viernes, 2 de noviembre de 2012

Chamanismo: Rastros y ecos distantes

Esta entrada, en sus diversos parágrafos, pretende ser un mero prolegómeno, un panorama disperso de rastros capaces de indicarnos qué pudiera ser eso del chamanismo. Al tiempo y en el tercer parágrafo reseñaré la magnífica película “El camello que llora” como recapitulación de tales rastros, como introducción a la sensibilidad propia de las tradiciones chamánicas y como relato en el que la promoción ritual de la salud queda postulada como uno de los ejes de la sensibilidad chamánica.


I
El chamanismo, siguiendo la pista indicada por uno de los personajes de “El camello que llora”  acaso no sea más que una canción muy especial. Del mismo modo que las técnicas espirituales sufíes una respiración que se transforma en ritmo y en danza. O quizá la meditación zen una respiración que se convierte en un cristal claro y limpio que todo lo acoge. Aproximarse al chamanismo requiere un esfuerzo considerable. Nos instalamos en el alba de la humanidad; en el nacimiento del imaginario, del arte y de la simbólica; en el acontecer del ritual y su tempo como ese espacio privilegiado del que mana la vida al ordenar y servir de referente al tiempo ordinario. También nos instalamos en una naturaleza animada –la physis nos dice- como libro abierto de la vida y metáfora cifrada de la existencia humana. Dicen que las culturas chamánicas no tienen libro sagrado pero como nos recuerda Frithjof Schuon en “El sol emplumado”, su magnífica colección de ensayos sobre la tradición lakota, la naturaleza entera es su gran libro sagrado. Sus leyendas son sus códigos hermenéuticos y su fibra íntima. En los mismos, los animales y las plantas son también aspectos de lo humano y lo humano un aspecto más de la vida.  De ahí que animales y plantas nos hablen y nos instruyan en fábulas, leyendas, experiencias oníricas y estados modificados de conciencia; pero, ¿nos hablan de verdad?(alguna vez lo he escuchado). ¡Qué pregunta más impropia!… Cierta vez escuché a un hombre-medicina shuar diferenciar entre la anaconda corriente y esa otra anaconda presta a la mirada y a la palabra viva... Y qué nos dicen plantas y animales. Nos hablan de nuestra forma, de nuestro ser; y por eso mismo de nuestra salud, de nuestro vigor y de la recuperación de nuestra forma cuando, desequilibrados, la perdemos. ¿El chamanismo?, una canción muy especial, un ritmo que nos devuelve la memoria de nuestra forma y salud, un estado propio –no ajeno- que, irrumpiendo, nos desvela nuestra forma, nuestros desequilibrios y el viático hacia la salud. A todo esto se añadirán unos importantes conocimientos de herboristería y, también, un conocimiento preciso en el manejo del tempo ritual, de los cánticos, símbolos, representaciones y demás cifras de vida que vengan a convocarse.

 
Los rituales chamánicos, facilitados por un chaman reconocido y capacitado por una determinada tradición, quedaran pues configurados como una teúrgia o como rituales de magia pneumática capaces de promover la salud y de restaurar los equilibrios perdidos a través de la rememoración de unos misterios; los de la vida y sus registros de plenitud y escisión; los del engarce entre materia y espíritu, entre posibilidad de ser y plenitud de ser, entre superficies y profundidades, entre las meras apariencias y esas fuerzas activas que constituyen toda trama. Tras las necesarias habilidades del hombre-medicina, manejando y orientando las energías desatadas y las potencias de vida que subyacen a la experiencia ritual, acontecerá cierta capacidad para ver en lo oculto y lo profundo; en concreto en esa red de fuerzas activas que determinan superficies y apariencias. El chaman sabrá pues de determinados tránsitos de la vida anímica y del territorio en que estos se desenvuelven. Me refiero todo a esa trama de correspondencias entre psique y cosmos de las que dependerá el acceso de nuestra conciencia a secciones de vida de lo más diverso -bien de expansión e integración, bien de escisión y contracción-. De esta manera los estados del alma se corresponderán con determinados estados del Ser; o lo que es lo mismo dichos estados del alma ampararan el acceso de la conciencia a diferentes secciones o texturas de realidad. Así, esos tres niveles ontológicos -esas tres texturas de realidad o estados del Ser-, que dijera Eliade, tan recurrentes de los cosmos chamánicos –celestes, terrenales e infernales-, dependerían en su brindarse del encuentro entre la textura espiritual, visionaria e imaginaria de cada cual con la trama de su propia vida. Lo que supondría que esta geografía imaginal, en sus tierras celestes, infernales y mundanas, daría cuenta de la vida anímica del hombre y del modo en que éste habita el mundo. En esa cópula entre psique y cosmos, en los desajustes de la misma, podría radicar el origen de ciertos padecimientos. El chaman u hombre-medicina sabrá de la geografía imaginal descrita y de sus nexos y, al tiempo, sabrá facilitar un determinado tránsito, sanador y catárquico, por tales geografías del espíritu; si es que es el caso y si es que los padecimientos de quien ha perdido la salud así lo aconsejan. El rito, la modificación de conciencia y la ruptura de la cotidianidad propia del ritual serán la clave básica de su práctica sanadora. El rito -y las influencias que el rito dinamice- será pues lo que otorgue el carácter medicinal y sanador a cualquier brebaje visionario o fármaco que pueda ser empleado. El rito desde su radical intimidad con la conciencia humana y desde las influencias que acoge.


