miércoles, 10 de noviembre de 2010

Iboga: Los hombres de la madera

Acaso los rituales de iboga sean de lo más serio y elaborado que nos podamos encontrar en el ámbito de los usos ritualizados de plantas y fármacos visionarios. La remisión a un bagaje tradicional y a un saber transmitido y comprobado, la manera de integrar y reconocer los posibles contextos de uso de la planta -el espiritual y el relacionado con temas de salud-, la existencia de rituales previos de purificación, la asistencia que recibe quien se inicia a la iboga durante el tránsito, el uso de la música y de la palabra durante la ceremonia o la crítica expresa hacia todo proselitismo o mesianismo entretejen un panorama que, más allá de toda distancia cultural, escénica o estética, nos remite a un específico saber hacer...  Además, los rituales de iboga son tremendamente certeros en sus protocolos de acceso ya que parten de que la propia disposición personal a iniciarse en la iboga es la primera y mejor garantía sobre tal iniciación. De esta manera, a partir de una distancia cultivada respecto de todo proselitismo y de todo énfasis en persuadir a nadie para que se inicie, queda encauzado este uso ritual de la iboga.


Dejando de lado los contextos rituales y simbólicos específicos que acaso puedan resultar ajenos al occidental medio la mera apelación a todos estos planteamientos de partida deja a la luz dos asuntos de interés. El primero es el grado de refinamiento y complejidad alcanzado en los rituales africanos de la iboga. El segundo es la tosquedad de nuestros acercamientos a los enteógenos, acercamientos estrangulados por los proselitismos, los mesianismos y los delirios new age, por los límites que a la investigación impone la cultura dominante y el por mero negocio lucrativo de esos "organizadores de sesiones" que se lanzan al mercado por su cuenta y riesgo. No quiero desviarme del tema de la iboga en esta introducción pero creo que basta con comparar el cuidado y la atención que recibe quien se inicia a una sesión de iboga con las turbulencias y dislates con que puede encontrarse un asistente a esas sesiones de enteógenos en las que se juntan todo tipo de individuos sin concocerse de nada y unidos por el dinero que pagan por acceder a esa sesión como único protocolo de acceso. En uno el centro de atención es quien se inicia; en el otro el centro de atención es un conjunto arbitrario e impersonal de individuos y su traducción en dinero. En fin, no me quiero extender en este tema -ya que requiere su propia entrada y a buen seguro la tendrá- pero la comparación resulta aleccionadora y crispante.


Ahí va esta entrada sobre el mundo de la iboga en los seis enlaces que siguen. Quizá haya a quien el universo reflejado se le pueda hacer algo ajeno. Lo dicho me trae a la mente la magistral indagación que Peter Brook hizo de la escena ritual africana desde el punto de vista de lo que él llamaba el teatro sagrado. Las distancias se relativizan, más allá de toda proyección, en la interpelación de la propia vida que eclosiona en ese teatro antiguo que es el ritual... La iboga y sus universos: Un uso tradicional de un fármaco visionario en el Africa central. 



















6 comentarios:

RAB//. dijo...

A mí no me sorprende tanto la dedicación que ponen los especialistas a la hora de la ceremonia, más bien me da nostalgia y me recuerda otros encuentros -de naturaleza más light- en mi país, con algún llamado "curandero", gente que te atendía sin pedir a cambio más que "la voluntad", y cuya contención y cuidado hacen que una se sienta humana. Lo realmente alienante de esta cultura, es que traen las plantas y luego las dan en plan cosificatorio, igual que si fueras al Ikea a comprar un bambú de diseño. Las planta actúan, naturalmente, pero al salir te encuentras con la paradoja de que la cultura misma bloquea tu evolución. Ese desajuste, creo yo, es el principal motivo de que las plantas funcionen a medias y genera mucho charlatán. Me da risa tanto dador creyéndose dueño del chiringuito, teorizando sobre los poderes del amor y no sé qué verduras... y juntando gente a parvas en salones donde tanto dan 34 que 3, si total, como éste es "un camino personal" (que lo es, qué duda cabe) lo mismo da hacer un seguimiento que no hacerlo, o dejar que alguien se desgañite durante.
Yo el mejor viaje que tuve lo vivencié hace 2 años con sólo 5 personas, y aún así creo que no tuve la suficiente contención. La responsabilidad a la hora de dar la planta es enorme, y éste vídeo es un claro ejemplo de cómo debería hacerse siempre. Siempre. Gracias por compartirlo.
:+ :+

tula dijo...

Esta claro que las plantas nos dieron el empuje al viaje de la conciencia, sin ellas dudo mucho de que fuésemos capaces de romper la linealidad de la percepción dada socialmente.
Desconocía la Iboga.
un saludo.

jcaguirre dijo...

No se puede decir mejor Roxanna. Completamente de acuerdo de pe a pa. Y si Tula, las plantas nos pueden aportar mucho. Sencillamente están ahí aunque nos exigen una senda de referencia desde la que trabajar con ellas. Ultimamente ando muy calladito por cierto asunto personal. Disculpad mis silencios.

CHINCHU-LYN dijo...

Muy buenos los videos, algunas partes dan escalofríos, sobre todo la parte de las chamanas. Te leo mucho, ya que te sigo desde lo de RAB, y si bien hay algunos artículos que me resultan intrincados hay otros donde uno se siente muy a gusto y dan que pensar. Un saludo.

jcaguirre dijo...

Gracias por tu palabras Chinchu. Escribo este blog para eso mismo, para que de qué pensar además de para expresar mi propia escena.

STABIVO dijo...

Qué necesitados estamos de ritos de esta naturaleza ante tanto sinsentido. Aquí, desesperados, con difícil acceso al devenir cristiano, convirtiendo las ciudades en plantaciones de tabaco y laboratorios de psicofármacos. El complejo y preciso rito de iboga es un ejemplo perfecto para comprender el respetuoso y sacro papel que debemos desempeñar ante las plantas sagradas.
Un abrazo.