domingo, 31 de octubre de 2010

Alonso del Río

Supe de la tarea y el trabajo de Alonso del Río a través Fernando Oubiña y su compañera Kuitzi Moezzi. Alonso se formó con el maestro vegetalista shipibo Benito Arévalo. Tras la aprobación que recibiera de éste y, desde entonces, Alonso desarrolla una fértil tarea como hombre-medicina. Unos CD con ícaros cantados por él  y un libro suyo que me interesó especialmente –Tawantinsuyo 5:0- me decidieron a entrevistarle para el blog. Del libro me interesó la apelación a esa perspectiva unitaria que yendo más allá recoge toda dualidad, la disposición a renombrar las tradiciones andinas, el ánimo de diálogo con el tiempo presente y, sobre todo, que era un libro vivo y escrito desde el propio aliento; todo un viático personal. Bien, tras esta sucinta presentación ahí van las palabras de Alonso con todo su valor. Un valor y un interés que surgen de alguien que, entre dos mundos, ha sabido aprender de una tradición ayahuasquera tan contrastada como la shipibo sin por ello desatender a esas síntesis renovadas que el tiempo nos exige.   


César Calvo en "Las tres mitades de Ino Moxo" da un determinado valor a las tradiciones amazónicas en lo que sería la identidad peruana. Paralelamente en paises como Brasil el proceso de legalización de determinados cultos ayahuasqueros está en estrecha relación con la valoración de la ayahuasca como parte de identidades populares. Al hilo de lo dicho, ¿cual crees que sería la relevancia la ayahausca por lo que se refiere a la identidad peruana y a su memoria?
Primero una breve mirada a la conformación y a la dinámica de la sociedad peruana. Hasta la primera mitad del siglo XX encontramos en todas las sociedades latinoamericanas el eurocentrismo como único paradigma, sin nada ni nadie que le sirva de equilibrio. Valga la aclaración que no tengo nada en contra de ninguna cultura menos de la europea. Pero en el Perú de esa época casi todas las manifestaciones culturales fueron asfixiantes imitaciones de formas europeas. El cielo de los poetas y pintores peruanos incluía necesariamente una estadía en París. Veníamos de siglos de ignorancia y oscurantismo colonial en los que el pensamiento colectivo dominante promulgaba que nada bueno, ni nada hermoso, ni nada sabio podía provenir de las raíces culturales de América. Es más, hablar en esa época de cultura andina o cultura amazónica sería entendido como una mezcla de ignorancia y blasfemia. Por ventura hacia la segunda mitad del siglo las cosas fueron cambiando lenta pero profundamente. Surgieron los primeros escritores y pintores “indigenistas” y se empezó a captar a través de sus imágenes y sus letras cierta luz, cierto brillo que emanaba de una beta mucho más pura y real que la que brotaba de la gastada y descolorida aristocracia. Se cerraba un ciclo y comenzaba otro. Si bien el culto a la oligarquía y el eurocentrismo no se extinguieron del todo (hasta nuestros días) si creo que se enriqueció mucho la oferta cultural y fue el inició de la remoción del viejo paradigma. Creo que como sociedad todos ganamos, pues en los sesentas y setentas, con el inicio de la globalización se quebró el monopolio estético y entraron en escena las más variadas manifestaciones culturales.Sin embargo, sin tomar en cuenta a quienes la ignoraban la cultura popular seguía emergiendo de las profundidades de un pasado lejano pero totalmente vigente. La clase popular seguía recurriendo a los curanderos y el sincretismo entre el mundo indígena y el occidental cristiano continuaba en alianza invencible ante cualquier postura extrema.
Como en muchos otros países psiquiatras de vanguardia empiezan en los sesenta a experimentar terapias que incluyen la flamante LSD y de paso empiezan a investigar algunos otros “alucinógenos” usados por los pueblos americanos como el “peyote”, los hongos, la “wachuma” (San Pedro) y la “ayahuasca”. Al levantar la milimétrica capa de las apariencias descubren que mas allá de la mera curiosidad científica existe toda una inmensa cultura viva, riquísima tanto en conocimientos concretos como en cosmovisiones que desbordan y arrollan el paradigma científico hasta entonces vigente.
Paralelamente el conocimiento de estas enigmáticas culturas y sus brebajes omniscientes empiezan a ser de interés no solo para un selecto grupo de investigadores sino que los grupos más lejanos de la sociedad se dan el encuentro en espacios ceremoniales anteriormente despreciados por los peruanos “cultos”.
Otro detalle también importante es el hecho de la gran movilidad social que se da a partir de los ochentas. Gran parte del capital en el Perú cambia de manos. Mucha gente proveniente del interior de las provincias y de los sectores más bajos de la sociedad ingresa a los sectores dominantes de la economía y junto a su prosperidad traen de la mano sus creencias, el curanderismo y su sincretismo personal poniendo sobre el tapete las bases de una nueva sociedad.
Si no fuera tan fuerte el enraizamiento que las plantas maestras tienen en el Perú hace tiempo hubieran prevalecido los intentos de los EEUU de penalizarla y erradicarla cual modernos extirpadores de idolatrías. Hecho que sí se ha dado en países vecinos. Por suerte y un millón de motivos más, aquí no han podido, pues las raíces de las plantas sagradas se hunden hasta lo más profundo de esta sociedad. La “wachuma” y la ayahuasca, se han sabido ganar la admiración y el respeto hasta de los sectores más incrédulos. Tanto es así que el año pasado el congreso de la república promulgó una declaración que reconoce a la ayahuasca como patrimonio cultural de la nación. El uso de las plantas sagradas y el curanderismo son hechos que están presentes en todos los sectores de la sociedad.

