sábado, 16 de octubre de 2010

Goliardos

Llevo de un tiempo a esta parte interesado por los llamados goliardos. Mi interés surge de su propio carácter y de ciertos encuentros casuales y recientes en libros de lo más diverso. La idiosincrasia de los goliardos, a título de mero ejercicio imaginativo, nos podría ofrecer pistas para entender los muy diversos microcosmos enteogénicos; a medio camino entre la tomadura de pelo, la evolución y forja de individualidades integradas y sugerentes, la picaresca, la creación, la verbena ocurrente, el ocio, el negocio, los modos de religiosidad fronterizos, la fiesta, las intimidades con el espíritu y la creatividad, el hapenning de efectos especiales y la más dramática estafa… Como se hace evidente todas estas esquinas, lejos de contraponerse, quedan vinculadas y generan un área compleja con todo tipo de variaciones y mixturas en su interior. De tal suerte que habrá quien quede bien cerca de alguna de las notas antedichas pero distante de las demás. También habrá quien quede en medio de todas ellas o entre dos de las mismas… Las combinatorias posibles son muy variadas… En éstas resulta que traer a colación a los goliardos, en su propio espacio ambiguo y diverso, venga a dejarnos rastros claros para poder saber de ciertos encuentros y ambientes.


Los goliardos eran uno de los tipos humanos más singulares de la Plena y la Baja Edad Media en esa Europa de las catedrales y el nacimiento de la Universidad. La vida intelectual de por aquel entonces se desplegaba en clara vinculación con la Iglesia aunque los márgenes de libertad existentes eran mucho mayores de lo que cierta corrección política pudiera suponer y, desde luego, mucho mayores que los propios de la contrarreforma católica, varios siglos después. También eran mucho más amplios que los usuales en las diversas iglesias protestantes dentro de su propio ámbito de administración y control. En este sentido, conviene advertir, en la línea de medievalistas de la talla de Marc Bloch, Georges Duby y Jacques Le Goff, cómo la Edad Media -y lejos de toda leyenda rosa- no fue esa edad obscura y supersticiosa que la creencia dominante suele suponer sino un amplio espacio que expresa una determinada riqueza y una determinada imagen de Occidente. A quien quiera adentrarse por tales veredas no puedo dejar de recomendarle la magnífica obra de la historiadora francesa Regine Pernoud en títulos como “Para acabar con la Edad media”, “La Mujer en tiempos de las cruzadas” o “Leonor de Aquitania”. Vislumbrará una Edad Media rica, sugerente y, por propia, viva y capaz de reflejar el presente.


En esa época en que florecían las catedrales, múltiples escuelas de teología -tan atentas a la racionalidad como al espíritu- y una mística tan poderosa como la de la Escuela Renana los goliardos eran algo así como un curioso margen abierto hacia las más diversas direcciones imaginables. En buena medida tal paisaje tenía que ver con una Iglesia menos centralizada y en la que todavía no existía una institución como la Inquisición. Al tiempo que la Iglesia controlaba la cultura, de facto y sin que pareciera inquietarle demasiado, quedaban todo tipo de áreas abiertas más allá de su más inmediato magisterio teológico. En las mismas surgía y se desarrollaba la literatura profana, la alquimia, el arte de los juglares –mester de juglaría- y del amor cortés, movimientos espiritualmente fronterizos y rompedores de los que la Iglesia, curiosamente, sabía nutrirse y también herejías que eran reprimidas. Por cierto, en ese tiempo se desarrollaba, sobre la base de la poderosa mística renana el movimiento espiritual y místico de mujeres más importante de la historia de las religiones con referentes tan señalados como Hildegarda de Bingen, Isabel de Schönau, las beguinas... Junto a todo ello también se desarrolló el libérrimo movimiento de los goliardos, un magma desorganizado que, en su día, fue fundamental para la cristalización de la literatura profana y en cuyo seno coincidían poetas, estudiantes de teología, clérigos sin residencia fija -más o menos irregulares-, gentes diversas pertenecientes a los estamentos universitarios pero alejados de la institución, pícaros, bribones, lujuriosos, desclasados… En definitiva, marginales y fronterizos de diverso género dispuestos, según el caso, a asomarse a herejías o a vías de espiritualidad fronterizas, a poner en cuestión la oficialidad y la corrección política entonces vigente o a estafar al primero que se les pusiera por delante. De los goliardos se han conservado varias colecciones de poemas entre las que sobresale el Carmina Burana. Destacan por un ánimo vividor, capaz de no sucumbir al sinsentido, y por su carácter satírico, e incluso sulfúrico, en su crítica de las dignidades sociales de por aquel entonces…


No cabe hacer un calco exacto ya que los ambientes goliardos eran más elitistas. De hecho, los analfabetismos, los gazpachos y las demencias típicas de los sectores más new age de la enteogenia no cabrían entre goliardos. Con todo, los paralelismos resultan curiosos: El cultivo de posiciones heterodoxas sabiéndose un margen del que el poder se distancia, la distancia –más o menos acentuada- respecto de la religiosidad oficial, la estafa y la vida pícara, los esbozos de una religiosidad alternativa, la apelación al ocio o la fiesta, la atención a modos de espiritualidad fronterizos, poetas, artistas, músicos, bribones, pirados, getas, tipos interesantes, mediocres disfrazados, desnortados, extravagantes y gentes que pululan… Todo ello nos lo encontramos en los ambientes enteogénicos. Evidentemente no todo a la vez sino aquí o allá según la subespecie… Eso mismo nos encontrábamos en los goliardos...


