sábado, 20 de julio de 2013

William Blake: Gloria del cuerpo, psicologia phantastica e imaginación creadora

William Blake, del mismo modo que otros grandes de la cultura inglesa del XIX -Mary Shelley o Wordsworth- fue alguien que vivió a la contra de la cultura dominante y de su sesgo racionalista, desarrollista y tecnoindustrial. También vivió Blake a la contra de la sensibilidad religiosa vigente en su época decantada hacia el puritanismo y hacia ese dualismo del bien y del mal que reducía la experiencia religiosa a la normatividad moral. Su adhesión al romanticismo temprano, si bien no deja de ser una categoría escolar, está fuera de toda duda. De hecho, su nombre bien merece quedar inscrito entre los grandes del romanticismo europeo. Su manera de entender la religión y el cristianismo, en tanto vía iniciática, poética de la percepción y gloria del cuerpo, lejos de transformarle en un reformador o en un sectario religioso, sirven su legado a las más refinadas gentes de cultos y creencias diversas. Fue el gran Chesterton quien declarara su vecindad con el catolicismo. Esta vecindad, sin embargo, a otros les resultará chirriante. La realidad es que ambos tendrían su razón ya que su sensibilidad espiritual es tan universal, por describir lo humano, que es capaz de hacer vibrar a personas religiosas de diversa condición e incluso a personas indiferentes hacia la religión pero interesadas en los procesos espirituales o las cuestiones estéticas. Este será el genio de William Blake; un místico visionario libre y sin tapujos más allá de todo sesgo sectario.

Me he referido a Chesterton. Tras un relativo olvido en el siglo XIX este católico inglés será uno de los que vaya rescatando la figura de Blake. La devoción que la beat generation sintiera por Blake fue otro de los grandes momentos en ese proceso de recuperación de su figura. Para los beatniks Blake indicaba una poética de la imagen de tintes proféticos precisamente por indicarnos las posibilidades de lo humano y el destino del hombre. Ginsberg además de hacerle protagonista de sus visiones le consideraba el primer beatnik. No es algo que deba extrañarnos; por marginal y ajeno a su tiempo, por indagar en las potencias del espíritu las capacidades para elevarse sobre un tiempo degradado en el racionalismo, por entender la religión desde la poética y el éxtasis que sublima la existencia, por su valoración del cuerpo y de la libertad de costumbres, por entender la espiritualidad desde la unidad de todo lo real bien lejos de todo dualismo moral u ontológico... Chesterton alabará su realismo visionario y su manera de entender la visión como plenitud de las formas. Chesterton, Ginsberg, el propio Blake… Todos ellos marginales a esa Ilustración racionalista que el capital y sus exigencias imponen desde hace ya dos siglos. Control, dinero, técnica, gestión: La sociedad como hormiguero; los hombres a los pies de la administración de la vida… Muy lejos de esta programática de control total encontramos a gentes como Chesterton, Blake o Ginsberg. Desde su punto de vista lo humano no se resolverá en la subsunción - o aniquilación- del hombre en la movilización total para la producción sino en esa aventura del espíritu y hacia el espíritu. La misma aventura que atravesará el gigante Albión muriendo y resucitando para conocer y reconocer su propia plenitud. (Cfr. William Blake. Jerusalem: La emanación del gigante Albión)

