jueves, 27 de junio de 2013

Bífido teatro




Un escenario; una escena; unos personajes a los que nadie atiende. Una cortina al fondo. Más allá una penumbra densa y un baúl cerrado. Junto al baúl algunos hombres viejos que se retiran y esconden su rostro. En el baúl un misterio bífido que desdobla, escinde, fragmenta y fractura. Dícese de lo bífido: lo desdoblado, lo bifurcado, lo dividido, lo separado, lo troceado, lo que mantiene un enlace. De uno y al golpe surgen dos con dolor; el uno y el doble; pero los dos nunca dejan de ser uno. Las tres mitades del Uno: Lo uno, el doble y esa fuerza bífida que desdobla. Lo elemental se desata y el cosmos arranca en su proceso. El doble sobrevive al dolor según medida. El uno queda sumergido e inédito. Ahí van las hebras del drama.
 
El escenario brinda un contexto. La cortina lo limita. La escena dice al personaje en una clave cifrada. El personaje es olvido. Ha olvidado su condición de doble y esa unidad de origen. Ha olvidado al otro que aguarda. Ha olvidado su propio dolor, su venida al mundo, su fractura. Nada sabe de esas claves que le dicen y manejan. Nada sabe de lo elemental deshilachando y fracturando, del bullir arcaico del inicio, de los pasos rotos y los deseos congelados, de la fractura de sí. Amores y desamores, sentimientos primarios, dolores atávicos, heridas viejas... Algo nos mira de frente según se sale del claustro materno. Una serpiente poderosa de bífida cabeza. Una fuerza elemental con la que choca la conciencia. Una alteridad feroz que de uno hace dos. Una potencia que escinde y fragmenta. Según se sale, la escisión y la herida. Según se sale, el dolor y ese caos elemental. Según se sale, el olvido y ese doble que sobrevive en su propio guión.
 
En deformes imágenes se brinda el drama a la conciencia. Cifras y figuras encuentran su asedio, su corrosión y sus grietas. Al choque toda la geometría soñada y querida queda rota. Desde su fuerza lo elemental nos dice y los surcos dejados en el alma anclan a su propia grieta; arrojan a un escenario que nos prende y a una escena que nos cose según su propio patrón. La memoria se diluye y el doble encuentra su hebra. Finalmente la escena no es más que un espectral baile de simios. Pornográficamente se exhiben y se encubren sentimientos primarios. La danza a todos nos relata translúcidamente. El escenario es ahora un sótano. Los espectros de los simios gobiernan los cuerpos y poseen las almas. En ese sótano oscuro se desgranan las sombras de la tribu. En el suelo se pueden ver pequeños charcos de sangre a los que nadie atiende. El doble sufre en su propia trama y las imágenes del alma siguen su propio guión. Con todo, el foco de la atención deja el escenario y alcanza a ese baúl más allá de la cortina.
 
El contenido del baúl se siente poderoso; se encuentra en su dolor; mide el mundo según su propio patrón. Tras la cortina dicta la escena y el escenario cobra vida; pero ya nadie lo atiende. No hay público. No hay escena. El personaje tantas veces cosido según medida ha abandonado el guión y alcanza la cortina al fondo del escenario. Mira a través de ella.
 
El baúl se revuelve, se abre entre líquidos sucios que todo lo empapan. Desde su interior asoma una mujer iracunda; gruesa, fea, fuerte... Es pero nunca existió. Dicta pero nunca sale a escena. La acompaña una serpiente azul de dos cabezas; feroz, fuerte, bella, violenta. La serpiente bífida es cifra e imagen de misterio. Junto a la serpiente una anciana acogedora y gentil. El baúl queda descerrajado y abierto; panza arriba… Toda una vida queda abierta pero hay que saber encontrarse con ese dolor primigenio. Basta un sencillo sí; un sí que cuesta, un sí a lo insoportable, un sí que no se pronuncia con la boca, un sí que pronuncia el cuerpo entero. El camino será largo y verás el carnaval del sinsentido enhebrado en tu carne.
 
Adviertes la presencia de un espectro que te sigue y te sirve de sombra. Un espectro que teje la escena y todo lo impregna en un dolor inaugural, de raíces y comienzos. Sale de detrás de la cortina y se place en la memoria de las viejas deudas. Bebe sangre de la comisura de los labios, de ese dolor que nos ancla. Anhela lo que detiene vida y conciencia. No quiere otra cosa que verse atravesado por lo elemental y sus figuras de sombra. Tanathos es su nombre y danza con los que, atravesados, sólo miran hacia atrás. Esos que esperan la muerte convertidos en estatuas. En la danza de Tanathos la vida se detiene; nada llega a ser.
 