Como ya he dicho este juego imaginativo no pasa por reconocer todos estos rasgos expuestos, ya que muchos de ellos son contradictorios y no pueden coincidir en una misma persona, sino por señalar mojones para trazar una línea de enlace entre los mismos y así delimitar un área. Un área que, adentrándose en ella, ofrece desde tipologías complejas a medio camino entre diversos mojones hasta otras en intimidad y cercanía con alguno de los mismos…


Cuando vayas con goliardos piensa en lo muchísimo que te podrán enseñar, en todo lo que te podrán inspirar, en las parodias y en los dislates interesados con que te querrán seducir… Con todo, cuando andes con goliardos cuídate bien de tu alma y de tu bolsillo…

13 comentarios:

hiniare dijo...

¡Qué interesante! Leyendo a Régine Pernoud y a otros yo también he tenido la impresión de que la Edad Media fue una fuente de inquietud y variedad religiosa y creativa de la que aún nos queda mucho por descubrir. El interés por la Edad Media a veces ha llevado a una exageración morbosa de la miseria y la barbarie, o a una exaltación idealista de damas y caballeros en corceles alados. Esos mil años de Europa son muy importantes y espero que se vayan dando a conocer mejor.
Sigue con tus intereses, yo también los sigo.
h.

jcaguirre dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
jcaguirre dijo...

Siempre andamos con temáticas paralelas. Y si la Edad media es el corazón de Europa además del útero de su estética. No pocas de las posibilidades de Occidente pasan por una relectura y una memoria saneada de la Edad Media. A la gente le resulta curioso pero cosas como la persecución de las brujas -hay concilios medievales que decretan que la creencia en brujas es una superstición-, la obsesión con una ortodoxia monocorde y la propia institución de la inquisición nada tienen que ver con la Edad Media sino con la entrada de la Modernidad. Y no sólo, todas esas tradiciones jurídicas que reconocían tantos derechos a la mujer y que se carga el código napoleónico, es decir la revolución francesa- hunden sus raices y continúa las leyes medievales...

tula dijo...

Sigue siendo una superstición creer en lo mágico, en lo irracional, quizás es una manera de hacernos creer que la humanidad ha avanzado y que nuestros ancestros eran homínidos incultos y brutos...
Hoy en día poco sabemos de la guerra y de sus formas de matar, todo se oculta en aras de lo increíble que somos en todos los campos del saber.
Muy interesante, desconocía a los goliardos.

KOSMONAUTA DEL AZULEJO dijo...

Yo siempre digo que la movida se la cargó el famoso antropocentrismo de la edad moderna. Capítulo aparte, y como matización, merece recordar todo el Renacimiento y su obra enorme aunque arrogante, basta con ir a un museo de Florencia para que te dé el síndrome de RAB :D Después de pasarme por ahí echaba de menos el románico, esas líneas puras, sencillas, de un tiempo verdaderamente místico, donde la Iglesia -como bien señalas- todavía no era lo que llegaría a ser en siglos posteriores. Resulta curioso que pocos señalen el Renacimiento como el preámbulo de la convivencia moderna entre sistema-capital apoyado en el catolicismo institucional como forma represiva de la época. La Edad Media es mi edad favorita: fraticellis, alquimistas, maestros canteros... metafísica a raudales. Nunca habia oído hablar de los goliardos, no con ese nombre, pero le he echado un vistazo a Google y cruzando datos he visto que Pedro Abelardo era considerado un goliardi por los italianos. Interesante la identificación que haces de esta gente con los ambientes enteogenistas. Greil Marcus encuentra similitudes y estraños puentes de comuncación entre los monjes libertarios de la Edad Media y el rock and roll... fue una era muy lisérgica ésa ¡por tantas cosas!, y no es de extrañar que los goliardos de entonces hayan dejado su huella a través de los siglos y ahora florezcan en los ambientes enteogenistas como verdaderos frikis reencarnados. Vale la pena conocerles, sí, aunque se recomienda "beber con modernación".

jcaguirre dijo...

Un libro sobre todo esto de mucho interés: "En pos del milenio. Revolucionarios, milenaristas y anarquistas místicos en la Edad Media". El autor es Cohn N. Curioso que el filósofo y teólogo Pedro Abelardo estuviese relacionado con los goliardos. Me da la impresión que también los goliardos debieron tener bastante relación con los cultivadores del libre espíritu. Yo del Renacimiento me quedo con el humanismo clasico y el neoplatonismo florentino... Con sus alquimistas y hermetistas... A mi el Renacimiento que me interesa es el que no rompe con el legado medieval.

jcaguirre dijo...