¿La brujería?. Los saberes del alma que sirven para sanar, precisamente por operar sobre el alma también sirven para hacerla enfermar o para rentabilizar y manipularla en alguna dirección. Pongamos la superstición en su sitio y la brujería y la magia en el suyo, un sitio bien distinto. Como bien nos recuerdan Umberto Eco o Ion P. Culianu -y como bien nos advirtiera indirectamente el gran Giordano Bruno- es la sociedad contemporánea, en sus circuitos de imágenes y en los diseños de identidades resultantes, la que ha realizado la vigencia política a gran escala de la magia de manipulación.




 II
Me refería a la dificultad de comprender y acceder a los universos chamánicos. Encontramos una gran lejanía cultural y los referentes neochamánicos -a medio camino de la new age, las supersticiones contemporáneas, el síndrome de Harry Potter y la estafa más insidiosa- son todo menos una ayuda. Antes de nada quisiera diferenciar entre dos categorías diferentes que, generalmente, se confunden. Una cosa es la dignísima curandería mestiza y otra las tradiciones chamánicas propiamente dichas. La primera supone la pervivencia en sociedades, más o menos  occidentalizadas y cristianizadas, de sabidurías de curandería nativa pero ya en otro marco sociocultural y religioso diferente del chamánico.  Esta distinción, aparentemente diáfana, viene a complicarse por los agudos procesos de aculturación que observamos en muchas tradiciones y culturas nativas. Añadamos a este paisaje complejo  la actual moda neochamánica y su capacidad para agudizar las contradicciones existentes. Como se hace evidente frente a la demanda de chamanes surgirán los que se hagan pasar por los mismos; o los que improvisen, a veces sinceramente (o no), unos conocimientos casi perdidos y peor entendidos...


En fin, las dificultades a la hora de asomarse a los universos chamánicos no son pocas pero si que cabe cierto acercamiento a lo que siendo tan ajeno nos es, paradójicamente, tan propio. Por muy lejano que nos resulte el chamanismo no deja de interpelar a lo humano y a la plenitud de sus potencias. Para este movimiento de acercamiento al chamanismo dirigir nuestra mirada a sus variedades tibetanas y mogolas nos ofrecerá un auténtico arsenal de referencias y de instrumentos hermenéuticos y de comprensión. No olvidemos como su vinculación con el lamaísmo asegura la pervivencia y la orientación sapiencial de tales referentes chamánicos. Al hilo de lo dicho tampoco estaría de menos atender a esa reflexión de Toshihiku Izutsu sobre el taoimo en tanto refinamiento del chamanismo tradicional chino.


Por cierto, esas nuevas veredas destinadas a tecnificar y a especializar, aun más si cabe, la formación de los antropólogos, bien lejos de toda perspectiva generalista, integradora y humanística, -antes llamábamos a esto una perspectiva culta, es decir, cultivada- sirven de muy poco a la hora de clarificar que sea eso del chamanismo ya que quedan rotos los puentes que facilitarían su reconocimiento. Advirtamos cómo una formación que desatienda una perspectiva integral, generalista y dispuesta a la pluridisciplinariedad sólo privará al investigador de los más elementales recursos hermenéuticos capaces de discernir las variedades del éxtasis o la propia naturaleza del chamanismo como expresión del espíritu humano. En este sentido el estudio de las tradiciones chamánicas es muy difícilmente deslindable de la historia de las religiones, de la filosofía de las religiones o de una fenomenología del éxtasis y la experiencia religiosa. De ahí la pertinencia de la obra de Mircea Eliade en tanto historiador y filósofo de las religiones.



