miércoles, 10 de agosto de 2011

Hedonismo sostenible

Hedonismo sostenible. Así se llama el nuevo libro de Eduardo Hidalgo publicado por la Editorial Amargord, una excelente aportación en la senda abierta de los mejores alegatos contra la prohibición. El estilo es original, ameno y fluido, y el arsenal de argumentos sobre la prohibición y sus demencias resulta demoledor. Desde este blog felicito a Eduardo ya que si algo es necesario hoy en día son voces que cuestionen la clamorosa desnudez de ese rey desnudo en que se ha convertido la prohibición. Un rey desnudo del que, por cierto, dependen unas ingentes dosis de dolor a través de las mafias criminales, los estados fallidos o las víctimas de la prohibición y de sus siniestros escenarios. El grado de irracionalidad del prohibicionismo y de sus charcos es de tal calibre que, a estas alturas, los alegatos contra la prohibición parecen prudentes y modositos ejercicios de sentido común. La argumentación de Hidalgo desgrana a lo largo del libro los argumentos de rigor pero desde unas maneras tremendamente novedosas y convincentes. La comparativa de la ingesta de sustancias psicoactivas con los deportes de riesgo, la caza o la conducción resulta inapelable al tiempo que deja ver la gran verdad que la prohibición quiere ocultar. A saber, la afición a la ebriedad y a la drogofilia, ni de lejos, se traduce en pandemias de drogadicción ni en problemática masiva alguna. Serán muchísimos, en realidad la gran mayoría, los cultivadores de la ebriedad que, al día de hoy, transiten por ella sin caer en el socavón. Incluso lo más común será una serie de experiencias puntuales en situaciones concretas que, desde luego, no condicionarán a caer en espiral de terror alguna. El adicto se lo tiene que currar, esa es la verdad, y es todo menos una víctima... Estas serán las realidades inapelables que estarán en la base del sólido argumento que atribuye a la prohibición la mayoría de los problemas asociados con las drogas en nuestras sociedades. En sus escenarios las sustancias, además de haber encontrado una promoción masiva y una recepción  intensiva, algo antropologicamente inédito, tenderán a ofrecernos su peor perfil.


La comparativa que hace Eduardo precisamente con los deportes de riesgo nos aporta más perlas a la reflexión. Las veredas de la ebriedad tienen sus riesgos y quien las transita deberá asumirlos. Ahora bien, como en ciertos tipos de deporte o en la conducción los riesgos son razonables, sostenibles en palabras Hidalgo, a poco que no se sea un descerebrado extremo. Por cierto, este último coletazo de incorrección política es de mi cosecha; y quizá me equivoque ya que más que ante un tema de madurez personal nos encontramos confrontados con una carencia que genera víctimas. Una carencia muy concreta: La de los contextos, tiempos propios y maneras ajustadas al uso de sustancias. Esos mismos que arrasa la cultura prohibicionista con su violencia. Esos mismos que naturalmente acontecen en toda cultura, tanto para las variantes lúdicas del cultivo de la drogofilia como para las expresiones más templadas o íntimas. Me viene a la cabeza la tremenda sofisticación y exuberancia de la cultura de los buenos licores o de los buenos vinos. Su compleja etiqueta, sus liturgias y las convenciones sociales sobre su uso. A nadie se le ocurriría hacer un calimocho con un Vega Sicilia, no?... Al tiempo me vienen a la cabeza los espacios reservados para los usos lúdicos del vino en fiestas populares, en tiempos y espacios precisos, los propios de la fiesta. Toda esta complejidad antropológica, transmisora de un saber hacer y un saber vivir, será la primera víctima de la cultura prohibicionista. Desde la carencia creada los riesgos crecerán exponencialmente ya que el ser humano, de suyo, se da a tales aficiones. Pero, por qué esto es así, por qué la ebriedad resulta algo tan irrenunciablemente humano, por qué su cultivo se da con tanta naturalidad en las sociedades humanas…