Tengo entendido que te iniciaste como ayahuasquero en la tradición shipibo. ¿Cabe prescindir de una tradición a la hora de iniciarse en estas lides?. ¿Cuál sería el reconocimiento que merecen estas tradiciones nativas en lo referente a los posibles usos de la ayahuasca?
Creo que una de las principales enseñanzas de la ayahuasca y en general de los enteógenos es no mostrarnos la realidad como un cuadro congelado para ser mirado a través de algún microscopio. Uno de sus principales aportes a la cultura contemporánea consiste justamente en darnos una visión más amplia, una visión más real de la “realidad”. Esto quiere decir ver la vida como un universo sistémico, interactivo y sobre todo dinámico. Es decir, la verdad de hoy puede ser la mentira de mañana. Desde este punto de vista puedo decir que si me siento sanamente orgulloso de haber tenido la oportunidad de recibir esta tradición de manos de uno de sus más legítimos y destacados curanderos perteneciente a la Nación Shipiba,- sobre todo antes que el mercado ponga sus garras en las pocas cosas sagradas que aún le quedan al ser humano- Pero no creo en dogma alguno y menos en estos tiempos en que todo está en revisión. Pensando en voz alta, tal vez quepa prescindir de todo menos de la honestidad, la pureza y el amor, siendo estas la verdadera esencia de toda legítima tradición. Sin embargo tampoco abogo por la anarquía, creo que uno debe ubicarse en un contexto lo más real posible. Discriminar entre folklore y tradición y sobre todo entre originalidad y burda imitación shamánica. Acá, no se puede imitar, la falta de honestidad te pondría en una posición muy precaria y vulnerable ante el tamaño de la responsabilidad. Además no es necesario imitar. Tanto un indígena Shipibo como un indígena Vasco o a un Catalán pueden tener la sensibilidad para conectarse con la conciencia de la planta y establecer un contexto apropiado para realizar una ceremonia.
El reconocimiento que yo les daría a los pueblos amazónicos en relación a la ayahuasca es de ser los guardianes y los maestros de este refinado arte. Reconocerles el haber tenido el valor y la sabiduría para lograr que sobreviva esta tradición a pesar de las prohibiciones y persecuciones de la Iglesia colonial entregando a la humanidad una hermosa y valiosísima herramienta de la más alta tecnología.
Si bien tuve la suerte de aprender de un maestro de larga tradición, esto está fuera de la realidad para la mayoría, hasta por que los tiempos han cambiado y es cada vez más difícil encontrar un maestro de verdad. Sin embargo creo valida la figura de los préstamos culturales, facilitando que algunas personas puedan servir de puente para replantear la reconexión con el mundo de las plantas maestras en Europa.

