domingo, 6 de mayo de 2012

"Las cartas de la ayahuasca": William S. Burroughs y la búsqueda de la visión.

“Salid de la palabra del tiempo y de toda esa mierda…

A través de todos vuestros cielos ved
la escritura del espacio, la escritura del silencio…”(W.S.B)


Hacia la mitad del siglo pasado el escritor y viajero errante William S. Burroughs dirigió sus pasos hacia la Amazonía con la intención de encontrarse con la entonces casi desconocida ayahuasca, una cocción elaborada con diversas plantas y que tiene como base la liana Banisteriopsis Caapi. El libro que nos ocupa, “Las cartas de la ayahuasca”, recoge precisamente la correspondencia que Burroughs mantuvo con Allen Ginsberg durante tal peripecia. Por aquel entonces, en los años 50, bastante poco se sabía de la ayahuasca. De hecho, las informaciones que Burroughs nos transmite en sus cartas son de las primeras referencias que podemos encontrar fuera de contextos muy especializados. Con seguridad, la intensísima e impenitente afición de Burroughs a farmacopea y farmacofilia le facilitó el acceso a toda una serie de informaciones poco difundidas y relativas a una planta, la Banisteriopsis Caapi que, al parecer, contenía un alcaloide -la entonces llamada telepatina- capaz de brindarnos una ebriedad de naturaleza visionaria hasta entonces desconocida. Las supuestas propiedades telepáticas y visionarias que se atribuían al alcaloide cautivaron lo suficiente el alma aventurera de Burroughs como para dirigir sus pasos a Colombia, Ecuador y Perú. En realidad, toda una aventura sin precedentes para la época no exenta de las típicas incertidumbres de un viaje tan peculiar. Las cartas que Burrouhs escribiera a Allen Gisnberg narrando sus peripecias, además de alguna del propio Ginsberg -que también terminaría por dirigir sus pasos a la Amazonía-, serán la bitácora personal de todo este periplo. Creo importante destacar el carácter de auténtico pionero y hombre de frontera demostrado por Burroughs. Un carácter, por cierto, completamente a la altura de esa gran visión de Kerouac sobre marginales errantes y autoexiliados del sistema que se aventuraban a buscar el libre espíritu en una era de existencias programadas y codificadas hasta el extremo. En el caso concreto de Burroughs, probablemente, nos encontremos en pleno siglo XX ante un auténtico goliardo dotado de una imaginación y una intuición desbordante. Burroughs, siempre a corazón abierto, con todas sus luces y sus sombras más que al aire; en plena Amazonía. El propósito de Burroughs nos lo expone él mismo con total claridad: "Me siento dispuesto a irme al Sur en busca del éxtasis ilimitado que abre en vez de cerrar como la droga. El éxtasis es ver las cosas desde un ángulo especial. Tal vez encuentre en la ayahuasca lo que he estado buscando en la heroína, la yerba y la coca. Tal vez encuentre el éxtasis”; el éxtasis, la visión, la mirada de privilegio.


Los contactos de Burroughs sobre el terreno eran pocos y sus referencias escasas. Tras pasar por los típicos timos, acaso la más recurrente aduana de paso en estas lides, alcanzará los contactos adecuados como para conseguir ayahuasca y, sobre todo, para acceder a la típica ceremonia de curandería y de sanación amazónica. Burroughs nos hará un precisa descripción de esta ceremonia, con sus canturreos y su penumbra, en la que destacará la benéfica y prudente presencia del “maestro” y de su salmodia. Quien conozca la despiadada, mordaz, bestial, imaginativa e iconoclasta literatura de este autor sabrá valorar su agradecida disposición hacia el ritual amazónico al que asistió.