La fiesta, el juego, el muy noble e inocente arte del juego. Por ahí andará la respuesta… A esta referencia se acogerá Eduardo Hidalgo para dar un encaje antropológico a la ebriedad y a la ebriedad drogófila. El autor no ha podido estar más acertado. Saber jugar, saber beber, saber gozar, saber drogarse, saber encontrarse libremente con el otro y con uno mismo… Acaso uno de los asuntos más serios de la existencia... Este comentario podrá sorprender al puritano pero los psicoactivos no son más que un dinamizador de las posibilidades de la vida humana. Ese será su valor y su riesgo. A su encuentro nuestra personalidad más que disolverse se expande y muta, viaja por sus diversos registros. Por eso es tan importante saber de tales asuntos y no hacer las cosas de cualquier manera. La ebriedad tiene sus riesgos. De lo que se trata es de saber reducirlos y así hacer sostenible su cultivo. Los deportes de riesgo no son más peligrosos que la ingesta de muchos de los psicoactivos ilegales si es que se saben reducir sus riesgos. Un apunte curioso. La distribución masiva de las variedades más destructivas de drogas tiene una vinculación directa con los usos y maneras del mercado negro. Un ejemplo: la sustitución del opio por a la heroína...


En resumen, las drogas tienen sus riesgos. Habrá para quien incluso alguna sustancia, en concreto, pueda resultar contraindicada. Con todo, la prohibición es la que genera los enormes problemas que padece nuestra sociedad en relación a la actividad de drogarse. No olvidemos que la afición por las droguerías, de ahí el nombre, es algo propio de todas las sociedades humanas. Y no sólo sino que un buen número de animales se drogan. Este interesante tema también lo tratará Eduardo en su libro. Un apunte, drogarse no será meramente drogarse sino cultivar la ebriedad. En suma, jugar, vivir, gozar, encontrar, encontrarse. Hedonismo sostenible. Un modo de juego del que incluso los animales saben disfrutar. Pierdan ustedes el miedo pero sean muy conscientes de los riesgos y si dudan digan no. Algo así podríamos sugerir como proclama. Por cierto, en el miedo se disuelven muchas cosas. Entre otras la propia percepción de los riesgos. Creo importante traer a colación cómo el miedo, el miedo a la libertad, está en la base de la cultura prohibicionista y su lodazal…


En fin. Estamos en un blog de enteógenos me dirán algunos. Por lo que se refiere a estas sustancias, el juego, la capacidad de juego e imaginación, será una condición necesaria de esas nupcias entre hombre y planta enteogena, si es que es el caso. Además, referirnos a la cuestión de la prohibición lo considero muy relevante ya que la cultura prohibicionista precariza y problematiza a extremos el uso de los fármacos visionarios. Ya se sabe, el mercado negro, los pirados vendesesiones, etc... Como postre un comentario para terminar. Cualquier género de elitismo que desde el uso de los fármacos visionarios quiera distanciarse de las problemáticas políticas propias de la prohibición sólo incurrirá en un extravagante ejercicio de ceguera. Los procesos de incriminación y su vendaval truenan para todos. ¿Alguien lo duda?

2 comentarios:

rab//. dijo...

Mi derecho a la ebriedad pone en tela de juicio el empeño de las dictaduras del pensamiento, sin duda, y sobre todo, el prejuicio de tanta gente aparentemente "sobria" que habla por repetición. Me recuerdo ahora de una comida reciente en casa de una conocida, muy conservadora, que apenas me oyó hablar de la ayahuasca, toda horririzada, me soltó lo siguiente: "¿sabes tú cómo te fríe las neuronas esa DROGA?¿sabes cómo te queda el cerebro después de tomar eso?". Por lo que he sabido esa persona no se atreve a entrar en un templo católico sin mantilla en la cabeza... En ese momento tuve el impulso de preguntarle si sabe ella cómo una sobiedad impuesta por dogma te fríe las neuronas hasta el punto de dejarte anestesiado, pero creo que hubiera sido perder el tiempo, así que preferí cambiar de tema.
Buena reseña del libro, habemus de comprarlus. :)
Y por cierto, ¿qué ha sido del tuyo?. Aún no pierdo la esperanza...

jcaguirre dijo...

Esa gente habla a golpe de dogma y sobre algo satanizado. Sin saber, ni querer saber. Son como el espectro popular de la prohibición además de legitimar su lodazal. Por cierto, muy bueno eso de freir neuronas. Felicítala. Se de varios tipos de vida que te frien las neuronas sin piedad... Y poco tienen que ver con droga alguna. De hecho, en esta sociedad creo que el objetivo es freirnos las neuronas a fuego lento para transformarnos en tuercas... Un caso de conversión metálica.