sábado, 18 de febrero de 2012

Eros kai logos: Alan Watts y el LSD

Pocas referencias como la de Alan Watts nos muestran la peculiar atención que la contracultura y ciertas corrientes juveniles, más o menos underground, prestan a las cuestiones espirituales. En este sentido su libro “La cultura de la contracultura” acaso sea el más atinado intento de vincular la ruptura de los diversos convencionalismos sociales precisamente con la apertura espiritual. De ahí que se pudiera decir, muy provocadoramente, que en Watts cristalizan las mejores intuiciones de la beat generation y de cierto inconformismo juvenil…


A poco que calibremos las enormes influencias sociales que han tenido movimientos como el de los beatnicks o la cultura de los sesenta vislumbraremos la relevancia de este autor. De hecho, este será el más importante valor de Watts; esto es, expresar y difundir una determinada sensibilidad espiritual a la altura de importantes sectores sociales de nuestro tiempo. Dan igual las ya varias décadas transcurridas desde la contracultura y desde su obra. Su influencia, sus sensibilidades y disposiciones básicas, siguen vigentes bajo otros formatos. No nos deberá extrañar qué desde entonces, generaciones enteras de jóvenes y no tan jóvenes, se hayan ido adentrando por las veredas del espíritu atendiendo a su criterio.


El mérito no es escaso; y eso por mucho que algunos textos de Watts nos puedan parecer en exceso precipitados. Otros textos, sin embargo, nos mostrarán un autor muy interesado en la adaptación al tiempo presente de ciertas sabidurías iniciáticas además de dotado de una fina intuición espiritual y de una nítida implicación vivencial en su obra. Watts nos hablará desde su propia fibra y de primera mano; en general y en relación al LSD. Desde esa verdad íntima de todo cuanto escribe delimitaremos su relevancia. Una relevancia que, expresando una época, nos habla de un autor de pluma viva, quizá lejos del erudito de biblioteca pero capaz de elaborar discursos coherentes desde su frescura, su intuición y su curiosidad intelectual. El propio Watts nos indicará con razón y con cierta sorna la ceguera de ciertos modos de especialización universitaria completamente carentes de la más mínima intuición hermenéutica respecto de su campo de estudio.


A propósito de los enteógenos nos expresará su reserva hacia las variedades más delirantes del mesianismo lisérgico –las de la mística express de la pildorita- aunque no por ello dejará de indicarnos la capacidad de estas sustancias de inducir, en algunas personas y bajo ciertos contextos, estados que promuevan la intuición, el acercamiento o la empatía respecto de una experiencia mística o de iluminación. En sus propias palabras: “La afirmación de que esta sustancias inducen estados de conciencia equivalentes al satori o a la experiencia mística tiene que ser tomada con ciertas reservas. Ciertamente que no lo hacen de forma automática y algunos de sus efectos son completamente distintos de cualquier cosa que se encuentre en un misticismo genuino. Sin embargo, es ciertamente verdadero que en alguna gente que tal vez posee los dones o la capacidad necesaria el peyote la mescalina o el ácido lisérgico inducen estados que son netamente favorecedores de la experiencia mística” (1). Watts entenderá estas experiencias, en tanto donación de la propia vida, desde lo que sería un mística cosmológica de integración con la naturaleza y la misma vida. Desde su punto de vista, tales sustancias, que “en algunos casos inducen estados similares a la conciencia cósmica”, podrían dinamizar el camino espiritual de cada cual. Tal camino vendría a constituirse no desde un liviano culto a la experiencia que se ha tenido sino desde la integración de las potencias y posibilidades atisbadas en la más estricta cotidianidad, es decir, en “el aquí y el ahora”. La cuestión de fondo será la “ayuda a la percepción” y la liberación de determinadas posibilidades de experiencia que dinamizarán las plantas y sustancias visionarias.


