jueves, 23 de agosto de 2012

La ayahuasca en Europa(los primeros años del nuevo milenio): El estado de la cuestión en España y algunas consideraciones previas

Con esta entrada quiero atender a la evolución del proceso de recepción de la ayahuasca en Europa durante los años que siguieron al año 2000, ciñéndonos al caso español. Estamos ya en 2012 y los últimos años han conocido cambios importantes respecto de lo que aquí se va a afirmar. Los cambios son muy contradictorios ya que han supuesto incautaciones y represión policial pero, al tiempo, han puesto de manifiesto la no punibilidad de la importación y manipulación de ayahuasca por considerar los organismos internacionales competentes que ésta queda fuera de la legislación penal internacional y de los correspondientes tratados internacionales de tráfico de estupefacientes. A esta nueva, contradictoria y confusa fase, la de los ultimísimos años, dedicaré una próxima entrada.

Sobre este tema del proceso de recepción de la ayahuasca en Europa ya dediqué una entrada a los años que precedieron al 2000. Como ya indiqué los noventa fueron un tiempo de activación de estudios y de propuestas innovadoras. Paradójicamente el proceso abierto dependía de cierta penumbra, de la discreción y del desconocimiento que la sociedad tenía de este complejo fármaco visionario. Dicha penumbra amparó el proceso de reconocimiento legal de las iglesias ayahuasqueras cristianas de origen brasileiro y de su libertad de culto, el despegue de cierta actividad investigadora y experimentadora -discreta y reservada a ciertos círculos- y, también, los enriquecedores contactos con tradiciones nativas americanas o de curandería mestiza. Esta presencia de la ayahuasca en España, acotada a ciertos ambientes, era completamente ajena a los cauces de distribución, modos y maneras del mercado negro de drogas.


Antes de nada creo que conviene hacer una serie de consideraciones previas, a modo de declaración de principios, desde las que acometer mi descripción y mi análisis. Lo primero es recordar cómo la etimología de fármaco -pharmakon- alude no sólo a medicina sino también a veneno; según se use con destreza o ignorancia. Esta etimología nos recuerda nítidamente cómo cualquier saber que invoque a las potencialidades como medicina de la ayahuasca–en un sentido psicoanímico e integral; no biomédico- y a su potencial sanador debe manejar protocolos tasados y precisos… Pharmakon… Pocas palabras expresan tan bien el perfil propio de las sustancias y plantas visionarias. Este carácter de pharmakon nos deja a las claras la necesidad de saberes, reglas, contextos, marcos.... También de ciertos escenarios y de ciertos modos y maneras. Esta noción de la ayahuasca, como pharmakon o medicina capaz de promover la salud y los equilibrios anímicos, será indicada también por lo aportado desde la medicina y curandería nativa. Un ejemplo de lo afirmado será el mito -narración- de descubrimiento y encuentro con la ayahuasca narrado en el libro de Frank Bruce Lamb “Un brujo del alto amazonas” en el que se narran las peripecias del hombre-medicina mestizo Antonio Cordova-Rios. El mito en cuestión desvela el encuentro en el origen entre la ayahuasca y el hombre. En la narración mítica quedan indicadas la capacidad de visión, de sanar y equilibrar, pero también la de destruir. Un mito -narración- humanamente complejo que contrasta con las milagreras y simplonas narraciones que sobre la ayahuasca viene elaborando la new age.


Ambas perspectivas, la de la riqueza que nos aporta el propio lenguaje a través de la etimología de pharmakon y la de la memoria de esas culturas que supieron integrar los efectos de los fármacos visionarios, nos sirven inmejorables instrumentos de discernimiento a la hora de evaluar la recepción de la ayahuasca en las sociedades occidentales modernas. Ambos referentes, por su propia complejidad y por la diversidad de matices que nos muestran, nos indican con rotundidad cómo este proceso de recepción, necesariamente, tendrá un formato dialéctico, estando sometido a contradicciones que habrá que ir superando. En Europa los contextos capaces de encontrar esa forma o figura que dé cuenta del uso de los enteógenos no pueden emerger de un día para otro. Por eso, al día de hoy, los entornos verdaderamente valiosos serán los que desplieguen modos y maneras capaces de madurar y refinar dicho proceso. Sencillamente se trata de dejar hacer a la creatividad humana y a su capacidad para integrar los desafíos con los que queda confrontada. Prohibiciones aparte, el espíritu es creatividad y, por eso mismo, libertad; libertad que se brinda en la plenitud de la forma alcanzada; la potencia creadora de la vida, su genio espiritual, su plenitud… Los noventa constataron pasos ciertos en la dirección apuntada y también encuentros enriquecedores. La llegada del nuevo milenio cambió mucho las cosas y, precisamente, de eso es de lo que trata está entrada.


