lunes, 26 de marzo de 2012

Ordenes y geometrías visionarias: A propósito de la lectura de "Qué es la vida" de Erwin Schrödinger

La presente entrada se adentra en las reflexiones de Erwin Schrödinger sobre el ser de la vida. De acuerdo a su criterio la potencia de orden y de renovación de ese orden será lo que singularice los procesos de los organismos vivos. Considerando que la vida anímica del hombre, con todos sus estados y posibilidades, tiene como referencia básica al cuerpo, el texto reflexionará sobre la experiencia con fármacos visionarios atendiendo a esa singularidad ordenada y creativa de los organismos vivos. Referencias tales como las de evolución, crisis, catarsis o caos vendrán a re-elaborarse desde esa singularidad. La cuestión abierta de los contextos capaces de amparar la experiencia y la integración de los efectos de los fármacos visionarios también será interpelada desde ese ser de la vida indicado por Schrödinger.


Erwin Schrödinger, uno de los grandes. Premio Nobel por sus estudios en mecánica cuántica y entusiasta del encuentro ente humanidades y ciencia moderna. Un científico renacentista con una cultura integral y deliberadamente alejado de ese especialismo que sólo viene a lastrar nuestros programas de estudio y sus posibilidades formativas. Un científico, por tanto, capaz de pensar y reflexionar con finura sobre los frutos de la investigación científica al haber capacitado su criterio al encuentro de ese legado intelectual y de experiencia que comparten las diversas disciplinas del saber humano. Erwin Schrödinger, una de las referencias de la ciencia del siglo XX, autor de “Qué es la vida”, un clásico de la literatura científica que se anticipa décadas por las programáticas de investigación indicadas y por la reflexión que aporta. Finalmente, Erwin Schrödinger, un científico que sabrá ver las llamativas sintonías entre ciertas sabidurías de corte espiritual-unitario –especialmente del Vedanta- y los desarrollos de la ciencia contemporánea. Tales sintonías las entenderá no sólo desde una mera comparativa de contenidos sino reconociendo el método vivencial de unas sabidurías que básicamente atenderán al fenómeno y a la vida anímica.


Sobre la cuestión abierta por el cientificismo en su pretensión de reducir el campo del conocimiento humano a lo empírico-positivo –un mal endémico de graves consecuencias- este Premio Nobel nos advertirá en su libro “Mi concepción del mundo” de cómo la quiebra de la metafísica clásica suele suponer su sustitución por constelaciones de dogmas mucho más estrechos e ingenuos que los típicos de la metafísica. Reconocer el ámbito propio de las humanidades y su vinculación básica con lo existencial y lo fenoménico estará en la base de su dura crítica a ese cientificismo excluyente. Las ya mencionadas obras, “Qué es la vida” y ”Mi concepción del mundo”, o ”Ciencia y humanismo” serán buenos ejemplos del perfil intelectual descrito.


I

Desde el punto de vista de un blog temático como éste el interés de la obra “Qué es la vida” apuntará a la reflexión que Schrödinger propone sobre los procesos de la vida. Tal reflexión partirá de la comparativa que este físico aborda entre los procesos propios de los organismos vivos y los puramente físicos. La comparativa descrita nos indicará la singularidad de los organismos vivos. Desde esta singularidad, capaz de mostrarnos el ser de la vida, esbozaremos algunas conclusiones sobre la experiencia facilitada por los fármacos visionarios. Consideremos que toda experiencia de estas características no será sino la liberación de posibilidades latentes referidas a la vitalidad de un cuerpo. De ahí la pertinencia de preguntarse, atendiendo a la singularidad de los procesos propios de los organismos vivos, cómo la vida del hombre queda dinamizada al encuentro de los fármacos visionarios.


