sábado, 5 de octubre de 2013

La percepción new age de la ayahuasca: Iluminados, milagrerismo y superstición

Al día de hoy las iniciativas que vienen a favorecer el buen uso de la ayahuasca son algo relativamente usual. De hecho, son varias las plataformas que han elaborado códigos éticos, favorecen usos informados  o promueven la necesaria formación y capacitación exigible a quien propone una sesión de ayahuasca. Como se hace evidente la promoción de estos buenos usos tiene como condición haber detectado previamente -y en tanto problema emergente- todo un repertorio de usos inciertos, dudosos, perjudiciales, puramente mercantiles o sencillamente charlatanescos. En este blog he tratado ya estos asuntos al referirme al proceso de recepción de la ayahuasca en Europa. En este sentido me remito a lo ya dicho sobre ciertas demencias y ciertas estafas. Con todo, quiero volver sobre este tema con el fin de delimitar con precisión una determinada manera de entender la ayahuasca vinculada con ciertos excesos y ciertos descalabros.
Si pretendemos reflexionar sobre estos temas, antes de nada, se hace ineludible considerar la cuestión de la new age. Su modo de considerar los fármacos y medicinas visionarias opera como el necesario telón de fondo de todo tipo de distorsiones en el uso de la ayahuasca. Sobre esta sensibilidad new age, muy sumariamente, decir que vendría a configurarse como parodia espiritual y como oferta mercantil dispuesta a satisfacer una demanda pre-existente. En concreto, una demanda de experiencias espirituales en el contexto de sociedades desarraigadas y altamente secularizadas que lo ignoran casi todo de las cuestiones espirituales y, más aun, de las experiencias con ayahuasca. En la new age encontraremos pues ocio, ocurrencias, falta de rigor y de método e ignorancia estricta; todo ello condimentado desde el punto de vista del negocio más crudo o del imaginario del iluminado de turno. En tales parajes la mezcla y superposición de todo tipo de referencias, si es que venden y en tanto puro reclamo, será algo recurrente. De ahí que los sincretismos más delirantes y estériles encuentren en la new age tierra abonada[1].
Por precisar más el nexo entre new age y ambientes ayahuasqueros me permitiré un matiz más. Consideremos el mercadeo que muchas veces se hace de ciertas referencias nativas o chamánicas. Tal mercadeo, además de desplegar buenas dosis de inventiva, desatenderá expresamente los contextos y protocolos que demarcan tradicionalmente el uso de la ayahuasca. De ahí que la reconstrucción paródica y cosmética de esas tradiciones, con la finalidad de legitimar algún tenderete para occidentales dispuestos a alguna “trance experience”, sea algo bastante común.
 En fin, la new age; un abigarrado “todo vale” si es que vende… Por cierto, las pseudoterapias degradadas mezclando apresuradamente espiritualidad y terapia, bien lejos de todo protocolo de formación del terapeuta, será otra de las notas más típicamente new age. No olvidemos que se trata de concurrir en el mercado y de ganarse unos dineros.
Tras esta somera pero necesaria introducción trataré de abordar la percepción new age de la ayahuasca desde una comparativa con lo que sería su percepción nativa. Centraré la comparativa indicada en cuatro puntos de atención.
(1) Las tradiciones chamánicas y de curandería nativa atribuyen a la ayahuasca un valor medicinal. La ayahuasca será pues entendida como medicina o fármaco; con capacidad de sanar  si es que se hace un uso diestro de la misma. Todo dependerá, además de la propia disposición personal, del arte del curandero, hombre-medicina o chamán. De esta manera, la dimensión medicinal de la ayahuasca se considerará completamente vinculada a un preciso saber hacer y a contextos y modos de manejarla muy específicos… Hasta el punto de venir a enhebrarse todo este bagaje a través de lenguajes, protocolos, escenarios rituales y referencias culturales, simbólicas y mitológicas muy complejas. Manejar esta medicina exigirá un determinado proceso de formación; no ya sólo en el uso de la ayahuasca sino también en otras plantas medicinales; lo que cualifica el uso de la ayahuasca en lo que sería un saber general sobre las plantas y en un determinado contexto de prácticas rituales. En lo referente a ese saber y a ese contexto ritual la cuestión del lenguaje y de la narrativa no será un tema menor ya que a través de determinados códigos narrativos el hombre expresará y abordará su propia experiencia ritual y también con las plantas. En este sentido creo importante hacer notar que el carácter medicinal de la ayahuasca tendrá una relación directa con diversos criterios cualitativos o contextuales; por lo que tal carácter medicinal no responderá a su mera ingesta o a criterios exclusivamente farmacológicos.