Estos primeros años del tercer milenio, básicamente, trajeron la creciente popularidad de la ayahuasca. En este proceso el protagonismo de internet fue decisivo. Internet multiplicó exponencialmente las posibilidades de información y de contacto. Los hasta entonces, discretos y poco visibles ambientes ayahuasqueros, se hicieron de más fácil acceso. La ayahuasca, ese complejo y desconocido fármaco visionario, pasó a ser cada vez más conocido. Los entornos y disposiciones básicas cristalizadas en los noventa fueron capaces de desenvolverse en el nuevo escenario y continuaron su desarrollo. Con todo, aparecieron nuevas maneras y actores que introducían variantes y sobredimensionaban ciertas contradicciones. A esos nuevos actores quiero dedicar esta entrada ya que fueron la principal novedad que aconteció en esos años. Me refiero en concreto a los “organizadores de sesiones” y a los diversos pseudochamanes de corte más o menos new age y con vínculos fingidos o paródicos con alguna tradición amazónica. Su irrupción vino a configurarse en tanto mecanismo de mercado a través del cual una oferta pretende satisfacer una demanda. Entre los mismos encontraremos desde pícaros delirantes a psicoterapeutas desubicados.


Mi propósito es centrarme en estos “organizadores de sesiones” en tanto subvariante propia del mercadillo espiritual de nuestro tiempo. Trataré de esbozar ciertos rasgos que inviten al análisis de un panorama complejo. En este sentido, conviene no olvidar que en esos años los ambientes más serios y de más trayectoria convivieron con auténticos pirados además de con variantes a medio camino entre ambos polos. El hecho de que en esta entrada nos centremos más en la novedad de estos “organizadores de sesiones” no olvida la actividad continuada de los entornos más capaces.




Como se hace notar, el hecho de que la ayahuasca se fuera conociendo más -no sé si mejor- trajo transformaciones de gran calado. La primera fue el surgimiento de una demanda consolidada y creciente de ayahuasca. Esa demanda, por el perfil farmacológico de las cocciones de ayahuasca y, sobre todo, por el perfil tipológico de los demandantes no podía ser satisfecha por el mercado negro de drogas. El demandante de ayahuasca, por regla general, tiene un perfil más atento al desarrollo personal y a las cuestiones espirituales que al ocio; lo que supondrá, en principio, la valoración no sólo de la mera ingesta sino de un contexto que la brinde. Como resultante de esta demanda creciente la penumbra reservada en que se apoyaba el proceso abierto en los noventa se vió progresivamente perturbada. Todos los problemas surgidos tendrán en esta visibilidad devenida su condición previa. No olvidemos que la escasa visibilidad era precisamente lo que facilitaba este proceso de recepción de la ayahuasca.


En estos primeros años del nuevo milenio vemos, pues, cierta continuidad con los noventa -la del tipo de demanda- y cierta fractura, la de la pérdida de esa penumbra discreta que había amparado el desenvolvimiento de los ambientes ayahuasqueros. Este panorama auguraba una crisis de crecimiento sin que, desde mi punto de vista, hubiera la suficiente madurez. Con todo, los problemas más relevantes no vinieron desde la insuficiente madurez de los entornos ayahuasqueros sino que se derivaron del incremento exponencial del interés por la ayahuasca. Este interés, traducido en una demanda más que de ayahuasca de “experiencias ayahuasqueras”, conllevó la aparición de una determinada oferta en tanto mecanismo de mercado. El resultado fue que, en una sociedad como la nuestra, esta demanda de “experiencias ayahuasqueras”, aderezada con motivaciones psicoespirituales diversas, encontrara como ámbito propio el supermercado espiritual de nuestro tiempo. De ahí que la oferta ayahuasquera viniera a configurarse desde los conocidos patrones que ordenan el universo new age en tanto parodia de mercado de las cuestiones del espíritu. En los mismos, como es de sobra conocido, el rigor acerca de lo que se propone es descaradamente obviado a costa del desconocimiento del cliente. Esta necesidad de experiencias espirituales a demanda, a la que responderán fabulosos y gratificantes talleres –previo pago- de fin de semana, estará en las antípodas de cualquier inmersión imaginable en una práctica espiritual cotidiana, seria y dotada de contexto. El tinglado resultante, en tanto sucedáneo o simulacro, tendrá como condición -además de ese desconocimiento ya indicado- la credulidad y la transferencia fácil típica de los ambientes new age.


