su propio cuerpo, a su ver y sentir. Como ya he indicado, de su mano, un mundo irrumpirá, un mundo lo suficientemente poderoso como para instaurar la vida a su alrededor –el color- y, finalmente, desvelarnos con sencillez el misterio de todo rito. En la mirada de Zhao Di la vida se abre y el rito queda convertido en la escena de la que dimana la vida. No se trata de que las viejas creencias, asociadas a la fuerza del rito, sean verdad o mentira sino de la fuerza del rito y de cómo este, discretamente, sella las vidas de los partícipes. La mirada de Zhao Di desvelará lo insustancial de la postura del alcalde que entiende al rito como una mera creencia supersticiosa al tiempo que disolverá las dudas del hijo de ésta. En realidad todo se reducirá a la vida que el rito libera. De ahí que entender el rito desde las supersticiones o creencias que lo pudieran rodear, en este caso referidas a la capacidad del alma del difunto de encontrar el camino a casa, se nos revelará finalmente algo pobre. ¿Acaso quienes asisten a la procesión asumiendo tal creencia no se ven movidos y conmovidos por el rito como tal? ¿Acaso quienes no participan de tal creencia no se verán igualmente conmovidos por el pasaje escénico que sinceramente transitan?…


En realidad pocas historias nos revelan de forma tan sencilla el nihilismo al que aboca la mera razón y el descuido de las elaboraciones del imaginario humano. Los ritos y sus supuestas verdades no son verdad ni mentira son expresiones del alma humana al encuentro con la vida. En este sentido conviene no olvidar cómo la mera razón predicativa siempre se revela insuficiente a la hora de calibrar las potencias de la vida anímica. Por eso, de acuerdo a la exclusiva medida de la razón, el paisaje humano sólo tiende a estrecharse. En realidad será la propia razón, bien pulida, la que dé cuenta de lo dicho, constatando y tocando, los ámbitos que la transcienden... En este caso por lo que se refiere al ritual y a las potencias del mirar del hombre. Así las cosas “El camino a casa” nos ofrece un perfecto ejemplo de la relevancia perceptiva de lo que sería la imaginación o phantasia creadora o, dicho de otra manera, de la relevancia cognoscitiva de imaginación y emociones. Así, el propio mirar del hombre, será el que llene el espacio y reconozca el sentido de las cosas. La percepción y textura del mundo que emerge quedará incardinada en la propia creatividad de la vida anímica. En la propia noción de cuerpo vivo. Desde la misma el ritual, ese ritual supuestamente tan inexplicable y supersticioso, encontrará un sentido en la sencilla plenitud de vida que indique. En la misma, y en el cuerno de la abundancia que se insinúa, ciertos problemas vendrán a cancelarse. Entre otros la celebración del rito y, sobre todo, el duelo de la anciana y la conciliada memoria que el hijo acogerá de su padre fallecido.

13 comentarios:

RAB dijo...

Gracias por la reseña, no había oído hablar de esta cinta, si la pillo me la veo. La única que vi de él es "La linterna roja" que me encantó en su momento. Si te gusta el cine oriental, te recomiendo Togheter, de Chen Kaige, una reflexión maravillosa sobre el verdadero sentido del arte (en el caso particular de la música).
:+ :+

jcaguirre dijo...

Tomo buena nota de tu recomendación. Siempre me ha atraido mucho el cine oriental.

Anónimo dijo...

¿Sabe alguien algo de cine oriental en relación a psicoactivos?

RAB dijo...

Oye, es una buena pregunta.
Matizando: ¿sabe alguien de cultura oriental en relación a psicoactivos? A ver sí, tú, Carlos, sabes algo...

jcaguirre dijo...

De cine acabo de mirar en el libro "Cine drogado" de María Velasco, un magnífico libro por cierto, y no veo nada de cine oriental.

Sobre el tema cultura oriental y psicoactivos hay un artículo muy interesante en el que se trata parcialmente el tema. En concreto en el libro "Cartografias de la experiencia enteogénica"(Ed. Amargord). El artículo es de J. Manzanera y se llama "Psicotrópicos y espiritualidad en las culturas tradicionales". De la lectura de este interesante texto sólo cabe concluir que una de las áreas de mayor interés en relación a psicoactivos y cultura oriental sería lo relacionado con el tantra y con la alquimia vegetal china. Por cierto, esta es un área de investigación casi virgen y poco tratada al margen de este texto.

RAB dijo...

¿Alquimia vegetal china? Jamás había oído hablar de eso...
Lo que pienso con respecto a los psicoactivos, y ya que ha salido el tema :), es que parecen ser más una cosa de Occidente (somos una panda de drogaos, je). ¿Será que los orientales han encontrado la forma de psico-activar su mente a través de la meditación, con lo cual no haría falta en su momento explorar el campo de los EMC a través de sustancias? A mí me da que sí, o quizá se trate de que seguimos conociendo muy poco sobre ellos.
Me gustó Dokusho Villalba en una entrevista que le hicieron, donde ponía que el estado de conciencia ordinario es más un estado "alterado" que modificado, toda una ironía y además una gran verdad.

jcaguirre dijo...

No te creas que es tan occidental o contemporáneo. El uso de psicoactivos está acreditado en muchas culturas, en concreto en la India védica -soma- o el Iran premazdeista -ahoma- y donde más en las amerindias.

KOSMONAUTA DEL AZULEJO dijo...

Bueno, cuando hablé de occidente no me refería a lo contemporáneo, sino más bien a una hegemonía cultural impuesta. Y esa hegemonía lleva ya varios siglos. Aunque supongo que tienes razón, verlo de esa manera es un tanto reduccionista.

RAB dijo...

Bueno, cuando hablé de occidente no me refería a lo contemporáneo, sino más bien a una hegemonía cultural impuesta. Y esa hegemonía lleva ya varios siglos. Aunque supongo que tienes razón, verlo de esa manera es un tanto reduccionista.

jcaguirre dijo...

Sobre lo que comentas un caso muy curioso es el de Iran y como el uso tradicional de opio, en un contexto de medicina tradicional y popular, fue perseguido y simultaneamente sustituido por la irrupción del mercado negro de heroina. Sin nada que ver con el anterior uso del opio, ni en tipos humanos, ni en modos de distribución ,etc La cruzada moderna contra la droga tuvo ese resultado.

KOSMONAUTA DEL AZULEJO dijo...

Quizá se deba a esa cruzada, justamente, el redescrubimiento de rituales y sustancias con una finalidad sanadora -es decir con su verdadera y arcaica finalidad. Algo así como una formación reactiva en positivo. Si lo vemos así, no es tanto que en oriente no se hiciera uso de sustancias tanto como aquí, es solamente que la prohibición ha gatillado tal redescubrimiento. Al fin y al cabo todo se manifiesta por su opuesto...

jcaguirre dijo...

La prohibición ha alterado y problematizado todo lo que tiene que ver con sustancias psicoactivas en general. Un ejemplo es el del oráculo de delfos. En la antigüedad clásica, cuando funcionaba el oráculo, se decía que la pitia de Delfos pronunciaba sus sentencias bajo los efectos de un sahumerio de datura. Muchos autores contemporaneos lo niegan sólo por meros prejuicios, escudándose en que no termina por descubrirse a ciencia exacta el procedimiento... Lo cual es de chiste por que hacer un sahumerio no es demasiado complejo.
No se por qué será pero me viene a la cabeza el libro de Samorini "Animales que se drogan".

tula dijo...

No he visto la película, pero intentaré verla.
gracias.