De un tiempo a esta parte observamos un interés creciente  y, a veces, equívoco por el chamanismo ancestral. Crees que esto, al menos, puede servir para mejorar las condiciones de vida indígenas. ¿Cual es el impacto de todo este proceso en las comunidades nativas?.
Dentro de las mismas comunidades nativas existen muchas voces y definiciones de lo que llamamos “progreso” y “calidad de vida”.
Polarizando las opiniones podemos encontrar a quienes desearían cambiar radicalmente de forma de vivir y dejar la vida tradicional por una más “moderna” y tecnológica y si pudieran migrar a una ciudad lo harían. Por otro lado sí creo que hay miembros que sin dejar de usar un reloj o un celular reconocen en sus tradiciones y en su forma de vida estrechamente ligada a la tierra, una identidad y un camino de evolución. Creo que el desarrollo económico de los pueblos nativos de la Amazonía podría estar más ligado al turismo vivencial. Esta actividad les permitiría compartir el profundo conocimiento que tienen del bosque amazónico, mostrando modelos de vida sostenibles dentro de los cuales obviamente estaría el uso de las plantas maestras pero sin caer en la comercialización banal de estas que sí son un aspecto importante de su cultura no son lo único.

Qué pueden aportar los tiempos modernos y sus saberes al uso de ayahuasca. Qué relevancia tiene desde tu punto de vista abordar la experiencia con ayahuasca desde el punto de vista de la psicología y el autoconocimiento.
Creo que es el tiempo de las sinergia. La máxima eficiencia la encontramos en establecer relaciones entre conceptos, compuestos, entidades y culturas que se potencien entre sí.
Los tiempos modernos tiene mucho que aportar a la ayahuasca y la ayahuasca mucho que aportar a los tiempos modernos. Creo que el matrimonio natural entre los enteógenos y la psicología transpersonal tienes buenos y abundantes frutos. En el fondo no es nada nuevo, dicen ya estaba grabada en el frontis de la academia la famosa frase “conócete a ti mismo”, pero parece que en más de dos mil años a pocos les interesó. Sin embargo ahora como respuesta tal vez a la insatisfacción material o como propuesta de una humanidad más madura, los ojos se cansan de esperar una respuesta siempre del exterior y comienzan a mirar adentro y a comprender los maravillosos y/o a veces ridículos mecanismos que nos gobiernan dentro de aquella cosa que llamamos mente.
Se habla de la ayahuasca como de una medicina; en qué sentido cabe llamarla medicina. ¿Cuales serían las condiciones y protocolos para un buen uso de la ayahuasca?
Desde mi punto de vista, nada más propio que llamarla medicina. Con la farmacocracia (uno de los tres grandes poderes que dominan el mundo) tenemos, una diametral discrepancia: Ellos llaman a nuestras medicinas drogas y a sus drogas medicinas. Sin embargo las investigaciones en temas de salud están convergiendo cada vez más en la necesidad de un abordaje más holístico, sistémico, totalmente inclusivo. Volvemos a los tiempos helenos, el médico tiene que ser músico, científico, astrónomo y poeta, para poder interpretar no solo una hoja con resultados clínicos sino el alma de un ser humano. No digo que los análisis no sirvan si no que tienen que conocerse en paralelo a las circunstancias del paciente. No podemos prescindir ni de la química ni de las emociones.
