martes, 20 de agosto de 2013

Stanislav Grof en el espacio en blanco

Stanislav Grof. Pocas presentaciones exige este investigador. A muy pocos debemos más quienes estamos interesados en la investigación y el estudio de los fármacos visionarios y sus efectos. Traigo a colación una entrevista muy reciente. En concreto la que le hizo en su propio programa Miguel Angel Blanco en Radio Nacional de España hace unos pocos días. En esta entrevista Grof aborda, panorámica e introductoriamente, toda una serie de temas en relación a la llamada expansión de conciencia y al uso de los fármacos visionarios. Este carácter panorámico es el valor fundamental de esta entrevista. A lo largo de la misma se iran desgranando diversas áreas de interés. Una de ellas será la alusión de Grof a la idea de anima mundi para explicar qué pudiera ser eso de la conciencia y por qué ésta tendría una dimensión no solo individual o particular sino también cósmica. Desde mi punto de vista, reinterpretar el asunto de una supuesta conciencia cósmica desde la idea de anima mundi ubica la cuestión, al tiempo que nos aleja de lo que sería un mal uso del lenguaje (por cierto, la traductora durante la entrevista no recoge en su traducción esta alusión). Reconozco mi alergia hacia la expresión "conciencia cósmica"; una expresión muy vinculada a malas traducciones de nociones orientales y deformada por ciertos usos new age. En realidad, la palabra conciencia en su significación alude a algún género de autoconciencia sólo entendible a partir de la propia conciencia humana (tener conciencia de..., tomar conciencia...) y del desdoblamiento entre esa conciencia y los diversos contenidos y objetos de la misma… La idea de Anima Mundi da un paso atrás y deshumaniza esa alusión a la potencia vital, creadora y, por tanto, espiritual que da cuenta del cosmos como un Todo. El hombre, efectivamente, puede expandir su conciencia pero acaso la expresión de conciencia cósmica no sea especialmente afortunada por lo que tiene de humana, demasiado humana...

En íntima conexión con esta alusión al anima mundi la cuestión del Todo también aparecerá en la entrevista. La de la Unidad y totalidad del cosmos en tanto horizonte de plenitud y de salud de lo humano... Acaso sea esta referencia la que más ordene la programática de modificación de conciencia apuntada por este investigador... La cuestión de la Unidad; más allá de toda diversidad y de toda escisión, dualismo o dualidad... Transcendente respecto de la cuestión del dolor y de la insatisfacción...

Con acierto, para Grof, esta instancia de sentido no es racionalizable; sencillamente se vive, se experimenta. Su experiencia desborda en salud e intensidad, es estrictamente sanadora... La finalidad de la modificación de conciencia, de su evolución, sería acercarnos a ese umbral de experiencia unitiva. Esa experiencia por la cual el hombre se acerca a ese Misterio que integra y unifica la vida...

En relación al uso de las sustancias y las plantas visionarias este checo afincado en California apunta pues a eso que llamaríamos una experiencia cumbre, al misterio que late detrás de toda mística y de todo saber espiritual, al umbral extremo de nuestra capacidad de experiencia. Ahí ya no hay ni dentro ni fuera. Ahí la identidad queda abierta. Nuestra particularidad se acoge a esferas de sentido que la transcienden. Como vemos Grof no se deja seducir por ninguna extravagancia del imaginario sino que se remite escrupulosamente a las potencias de la vida anímica del hombre en todo lo que se refiere a las experiencias con sustancias visionarias. Conviene hacer esta puntualización ya que cierta sensibilidad espiritista y la fascinación ante los mundos intermedios -dejando de lado la propia evolución espiritual- es una de las grandes lacras asociadas al uso de enteógenos.