Ya he indicado el enorme interés que la beat generation sintiera por William Blake. Este interés tendrá su continuación en la contracultura y en lo más granado del movimiento hippy. Sin ir más lejos el nombre del grupo “The Doors” es un homenaje y un reconocimiento a William Blake inspirado en uno de sus versos “Si las puertas de la percepción quedaran depuradas todo se mostraría al hombre tal cual es: infinito”. En España Lluis Racionero le dedicará un vibrante estudio en su obra “Filosofías del underground”. Todos ellos buscarán en Blake al artesano del éxtasis que fue. Siguiendo su estela indagarán en esos referentes occidentales de la ebriedad capaces de hacer luz en el enorme desafío que supone la confrontación con las plantas y los fármacos visionarios. En Occidente todos esos referentes se remontan a esa ebriedad platónica y a la sabiduría del éxtasis que le es propia. De su mano, el alma se lanza a un íntimo acercamiento a ese misterio que concilia todo contrario y toda dualidad –la síntesis suprema- y que nos revela la unidad de todo lo real más allá de los estrechos límites perceptivos del modo de conciencia común entre los hombres. De la percepción deformada de la vida que el hombre padece en el interior de la caverna en la que está encerrado alcanzaríamos una liberación perceptiva capaz de brindarnos el acceso al mundo de la intensidad y la plenitud de las formas y, finalmente, a ese misterio insondable que nos revela al cosmos como Uno. (Cfr. Platón. La república. Mito de la Caverna). Este viático interior permitirá al hombre acceder a modos de plenitud y salud desconocidas. Esta será la cartografía básica a partir de la cual Blake construirá su idea de imaginación y su sensibilidad espiritual. Desde esta cartografía básica adentrémonos en William Blake. A buen seguro su propia sensibilidad espiritual, su manera de entender la visión o el viático de lo humano que nos indica nos darán pistas y rastros ciertos desde los que acercarse a la experiencia visionaria. En realidad, es en el acceso a estos rastros, los de Blake u otros de su altura, donde se aquilata nuestra madurez en el encuentro con los fármacos y las plantas visionarias.

En un primer acercamiento a Blake destaquemos su carácter netamente moderno, romántico y pionero. En esas notas queda delineada su sensibilidad espiritual. Moderno por ordenar su textura espiritual desde la conciencia de la crisis de las religiones tradicionales y, sobre todo, de sus instituciones políticas. Moderno por entender la poética desde la libertad creativa y desde la inspiración. Romántico y pionero por abordar su propia elaboración imaginaria y espiritual; algo necesario desde su punto de vista especialmente en un mundo en crisis. Pionero pero no por ello desgajado de la tradición a la que pertenece. Moderno y romántico por pretender esa apertura al espíritu desde una poética íntima que se remite a las capacidades de la vida anímica y a la liberación de las potencias espirituales del hombre. Pionero por anticipar una crítica de la Ilustración a comienzos del XIX…

En realidad Blake fue de los primeros que divisó el monstruo que engendraba la mentalidad técnica y la sociedad de control que alumbraba la sensibilidad ilustrada. Un monstruo que corta y cose la vida a peso y cuchillo desde el cálculo, la medición, la administración y la gestión. Desde la mirada de Blake ese monstruo es Urizen, el poder razonador del hombre desgajado por la Ilustración de la totalidad de lo humano. Urizen dejará el saldo de su propio espectro; un espectro del hombre que aliena las potencias de lo humano. Un espectro que razona, calcula y, fríamente, administra, somete y controla dejando un páramo tras de sí. Desde su primado, Urizen habría roto la homoestasis de lo humano, sus equilibrios más evidentes. El coste de lo dicho será muy alto ya que lastraría la plenitud perceptiva de lo humano, la plenitud del cuerpo y la plenitud del mundo que aguarda al hombre. Para Blake esta hipertrofia de la razón analítica condenaría al hombre a una vida de miseria...