La ayahuasca, tiene ambas. Puede cumplir la función de un potente tónico revitalizante, con las decenas de compuestos, neurotransmisores y alcaloides que posee, nutriendo el organismo a nivel bioquímico pero creo que su principal trabajo lo realiza en la parte emocional o psicológica. Nos muestra –a veces de una forma amorosa otras sin piedad alguna- las causas de nuestro profundo e inconsciente sufrimiento. Todos tenemos un dolor muy grande amordazado y enterrado por la ligereza y la trivialidad con la que pretendemos vivir. Pero todo tiene un límite, llega el día que nuestro cuerpo empieza a acusar muchas dolencias provenientes de la frustración, el rencor, el odio, la hipocresía, el desamor. Podemos pasar muchos años soportando pesadas cargas emocionales antes de que se manifiesten como alguna patología y claro que algunos son más fuertes que otros e incluso otros somos más sinvergüenzas y soportamos mejor la decepción o el autoengaño, pero tarde o temprano todo esto se va a manifestar en el cuerpo. Además, quién ha dicho que la vida es para soportar, eso no es sano. Todo lo contrario, no hay nada que soportar. Hay que liberarnos responsablemente de todas esas cargas a través del perdón. (perdón=comprensión). Perdonando y sobre todo perdonándonos. Por eso desde hace dos décadas comenzamos a enfocarnos en ese tema y a presentar la ayahuasca como la medicina del perdón.
Es complicado responder en pocas líneas cuales son las condiciones ideales. Lo primero que se me ocurre es aconsejarles que lo hagan por lo menos con alguien que tenga suficiente experiencia, aunque esto no es garantía de nada. Lo segundo es averiguar si esta persona tiene una sana motivación y no pretende abusar de nosotros en lo económico, en lo sexual o a través del poder. Una gran parte de los que se venden como amorosos maestros son de doble filo, lobos disfrazados de corderos. Si tienen que curar, curan si tienen que matar, matan. La ingesta de ayahuasca o cualquier otro enteógeno no garantiza necesariamente ningún tipo de evolución. Siempre hemos presentado estas sustancias como geniales herramientas, pero dependiendo ante todo de quién las usa. Una navaja en manos de un artista puede hacer maravillas, en manos de un criminal puede cortarte el cuello. Lamentablemente es muy difícil para las personas que recién ingresan a este mundo reconocer quien es un verdadero maestro y quien te puede comer con zapatos y todo.
La ingenua idealización que el new age hace de los maestros y de la sabiduría ancestral la encuentro muy perjudicial para ambos lados. En estos tiempos, los contextos culturales que servían como marcos y mecanismos de control social para evitar que individuos empoderados dañen a la comunidad o a sus miembros, están desbordados. La situación es más que peligrosa, en el actual escenario global donde todos los parámetros éticos se han vuelto absolutamente relativos. Nos podemos encontrar totalmente indefensos ante individuos poseedores de una tecnología capaz de causar daño sin que haya forma alguna de impedirlo. Esto se puede convertir de un simple juego en una tragedia.
Por otro lado no solo tenemos a los buenos y a los malos, también están los “vivos”. Aquellos quienes sin mayor calificación que la de hábiles comerciantes han hecho fortunas con las ceremonias de ayahuasca. Muchos de ellos al no contar con la validación de ningún maestro de tradición se auto nombran “maestros de la nueva era”, realmente cómico.

