lunes, 23 de julio de 2012

Agua de beber

Un niño que ve:

Frescor y pureza. Aguas cristalinas, sin traza alguna de suciedad. ¿Quién bebiera de ese agua? Al fondo, un lecho de piedras anaranjadas, ocres, blanquecinas. Sobre el lecho, oro; pequeñas piedras de oro; pepitas de oro; Oro solar, brillante, fino…

Amarillo nos brinda sus reflejos rojizos.

El oro; del vientre de la tierra, alquimia milenaria. Su eco cálidamente nos habla en el oído. El deseo despierta. El corazón se encharca. La piedra se reconoce líquida; líquida y cálida. El deseo mira sus hebras profundas.

Sobre el oro las hormigas patrullan. Hormigas oscuras de grandes cabezas y sólidas tenazas. Se mueven rítmicamente. Sus negras corazas nos devuelven reflejos de sombra. Su brillo es impoluto. Sus tenazas repiquetean. Sólo nadie osaría acercarse; nadie visible, nadie que ande, nadie que hable. Mi nombre es nadie. Nadie fue niño antes de ser nadie. Nadie en el agua.

En el silencio veo un agua cristalina, un fogonazo que deslumbra. Allí la Nada burbujea y el oro líquido chapotea en el vientre de la piedra. El silencio es vida; vida y agua. Agua de beber.





2 comentarios:

Jan dijo...

Reflexionaba después de leer tu precioso escrito, sobre el papel destacado del simbolismo del agua tanto en textos sagrados de Oriente y Occidente, como en tratados alquímicos y poemas de todos los tiempos, como elemento inspirador de toda alma creativa para expresar profundas intuiciones. Se hace referencia en ocasiones a las "aguas superiores", ligadas a lo eterno, y las "aguas inferiores", sujetas a lo temporal y transitorio, algo que también se pone de relieve en las diferentes significaciones metafóricas a las que se recurre en la expresión poética.
Actualmente estoy enfrascado en lecturas de Henry David Thoreu, aquel alma de poeta que se fue a vivir a los bosques. Me gustó especialmente un parráfo, que ahora después de leer tu "Agua de beber" me ha venido de nuevo a la memoria. No me resisto a transcribirlo aquí:

"El tiempo es solo el rio en el que voy a pescar. Bebo en él; pero mientras bebo, veo el lecho arenoso y descubro cuan superficial es. Su fina corriente se desliza a lo lejos, pero la eternidad permanece. Yo bebería más profundamente, pescaría en el cielo, cuyo suelo está tachonado de estrellas. No puedo contar una sola. No se siquiera la primera letra del alfabeto. Siempre he deplorado no ser tan sabio como lo era el día en que nací".

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jcaguirre dijo...

Tengo un ojo vuelto hacia Thoreau, tambien hacia Whitman y Pound, ultimamente ya que quiero escribir un libro sobre la generación beat y la recepción del Zen en Occidente. Habría sido otra sin la enorme popularidad que le dan los beatniks(basicamente Jack Kerouac, Gary Snyder o Philip Whalen). Hay quienes les han criticado por no tener un acercamiento al Zen "ultraortodoxo" pero claro es que estamos hablando de un tanteo inicial con lo que es un sinsentido pedirles más ya que su función no es la de ser maestros de zen...

Sobre lo del agua me interesan mucho las metáforas entre la vida del del alma, los 4 elementos y el calor y el frío. Un agua inferior, gélida, en que las formas se diluyen y con ellas los procesos de plenitud de esas formas y un agua eterna capaz de esa plenitud; mercurial, dotada de cierta calidez y capaz de toda forma. En fin, las palabras siempre nos exceden.