La parodia mercadotécnica de la espiritualidad y la terapia, típicamente new age, ha sido denunciada por multitud de autores. Por lo que se refiere al ámbito de las sustancias visionarias basten las durísimas y tempranas palabras lanzadas por Theodore Roszaj en su libro “El nacimiento de una contracultura” a propósito de los sucedáneos psicodélicos de la lisergia más mesiánico-delirante. Por lo que se refiere a la emergente new age ayahuasquera, ésta encontrará su campo abonado en una demanda que, inevitablemente, lo desconoce casi todo de la ayahuasca. Esta demanda amparará el desarrollo de una determinada oferta. Esta oferta troquelará el escenario resultante en tanto instancia que determina los modos, maneras y actividad a realizar. Con lo que finalmente será la oferta la que venga a configurar el paisaje resultante; lo que, por ejemplo, explica la idea completamente falaz que se vende a la gente en ciertos entornos de que la mera ingesta de ayahuasca –a través de una catarsis- sana, equilibra y drena la psique independientemente de cómo y qué se experimente y de lo que se haga después con esa experiencia. En realidad esas ideas, burdamente catárquicas, lo que velaran y desdibujaran será la necesidad de contextos específicos y de praxis complejas de integración de la experiencia.


Lo apuntado creo que nos ilustra sobre la naturaleza de los mercados y sobre el primado en los mismos de la oferta. El mercado es, desde luego, un valorable mecanismo de distribución de bienes y servicios pero no un modo de distribución infalible y capaz de satisfacer toda actividad. El mercado perfecto no existe ya que los demandantes no tienen ni una motivación preferentemente racional ni podrán estar siempre lo suficientemente informados como para seleccionar la oferta más idónea. La imposibilidad de una demanda formada e informada será precisamente lo que ampare que una oferta centrada en el lucro sea la fuerza que ordene el mercado resultante. Es cierto que en el mercado acontece un intercambio de ideas pero también que esas ideas que se intercambian son elaboradas a la medida de una demanda y de una sociedad que lo desconoce casi todo de la ayahuasca. El resultado inevitable de lo dicho será una boyante picaresca que tendrá como condición –en este caso más que en ningún otro- las necesarias dosis de delirio y desubicación personal de quien realiza la oferta. Dar ayahuasca no es cualquier cosa. Tanto quien la ingiere como quien la brinda asumen una determinada responsabilidad. De ahí los complejos protocolos que capacitan para la celebración de rituales y ceremonias ayahuasqueras en cualquier sociedad que haya integrado el uso de este brebaje visionario. Justo lo contrario de lo que sucede en este peculiar libre mercado del espíritu en el que cualquiera hace su oferta según le indiquen sus más estrictas ensoñaciones. No nos extrañe pues que este ambiente de los “organizadores de sesiones” promueva contratiempos diversos además de algún que otro descalabro.


Como se hace evidente las exigencias derivadas del lucro estarán en las antípodas de cualquier trabajo serio con ayahuasca asentado en la integración de las donaciones de sentido que aparecen durante la experiencia. Contextos así no se improvisan con la excusa de organizar una sesión y satisfacer una demanda pre-existente. Suponen una estructura compleja capaz de atender tanto al marco de toma como a la integración a corto y largo plazo de la experiencia. Esto rebasa muy de lejos la improvisación de un escenario en el que ingerir ayahuasca para hacer una caja rápida. Con todo, el problema planteado no será el del mero lucro sino lo que supone ese lucro de la mano de una oferta pícara e inmadura.


