martes, 2 de octubre de 2012

Holanda y las setas phantastikas: desafíos y normalización


Gracias a la aportación de Alejo Alberdi en su red social acabo de ver un video -dividido en tres partes- de cierto interés sobre la situación del consumo de las setas visionarias en Holanda. El video, que no deja de mostrar la estética y maneras de "colegueo" asociada al consumo de drogas por la prohibición, tiene, sin embargo, buena factura y aborda con claridad y concisión el estado de la cuestión en Holanda; tanto en lo referente a la bifronte situación legal del los hongos visionarios como al modelo empresarial que legalmente organiza y formatea el acceso a estos hongos. Holanda, ese laboratorio que ensaya vías de legalización y modos de acceso a drogas socialmente integrados. Desde luego un paso adelante pero precario, internacionalmente acosado, lleno de claroscuros y erráticas contradicciones. Podríamos criticar sus contradicciones pero, sinceramente, me sorprende que algo así pueda estar sobreviviendo al furor y al delirio prohibicionista. Tomemos nota del ensayo y del paisaje que nos brinda este video. Los datos son relevantes e interesantes. Para empezar la inexistencia, lejos de todo tópico, de un tipo standard de usuario de hongos visionarios; precisamente por la diversidad y pluralidad interna de consumidores e interesados. Otro dato relevante; la aseada e integrada textura empresarial -que hace sus cuentas y paga sus impuestos- amparada por el modelo holandés. Un dato creo que clave: la debilidad del modelo ante las presiones que las retóricas prohibicionistas son capaces de ejercer. Una conclusión: un modelo en proceso, con sus contradicciones y desafíos, pero difícilmente cuestionable si es que atendemos al coste, en términos criminales y de salud, de la caverna prohibicionista. No olvidemos; llevamos casi cincuenta años instalados en políticas fracasadas -de corte prohibicionista- en cuestiones de drogas. El saldo dejado por esas políticas -estados precarios, miles de muertos y millones de personas marginalizadas, enormes gastos para el contribuyente en políticas represivas, recorte de libertades, etc- resulta estremecedor...

 
El caso holandés resulta especialmente interesante por su evolución y por la manera en que organiza el uso y consumo de setas phantastikas. De una situación de legalidad estable éstas pasaron a prohibirse tras algún caso de suicidio. ¿Cabe plantear la prohibición del comercio de estas setas por las tragedias que puedan asociársele? ¿Cabe exigir a las drogas la inocuidad extrema para amparar su legalización? ¿Cabe asumir el enorme coste social de la prohibición por una práctica que no supera -ni de lejos- los márgenes de riesgo de la conducción a motor o de cualquier deporte de riesgo? ¿Cabe que la racionalidad política y la ecuanimidad sobrevivan a las campañas de los medios de comunicación que satanizan las drogas convirtiendo las desgracias en norma?. ¿Cabe dejar en manos de un consumo completamente liberalizado el uso de los fármacos visionarios?. ¿Cabe exigir para su ingesta contextos y marcos específicos?...


El problema es complejo y desde luego no admite subsumir la racionalidad en esas retóricas que, suministradas por los medios y demás lobbys prohibicionistas -son muchos los que viven de la prohibición-, saturan el entendimiento. Con todo, esas campañas retóricas, tras el suicidio de una chica y algún problema más causado por un enfermo mental -ambos casos recogidos sin tapujos en el documental-, consiguieron cobrarse la pieza perseguida. En concreto la prohibición del derecho de compra de las setas visionarias en las tiendas hasta entonces autorizadas -comercio minorista- y, no sólo, sino también su cultivo mayorista a gran escala. Curiosamente en el debate resultante no se hicieron valer los escasos riesgos existentes si es que atendemos a la cantidad de gente que ha ingerido tales setas sin que acontecieran problemas de relieve, ni cobraron fuerza las problemáticas de marginalización a las que se arrojaba al consumidor, ni tampoco emergió la cuestión de las condiciones y contextos exigibles a la ingesta de estas setas; hasta ahora limitado a la lectura de un sencillo prospecto tras su simple compra...

 
Sorprende la ligereza y simplicidad con la que trata de abordarse un asunto tan complejo y con tantos matices posibles... Sorprende que pueda tener éxito la cancelación de toda reflexión sobre un problema social complejo e insoluble -la gente no va a dejar de drogarse- en posiciones preconcebidas e imágenes desagradables suministradas desde la TV... Si bien es cierto que los medios se lanzaron como hienas y se cobraron la pieza de la prohibición el delirio, significativamente, no llegó a poseer completamente al legislador. El resultado fue la "prohibición" de las setas visionarias pero, reveladoramente, las sclerotias o trufas visionarias siguieron en el régimen del que antes disfrutaban las setas... Esta solución salomónica, irracional e incoherente pone sobre el tapete las enormes presiones que los legisladores pueden llegar a recibir y, sobre todo, la escasa convicción con la que se aplican las políticas prohibicionistas. Esta escasa convicción se convierte en un importante elemento de análisis ya que no deja de apuntar a la conciencia de fracaso de esas políticas y a su escasa justificación desde el punto de vista de la salud pública.

 
Con todo lo que sucede en Holanda, vacilaciones incluidas, es un auténtico laboratorio. ¿Cabe dejar a la libre regulación del mercado el uso de los fármacos visionarios? ¿Podría plantearse como una solución de compromiso que el acceso a ciertas sustancias acontecería en contextos y marcos precisos abandonando el modelo proporcionado por la venta minorista -libre ingesta tras la lectura de un prospecto-? ¿Acaso esos contextos serían los planteados por ciertas entidades religiosas? ¿Quizás dotar de contexto a los enteógenos, a través de una especie de chill outs de luxe, de acceso regulado, sería una solución?...

 
Yo, en principio y con mis dudas, soy de la opinión que los pasos a dar debieran exigir cierta formalización en los usos con el fin tanto de superar el saldo dejado por la prohibición en los hábitos de uso como de alumbrar espacios capaces de integrar la ingesta de fármacos visionarios. Para esto proceso el feliz hallazgo que la cultura rave ha hecho del llamado chill out, en tanto punto de partida, me parece algo a tener en cuenta. Otro tema, siempre a valorar y defender, sería el del libre cultivo de setas y plantas visionarias con vistas al autoconsumo. En todos estos temas hay que ser conscientes de los derechos en juego. Me refiero a los derechos fundamentales contra los que la prohibición atenta. Entre los mismos los de libertad religiosa y de culto pero también el más relevante, por ser más omnicomprensivo, de libertad de conciencia. Probablemente la mejor óptica para tratar estos asuntos y resolver ciertos enigmas no es la del libre comercio y la del simple levantamiento comercial de la prohibición sino el del ejercicio de ciertos derechos que deben ser amparados. Lo que evidentemente no proscribiría el intercambio y comercio de fármacos visionarios pero si regularía y formalizaría el acceso a los mismos. Quizá en la óptica aportada por la libertad de conciencia encontremos esa síntesis capaz de integrar socialmente el uso de los fármacos visionarios. Acaso la conciencia, nuestros modos y nuestro umbral de conciencia, no es lo más decisivo de nuestra vida... ¿Qué leyes son esas que nos impiden el libre ejercicio de la libertad de conciencia investigando sobre la misma?.... En fin, los videos a continuación en los respectivos enlaces.

 
 
 
 
 
 
 
 
http://www.vice.com/es_mx/hamiltons-pharmacopeia/hamilton-and-the-philosophers-stone-part-2#ooid=QzZW5oMzq3pTRgKpb9zT8Tiky-jFGNuG