Al espectro le acompaña un frío gélido, ese frío que se enrosca a los miembros y los convierte en rígida madera dolorida. Conozco ese frío abrazándote el alma, besándote desde su hiel. Entremedias de esos fríos, más allá del espectro, está la serpiente Pitón esperando con su cabeza bífida y doble. Su presencia, azul y amarilla, parece querer partirme en mitades; la del hombre que se duele, la del mundo que se deja atrás, la del más allá que se disuelve. Apolo, de Pitón, hizo su gloria y tras invitarla a su lidia de música y danza alcanzó la fuente de la vida. Después grabó su imagen en su escudo. Apolo, el que ve y hiere de lejos, supo de la serpiente bífida; de lo que pareciendo doble es único, del enlace entre el doble y su origen; del doble que recuerda; del doble que deja de ser doble, de esa fuerza elemental preñando la vida… Pitón nos espera en Delfos. Pitón es una frontera bífida y Delfos el hogar que enlaza sus cabezas. Atravesar esa frontera nos pone al alcance los misterios de una matemática secreta. La del Uno; del que todo mana, al que todo vuelve, el que todo es. Alcanzar lo uno y lo mismo en una intuición de plenitud desconocida... Todo en todo se nos brinda y en el caos se encienden palacios, castillos y catedrales… Pitón es tanto muerte como vida; veneno, medicina, fractura, unidad, cosmos, dualidad reunida, escisión que se sutura, belleza, fuerza elemental. La vida y Pitón se nos confrontan pero sus dos cabezas se nos brindan enlazadas. Son dos pero su sentido es uno. Del sentido mana la vida. Dialéctica. Síntesis.
 
El árbol de la vida hunde sus hondas raíces en un caos elemental. Un árbol majestuoso en lo alto del monte; una campiña verde… Solo es la ciencia de la Unidad. Esa ciencia que sabe del abrazo del dolor, de la escisión que se sutura. Como dijera Platón somos una planta celeste que viene a levantarse. Se levanta para silenciosamente contemplar arraigada en los lomos de un pájaro de fuego. En tu sangre y en tus venas arderá ese fuego. Eros verá la vida encendida.







6 comentarios:

tula dijo...

...pregunto, ¿el doble es el ser del que habla el chamanismo de D. Juan y C.C.?.
un abrazo, me ha gustado.
Tula

jcaguirre dijo...

Con el doble juego con la identidad mas epidérmica y más referida a nuestro propio contexto y a cómo nos hemos intentado adaptar al mismo. El troquel psicoanímico de cada cual; troqueles, eróticas, hábitos, mecanismos inconscientes elementales... Basicamente toda la trufa psico-socio-familiar y el mundo emocional que hemos ido tejiendo a lo largo de los años... No caigo ahora en la idea de doble de Castaneda

jcaguirre dijo...

Un saludo Tula

tula dijo...

Lo siento, no lo pillé, estoy algo espeso.

El doble es un cuerpo energético que se crea al incrementar la conciencia, algo que se separó de nosotros a través del orden social.

(...según el chamanismo de D. Juan.).
otro saludo.

Jan dijo...

Ampliando la cita de Platón:

"El hombre es una planta celestial, y lo que esto significa es que el hombre es como un árbol invertido, cuyas raíces tienden hacia el cielo y cuyas ramas tienden hacia la tierra."

El árbol invertido también como metáfora de esa doble serpiente (ascendente y descendente)que fluye entre lo de "arriba y lo de abajo".

Me parece interesante recordar lo escrito por Harpur sobre la "doble visión" en su libro recientemente publicado "La tradición oculta del alma":

"El pueblo nganga del Camerún cree que nacemos con cuatro ojos, dos abiertos y dos cerrados. Los cerrados se abren al morir. Si un niño nace con los ojos abiertos, ve a los ancestros invisibles.Como esto resulta perturbador, hay que cerrar dos ojos del niño mediante rituales para que no "regrese" -es decir, para que no muera-. Y al contrario, a las personas con vocación visionaria hay que abrirles los dos ojos cerrados. Se toma una cabra que representa a la persona y ésta recibe sus ojos cuando el animal es sacrificado. A un miembro de los ngangas, Eric de Rosnay -que también era sacerdote jesuita- le abrió su segundo par de ojos, sin él saberlo, un maestro llamado Din. Pese a desconocer su propia iniciación, De Rosnay pronto "empezó a ver de otra forma". Sus ojos "estaban abiertos" a la violencia oculta de la gente, y le sobrevenían imágenes de lo que había oculto en el corazón de las personas.
La apertura de los "ojos de la cabra", relacionada con la muerte y los ancestros, es una potente metáfora del poder de la intuición y el discernimiento. Es una imagen concreta de lo que William Blake llamaba "doble visión": la capacidad de ver, a través de la superficie de las cosas, lo que hay más allá. Los chamanes utilizan este poder para "ver dentro" de las personas y establecer qué mal padecen. Por ejemplo, pueden ver a un brujo luchando contra los ancestros por el alma de un paciente".

Y en otro lugar dice:

"Ver el alma como una sombra, como hacen tantas culturas tradicionales, es una imagen compacta de la doble visión. A una persona se la considera ante todo doble, como cuerpo y sombra, donde "sombra" evoca un gemelo oscuro, el inconsciente que sólo es visible cuando se bloquea la luz dominante de la conciencia".

Una lectura intensa y estimulante la que aquí dejas, sugerente por las conexiones que puede suscitar.

Saludos

jcaguirre dijo...

Gracias por los comentarios muy interesantes. Dicen que Edipo tambien se arranca los ojos para seguir la senda del sabio Tiresias que veía esa visión doble y abandonar la mirada cotidiana de las cosas... Variaciones con repetición sobre el tema de esa visión privilegiada clave inciática donde las haya... Por cierto, Mierce Eliade indica que la obra platónica y la estructura ontológica de la que habla Platón es el vehículo más indicado para acceder a cierta comprensión del chamanismo. No en vano el neoplatonismo tuvo mucho de intento de hacerse cargo del viejo paganismo desde a filosofía... Puentes y sendas...