lunes, 24 de enero de 2011

Charles Baudelaire: El poema del haschisch (I)

Ando entretenido con esa inevitable referencia que, en temas de ebriedad y experiencia visionaria, constituye “Los paraísos artificiales” de Charles Baudelaire. En concreto con su primera parte “El poema del haschisch”, a medio camino del ensayo y la prosa poética. En el mismo, este poeta y pensador francés nos va desgranando sus impresiones y su propia experiencia en el uso del haschisch en esos ambientes de la boheme parisina del XIX. Por aquel entonces se atendía sobre todo a la dimensión más visionaria y contemplativa del haschisch y muy poco a sus posibles usos lúdicos o recreativos. El haschisch se ingería oralmente, lo que inducía un efecto mucho más fuerte que el haschisch fumado y completamente volcado hacia una variedad de trance visionario que, por su intensidad, se acerca al de cualquier enteógeno al uso. Personalmente este efecto del cannabis siempre lo he encontrado más tosco y menos luminoso que el del típico alcaloide enteogénico. Ahora bien, ahí está y a él se dedican las reflexiones de Baudelaire. Tras esta parte dedicada al haschisch y sus recodos la segunda mitad de “Los paraisos artificiales” pasará a centrarse en el opio en franco diálogo con la figura de Thomas de Quincey.


De entrada diré que esta lectura de su "Poema del haschisch", por muy polémica que resulte, me ha suscitado bastante más interés que la pasada lectura que hice, hace ya un buen puñado de años. A partir de esa riqueza quisiera dedicar en el blog a esta obra varias entradas que atenderán a diversos asuntos propuestos. Uno de ellos será el del llamativo carácter de sustancia visionaria, en un contexto crítico, que confiere Baudelaire al opio. Acaso el más nítido ejemplo de que cualquier ebriedad dinamizada por un psicoactivo encuentra su rostro vivo y vivido, no sólo en la propia sustancia ingerida, sino en un contexto personal y cultural de uso. Otro será la dura crítica que Baudelaire lanza sobre la ebriedad visionaria que proporciona el haschisch. Al margen de los disensos que tal reflexión pueda suscitarnos lo cierto es que el mapa crítico ofrecido por este poeta y visionario francés nos muestra la más penetrante descripción de ciertos usos de enteógenos en franca desconexión de la vida real y la sobriedad cotidiana, por lo demás auténtica vara de medir de cualquier tanteo enteogénico. Finalmente abordaré el difícil encaje de “El poema del haschisch” con su condición de poeta maldito y con su apología extrema de la ebriedad en contraposición al tedio enfermizo del tiempo propio de las convenciones sociales y la conciencia ordinaria


Sobre “Los paraísos artificiales” se ha pasado en exceso por encima sin querer detenerse demasiado en sus propuestas y razones. No es algo de extrañar dada la censura lanzada sobre los comedores de haschisch y los cultivadores de lo que él denomina, críticamente, los paraísos artificiales. Independientemente de que podamos no estar de acuerdo con Baudelaire la riqueza, la agudeza y lo sugerente de esta postura de crítica hacia quienes se adentran en los éxtasis visionarios inducidos por el haschisch o el opio resulta innegable. Basta convocar la propia riqueza espiritual y de visión del poeta. Sus análisis e intuiciones serán necesariamente de calado por mucho que éstas encuentren objeciones y lagunas, vengan a matizarse o alcancen nuevos contextos y resonancias.


Antes me refería al carácter de “Los paraísos artificiales” a medio camino entra la poética y la ensayística. A la hora de aventurarse por estas veredas el poeta de la boheme se decanta por el poema en prosa. Esta elección formal no es baladí. Baudelaire valorará especialmente la poesía en prosa por su valor, en sus propias palabras, para “adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño, y a los sobresaltos de la conciencia”, desde su flexibilidad y libertad formal. Se trataría así de dejar nota del ensueño y la actividad imaginativa a través de una forma poética que dejara, no la musicalidad inherente a toda poética, pero si la disciplina de métricas y rimas y todo trabajo ulterior de formalización de la palabra poética. En esto Baudelaire es tremendamente lúcido ya que ubica esta poética libre en su ámbito y género propio, el del poema en prosa. La elección de Baudelaire es óptima. Se trata de levantar acta de un orden de vivencia que, por su carácter excepcional y extraordinario, exige en su expresión de las menos interferencias y mediaciones posibles. Someter el trazo que en el lenguaje deja la memoria de lo vivido a las posteriores exigencias de métrica y rima nos podría deparar un excelente poema pero nos alejaría de la transmisión desnuda de esa excepcionalidad. De lo que se trata es de promover la máxima cercanía posible entre palabra y experiencia, amparando al máximo esa huella dejada por la experiencia en la palabra sin que ésta se vea alterada por elaboración ulterior o formalismo alguno. El acierto de Baudelaire es doble ya que a lo dicho habría que añadir el buen criterio de este poeta por no hacer la trastada de presentarnos como poesía métrica lo que es prosa poética y además, en este caso, ensayística. No me quiero adentrar en todo el debate alrededor de la poesía libre vs. poesía normativa. Me limito a subrayar el acierto de Baudelaire al ubicar la poética libre, sin complejo alguno, en el poema en prosa. Sirva lo dicho como ejemplo de la riqueza aportada por el texto de Charles Baudelaire.