¿Cuál es la significación del canto en una ceremonia de ayahuasca?
Se que han aparecido diferentes tipos de ceremonias en versiones new age, desde el total silencio hasta con música clásica o electrónica.
El profesor Masaru Emoto, con la divulgación de sus investigaciones sobre la conciencia del agua ha traído mucha luz sobre este aspecto. En resumen, hoy se sabe que no solo la vibración sonora sino hasta el pensamiento puede cambiar el patrón molecular del agua. Si nuestro cuerpo contiene 70%, la influencia que la música o los cantos pueden tener sobre un ser en estado de hipersensibilidad creo yo que son determinantes para una adecuada experiencia interior.
En ese sentido la música o los cantos cumplen la función de una propuesta ordenadora sobre el caos inicial que experimentan sobre todo los principiantes.
Por otro lado los “icaros” son los equivalentes sonoros de las vibraciones de las plantas curativas que representan. Un buen curandero amazónico no necesitaría necesariamente darte a beber físicamente una medicina, bastaría con cantarte.

¿Cuál es el valor y la significación de las visiones y comprensiones que nos sirve la ayahuasca?. ¿Cómo podemos valorarlas e interpretarlas?
Hablemos primero de las comprensiones. Las comprensiones pueden ser informaciones sobre las cosas más puntuales y concretas, desde cómo usar una planta medicinal o preparar un remedio hasta profundos entendimientos metafísicos o filosóficos. Estas “comprensiones” pueden venir tanto del exterior como de tu interior, aunque a veces no se qué tan válida pueda ser esta división.
El tema de las visiones es mucho más controvertido. De hecho es mucho más diverso. Podemos tener visiones que van desde la psicodelia caleidoscópica en colores inimaginables, hasta visiones que nos muestran qué puede estar pasando en otro lado del mundo. Podemos tener visiones del pasado, del presente y del futuro. Podemos ver aves, cuadrúpedos o insectos que no existen en esta tierra. En fin la lista sería larga y poco creíble para quienes no lo han experimentado. Por otro lado, si hay visiones muy simbólicas que podemos llamar arquetípicas (caso de las serpientes gigantescas en el ayahuasca) pero hay que recordar que muchas otras visiones son parte del imaginario de cada uno y provienen de tu “inconsciente”. (visiones de afuera y visiones de adentro) Todo esto hace muy temerario atreverse a interpretar visiones sin conocer al visionario y su contexto. A esto hay que añadir que no todas las visiones son verdaderas, dicho de otro modo, podemos ver simples disparates, o sencillamente muy remotas probabilidades de un futuro lejano.
¿Qué hacemos con todo esto? En primer lugar tomarlas siempre con extremada cautela. Quiere decir que las visiones pueden ser ciertas pero a veces falsas. Yo creo que no somos los únicos que nos relacionamos en forma lúdica con las plantas maestras, muy frecuentemente ese tipo de relación es recíproca, es más creo que les encanta tomarnos el pelo. Probar que tan tontos podemos ser.
Por eso suelo pedir a la gente mucha cautela y plantear las cosas así: Si la visión trae algo positivo parar mí o para los que me rodean, la tomo. Si trae algo negativo voy con cuidado, no la descarto pero tampoco la comparto hasta no estar seguro que eso puede traer algo bueno.
Hace años un aprendiz tuvo una visión que su mejor amiga era engañada por su esposo. Al día siguiente lo primero que hizo fue llamarla y contarle su “visión”, El matrimonio discutió, la relación se enfermó, después de un tiempo se divorciaron y a mí el hombre (el supuesto engañador) me juró que nunca le fue infiel a su mujer pero que sentía aliviado de terminar una relación tan precaria. De esas historias conozco muchas.

En relación a la pregunta anterior, ¿cuál sería el sentido y el entendimiento propio de los símbolos?
El símbolo como expresión gráfica opera magistralmente en un sentido dual y sobre todo simultaneo. Le habla a nuestro intelecto transmitiendo un concepto y a nuestras emociones a través de la intuición. Desde los albores de la humanidad hubo seres que desarrollaron este tipo de arte. Lo encontramos en todas las culturas desde la época paleolítica hasta las versiones más complejas como los mandalas o Tankas tibetanos. Creo que al dedicarle tiempo a contemplar estos símbolos vamos entrando en comunión con su vibración hasta que finalmente nos sintonizamos con su mágico mensaje. Una vez que ya tienes la llave, el código de cómo se leen, puedes leer los símbolos de cualquier cultura.
Veo al conocimiento científico como tuerto, el ser humano necesita los dos ojos para obtener el sentido de profundidad, de distancia. Con un solo ojo no hacemos nada y con este solo ojo algunos “científicos” ciclópeos pretenden “medir” la profundidad de la sabiduría ancestral. Vaya pretensión.