III
El camello que llora. Una madre que no quiere a su hijo. Un hijo que se sumerge en el desafecto y el rechazo de lo que sería ese núcleo íntimo que nos debe nutrir. Un vástago recién nacido al que no se le da teta, al que se rechaza, con el que no se quiere estar.  El resultado es claro; incertidumbre, enfermedad y fragilidad; acaso muerte… Con seguridad resulta casi imposible atisbar una fuente de dolor más originaria. Me viene a la cabeza ese emperador medieval que quiso “descubrir”  el lenguaje primigenio de la humanidad. Con ese fin encerró a un grupo de recién nacidos en una torre. Las nodrizas y la gente que les atendía tenían prohibido hablarles... Todos murieron. “El camello que llora”, acaso esta fabula siberiana y mogola, tan magistralmente llevada al cine, nos confronte con el núcleo más primigenio del dolor. Con la fuente más remota de todo desarreglo, esto es, una infancia desarreglada, una familia áspera y fría, una madre que evita, un entorno que agrede. Ahí, al vástago, le cuesta prosperar, le cuesta respirar, le cuesta andar. Ante una situación así cada cual sale por donde puede y los resultados nos desgranan los muy variados horizontes de lo enfermizo aunque también de la salud. Por cierto, la perspectiva apuntada nos sitúa ante una enfermedad inocente -no culposa- y ante una salud entendida como arte. De todo esto trata esta película; de la salud y de cómo ciertos rituales pueden promoverla integrando la sombra y el horror. ¿De qué manera?. Congregando al buen espíritu y a la vida triunfante que cobra –recobra- su forma propia. En la película se nos habla de los espíritus y de cómo estos se retiran ante la tecnificada y virtulizada vida moderna –la vida pierde así su propio rostro-. Se escenifican rituales, se hacen ofrendas y libaciones para congregarles, para que retornen y para que aseguren el buen discurrir y la buena naturaleza de las cosas que son. De todo esto va “El camello que llora”. Un camello recién nacido es despreciado por su madre ante un mal parto. La madre le niega la teta y el pequeño camello ve peligrar su vida. Su familia, los hombres que le rodean, van tejiendo diversas estrategias para solventar la situación. Finalmente será un ritual el que reconcilie a la madre con su camello. El ritual será sencillo. Unas salmodias, un canto y la bella llamada de un violón oriental. Ante el espíritu y la belleza convocadas la madre-camello llorará, reconocerá y palpará su dolor sin desagüarlo en el recien venido a la vida.  La camella llora, el llanto la mueve el alma y así acontece una toma de conciencia. Finalmente la reconciliación se produce.  El cachorro accede a la teta de la madre y se nutre de su leche. Ni más, ni menos.


Esta fábula chamánica, mogola y siberiana, nos coloca pues en uno de los núcleos más elementales del dolor humano al tiempo que nos muestra esos rituales que saben promover la salud y restaurar los equilibrios perdidos. De la mano del reconocimiento del dolor, de la catarsis y del advenimiento de un cambio profundo en el estado de la propia conciencia. Sólo un bobo quedaría insatisfecho por que la historia se desplace a un camello ya que los animales nos dicen. Y si esto es cierto, en términos generales, lo es con más vigor en relación a las tradiciones chamánicas; precisamente por ser tradiciones de la physis, es decir, tradiciones de la naturaleza animada. De los animales del alma a la catarsis ritual a través del rito. El rito, un teatro sagrado en palabras de Antonin Artaud; también y, desde su punto de vista, un teatro de la crueldad por ser capaz de sublimarla.


La relevancia de lo ritual nos lleva directamente a ese chamanismo ancestral que, en tanto sabiduría de la salud, sabe manejar determinados estados extáticos –acaso muy discretos- para re-equilibrar lo desordenado y la salud perdida. Podemos tirar del hilo y siguiendo la directriz de Mircea Eliade utilizar nociones helénicas para arrojar luz sobre algo que, en principio, nos resulta ajeno. La salud como re-equilibrio, la salud como la tarea que nos devuelve la forma perdida, rememorar el propio eide, la propia figura de plenitud, la salud como intensidad vivida de la propia forma, la enfermedad como el lastre, como desequilibrio y pérdida de la propia forma…