Sobre los prejuicios existentes a que algo material o físico pueda detonar una experiencia de estas características Watts apelará a la corporalidad y fisicidad de la experiencia espiritual. Su juicio vendrá a incardinarse en la crítica de toda pretensión de divorcio entre lo espiritual y lo material. Algo a lo que este autor dedicará buena parte de sus afanes intelectuales. Con todo, el hecho de que ante las sustancias visionarias no estemos en el escenario de una supuesta “mística que sale de una botella” será precisamente lo que cuestione una interpretación de estas experiencias determinada desde lo puramente fisiológico. Para Watts la gran variabilidad de efectos que se aprecian entre quienes ingieren sustancias visionarias –desde esos estados afines a las experiencias místicas a desagradables estados en los que se confunde sensación e imaginación pasando por estados extáticos puramente corporales, sin visión interior- será precisamente lo que indique la relevancia del bagaje y los recursos del propio experimentador. De ahí que sobre esas experiencias análogas a las místicas nos diga que las sustancias visionarias “las facilitan pero no ejecutan el trabajo por sí mismas”. Haría falta algo más que la mera química.


El propio valor que Watts reconoce en las sustancias visionarias y también su propia perspectiva teórica, ajena a la dominante, le llevará a desconfiar sobremanera del uso del término alucinógeno. En relación a este tema y en la línea ya marcada por Louis Lewin no atenderá a esta denominación. Desde su punto de vista, tal término es puramente “evaluativo”, “no descriptivo” y “en ningún sentido científico”.


Desde todos estos planteamientos previos, deudores de su propio bagaje teórico y práctico, este autor se referirá a sus propias experiencias con el LSD con una claridad poco común. Hasta el punto que sus reflexiones constituyen una de las mejores referencias para adentrarse en los efectos y posibilidades abiertas por las sustancias visionarias. Estas reflexiones son también un ejemplo aventajado de la riqueza aportada por este género de experiencias a las cuestiones epistemológicas y ontológicas.


En realidad, si atendemos a las diferentes experiencias de Watts encontraremos reflejado el rico repertorio de las posibilidades de experiencia de la vida anímica activado, eso si, al encuentro de la sustancia visionaria. Personalmente creo que ésta y no otra será la relevancia de este encuentro; a saber, la liberación de facultades cognoscitivas veladas y de posibilidades de experiencia inéditas. De tal suerte que estas sustancias vendrían a liberar ciertas posibilidades de lo humano al encuentro con la vida; lo que nos hablará tanto de la textura de lo real como de la vida anímica y la corporalidad humana. De acuerdo con Watts no estaríamos pues ante un mera modificación perceptiva reducible al plano físicalista sino inmersos en la evidencia vivida de la interdependencia entre los estados del experimentador y la realidad percibida. De ahí que Watts aluda a partir de sus propias experiencias a esa “relación transaccional del organismo con su medio” en la línea de lo aportado por Dewey, Bentley o el propio Albert Hofmann en su obra “Mundo interior, mundo exterior”. Dicho de otra manera, nuestras experiencias de lo real surgirán no de algún género de objetividad o sustantividad alguna atribuible al mundo exterior sino de la cópula y del encuentro planteado entre organismo y medio. Watts resolverá así, en clave vitalista y apelando a nociones holísticas y a sinergías, el mecanicismo vulgar típico de la moda neurocientífica al uso en su acusada tendencia a resolver el misterio de la realidad en lo puramente fisiológico.


Toda esta reflexión será traída a colación a propósito de ciertas capacidades de experiencias del hombre que pudieran facilitarse bajo los efectos de los visionarios. En concreto se referirá a las experiencias en las que venga a quedar cuestionada la dualidad sujeto-objeto en el advenimiento de un peculiar estado de conciencia en el que ésta deviene el simple espacio de sus propias sensaciones; lo que supondrá que “experimentador y experiencia se transforman en un proceso sólo, siempre cambiante que se forma a sí mismo, completo y cumplido en todos los momentos de su desenvolvimiento”. Esta perspectiva ontológica vendría a reforzarse por esas intuiciones tan propias de los estados inducidos por sustancias visionarias relativas a que todo son relaciones y conexiones. De esta manera, confrontados con la realidad no estaríamos ante sustancias, identidades o realidades bien delimitadas sino con posibilidades de enlace y copula de las que a su vez dependerán perfiles de mundo bien diferentes.