Si atendemos a la obra de Schrödinger el despliegue de modos crecientes de orden será el ser de la vida; lo que nos muestra a los organismos vivos como un todo ordenado que anima su propia vitalidad a partir del orden del que esos organismos se nutren. Este físico es muy contundente al entender el ser de la vida desde su intensa capacidad de orden en claro contraste con los procesos puramente físicos. Esta capacidad para un orden estable capaz de incorporar su propia potencia para mutar y transformarse bajo ciertas condiciones –“orden a partir de orden”-será lo que singularice la vida de los procesos biológicos. Schrödinger apelará a lo que llama estructura o esquema –pattern- en cuatro dimensiones, refiriéndose no sólo a la estructura y funcionamiento de un organismo en un cierto momento de su desarrollo sino atendiendo “al conjunto de su desarrollo ontogenético , desde el huevo fertilizado al estado de madurez”. Con lo que todo organismo vivo dependerá de un criterio de ordenación dinámica que se desarrolla en el tiempo brindándose de maneras diferentes ante circunstancias diversas. En la comparativa entre los procesos físicos y los biológicos Schrödinger caracteriza los primeros con la máxima “orden a partir del desorden” aludiendo a cómo las regularidades y las leyes físicas funcionan exclusivamente a un nivel macrofísico que, paradójicamente, descansa sobre un caos microfísico, atómico y molecular, considerable. De ahí su expresión “orden a partir del desorden”. Asunto bien diferente será lo propio de los procesos de la vida en los que esa capacidad de orden será mucho más acusada haciéndose presente tanto a un nivel macrofísico como microfísico –“orden a partir de orden”-.


Esta programática general de la vida podría servirnos de inspiración a propósito del encuentro con los fármacos visionarios atendiendo incluso a su potencial desestructurante. A este respecto no olvidemos que nociones como crisis o catarsis encuentran su significado originario en el discernimiento y acceso a planos de sentido emergentes, esto es, a modos de orden más elaborados. Como se hace evidente esa capacidad de sentido de la vida humana estará en relación directa con el propio ser de la vida y sus procesos. De hecho el propio Schrödinger, en su obra “Mi concepción del mundo”, pondrá en relación la evolución de la vida anímica precisamente con aquello con lo que quedamos confrontados. Según este físico ahí se jugará nuestra creatividad, nuestra capacidad para evolucionar y nuestra propia conciencia.


Cualquier apelación al caos deberá tener pues, muy a la vista, el carácter esencialmente ordenado y potencialmente creativo de todo lo que tenga que ver con los organismos vivos. Según Schrödinger “la vida parece ser el comportamiento ordenado y reglamentado de la materia que no está asentado exclusivamente en su tendencia de pasar del desorden al orden sino, en parte, en un orden existente que es mantenido”. Este reputado físico nos ilustrará sobre de la tendencia al caos que produce la segunda ley de la termodinámica y como ésta queda en relativo suspenso para los procesos biológicos. De acuerdo a su criterio el ser vivo se “nutriría” de orden para evitar la degradación en ese estado inerte de equilibrio caótico o muerte entrópica al que tendería todo proceso físico. La segunda ley de la termodinámica no será sino “la tendencia natural de las cosas de acercarse al estado caótico”. Por eso “el mecanismo por el cual un organismo se mantiene a sí mismo en un nivel bastante elevado de orden (= un nivel bastante bajo de entropía) consiste básicamente en absorber orden de su medio”. Siendo la dimensión del orden lo que caracteriza a los cuerpos vivos no creo que sea baladí atender a esa singularidad a la hora de entender la vitalidad humana y sus procesos. De esta característica fundamental de la vida se deducirá que, en relación a la vida anímica, toda apelación al caos o a todo modo de crisis, fractura, desestructuracion o discontinuidad tendrá como su contexto natural la sintonía con la precisión ordenada de la vida. De ahí que toda crisis venga a resolverse en modos emergentes de orden desde esa capacidad para la metamorfosis y el cambio que observamos en los procesos de la vida. Parte de la obra que nos ocupa se dedicara al estudio de esta capacidad de cambio. Por un lado Schrödinger postula la acentuada estabilidad de los órdenes de la vida y de los organismos vivos. Al tiempo nos indica la existencia de cierta capacidad para el cambio en la confrontación con contextos cambiantes que terminan por resolverse en el advenimiento de modos emergentes de orden.