Personalmente comparto completamente la elección de Baudelaire a la hora de reflejar en la palabra la experiencia visionaria atendiendo primariamente a la experiencia. A partir de tal primado el juego del lenguaje, por vivo necesariamente poético, vendrá a entrelazarse con cierta dimensión ensayística inevitable ante el desafío perceptivo y cognoscitivo que nos supone lo visto y vivido. Cualquier trabajo posterior con la palabra o cualquier disciplina métrica nos alejaría de esa exigencia de máxima vecindad con las visiones e intuiciones de la experiencia transitada. Comparto la elección de Baudelaire. La experiencia y su traducción inmediata a la palabra debe ser lo que prime lejos de cualquier elaboración formal ulterior. Con todo, también entiendo la apuesta por el primado del lenguaje y por la delimitación de la experiencia con enteógenos en tanto motivo de inspiración para una poesía más normativa.


Esta aportación de Baudelaire, apostando por el poema en prosa como forma de expresión de la experiencia visionaria, me parece una de las más interesantes aportaciones de “Los paraísos artificiales”. La poética remonta la palabra a su dimensión más viva, a esa que alcanza su potencia simbólica. Ahí la capacidad de la palabra se ensancha a través de analogías, metáforas e imágenes. En ese estiramiento la palabra apunta a la experiencia vivida, elaborándola en el lenguaje. Para Martin Heidegger la palabra encontrará así su uso más original, en la plenitud de su esencia simbólica, en su misma intimidad. Ahí la palabra, por maximamente abierta a la vida, alcanzará en palabras de Heidegger, la casa del ser. La poesía, así considerada, tendría un primado ontológico en tanto discurso sobre la verdad por encima de la ciencia o la filosofía académica. Una poesía que indica y canta a la propia vida y su experiencia. Paralelamente a lo dicho la ensayística aportará la necesaria lidia con las intuiciones y visiones que en la palabra vendrán a elaborarse. Censuras y críticas aparte el genio de Baudelaire creo que nos pone en la pista del necesario vínculo a trazar entre lenguaje y experiencia visionaria.

La valoración del lenguaje y de la poética que nos brinda Baudelaire no puede ser más sugerente de cara a la necesaria investigación del éxtasis, y en este caso del éxtasis visionario. A pocas personas se les escapa la importación de la integración de la experiencia con enteógenos, es más su carácter decisivo, si de lo que se trata es de atender al sentido que tales experiencias nos pueden aportar. Ahí y sólo ahí radica esa fuente de salud que algunos atisban en la experiencia enteogénica. Para todo ello el trabajo con la palabra propia o ajena puede ser un asunto capital. Tal palabra, poética, ensayística o en prosa, si a algo apuntará será a la propia capacidad de vida y de sentido que promueva. Ahí el ejercicio de la imaginación encontrará en la afirmación y el refinamiento de la capacidad de vida su nexo con la esfera de lo real. Nos instalamos pues en las veredas de esa imaginación creadora, tan decisiva, si es que queremos adentrarnos en el éxtasis enteógeno y sus misterios. Baudelaire en sus escritos sobre estética centrará su atención en la imaginación frente al clasicismo formalista entonces en boga. Su manera de entender la imaginación, lejos de todo solipsismo, estará abierta a la capacidad de vida que ésta depara. Sobre los frutos de la imaginación y sobre su relación con nociones como las de Verdad, Ser o Vida este poeta francés nos dirá en el poema en prosa "Las ventanas": "¿Estas seguro de que esa leyenda es la cierta?. ¿Qué importa lo que pueda ser la realidad que se encuentra fuera de mi si -esa leyenda- me ha ayudado a vivir, a sentir qué soy y lo que soy?". Acaso el éxtasis y su glosa nos exija de una palabra y de un uso del lenguaje poliédrico, caleidoscópico y, por eso mismo, capaz de reunir imaginación, verdad y vida. En realidad, las veredas de la imaginación creadora, lejos de arbitrariedad alguna, estarán completamente vinculadas a las sendas abiertas por la hermenéutica y por la propia ontología. La mirada no crea el mundo pero si copula con él.

3 comentarios:

Siriana dijo...

Pobre Charles... vivir en la época en que le tocó vivir... aunque parece ser que para ciertos buscadores, toda época se queda corta.

Más allá de la palabra -de la suya, de la tuya-, yo me rijo por su mirada. Tiene la mirada voraz de los poetas, los locos, los santos y los desaforados. Este hombre no puedo nunca haber sido feliz. Los visionarios no suelen serlo.

jcaguirre dijo...

No te creas que su época fue peor que la actual y si, su rostro es tremendo. Baudelaire estuvo siempre al margen en todos los ámbitos, menos acaso en el del haschisch. Echale un ojo a su poema Albatros. Supongo que poniendo en google Albatros y Baudelaire saldrá el poema. Creo recordar que es de las Flores del Mal. En Albatros está Baudelaire enterito. De arriba a abajo... Lo que hay tras la máscara y lo que vive en ella...

rab//. dijo...

Lo conozco, Carlos, lo leí hace años. Las flores es uno de los pocos libros que pude rescatar de mi vida anterior en tierras pampeanas :+