Desde el punto de vista de Blake, Urizen, es una de las cuatro potencias que integran lo humano. Son los llamados cuatro zoas o cuatro vivientes. Junto a Urizen estaría Luvah –las emociones y los deseos- , Tharmas –los sentidos corporales- y Urthona –el espíritu-. Del equilibrio y de la actividad integrada de estas potencias dependería la plenitud de lo humano. Así Urthona para encontrar su vigencia en el mundo y la vida sublimaría las capacidades de los sentidos corporales llevando al cuerpo a su plenitud perceptiva. Con lo que Tharmas vendría a encontrar su plenitud en el equilibrio con Urthona y Urthona nada sería sin Tharmas... Al tiempo la pertinencia de las elaboraciones de Urizen dependerían de esa capacidad perceptiva que se decidiría a partir de Tharmas y Urthona. O lo que es lo mismo, de lo despiertos que estuviéramos a nuestros propios sentidos y de nuestra capacidad de presencia dependería pensar con acierto. Urizen, del mismo modo que Tharmas o Urthona, también dependería de Luvah precisamente por la relevancia cognoscitiva de las propias emociones y por los velos que éstas pueden suponer. A su vez, todos los zoas dependerían de Urizen por su relevancia práctica para la vida corriente y para el discernimiento dual. En relación a la relevancia de la razón Blake no apuesta por irracionalismo alguno sino por una re-elaboración de la razón. En sus propias palabras “la razón o ratio de lo que ya hemos conocido no es lo mismo que lo que será cuando conozcamos más”.

Como observamos las combinatorias de los cuatro zoas no son pocas, abriéndose a diversas posibilidades, pero lo cierto es que para Blake la plenitud de lo humano dependería de su equilibrio. Podríamos decir que en la homoestasis de estas cuatro potencias cristaliza la psicología phantastica y poética de William Blake. Desde tal equilibrio el hombre alcanzará una visión penetrante y nítida que alcanzará desde las tramas ocultas de la cotidianidad a la gran visión. Sobre esta gran visión nos dirá Blake: “El mundo de la visión es el mundo de la eternidad”.

Efectivamente, William Blake manejó el arte visionario que no es sino ese arte de la mirada. Podríamos hablar de él como de un visionario que nos indica hasta donde alcanza la capacidad de visión del hombre para desvelar aquello que, en principio, permanece oculto o velado. Para Blake el privilegio de esa visión alcanzará la plenitud espiritual de la vida a partir de la plenitud cognoscitiva del hombre. De ahí la importancia que la cuestión del cuerpo tendrá para Blake. En su propia plenitud perceptiva y a partir de nuestros sentidos –recogidos en la plenitud del espíritu- el cuerpo humano desvelaría la imagen divina del cosmos. Para lo dicho Blake, se acerca a una noción de cuerpo muy similar a la que más de un siglo después aportará la fenomenología al tiempo que renueva la vigencia de las más atinadas tradiciones iniciáticas cristianas. En lo referente a esas tradiciones iniciáticas cristianas me viene a la cabeza las doctrinas de Orígenes y de los padres de la iglesia sobre los sentidos espirituales o sobre el cuerpo espiritual. Paralelamente y como hará después la fenomenología Blake entenderá el cuerpo a partir de la propia vivencia corporal. La vivencia y el modo del conocer del hombre quedará constituida desde su propio cuerpo y nuestra mirada sobre el cosmos responderá a las propias potencias del cuerpo del hombre. El cosmos que el hombre conoce quedará remitido a la corporalidad humana; y las potencias del cuerpo a ese cosmos que viene a revelarse en los diversos estados de los que el hombre es capaz. Alcanzar esa percepción de la diversidad del mundo en tanto unidad que concilia toda escisión o contrario y en tanto expresión del espíritu será la gloria del cuerpo del hombre y la plenitud del cosmos en el propio cuerpo del hombre. De ahí la enorme importancia que da Blake al cuerpo del hombre, un cuerpo que es capaz de tomar conciencia del espíritu divino y de contemplar el cosmos a partir de su propia plenitud. Y es que para Blake “el hombre no tiene un cuerpo distinto de su alma”… Hasta el punto que el cuerpo sería emanación y flor del alma. De acuerdo a la referencia neoplatónica ya apuntada la idea de emanación es importante en Blake. Mundo y hombre responden a emanaciones sucesivas desde unos arquetipos celestes. Si las emanaciones atienden a su causa y origen éstas encontraran su propia plenitud. En caso contrario verán alienadas sus potencias de vida hasta llegar a convertirse en espectro de sí.