Las tradiciones amazónicas remiten mucho el uso de la ayahuasca a la sanación y al curanderismo. ¿Cuál sería el enlace de esta perspectiva de curación y sanación con una perspectiva de corte espiritual?.
Desde mi entender el primer punto en el que se equivocan la mayoría de las escuelas de medicina o de sanación es creer que puede crearse un sistema o una escuela con reglas fijas aplicables al 100% de los pacientes. Ciertamente toda escuela con una casuística de larga data podrá determinar por estadísticas su efectividad. Pero la visión de un verdadero sanador no está solo en el éxito de sus números, su verdadera misión es aliviar el dolor de todo ser humano especialmente de aquellos que escapan a las estadísticas.
Las variables que determinan la salud o la enfermedad de un ser humano permanecerán en su gran mayoría ocultas para la mayoría de los “médicos” pues son de todo tipo y hasta provienen de múltiples dimensiones. Otra de las verdades poco difundidas es que muchas de nuestras enfermedades son procesos que se curan “solos” y muchas veces a pesar de los médicos y sus medicinas. Estos procesos pueden ser desde pequeñas desavenencias con nuestro entorno, (entendiendo la enfermedad como un síndrome cultural) hasta los grandes ciclos astrológicos.
Cuando algún médico no encuentra rápidamente las causas biológicas de alguna dolencia no duda en afirmar que se trata de una enfermedad psicosomática, le receta un frasco de tranquilizantes y le pide que vuelva en un mes.
En estos tiempos está ampliamente demostrada la permanente interacción entre cuerpo y emociones, materia y energía. Lo que pensamos afecta directamente nuestra materia y lo que comemos no solo influye en nuestro cuerpo sino también en nuestras emociones. Al comienzo, al medio y al final, todo es vibración. Tampoco podemos dejar de mencionar “el alimento” emocional que consumimos. Todas nuestras percepciones son moduladas por nuestra mente y transformadas en un manjar o en un veneno.
En medio de este precario marco ubicamos al dolido ser humano soportando sus dolores pero sobre todo sufriendo la orfandad de una adecuada orientación.
Claro que existen bacterias, virus y todo tipo de microbios, pero también tenemos un sistema inmunológico que en condiciones normales tendría la capacidad para rechazar cualquier intrusión en nuestro sistema, obvio que dentro de ciertos parámetros. (psiconeuroinmunología)
Lo que escapa a todas estas posibles variables es algo que se expresa con una palabreja un tanto vaga, ingrata y escurridiza que se usa para aludir al espacio donde se desarrollan muchos de nuestros procesos internos: el subconsciente (o el inconsciente como prefieren llamarla otros).
Para mi esta palabra confunde más que esclarece, pues parte del supuesto que somos seres conscientes. Craso error. Creo que el comienzo de nuestro despertar pasa primero por ser conscientes de la intermitencia de nuestra conciencia. Una vez logrado esto vamos a seguir ampliando nuestra conciencia en dirección a nuestros procesos internos y encontraremos allí un mundo tan rico y complejo como el mundo “exterior”. La película no es en blanco y negro. Entre el llamado “consciente” y las profundidades del “inconsciente” existen no solo todos los tonos de grises sino hasta los colores, pues este mundo interno tiene sus propias dimensiones y sus infinitos niveles. En ellos encontraremos las conexiones con todas nuestras memorias no solo desde nuestra infancia como seres humanos, sino que están todas las memorias de todos nuestros átomos en sus viajes por todos los reinos.
¿Cuánto podemos captar de estos reinos internos? Eso es cuestión de cada psiconauta. Evitando todo tipo de delirio esoterista es necesario señalar que esto es real y que en estos espacios encontraremos casi todas las respuestas sobre quienes somos aquí y ahora, cual es nuestra motivación para hacer lo que hacemos y qué es lo que nos está pasando.
Una vez visto el océano en nuestro interior no podemos quedarnos contemplando tan solo las olas que llegan a nuestra playa “consciente”.
Mayormente cada ser solo quiere ser “consciente” de lo que le reporta beneficio o malestar inmediato. Así vivimos hasta que esta forma de vida nos pasa la factura con alguna enfermedad. A mi entender casi todas las enfermedades se gestan en lo profundo del ser. Sea como conflictos, tensiones, culpas, rencores, remordimientos, frustraciones. Todas estas emociones son la verdadera causa de nuestro dolor. ¿Cuánto tiempo demoran en emerger? Depende de cómo lo maneje cada persona. Desde este punto de vista y acomodándonos al lenguaje, la ayahuasca si es una cura espiritual.
Cuando es bien utilizada la ayahuasca y los enteogénicos en general nos permiten “descender” hasta la raíz misma de todas las cosas y ahí ver nuestra verdad, cara a cara y comprender el por qué de nuestro sufrimiento y nuestra enfermedad.

Las referencias a contenidos religiosos son recurrentes a la hora de hablar de las experiencias enteogénicas. ¿Cual crees que es la relevancia de este plano religioso?
Creo que todas las manifestaciones de los contenidos religiosos responden directamente al imaginario de cada persona. Los amazónicos verán a los espíritus de las plantas maestras, los cristianos tendrán visiones con Jesús, los hinduistas con Krisna y los new age verán a Buda sentado en un arcoíris.
En el viaje de interiorización es inevitable atravesar nuestras memorias religiosas pero considero estos estados intermedios como zonas peligrosas, tierra fértil para sembrar cualquier delirio. Todo rastro de religión implica todavía la presencia de la mente. No estoy en contra de ninguna religión, pero creo que tenemos la posibilidad de ir más allá, de disfrutar por unos instantes de la CONCIENCIA, hasta que este estado algún día sea permanente.
El espíritu y la realidad más inmediata tienen una nítida vocación de enlace y de unidad en tu obra. En qué sentido el trabajo con la ayahuasca te ha llevado en esa dirección.
Creo que no solo fue el ayahuasca la que sugirió el rumbo, sino la vida misma. El ayahuasca es en la mayoría de casos un amplificador y un catalizador de los propios procesos. El tema central fue, es y será el conocimiento de la unidad y el manejo de la dualidad. Lo que sí creo que fue el gran aporte de la ayahuasca en mi vida es que me dio el “hardware” para que mi cerebro pueda captar en simultaneo una realidad que a la vez es única y al mismo tiempo es dual. Este es el entendimiento al que llega un legítimo ayahuasquero luego de perderse y encontrarse mil veces en los maravillosos laberintos de la ebriedad sagrada.