El interés de William S. Burroughs por la ayahuasca estará muy decantado por su condición de escritor y por su manera de entender la creación poética. Atendiendo a la misma el creador deberá ser capaz, a partir de la perturbación de los sentidos y de sus propios convencionalismos, de encontrar esa visión iluminada que mide y revela las claves y el calado de la vida. En su manera de entender la ebriedad resuena toda la tradición del éxtasis poético; sobre todo Rimbaud y acaso, más avant la lettre, la ebriedad platónica. De esta manera, una peculiar ruptura perceptiva con las convenciones sociales y con la imagen convencional del mundo serían el alimento poético de todo arte y de todo pensamiento de altura. Burroughs anhelará encontrar en la ayahuasca ese ángulo de visión privilegiado desde el que contemplar renovadamente la vida y percibir una perspectiva significativa de las cosas. La búsqueda de la visión estará, pues, en la base del interés de Burroughs por la ayahuasca. Este interés por la textura de lo visionario atravesará a toda la generación beat y, sin lugar a dudas, nos ofrecerá claves de gran relevancia a la hora de entender la experiencia visionaria. Calibremos cómo la cualidad visionaria anhelada por la generación beat no se refiere tanto a un mero visionado de imágenes sino a la irrupción de una visión iluminada y encantada capaz de acceder a ciertas claves ocultas y discretas de la vida. Si bien es cierto que, en el caso de Burroughs, el interés por abrir el alma a este género de experiencias tiene mucho que ver con dinamizar su creatividad poética y su portentosa imaginación, no es menos cierto que la propia complejidad y riqueza visionaria desborda este afán particular para convertir la experiencia en un tanteo de aproximación a esos misterios de la existencia y de la vida entera; del tiempo, de la vida y de la muerte.


Como muestra de la integración de ese “anhelo de éxtasis poéticamente relevante” y del auténtico acercamiento al misterio que estas experiencias pueden brindarnos sirva la aplicación de las técnicas del collage abordado por Burroughs para la elaboración de un brillante texto literario incluido en “Las Cartas de la ayahuasca”. Un texto en el que, lejos de todo código lineal, los párrafos y la líneas son recombinables y legibles en cualquier orden sin por ello dejar de insinuarse un plano discreto que emerge y engarza todo el texto. Como si de una experiencia de ayahuasca se tratara o una audición de jazz bop, un motivo se repite y se recombina a diversos ritmos y velocidades, con diferentes perfiles… Esta ruptura de la linealidad narrativa apuntará a la ruptura con la conciencia ordinaria y la temporalidad lineal; “por qué volver a eso” nos dirá Burroughs en la introducción de este experimento creativo. No hay nada que temer en la ruptura con la convención social y las categorías predefinidas. En sus propias palabras “No hay nada que temer. No hay nada en el espacio. Salid de la palabra del tiempo y de toda esa mierda… A través de todos vuestros cielos ved la escritura del espacio, la escritura del silencio…”. La propia selva de nuestras categorías mentales, “esa mierda” según Burroughs, generaría un mundo de previsiones que sólo escondería nuestro propio temor, nuestra peculiar codificación y nuestros anhelos de seguridad. Más allá la escritura del silencio y el espacio vacío.


A la hora de reseñar “Las cartas de la ayahuasca”no puedo dejar de mencionar la breve aportación de Allen Ginsberg al libro. Creo importante destacar su prudencia a la hora de decidir no dar ayahuasca a terceros por no tener la suficiente destreza; o la confianza de enviar a Burroughs algunos esbozos poéticos de relieve. Así nos dirá Ginsberg en una de sus estrofas ”El resonante sonido en todos los sentidos/ de todo lo que ha sido Creado/ todas las combinaciones repitiéndose una y/ otra vez como antes”. En palabras de Ginsberg naderías y garabatos fuera de la escritura de Uno-adonai. La escritura de Uno. Acaso esa misma escritura del silencio que nos indica Burroughs. Los locos de Dios y su borrachera perpetua. Esa misma borrachera de vida que a todos nos interpela y confunde.

5 comentarios:

hiniare dijo...

Hola, JC. No sé si conoces la cadena de premios blogueros Liebster Blog. A mí me ha llegado y con mucho gusto te paso el premio. No es obligatorio continuar, sólo un recordatorio de que te sigo aunque no comente, como supongo que muchos harán. Y si sirve para difundir otros blogs, pues mejor.
Saludos,
h.

jcaguirre dijo...

Hola Hiniare. Yo también sigo tu blog que me parece excelente. Miro a ver que es lo de Liebster. Ultimamente tengo menos comentarios aunque de entradas no me quejo.

jcaguirre dijo...

He visto lo de leibster blog y te agradezco mucho tu confianza. Seguiré la cadena. Creo que es una buena manera de que los blogueros difundan la obra de otros blogueros. Además sin burocracia alguna; de unos a otros

Anónimo dijo...

Se te lee...no lo dudes.
un abrazo.
Tula de Fractales

jcaguirre dijo...

Un abrazo Tula