miércoles, 22 de septiembre de 2010

Louis Lewin (I): La brillantez de un científico

La Editorial Amargord acaba de publicar la obra de Louis Lewin Phantastica. Libro de culto donde los haya para farmacófilos de diverso género y demás cultivadores de la ebriedad. El hecho de que la obra de este farmacólogo tenga un carácter casi legendario no es desde luego algo arbitrario. A lo largo de sus páginas Lewin no sólo se nos revela como un científico puntero para su época sino como un auténtico humanista capaz de dar un poderoso fuste reflexivo y hermenéutico a sus conocimientos científicos y farmacológicos. De ahí la actualidad del libro; por las perspectivas que incorpora, por sus atalayas de análisis y por la avanzada y elaborada nomenclatura que maneja. Y eso por mucho que algunas de sus observaciones puramente farmacológicas hayan sido superadas, matizadas o desarrolladas. Así las cosas no nos debería extrañar que estemos ante un auténtico libro de culto con gran influencia en autores tan “de letras” como, por ejemplo, Aldous Huxley. Nos encontramos pues ante una obra con la que, cupiendo diversos debates, no puede sino deslumbrar. Entre otras cosas por esa nomenclatura y por la brillante delimitación de los efectos de las llamadas sustancias del género phantástico. En esto Lewin se adelante varias décadas a mucho investigador mediocre o, sencillamente, intelectualmente laminado en el paradigma de estudio más positivista. Pasemos a analizar el mérito y el discurso de este farmacólogo alemán de origen judío. Un mérito todavía vigente en muchos sus frutos y capaz de perfilar un auténtico modelo de científico y de farmacólogo a la altura del siglo XXI.

Desde mi punto de vista la brillantez de la monumental tarea semántica y clasificatoria abordada en Phantastica tiene mucho que ver con la refinada finura intelectual de un científico como Lewin capaz de enriquecer la comprensión de los datos farmacológicos con modos de comprensión que acreditan una sólida formación de corte humanístico. No olvidemos lo ineludible de “saber estar a la altura del lenguaje” a la hora de describir los efectos que en el ánimo vehicula toda sustancia psicoactiva. Ese “saber estar a la altura del lenguaje”, necesariamente sobre la base de una sólida formación humanística, le llevará a adelantarse varias décadas en el reconocimiento y catalogación, tanto de la experiencia visionaria como de la tipología de los psicoactivos que la dinamizan. No en vano las tramas filosóficas y literarias no son ni más ni menos que procesos de refinamiento del lenguaje al encuentro con la vida, puras expresiones de la vitalidad humana que cartografían y dinamizan tal encuentro.

Advirtamos el enorme mérito de este farmacólogo ponderando que, precisamente, el gran problema que acusa la cultura dominante en relación a las sustancias visionarias es el del mero reconocimiento y ubicación de sus efectos. Análogamente a lo que podríamos decir de Albert Hofmann, el gran mérito de Lewin, será haber sido capaz de reconocer el calado de la experiencia con enteógenos. Aunque acaso con otros acentos y de la mano de la prudencia, el carácter conservador y el recato propio de la época que le tocó vivir. Tal carácter le llevará, por ejemplo, a alertar respecto de los peligros y abusos de los opiáceos o de la cocaína sin por ello dejar de criticar el prohibicionismo emergente; por los problemas que éste iba a terminar por generar y por las evidentes limitaciones a la investigación que planteaba. En este sentido creo que hay que saber contextualizar las opiniones de alguien, por lo demás, plenamente consciente de las bendiciones que al hombre le puede reportar su destreza farmacológica tanto desde una perspectiva biomédica como psicoanímica.

Desde esa capacidad de Lewin de reconocer la experiencia enteogénica y desde la sólida formación humanística que facilita tal reconocimiento podremos comprender las intuiciones que deja desgranar la lectura de su obra o la pertinencia del lenguaje propuesto a la hora de tratar los efectos de las plantas y las sustancias visionarias. Lewin las llamará phantastica, precisamente por entender el ámbito propio de sus efectos en la activación de fantasía e imaginación a través de la modificación de los significados más ordinarios que damos a las cosas. El hilo argumental vendrá a completarse haciendo constar el carácter relativo de los juicios e intelecciones de la conciencia ordinaria. Al tiempo, nos pondrá encima de la mesa, la intensidad y el carácter privilegiado de determinados episodios perceptivos e intuiciones asociados a tales estados modificados. Lo que, necesariamente, nos llevará a la cuestión del sentido de lo percibido y vivido en tales estados de modificación de conciencia; lo que nos colocará en el umbral de una perspectiva ontológica... En su discurso este farmacólogo berlinés incluso nos hablará de percepciones internas, en principio desconexas de estímulos externos, atendiendo al valor antropológico y cultural de tales visiones. Para lo que apelará a su relevancia en la historia de la cultura humana, desvinculándolas expresamente de su dependencia respecto de estados necesariamente patológicos. De hecho, señalará con claridad cómo personas completamente sanas y equilibradas pueden tener experiencias visionarias a las que asigna un valor cultural, personal y existencial…

En realidad, todo lo apuntado coloca a Louis Lewin a la vanguardia de los estudios farmacológicos por lo que a este campo de estudio se refiere. Especialmente si atendemos a la óptica desde la que trabaja. Y es que muy difícil resulta hablar de algo si no se puede ni reconocer o si, al modo positivista, se confunde la no interpretación con una interpretación empobrecida y lastrada en la ausencia de referentes de lenguaje. Ese quizá sea el caso de muchos farmacólogos pero, desde luego, no será el caso de Louis Lewin. Por eso, casi 100 años después de la publicación de Phantastica, estamos ante una obra de culto capaz de influir y de formar al lector. Consideremos que en Phantastica se indican líneas de investigación y estudio que con el tiempo terminarán por ser decisivas a la hora de la delimitación y la comprensión de la experiencia enteogénica. De hecho su lectura, completamente a la altura del tiempo presente, nos muestra rastros a transitar y motivos para la inspiración.

3 comentarios:

RAB dijo...

Qué interesante. Otro que me llevo al bote, y espero poder conseguirlo en Casa del Libro, y suerte que acaben de publicarlo, porque te cuento que los de Gordon Wasson están descatalogados (son de FCE de México), los de Hofmann no se consiguen... si les pides la palabra "enteogenia", no hay ni pío. La cosa es saber dónde se consigue éste...

jcaguirre dijo...

Sobre Lewin tengo preparadas un par de entradas más. La entrada original la he preferido fracturar en tres para que no resulte demasiado ladrillo ya que se mete en cuestiones de paradigma y filosofía de la ciencia.

En la Casa del libro lo tienes, y también en la web de Muscaria o en la de la Editorial Amargord. Que no se olvide, envíame la direccion postal -en privado- y te mando el libro que te decía en el correo.

tula dijo...

Invita a leerlo.
gracias por la sugerencia.