Las nociones de caos y orden, aparentemente antagónicas pero, a la postre, vinculadas en la matriz ordenada de la vida, nos proporcionan metáforas y rastros de sentido de gran relevancia para el hombre. Ya desde la Grecia antigua, el encuentro con el caos vendrá a pensarse como ese origen a partir de cual el cincel de la propia maduración ordena paso a paso el proceso de plenitud de la vida. La riqueza aportada por la cópula del caos y el orden es un torrente vigoroso. Nos la encontramos en la mitología clásica, en la filosofía griega, en el pensamiento y el imaginario de muchos pueblos de la antigüedad, en el núcleo de desenvolvimiento de las disciplinas científicas modernas… Con seguridad estamos ante una mediación hermenéutica privilegiada y ante de uno de esos enlaces paradójicos (caos/orden) que nos revelan el encuentro del hombre con la vida misma, su emerger en esa venida al orden que singulariza los procesos vivos. Por eso mismo la tremenda potencia y la pervivencia en ámbitos y usos del lenguaje tan variados del enlace caos/orden. Las palabras tejen el mundo y la mentalidad de los hombres. En lo referente a tal tejido pocas palabras tan fértiles para lo humano como el plano de sentido que vienen a brindarnos el enlace copulativo y preciso de caos y orden. Hablamos de palabras pero, en realidad, hablamos de algo más. Las palabras cartografían la fibra y la vitalidad de lo humano al encuentro con la vida. En este caso la referencia es de privilegio. Con seguridad en la armoniosa danza del caos y el orden lo humano viene a cobrar figura y medida. Bien lo sabía Fiedrich Nietzsche en “El nacimiento de la tragedia”. En esta obra Nietzsche hará depender del equilibrio de ambos la creatividad humana. El caos, el orden y sus comunes hijos el equilibrio, la creatividad y la plenitud. Dionisos y Apolo enlazados por Harmonia. El caos así quedará incorporado por la singularidad ordenada de la vida en lo que sería su propia capacidad de renovación.


II

En relación a la ebriedad que nos brindan las sustancias visionarias esta metáfora del caos y el orden es tremendamente sugerente. Siendo la vida una expresión ordenada con capacidad de renovación cualquier riqueza aportada por los fármacos visionarios, necesariamente, será la de enunciar esta singularidad de la vida en la emergencia y el reconocimiento de planos de sentido –orden a partir de orden- que reporten intensidad y plenitud. Sin embargo, lo que suele primarse, especialmente en los ambientes influidos por ciertas psicoterapias, son las referencias al caos y a los modos de catarsis y desestructuración. Creo importante recordar cómo la llamada escuela psicolítica de impronta freudiana, que combinó en los años 50 psicoanálisis con LSD, entendía la ebriedad brindada por los fármacos visionarios como un mero episodio de desestructuración -el yo cediendo su dominio a la emergencia desordenada del inconsciente- ; lo que aporta una perspectiva tan cierta como pobre. Si a esta referencia añadimos la de la escuela catárquica y su apología de un efecto desestructurante pero, de suyo, sanador y terapéutico –así, sin mayor matiz- calibraremos lo lejos que nos encontramos de un arte a la altura del trabajo exigido por los fármacos visionarios. Pareciera que la programática de estudios sobre los enteógenos promovida por Yensen, y que debiera evolucionar desde el paradigma psicolítico y catárquico a uno capaz de adentrarse en la integración de los aportes de sentido propios de este género de experiencias, se hubiera quedado en un mero desideratum… Como se hace evidente la prohibición promueve todo tipo de problemáticas asociadas a la investigación complicando la misma. Además, convocar el caos y frivolizar con él –orden a partir del desorden-, dando por sentado dogmaticamente las supuestas estructuras de orden que emergerían sin más del mismo, no será tarea en excesivo compleja. Asunto bien distinto será facilitar contextos de experiencia que promuevan esos aportes de sentido o trabajar serenamente y a largo plazo en la integración de lo experimentado en la más absoluta cotidianidad. Quiero que se me entienda. No censuro a quienes con tino saben incorporar en un contexto terapéutico amplio y de calado referencias como las de crisis o caos con la vista puesta en la creatividad de la vida anímica. Me limito a indicar que acaso haya quien juegue ciegamente con estas referencias para vestir su incapacidad a costa de la ingenuidad de los incautos reclutados, previo pago, para sus actividades y sesiones enteogénicas. En estos casos la propia delicadeza de una forma ordenada, en este caso la del psiquismo humano, podría verse implicada en algún descalabro. Asunto este bien serio. No olvidemos que el caos, al margen de la tendencia al orden incorporada por los organismos vivos, esto es, al margen de formas precisas que lo resuelvan, no será sino esa tendencia a la degradación entrópica enunciada por la segunda ley de la termodinámica. Si trasladamos lo dicho a la organización de una velada enteogénica ésta, precisamente por amparar modos de crisis y catarsis, dependerá de un saber hacer y de un contexto muy bien aquilatado. Trabajar con las capacidades de metamorfosis y de evolución del hombre, con esas crisis y con esas posibilidades de catarsis, si algo exige, será un saber muy preciso capaz de incorporar el caos en la tendencia general al orden de los organismos vivos. No bastará pues con irresponsables apelaciones al caos. La vida y la activación de su potencia creativa nos exigirán formalidades precisas. 