Adviértase cómo todo uso solvente y formalizado de ayahuasca excluye lo que caracteriza a estos “organizadores de sesiones”. Como ya he indicado las iniciativas de éstos no pueden contar con esas estructuras. Es más, lo normal es que, ni siquiera, cuenten con el suficiente tejido humano de apoyo. Siendo así las cosas, no será raro que en estas sesiones los asistentes puedan ser un grupo de neófitos o desconocidos congregados por el propio organizador –al que, por otro lado, la mayoría de esos asistentes acaso tampoco conozcan en exceso-… Añadamos a lo dicho el hecho de que algunos de estos “organizadores de sesiones”, con el fin de convocar grandes grupos y así hacer caja, puedan recurrir al uso de técnicas de promoción comercial a través de emails masivos e, incluso, de publicidad explícita dejando de lado las más mínimas cautelas o protocolos de asistencia a una sesión de ayahuasca. Tales cosas sucederán si el objetivo fundamental es el lucro a corto plazo y no el establecimiento a largo plazo de un entorno de trabajo con ayahuasca… Atendamos a un dato más. El hecho de que casi cualquiera, sin considerar su situación psicoanímica o su circunstancia personal, asista a una sesión de ayahuasca suele ir sistemáticamente de la mano del típico tópico new age de considerar la ayahuasca como una especie de elixir de la salud psíquica, válido para todos, independientemente de los contextos y del estado de la persona en cuestión…


Bien, de todos estos mimbres cabe esperar cualquier cosa. No olvidemos la relevancia del perfil del grupo que hace la ingesta. Este perfil repercutirá notablemente en el tipo de sesión resultante; lo que podrá servir experiencias ásperas que lo único que hagan sea trasladar confusión al experimentador poco avanzado –y no solo-. Como sabemos todas las recomendaciones a la hora de ingerir enteógenos hacen especial énfasis en los lazos de confianza y complicidad –algo que hay que saber promover- que deben integrar a quienes experimenten en grupo. Lo contrario serían estos improvisados y desvertebrados grupos de aluvión -en los que todo el mundo cabe- compuestos por gente desconocida y reclutada a través de técnicas de promoción comercial. Literalmente, de un grupo enhebrado con tales hebras cabe esperar cualquier cosa… Basten estas consideraciones para ubicar el “típico timo ayahuasquero” del típico “organizador de sesiones”.


Sirva como indicador de todo este grado de delirio la recurrencia con que estos “organizadores de sesiones” hacen depender su actividad de algún género de mesianismo o “mandato privado" o "bendición recibida por parte de la ayahuasca” en algún género de “fantasía visionaria”… Comparemos toda esta picaresca delirante con los complejos y elaborados protocolos que en una sociedad tradicional (o en la curandería amazónica) se le exigen a quien va a trabajar con ayahuasca –entre ellos el del reconocimiento formal de su capacidad, otorgado por hombres-medicina o chamanes ya capacitados tras procesos que pueden durar muchos años-. Personalmente he llegado a saber de un caso en que el iluminado de turno presuponía esa bendición en toda persona que diera ayahuasca a terceros resistiéndose a considerar la existencia de malas prácticas... Sorprenden tantas dosis de delirio aunque quizá menos la condición del mismo. … Me refiero al vínculo tan pasmosamente infantil con lo visionario que subyace a todas estas demencias; vínculo sólo entendible en una sociedad que si se ha desentendido de algo es de la gestión de las potencias cognoscitivas de la imaginación… Podemos encontrar muchas notas delirantes en estos “organizadores de sesiones”… Hasta el punto de vislumbrar una selva abigarrada y bizarra. Recuerdo a uno de ellos “vendiendo” que lo normal era que se brotara con cierta normalidad la gente en las sesiones de ayahuasca…