A la hora de alcanzar esa conciencia de lo divino la imaginación será la clave que eleva al hombre más allá de la conciencia ordinaria. Y así será por alcanzar la capacidad imaginativa del hombre eso mismo que constituye a la llamada imaginatio dei. ¿Imaginación divina; por qué llamarla así?. No vulgaricemos la cuestión de Dios. Lejos de una mera creencia vulgar es uno de los hitos de abstracción filosófica, sapiencial e imaginaria más colosales de los que el hombre es capaz. Con la cuestión de Dios queda nombrada la de la Unidad del mundo más allá de toda escisión y dualidad, la permanencia más allá de todo cambio y la de un plano causal omniabarcante e integrador. Alcanzar la experiencia de Dios, ni más ni menos, será la experiencia de la unidad de todo lo real, la experiencia del Todo y del cosmos como un Todo que expresa una plenitud desconocida. Hen kai Pan –Uno y todo- nos dirán los románticos… Tal será para Blake el viático de la vida del hombre, su gran desafío: Alcanzar ese estado interno que nos asimila a la Unidad y a lo infinito y nos muestra la copertenencia de los contrarios –coincidentia opositorum-. Para Blake esto será posible desde la imaginación creadora. No olvidemos que para los románticos la imaginación es esa facultad a través de la cual enhebramos en nuestra conciencia una determinada imagen del mundo, una imago mundi, sin la cual no podríamos ni percibir ni entender. Me refiero a esa imagen que nos hacemos del mundo y que totaliza y contextualiza el mundo que habitamos otorgando un contexto previo a nuestra razón y a nuestra capacidad de discernimiento. La imaginación sería, pues, algo previo a la razón en el engranarse de las facultades del alma. De ahí que Blake nos diga “todas las cosas existen en la imaginación humana”…. De la imaginación dependería pues cómo constituimos el perfil general y la textura del mundo que vemos; de la razón el análisis singular de las cosas que vemos en ese mundo que previamente hemos constituido imaginativamente... Sólo tocando nuestra imagen del mundo podemos mover cómo encajamos las piezas del mundo que habitamos y ascender hacia esa imaginatio dei… No en vano para Blake lo infernal, lo satánico o lo celeste responderán a diversos estados de los que el hombre es capaz. En esos estados quedaran desgranadas las posibilidades de lo humano. De ahí el carácter profético de la poesía de Blake al indicarnos las diversas posibilidades de lo humano. El destino del hombre según Blake; lo único que le libera del dolor y le transporta al reino eterno del gozo: “ Ver un mundo en un grano de arena/Y un cielo en una flor silvestre: Toma la infinitud en la palma de tu mano/y la eternidad en una hora”. Parafraseando a Blake sólo desde tal exceso el hombre será conducido al palacio de la sabiduría.
 
  


8 comentarios:

hiniare dijo...

Mira por dónde, acabo de decidirme a leer a Blake, después de mucho tiempo de encontrarme citas y fragmentos de su obra. Mis últimas lecturas sobre hermetismo me han llevado a él, y tengo interés en saber qué ha llegado hasta él de la tradición (supongo que mucho).

Respecto a su oposición al racionalismo, me ha sorprendido mucho leyendo a Raimon Arola, que este autor contrapone por un lado la espiritualidad hermética tolerante e integradora, al racionalismo y a la Iglesia totalitaria por otro lado. Es decir, dos cosas que yo siempre había considerado opuestas, el racionalismo y el integrismo religioso, él los coloca en el mismo bando de las ideologías agresivas que no admiten contestación. Es una idea un poco extrema, lo sé; pero resulta terrible ver como la nueva visión científica borra del mapa la tradición espiritual que se había desarrollado durante siglos. O al menos lo intenta, porque resurge con Blake y el romanticismo como una erupción que se había intentado ocultar con una tirita. Nunca deja de resurgir, pero creo que ha perdido bastante los orígenes.