Si bien cada cual no construye la realidad unilateralmente, al modo que estúpidamente se escucha en los ambientes new age, no es menos cierto que realidad y conciencia, ya lo hemos indicado, se encuentran estrechamente vinculadas. Hasta el punto que el encuentro entre ambas queda determinado no sólo por aquello que se nos confronta –lo que nos sucede- sino por la elaboración que desde el imaginario hacemos de eso que nos pasa. De ahí que haya quienes se pasen la vida inmersos en infiernos privados o en territorios amables. En este proceso la relevancia y la operatoria de las facultades imaginativas del alma es lo decisivo. De tal suerte que sanar el imaginario se traduce en re-ordenar o re-equilibrar nuestra percepción y visión de precisamente eso que nos pasa. Hay visiones que enferman, que nos enferman profundamente y que están en la génesis de ciertos procesos y dolencias. Apelo a una manera de entender la imaginación que la considera relevante en la trama de nuestros procesos cognoscitivos y muy distante de como es entendida hoy en día. En concreto, apelo a esas tradiciones helénicas y mediterráneas de la imaginación creadora. De acuerdo a las mismas la imaginación tendrá una enorme relevancia en nuestra visión del mundo y en nuestros procesos cognoscitivos y perceptivos. Así, según veamos el mundo, habitaremos texturas de vida completamente diferentes.


La magia pneumática o ritual intentará mover ese punto de encaje del imaginar humano, a favor de la vida, y con la finalidad de corregir ciertos desequilibrios; lo que supondrá tomar conciencia de esas dosis de dolor subyacentes a determinados "modos de ver" y de vernos. Convocar el buen espíritu, el buen demon -la eudaymonia como decían los griegos-, será convocar la armonía, la integración y la propia figura de plenitud en medio de la contracción, los desequilibrios y el dolor. Una simple canción, una voz que irrumpe, un sonido que nos devuelve la vida, una salmodia que nos atraviesa cuerpo y mente; y nos hace llorar; y nos hace recordar. Un instante privilegiado y propicio, fuera del tiempo ordinario y, sobre todo, capaz de reordenarlo desde su riqueza. Ahí la salud queda promovida y se constata animada.


El hombre-medicina atenderá al manejo de ciertos estados y de ciertos escenarios con el fin de dinamizar esos procesos que promueven la salud. En la modificación de conciencia y en la ruptura del tiempo ordinario, sobre la base del tiempo ritual, el hombre-medicina encontrará las claves que permitan acceder a esas fuentes de las que mana la salud y la plenitud. Entre la salud alcanzada y un desequilibrio que se deja atrás mediará una determinada catarsis, una toma de conciencia; a veces un llanto lúcido y consciente. El camello que llora. Ahí va el enlace con la película completa. Toda una joyita cinematográfica.


 



10 comentarios:

hiniare dijo...

Llevo una semana sumergida en la lectura de “El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis” de Eliade, o sea que me viene al punto tu entrada. Estoy tan sumergida que cuando voy por la calle me parecen tan extrañas cosas como semáforos que se encienden y se apagan, y coches que giran en rotondas, y contenedores rebosantes de basura, cuando lo único que tiene sentido son cosas como subir por los peldaños por el tronco del árbol del centro del mundo hasta las ramas donde anidan las almas de los niños por nacer…

Yo también creo que el chamanismo sólo tiene sentido en una sociedad chamánica, donde se comparta por todos un concepto del mundo y la vida. Hoy en día sólo podemos mirarlo desde lejos sin participar (si es que aún queda algo de ese mundo), aunque como dices es algo que llevamos muy adentro, me quedó muy claro después de estudiar el arte paleolítico. Pienso que todos los procesos psicológicos que originaron el chamanismo siguen existiendo hoy en día, a pesar de que ya nadie sepa dónde situarlos.

Sacaré mis conclusiones cuando acabe el libro. La película ya está vista y disfrutada. Es una vida bellísima pero durísima, creo que las televisiones ganarán la partida.
Saludos,
h

jcaguirre dijo...

Gracias por tus comentarios. Los considero un lujo; y si como dicen en "El camello que llora" los espíritus desaparecen del mundo con el avance de la técnica; o con su hipertrofia; o con el hecho de que la técnica pase de ser una expresión humano a la estructura definitoria de lo humano. Filosoficamentee esa misma intuición la han formulada Heidegger, Jünger, los románticos ingleses, William Blake, el romanticismo aleman, incluso los padres de la estética moderna en tanto fruto maduro de la ilustración... En ese debate se cual es mi lugar y, desde luego, no esta con los devotos de la técnica.
Coincido mucho con lo que dices. Mi manera de entender el chamanismo está muy en la línea de los estudios de prehistoria, del nacimiento del arte y del estudio de lo ritual(me viene a la cabeza Artaud). Y si Eliade precisamente por los conocimientos que tiene de filosofía de las religioens y por ser alguien que sabía de lo que hablaba cuando hablaba del viaje del alma es una referencia básica indispensable. Por mucho que no se dedicara al trabajo de campo o a medir los craneos a los indígenas jeje. Por cierto felicidades por tu blog.

jcaguirre dijo...