A propósito de todas estas posibilidades de experiencia abiertas y en íntima relación con este carácter poliédrico de la vida Watts también indicará la intensa liberación de significados diferentes de los convencionales; lo que ampara y “permite que la mente organice sus impresiones sensoriales en nuevos moldes”. No en vano Watts vinculará la riqueza aportada por estas experiencias a la liberación de posibilidades creativas más o menos inéditas. Dentro de esa liberación de significados y nuevos planos de sentido Watts dará una especial importancia a la llamada copertenencia de contrarios que de la mano de este género de experiencias se revelará como algo vivido y sentido. En relación a un caso concreto de esta copertenencia de contrarios nos dirá: “Existe la sensación generalizada de que hay una radical incompatibilidad entre intuición e intelecto, entre poesía y lógica, espiritualidad y racionalidad. Para mi lo más impresionante que tienen las experiencias con la LSD es que estos dominios normalmente tan opuestos parecen en cambio complementarse y fructificar sugiriendo… una maravillosa coincidencia en la que Eros y Logos son una sola cosa”. En efecto, pocas cosas ponen tan en evidencia los visionarios como que el ámbito del discernimiento –logos- encuentra su plenitud en la capacidad unitiva con la vida, es decir, en eros. Ahí intuición e intelección se hacen uno.


A pesar de todo lo dicho Watts no caerá en lo que sería la típica tragicomedia lisérgica new age en forma de leyenda rosa. De hecho, menciona haber experimentado la locura bajo los efectos de la LSD; por cierto, otra de las posibilidades abiertas por esa liberación exponencial de significados. Esta posibilidad de experiencia le llevará a recomendar ciertas precauciones sobre su uso. Precauciones que lejos de desalentar respecto de sus potencialidades deberían fomentar la investigación atendiendo a las posibilidades abiertas. En esto Watts es lúcido y radical al entender que el prohibicionismo lo único que alienta es el control de estas sustancias por parte de las organizaciones criminales... La toma de conciencia respecto de tales precauciones acaso sea lo que le lleve a manifestar cierta prudencia y distancia respecto del uso de estas sustancias en psiquiatría y psicología clínica. Atendiendo a su criterio su uso respondería más bien a esas posibilidades de dinamizar todo tipo de procesos creativos en tanto “ayuda instrumental para el artista, el pintor, el pensador o el científico”.


Los textos de este autor norteamericano claramente nos muestran las potenciales riquezas y los ámbitos de creatividad y de indagación sobre lo humano abiertos por estas sustancias. Como se hará evidente ninguna de las posibilidades abiertas dependerá en exclusiva de la ingesta en sí ya que, en todo caso, estaremos ante la activación de potencias puramente humanas al encuentro con la vida. Lo que lejos de acotar la experiencia en la propia conciencia la abrirá al cosmos. Este será precisamente el interés que Watts apunte a propósito de las sustancias visionarias: La liberación de determinadas potencias y posibilidades de lo humano al encuentro con una realidad poliédrica. Los frutos de tal encuentro cobraran forma en la asimilación y la integración de dicha experiencia a partir de la creatividad que ésta alcance a suscitar. En palabras de Watts una nueva variedad de alquimia a entender y a cultivar desde las grandes tradiciones sapienciales de la humanidad.

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(1) Todos los entrecomillados pertenece a sendas citas del libro “Las formas del Zen”, en el que se recopilan diversos artículos de este autor. En concreto pertenecen a los artículos “Zen beat, Zen tradicional y Zen” y a “La nueva alquimia”; este último dedicado con integridad al LSD.

1 comentario:

DDAA dijo...

Esto le hace aún más simpático a mis ojos.

"I am an unrepentant sensualist. I am an immoderate lover of women and the delights of sexuality, of the greatest French, Chinese, and Japanese cuisine, of wines and spirituous drinks, of smoking cigars and pipes, of gardens, forests, and oceans, of jewels and paintings, of colorful clothes, and of finely bound and printed books." (In My Own Way, p. 47)