Bueno, pues estas vacaciones toca Blake.
h.

Jan dijo...

Y a mi me pillas editando la próxima entrada sobre un ensayo de la escritora-poeta Kathleen Raine dedicado a Blake, a quien considerara su maestro y le dedicó gran parte de su vida a estudiar su obra.
Muy bien expuesta la síntesis que aquí dejas. Ahora, entre nosotros, me ha chirriado un poco lo de Ginsberg considerándolo el primer beatnik, pero bueno, entiendo que con ello lo que pretendía era barrer para su casa ;-)

jcaguirre dijo...

Hiniare un placer verte por aquí. Me encanta tu blog. Quizá Hiniare no sean tan diferente el integrismo religioso y el racionalismo. Los integrismos religiosos, wahabismo incluido, tiene un denominador común, la desconfianza o la oposición expresa a la sabiduría espiritual y la reducción de la religión a la moral o a la ley, es decir, a una esfera normativa que distingue el bien del mal; lo bueno de lo malo... Y claro, liquidar lo que sería una episteme espiritual es la condicion de posibilididad de la existencia del racionalismo, es decir, de una episteme puramente racional que todo lo reduce a la razón... Por cierto de Blake me encanto; "Cantos de inocencia" además del provocvador y tremendo "El matrimono del cielo y del infierno"

jcaguirre dijo...

Jan, la generacion beat es una joyita salvaje y silvestre fruto de la resistencia al tiempo trágico que vivimos http://phantastikablog.blogspot.com.es/search/label/Beat%20Generation.

Aunque lo bueno de Blake es que, por universal y maestro, atrae desde diversas perspectivas

jcaguirre dijo...

Este es el enlace Jan

http://phantastikablog.blogspot.com.es/2012/08/la-generacion-beat-los-beatificos-y.html

Fernando Muñoz dijo...

Magnífica entrada J. Carlos y de enorme interés la figura de Blake. Me he puesto hoy a leer el Blake de Chesterton. Encuentro una dificultad actual: la de encontrar una comunidad de visionarios. Es que me parece que la soledad (inseparable del individualismo moderno) me parece un auténtico bloqueo para seguir la vía hacia la plenitud de percepción que anuncia esa antiquísima filosofía - más o menos oculta - de la que Blake parece una figura reciente. Y a la que tú mismo entiendo que buscas responder. Como sabes me interesa enormemente la idea honda de comunidad y por lo mismo los orígenes del monaquismo. El comunitarismo de la generación beat me parece errado y no encuentro hoy posibilidad alguna - más allá de una búsqueda individual que no me parece suficiente - de semejante comunidad. Cuídate y un abrazo.

jcaguirre dijo...

Desde mi punto de vista vivimos un tiempo constituido en la tragedia y en la disolución de toda referencia comunitaria y de toda traditio. Por eso la pertinencia de la potencia y de la libertad interior que suscita todo lo que tiene que ver con lo referido a las sendas y a la esfera del espíritu. La dificultad de esa comunitas es la gran dificultad ya que ciertos asuntos exigen de una traditio y de un contexto y prácticas específicas(en el caso del cristianismo la contemplación cristiana). La tragedia de nuestro tiempo tambien tiene que ver con esa ausencia de la traditio...

jcaguirre dijo...

Hola Fernando, un placer. Desde mi punto de vista vivimos un tiempo constituido en la tragedia y en la disolución de toda referencia comunitaria y de toda traditio. Por eso la pertinencia de la potencia y de la libertad interior que suscita todo lo que tiene que ver con lo referido a las sendas y a la esfera del espíritu. La dificultad de esa comunitas es la gran dificultad ya que ciertos asuntos exigen de una traditio y de un contexto y prácticas específicas(en el caso del cristianismo la contemplación cristiana). La tragedia de nuestro tiempo tambien tiene que ver con esa ausencia de la traditio...