Los movimientos del alma son complejos y lo cierto es que escandaliza constatar el uso frívolo que ciertas cutrerapias hacen de todo esto proponiendo que el mero caos resulte ya de por si creador –“orden a partir del caos”- desatendiendo destreza, saber o contexto de orden alguno… O lo que es peor, ocultando la propia incompetencia para ofrecer un marco digno y orientado de experiencia que facilite la posible emergencia en el experimentador de aportes de sentido. Y es que habrá quien, teniendo la audacia de autoproclamarse “organizador de sesiones”, se complazca en los desordenes ajenos como si todo caos fuera per se deseable: “Orden a partir del caos”. Reveladoramente esta indicación, según Scrhödinger, ni siquiera sería caracterísca de los procesos de la vida… Como ya he indicado, acaso el peor saldo dejado por ciertas psicoterapias de corte catárquico, sea considerar esta variedad de ebriedad como una experiencia de caos, de desestructuración o de abreación del inconsciente en sí mismo sanadora y valiosa.


Creo importante apuntar como todos estos despropósitos irán de la mano de una degradación extrema de la idea de catarsis. Sin embargo, catarsis, en su significación más originaria, no es ni gritar ni abrirse desordenadamente sino que alude a esa conmoción típica del alma que purifica y re-ordena su mirada. Por eso las catarsis que procure la experiencia de estas sustancias tendrán que ver más con la entrada en escena de ciertos procesos de refinamiento de la percepción -o incuso con modos inéditos de encuentro con la vida- y menos con el desahogo desordenado de contenidos reprimidos. En tal catarsis originaria la propia desazón y un cierto orden emergente serán las dos caras de la misma moneda. No se trata pues de chillar para desaguar sino de saber acoger determinadas tomas de conciencia… La vida no es más que orden pugnando por mantener o renovar su propia pauta ordenadora.


Las experiencias que nos llevan más allá de los límites impuestos por las convenciones y los condicionamientos sociales tienen que ver con modos de fractura pero al tiempo con nuevas medidas y geometrías que elaboran la vida de un modo más armonioso y pleno. Estamos ante un tema muy serio, el del hombre con el corazón vivo que queda confrontado en su creatividad con las potencias y desafíos de su propia vida. Las sendas de la ebriedad sin ser una mera cuestión de geometría exigen saber de orden y medida. Caos, orden… Nos movemos en un modo de pensamiento paradójico y acaso las excelencias de ciertas experiencias de caos, de superación de limites o de quiebra de ciertas convenciones dependan de un saber hacer y de una geometría visionaria hasta ahora casi inédita. Tal geometría visionaria debiera apuntar tanto al propio espacio en el que acontece la experiencia, orientándola en su propia medida, como a las necesarias praxis de integración, elaboración y consolidación de lo vivido. En relación a esto último, muy probablemente, ciertas dosis de introspección, terapia y análisis, así como la inmersión en praxis como la meditación –en un contexto serio-, sean asuntos ineludibles. No basta con el mero experimentalismo ni con una fe burda en una “desestructuración estructurante” –“orden a partir del desorden-“. Cualquier modo de orden o aporte de sentido brindado por una experiencia con fármacos visionarios requerirá de estrategias ordenadas para su integración así como del necesario saber hacer capaz de dotar de forma y finalidad al “espacio de experiencia”. Todo esto debería traducirse tanto en una geometría ritual como de elaboración de la experiencia en la más absoluta cotidianidad y sobriedad -“orden a partir del orden”-. El desorden integrado en la creatividad y la determinación hacia el orden por el que pugna la vida. La atmósfera ordenada propia de la vida enunciando sus propias estrategias de renovación.