Si para Stanislav Grof este horizonte es el propio de la modificación de conciencia no es menos cierta la importancia que da al trauma del nacimiento en tanto trama que, en buena medida, configura el psiquismo humano. En esto sigue la estela del psicoanalista Otto Rank. Sus matrices perinatales elaboran el trauma del nacimiento en sus diversos momentos al tiempo que aportan una cartografía de las diversas posibilidades abiertas. Desde esta perpectiva las vivencias del proceso del nacimiento troquelarían y condicionarían nuestra emocionalidad y nuestro psiquismo en la carga emocional que habrían incorporado a nuestro paisaje psíquico. Grof ilustra lo dicho a través de lo que llama sistemas de experiencia (COEX); un entramado de recuerdos inconscientes del cual dependería un determinado troquel de nuestros sentires y de nuestra capacidad de experiencia. Hacer conscientes estos condicionantes al deseo y a la capacidad de experiencia, tornando consciente el sello dejado por el trauma del nacimiento, será una de las claves más importantes en el propio proceso personal y, también, en las posibilidades de apertura espiritual.

Tanto en la referencia a la cuestión del espíritu como a las matrices perinatales apelará este psicólogo a la experiencia en tanto método y praxis. Esta apelación a la experiencia es especialmente relevante en términos epistemológicos. Evidentemente no se referirá a la experimentación del método científico-positivo y a sus procesos de reducción cuantitativa a través de la medición y el cálculo. Grof habla de la propia capacidad de experiencia empírica y de las posibilidades de sentido inherentes a esa capacidad de experiencia. No olvidemos que apreciar la introspección y el análisis psicológico tiene como condición dejar de lado esa trampa intelectual que confronta objetividad y subjetividad. De lo que se trata no sería pues de esgrimir alguna supuesta objetividad –vía reducción matemática- y de arrojar a la caja oscura de la subjetividad la propia capacidad de experiencia y sentido. Muy lejos de esto, se trataría de la posibilidad de enhebrar un relato capaz de hacer entendible y más manejable nuestra propia vida… Contarnos las cosas de nuestra vida a partir del propio sentido y de la potencia de vida que dimana de ese relato… En realidad esto es algo que hacemos permanentemente. Permanentemente nos contamos la narración de nuestra propia vida para poder entenderla y manejarla. O acaso al revés; para poder entender y manejar nuestra propia vida construimos una narración de la misma. Esto valdrá para situaciones recientes y concretas pero también para la totalidad de nuestra vida; o para la influencia decisiva de la infancia sobre la misma. En realidad, cualquier terapia analítica, no será sino lo dicho. Indagar en nuestra propia historia personal hasta encontrar esa palabra, ese relato afinado, que libera sentido, salud, desprogramación y libertad. Desde este punto de vista las matrices perinatales -del mismo modo que toda las teorías analíticas, terapeúticas o psicoanalíticas- no serán sino propuestas y posibilidades que acaso puedan darnos claves sobre nuestro propio relato. Como se hace evidente ni Stanislav Grof ni Otto Rank andan descaminados. Nacer es una de las grandes experiencias de lo humano. El fin de la placidez placental, la lucha por la supervivencia, el descubrimiento del dolor, la experiencia de ser algo diferenciado de lo que nos rodea, lo incierto de eso que nos rodea... Y es que, geneticas aparte, con el nacimiento comenzamos a ser, a ser de un modo concreto y diferenciado.


Poca justificación tendrá pues acusar a Grof de escasa cientificidad, en la línea de una psicologia de corte positivista, ya que nos movemos en una esfera de racionalidad que no es la del método científico sino la del pensamiento narrativo, la de la interpretación y la de la hermeneútica. Desde todo lo apuntado la apelación a las matrices perinatales podrá liberar, en su caso, una considerable riqueza de cara a saber de nuestra propia historia.

He aprovechado esta introducción para acometer algunas matizaciones a propósito de la obra de este investigador y psiconauta. Otros temas serán también los abordados en esta entrevista panorámica: La consideración de los fármacos visionarios como instrumentos para la transformación, las apreciaciones que hace del chamanismo, la pertinente crítica a la casta periodística en la manera de tratar a las sustancias visionarias... Vayamos a la entrevista y a la palabra de Stanislav Grof. Ahí va el enlace.
  

2 comentarios:

Tula dijo...

Gracias, no tiene desperdicio.
Tula.

jcaguirre dijo...

Así lo veo yo también