Das en el clavo Tula. Una de las grandes farsas que hace a la gente soportable el hormiguero que habitamos es vender a la gente que viven en la más avanzada de las sociedades... Los metarelatos y creencias de la modernidad... En realidad la razón moderna y el progreso no son más que malos mitos... la razón moderna, para empezar se queda en el mero razonamiento lógico. No es capaz de ir más allá...

Camino a Gaia dijo...

Siempre me parece positivo recuperar los matices de todo pasado. Pero personalmente no tengo excesivo apego por lo medieval. Después de una dictadura de cuarenta años, enterados todos, que vivimos en el Reino de España, súbditos de la impunidad, he perdido el entusiasmo por los viajes al pasado. Quizá si la Historia no fuera la prensa rosa de otros tiempos, la reportera servil de las élites y la coautora de sus ostentaciones, me hubiera sentido mas atraído por su estudio. Me interesan sin embargo las historias sin importancia, la letra pequeña que nos habla te tipos tan peculiares como los goliardos.

Creo que el problema de saber si somos la sociedad mas avanzada necesita del conocimiento de un detalle "sin importancia": avanzada... ¿hacia dónde?

jcaguirre dijo...

La historia nunca ha sido ninguna leyenda rosa sino la instrumentalización de las élites políticas para legitimarse en el poder. En el franquismo tanto como ahora. Por eso la historia siempre ha sido un ámbito de lucha política y cultural ya que sobre la base de la misma prevalece una visión u otra de ese pasado capaz de explicarnos nuestro presente y de explicarnos a nosotros mismos. Sobre lo que dices de los supuestos viajes al pasado y en el contexto en el que lo dices tienes razón. Cualquier nacionalismo -aludes al español pero no es más que uno entre tantos- da una imagen del pasado como para salir corriendo por las correcciones políticas, siempre imaginarias, en las que se asienta. Pero eso no es la historia como tal, y ni mucho menos el pasado, sino meros "artefactos culturales" creados para la legitimación de los intereses políticos de quienes mandan. Los poderes sociales siempre vampirizan allá donde hay fuerza -la religión, las identidades culturales...-, y haciendo demagogía se aprovechan del personal para comerse ellos el pastel... Pero claro eso poco tiene que ver con el pasado, que por no tener no tiene el pobre ni voz propia. El pasado, si, ese pasado al que se usa y se vilipendía en una sociedad como la nuestra atenezada por un imaginario intensamente progresista y evolucionista. Otro cuento más para asentar a las élites políticas y para mantener a la gente en la ignorancia...

Con todo el interés de la historia es enorme, precisamente por el valor de las otras miradas que se pueden encontrar en ella. En las pequeñas y también en las grandes cosas. Todas las cosas se pueden contar de otra manera y a la historia se la puede poner del revés. El interés es esa otra manera, ese revés, capaz de decirnos a nosotros mismos, aquí y ahora, de otra manera.
En ese sentido saber de historia desde mi punto de vista es esencial. Entre otras cosas para saber que los tópicos imaginarios que nos venden sobre el pasado, tanto los de un color como los de otro, no son más que construcciones politicamente interesadas... En realidad, la misma historia no existe. No es más que la pugna entre las diversas miradas posibles. No existe pero da mucho juego saber de todas esas miradas por lo que nos descubren de nosotros. Tu, sin ir más lejos, en tu comentario haces una legítima reflexión histórica, en toda regla, que atiende no a las pequeñas cosas sino a las grandes cosas de nuestro pasado reciente para proyectarlo después sobre todo pasado imaginable. El tema es que hay muchos, muchísimos pasados, que bien poco tienen que ver con pasado reciente alguno. El pasado es un pobre sin voz al que se le usa. Sin embargo está ahí componiéndonos la fibra... Y saber de historia es la única manera de formarse una opinión libre sobre los cuentos históricos que nos vende el poder, cualquier poder.

En fin, un saludo y agradezco tu reflexión.

Mercedes Thepinkant dijo...

Después de esta interesantísima entrada y de los estupendos comentarios que la siguen, solo puedo agradecer tanta información que me ha "ilustrado" y despertado la curiosidad sobre esa época "oscura" y desconocida para mi.

Otra cosa: por las características y el modus operandi creo que he conocido algún goliardo que otro. Me enredaron pero aprendí, bueno, rectifico ESTOY aprendiendo. Creo que me voy a unir a "ellos".

Un saludo a tod@s

jcaguirre dijo...

Hola Mercedes, os vi a ti y a Roxanna en una foto en posadapoiesis. Recibe un saludo de mi parte. Entro en tu blog de vez en cuando a través del de Roxanna. Y si, la Edad Media tiene su interés los libros de Pernaud -el de Leonor de Aquitania es una pasada- y el de Cohn son buenísimos.

jcaguirre dijo...

O quizá vi la foto en tu blog

Johnny Lingam dijo...

Yo también me sumo a la recomendación del libro de Cohn, que es una obra maestra, y añado "El miedo en Occidente", de Jean Delumeau