Schrödinger en su obra “Mi concepción del mundo” hará depender la propia conciencia de esta perspectiva dinámica que acontecerá en la evolución y en la superación de lo que nos viene dado. En sus propias palabras “cada día la vida del individuo debe representar una porción de la evolución de la especie, por insignificante que esta sea, un golpe de cincel… La conciencia es un fenómeno de la zona de evolución. Este mundo se encuentra a sí mismo donde , y únicamente, mientras se desarrolla, donde genera nuevas formas. Las áreas pasivas escapan al brillo de la conciencia, se petrifican; sólo aparecen por su interacción con las áreas de la evolución”. Anticipándose décadas al estudio de la ductilidad cerebral y en este mismo libro nos dirá “a los procesos cerebrales les corresponde conciencia precisamente en tanto en cuanto estos sean modificables por las condiciones ambientales…”. De esta manera la apelación general al orden que realiza Schrödinger como singularidad de los procesos de la vida también integrará la crisis y el propio caos que desestabiliza el orden. Por eso, en esta misma obra nos dirá desde una perspectiva necesariamente dialéctica “la conciencia y la discrepancia con uno mismo deben estar inseparablemente relacionadas”. Ahora bien, no de cualquier manera sino atendiendo a una geometría emergente… La misma geometría ritual y de integración que exige la experimentación con fármacos visionarios.


Finalmente, cualquier apelación al caos, necesariamente, lo será al complejo proceso de desasimiento respecto de lo caduco en un contexto de emergencia de nuevas formas y maneras, esto es, de nuevos planos de sentido y expresiones de orden más elaboradas. En realidad el movimiento básico de evolución del alma responderá a ese patrón dialéctico que enunciara Platón y aludiera Schrödinger. De acuerdo a la dialéctica platónica las escisiones o pares de opuestos vendrán a quedar conciliadas en planos de sentido que darían cuenta de ambos contrarios en tanto polaridad enlazada o síntesis. La vida del alma girará pues en torno a esa capacidad de hacer consciente planos de sentido cada vez más integradores. Acaso la vida plena del hombre no responda, por decirlo en las palabras de Schrödinger, sino a la de “aquellos verdaderos amantes que al contemplarse uno en los ojos del otro se dan cuenta de que su pensamiento y su alegría son numéricamente Uno”. El Cosmos y el hombre siendo Uno; y el todo encontrando de esta manera una plenitud ordenada más allá de toda dualidad o escisión.


Creo importante reivindicar esta noción de orden y de rigor matemático en lo referente a las investigación de los efectos de las sustancias y plantas visionarias. Tanto por lo que se refiere a los propios espacios rituales y diseños escénicos que deben acoger la experiencia como en lo referente a la tarea de integración que discretamente espera en la vida cotidiana. La vida es orden y capacidad para el orden. Por eso cualquier proceso anímico es acogido por esta característica singular de la vida. Como sabemos Pitágoras fue el gran sabio del orden y de la armonía, de la matemática como espejo del cosmos y del alma, de la ciencia de la Unidad, del secreto vivo de los números Acaso no deba sorprendernos que la propia tradición pitagórica atribuya la iniciación de Pitágoras a su encuentro con un chaman. Como bien sabía Nietzsche la ebriedad dionisiaca nos exigirá la medida apolínea: Arte, medida y saber hacer. Sólo así la locura y la “salida de sí” nos brindaran esas bendiciones que Platon vincula con la influencia de los Dioses. En sus propias palabras “Nuestras mayores bendiciones nos vienen dadas por la locura… a condición de que ésta nos sea inspirada por los dioses”. ¿Cabe mayor toma en consideración del orden y de la forma ordenada como contexto propio de toda praxis de modificación de conciencia?


Aquí nos quedamos en esta entrada. Más allá de la misma no puede dejar de resonarme ese interés de Schrödinger por el Vedanta y por el valor vivido de las experiencias unitarias, una potencia del hombre que puede ser indicada al encuentro de los fármacos visionarios. En “Mi concepción del mundo”, una de sus obras de más sesgo filosófico, este físico cuántico apelará a cómo el desplegar de esa potencia indica un especial modo de intimidad del hombre, que se identifica con la totalidad -“yo soy la totalidad”- y que es “todo en todo”. Esa intimidad quedará paradójicamente referida al exterior, identificada con lo que le circunda –“tu eres eso”- y desidentificada de la propia particularidad considerada como mera apariencia… Schrödinger, que para realizar estas apreciaciones se valdrá básicamente del Vedanta, estará perfectamente al tanto de la potencia vital de las mismas y de las implicaciones éticas que acogen. ¿Hasta cuando la sociedad actual obviará el estudio sistemático y pluridisciplinar de las fármacos visionarios para entregar su gestión a las mafias criminales o a los pirados new age?

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(1) Todos los entrecomillados son sendas citas de Erwin Shrödinger pertenecientes al libro “Qué es la vida”. Excepto las que expresamente queden referidas a “Mi concepción del mundo”

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