Sabes sobre el tema de la técnica algo de interés. En Grecia la palabra poiesis significa tanto poesia como producción(material). Quizá el problema es que el hombre contemporaneo sea solo producción y se ha olvidadod el otro sentido de poiesis, es decir, poiesis como producción de sentido.

Te adjunto el elenlace con la entrada en la que glosaba esa otra cultura occidental a la que antes me refería en tanto base para una cultura del extasis

http://phantastikablog.blogspot.com.es/2012/06/occidente-y-los-embriagantes-el.html

jcaguirre dijo...

Bueno no me sale pero es la entrada del 6 de Junio del 2012 "Occidente y los embriagantes"

Anónimo dijo...

En primer lugar gracias por enlace con Aya.

El chamanismo a mi entender es el estudio del acceso a la otra realidad y es tan antiguo como el hombre y tan necesario como el agua...es una conexión con el espíritu que todo lo impregna.
Muy buena película y
entrada...te sigo.

Un abrazo.
Tula de Fractales.

jcaguirre dijo...

Estoy muy de acuerdo Tula. Ese envés oculto u otra realidad, a mi entender sería la trama de la vida (en principio oculta y velada a la concienia ordinaria)de ahí su valor y si la peli una joyita.

hiniare dijo...

Hola José Carlos:
Diría que en esa entrada que comentas hablas de algunos momentos en que la cultura occidental ha querido recuperar una manera de percibir el mundo diferente. De todas formas yo pienso que el camino que hemos seguido estos siglos nos aparta completamente de una experiencia como la chamánica.
Me gusta la expresión “producción de sentido”. Creo que el chamanismo, con sus mundos alternativos, sus tiempos paralelos, sus animales y plantas y piedras con alma, llenaba la enorme necesidad de sentido de los seres humanos. La tendencia occidental es la de valorar sólo la utilidad de las cosas y darles explicaciones científicas; que no son falsas, pero son enormemente limitadas, y vacían todo el universo de sentido (ahora ya no aspiramos el perfume de una flor, sino que captamos la combinación química de su olor). La gente está desesperadamente necesitada de sentido, pero somos incapaces de ver el mundo de otra forma que no sea la técnica o científica (“¿los espíritus son de verdad?”). Leyendo los testimonios de estos chamanes puedo entender su verdad, y echo mucho de menos ser capaz de captar el mundo así.
Sigo con la lectura, y sigo también tu blog.
h.

DDAA dijo...

"pero somos incapaces de ver el mundo de otra forma que no sea la técnica o científica"

Bueno, también está la forma esotérico-payásico-conspiranoica-nuevaérica, cuya popularidad sí que es preocupante. Ojalá abundara mucho más el pensamiento científico, escéptico y crítico.

jcaguirre dijo...

Hola Alejo. La perspectiva nueva- eríca es un residuo que refleja negativamente al poder establecido. El poder establecido instrumentaliza algo que nada tiene que ver con la ciencia. Ese algo es el paradigma tecnocientífico o positivista. Su modo de racionalidad supone clausurar y acotar la racionalidad y el rigor, exclusivamente, en el ámbito de la razón científica... Pretensión que, por cierto, nada tiene que ver con la ciencia y que es puramente filosófica. El resultado de esto es que ese paradigma entrega al desvario y a la falta de rigor todo lo que quede fuera del método propio de las ciencias naturales o fisicalistas. Y ahí surge la new age. Lo que se reprime como irracional rebrota como irracional en tanto sombra de es racionalismo cientificista. Si se dejan de lado los saberes humanísticos que tratan las cuestiones del alma por no ser susceptibles de racionalidad esos ámbitos rebrotan irracionalmente... Otra cosa más. Los autodenominados escépticos no son escépticos. El escepticismo alcanza y choca con las pretensiones de verdad de la propia ciencia y al día de hoy con lo que choca el escepticismo es especialmente con ella ya que es el tipo de racionalidad dominante. Que se llamen escépticos refleja que su rigor lógico y conceptual termina donde termina su especialidad universitaria, además de su escasa cultura filosófica. Y claro denominarse escéptico es una proclama filosófica. No son escépticos por que son partidarios de una racionalidadf fuerte y por eso me son más cercanos que los delirantes new age

jcaguirre dijo...

"pero somos incapaces de ver el mundo de otra forma que no sea la técnica o científica"

Me refiero a la cultura dominante en la Universidad y en lo que sería la cultura más oficialista que es la que determina la politicidad presente. La que, por ejemplo, construye el discurso biomédico sobre drogas que desatiende cualquier relevancia antropológica de las mismas. Una excepción a esto es Louis Lewin. De ahí su valor y su acierto a la hora de delimitar los efectos de las sustancias visionarias