7 comentarios:

RAB//. dijo...

Alonso me acompañó en mi tercer viaje de Jurema-huasca en Tarragona, hace dos años. Me trae hermosos recuerdos este señor. Gracias a él he visitado Cuzco en el siglo XV, he visto a los soldados incas marchando a la guerra en un ocaso tormentoso -que era el ocaso del imperio-, y las luces con que se alumbraban cuando todavía Edison no le había robado su proyecto a Tesla... He comprendido cada palabra en quéchua, toda una biblia instalada hoy en lo más profundo de mi ADN formateado por la Abuela a través del cóndor que me dejó ser. Y gracias a Tawantinsuyo 5.0 he comprendido que el siervo me supera porque sin él voy manca, he comprendido la grandeza del siervo, su función primordial en la sociedad de los humanos que se creen puntos indies en la enorme red que los compone y los limita, liberándolos también cuando hay conciencia.
Y éste es sólo un detalle del libro. El resto es la Gran Cosmovisión. Llegué a escribirle para agradecérselo y alguna vez le dediqué un post en Fata. Él me respondió afectuosamente.

Gracias por transcribir este report: Alonso se lo merece.
:+

Emilio Blázquez dijo...

Festín de sabiduría la de Alonso del Río, también derrocha una actitud de libertad en la búsqueda de uno mismo. Me ha interesado mucho lo de los símbolos como expresíón gráfica y con ganas de que hablara más de ellos.

tula dijo...

Interesantísima entrevista, explica muy bien el poder de esa planta.
Leí a Jeremy Narby en "La serpiente cósmica" y la sabiduría de esa planta es mágica sin lugar a dudas. Por ejemplo el curare y su forma de hacerlo es como imposible a través del error-acierto, así como el uso de muchas plantas y sus aplicaciones.
Supongo que el hombre las usó desde sus principios, sino es como imposible saber lo que sabemos.
En el chamanismo Tolteca ( Don Juan)también hablan del conocimiento de plantas...

RAB//. dijo...

Acerca de los símbolos, yo tenía un buen libro llamado "Tierra vieja" (ya perdido, lamentablemente, y publicado por Ministerio de la Nación), que trataba sobre la dicotomía imagen sintética-imagen analítica (arte primitivo indígena vs. arte decimonónico renacentista). Lo definía como dos cosmovisiones separadas por cuestiones de hegemonía de un mundo sobre otro; un tema que me gustaría tratar en un próximo post.

:+

jcaguirre dijo...

Muy interesante lo que dices de "Tierra vieja". A ver si me hago con él. Y si, la entrevista, a Alonso es de lo más sugerente. Las plantas están ahí, y es parte de la vida que los hombres se encuentren con ella. Y en ese encuentro hace falta quien transmita y pueda orientar sobre su uso.

ce dijo...

Bellísimo, profundo, lúcido y por lo mismo sabio recorrido el que nos comparte Alonso del Río, Hombre que camina el misterio con la mente clara, el corazón bien puro y el espíritu cristalino. Mi experiencia con él es inolvidable y parte de lo más sagrado y significativo que he vivido en el camino de la "ebriedad sagrada". Da verdadero gusto el saber que comparte, fruto además de un recorrido preñado de verdad, búsqueda y transformación. Gracias por esta entrevista inteligente e ilumiadora.

Anónimo dijo...

Excelente entrevista, felicidades! Conozco sobre Alonso a través de cantos (varios de los cuales en compañía de Diego Palma). Excelentes cánticos, que ahora la palabra en prosa lúcida completa.

La próxima ceremonia bajo su guía, me apunto!
JG