Como ya he indicado la típica sensibilidad new age acogió a la perfección las parodias ayahuasqueras que vimos emerger en esos años que siguieron al 2000. Para cartografiar mejor ciertos delirios quisiera perfilar un ideologema aportado de modo directo por la típica irracionalidad new age. Me refiero a una disposición ágrafamente milagrera que entiende la ayahuasca como una especie de “espíritu salvífico” -personalizado y así despojado de su misterio- en el que descansaría, en exclusiva, su potencia sanadora. Esta disposición, si algo vendrá a desconocer y a relajar, será cualquier protocolo riguroso que contextualice y otorgue un formato preciso al trabajo con la ayahuasca. Así considerada, la ayahuasca, sería un espíritu que sanaría a través de su mera ingesta; sin más arte alguno. Se trataría de tomar y “dejar hacer” al espíritu sanador de la ayahuasca. Ella ya arreglará cualquier desaguisado… Todo así se haría depender, en exclusiva, de su “conciencia sanadora” dejando en suspenso todo arte riguroso de encuentro y reconocimiento de la ayahuasca. Nos encontremos pues ante un determinado relato. Ayahuasca buena y sanadora que nos cura… Tal relato resulta de una precipitación y de una simplicidad pasmosa. Paralelamente a este planteamiento neoespiritista encontramos su simétrico. Me refiero a esa tendencia a atribuir toda problematicidad y turbulencia existente durante una sesión a la acción de los malos espíritus o “malas energías”. Lo que, como se hace evidente, desplazará la crítica de una oferta mal diseñada o, incluso, el análisis o introspección personal respecto de los momentos más ásperos… Quizá habrá a quien le sorprendan por fantásticas estas elaboraciones. No nos equivoquemos. El hombre construye relatos y enhebra narraciones para entender y entenderse. Hasta el punto que podría hablarse de un pensamiento lógico-racional y otro de corte narrativo, simbólico y contextual. Como nos hizo saber Akira Kurosawa en su magistral película Rashomon poco sentido tiene preguntarse por la verdad empírica de los relatos y narraciones humanas. Ni si, ni no, ni todo lo contrario. Ya lo dijo Aristóteles; historias acaso inverosímiles pero ricas por reflejar los desafíos de lo humano en su acercamiento a sus figuras de plenitud y a su problemática existencial.


La cuestión de fondo es que no todos los relatos tienen el mismo valor, ni la misma potencia para sanar, nutrir y afirmar la vida. La ayahuasca es considerada una medicina para las culturas nativas. Con todo, compárese la complejidad narrativa y simbólica de los relatos nativos o mestizos relativos al descubrimiento y encuentro con la ayahuasca con esta simplicidad milagrera incapaz de incorporar arte, complejidad ni saber hacer alguno respecto de las potencias de salud de la propia ayahuasca. Como bien nos recuerdan nuestros maestros estoicos hay un imaginario que facilita el conocimiento y otro que lo vela…


Sobre este asunto de los ideologemas new age en tanto parodia de los discursos sapienciales de corte espiritual recuerdo a cierto “organizador de sesiones” encubriendo con alusiones a la “creatividad inherente al caos” o a la “bondad esencial de todo suceso” su responsabilidad en un mal planteamiento que pudiera condicionar o afectar a los participantes en una sesión… La new age… Una experta en descontextualizar y reducir al chiste bobo, de acuerdo a estrictos intereses de mercado, determinadas referencias de indudable interés. ¿Toda forma encuentra su origen en el caos y en una potencia por formar? ¿Todo descalabro pasa para bien?. ¿Vivimos en el mejor de los mundos y en el mejor de los instantes?... A buen entendedor pocas palabras bastan y si bien es cierto que el camino que sube es el camino que baja, como bien nos dijera Heráclito de Efeso, no es menos cierto que por ello uno no deja de subir y otro de bajar… Cada nivel de sentido en el nivel que le es propio. El de la unidad y la armonía de los contrarios en esa textura de misterio y Unidad; y el de la estupidez y los despropósitos humanos en el de lo humano, demasiado humano...


En fin. Falacias y delirios como los apuntados podrán ser esgrimidos –de todo hay y de todo esto he visto- con la finalidad de disfrazar, legitimar y amparar tanto las malas prácticas explicitas como la inexistencia de los contextos adecuados. De todo esto vimos hace ya algunos años. Finalmente quiero volver a incidir en que esos años también observaron el desarrollo de las iniciativas y las investigaciones más serias. Y entre esas iniciativas serias y las más delirantes encontramos diversas variantes intermedias saturadas de claroscuros y, por tanto, acaso de brillos.

Con esta entrada he tratado de atender las equívocas novedades que nos trajeron esos primeros años del presente siglo con el fin de clarificar las polaridades que desataron. Los entornos ayahuasqueros, no sólo en España sino en otros muchos lugares, intentaron reaccionar a todo este aluvión de malas prácticas constituyendo foros que elaboraron manifiestos y códigos deontológicos, promoviendo los usos responsables de la ayahuasca. Al menos en España esas malas prácticas y, sobre todo, la visualización creciente de la ayahuasca en la sociedad española, finalmente, trajeron problemas policiales diversos. Como ya he indicado el desarrollo de los entornos ayahuasqueros en España encontró, en su día, su medio y su humus en la penumbra social que suponía el escaso conocimiento que se tenía sobre la ayahuasca.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mi asignatura pendiente...