Muy lejos de todo lo dicho la percepción new age de los beneficios de la ayahuasca no los hará depender de saber hacer alguno sino del propio efecto como tal de la ayahuasca; el cual per se fomentaría la salud de quien la ingiere. Consideremos los riesgos asociados a este planteamiento. Advirtamos como la sensibilidad new age pierde de vista los peligros asociados al mal uso de la ayahuasca. Sólo ve los beneficios al tiempo que hace depender éstos del propio “trance milagroso” y estructurante de la ayahuasca. Desde su punto de vista, estos beneficios dependerían básicamente de algún tipo de espíritu acaso benéfico o sanador. Lo decisivo sería pues el efecto de la propia ayahuasca como tal y no un saber hacer previo que delimite y sirva el encuentro con la ayahuasca y esas potencias sanadoras tan vinculadas con la capacidad de visión y con ciertas tomas de conciencia. Esta magnificación sin condiciones del trance ayahausquero llegará incluso a primar cualquier tipo de experiencia que acontezca en el mismo, dejando así de lado la valoración  de los aportes de sentido que cada cual pueda llegar a ver e intuir. Incluso aunque el experimentador nada vea o se entere de bien poco... Desde esta óptica de lo que se trata es de atravesar -o incluso de padecer- el trance ayahuasquero, un trance considerado sanador... Para todo esto bien se invocará algún género de milagrerismo o bien modos muy romos de entender la cuestión de la catarsis. Advirtamos cómo la cuestión de la visión y la de su integración quedaran completamente desplazadas ante una suerte de experiencialismo completamente degradado e iluso.
(2) La manera new age de entender la ayahuasca irá de la mano de una determinada sensibilidad vagamente religiosa y, en todo caso, milagrera. Tal sensibilidad constará de componentes devocionales específicos que se proyectaran sobre la planta y sobre su “espíritu”;  el cual podrá ser considerado desde elevado juez moral a poder superior ante el que se comparece.
Como podemos observar, estamos ante la expresión de lo que sería un imaginario vagamente religioso, sentimental y vivencial. El mismo proyectaría sobre la ayahuasca capacidades de sanación milagrosa y atributos sobrehumanos que servirían una elevación espiritual referida al trance ayahuasquero. Esta insistencia en el trance tenderá a dejar de lado el tema de la salud y el de la integración de la vida anímica en la más sencilla cotidianidad. La ayahuasca quedará idolatrada en tanto poder superior y alteridad del cual se espera favor y ventura. De la decisión de la propia ayahuasca de sanar al hombre, como si se tratara de una deidad o numen favorable, dependería pues su potencia sanadora. Esta sensibilidad vagamente religiosa presentaría un carácter completamente degradado respecto de lo que sería una sensibilidad religiosa bien orientada, asentada en la cotidianidad desnuda y ajena a toda seducción por experiencialismos y psicoglobos. Soy consciente de que el tema de los usos de la ayahuasca en un contexto religioso, en la línea de lo que podrían ser los antiguos cultos mistéricos, no se agota en esta sensibilidad tan degradada y tan new age.
En las antípodas de esta idolatrización de la ayahuasca se encontrarán las tradiciones nativas. Desde su punto de vista, estaremos ante un encuentro que dependerá tanto del propio perfil de la potencia vital de la ayahuasca como de la del hombre. Tal encuentro revelará una determinada afinidad o sympatheia. De la afinidad entre la potencia vital de la ayahuasca y la propia naturaleza humana dependerán sus potencias sanadoras. Estaremos, pues, ante un encuentro que dependerá de la propia potencia de vida del hombre y sus estados así como de la vida que dimane al encuentro con la planta. En su sentido filosófico y en toda regla un auténtico encuentro entre espíritus que mide al hombre y a la propia ayahuasca en tanto medicina. En palabras de Pio Vucetich la relación sería de alianza. Entiendo que ésta dependerá además de una adecuada disposición personal de un determinado saber hacer en la línea de lo ya apuntado. Tal saber hacer operará a partir de esa potencia de vida que dimana al encuentro de la ayahuasca así como de la propia pericia, capacitación y destreza del curandero o hombre-medicina, el cual facilitará y otorgará un contexto a tal encuentro... Un devenir hombre, un devenir planta, un vínculo que se traza entre ambos, un encuentro entre potencias de vida, el espíritu de la planta, un modo de intimidad y experiencia, un entrelazamiento entre dos potencias de vida en principio distantes, una copula, un vínculo unitivo, un lenguaje que en un contexto dado da cuenta de esa experiencia y de ese encuentro… Lo que en la new age era devoción y arbitrariedad es aquí responsabilidad, precisión y medida; lo allí era una variante degrada de la experiencia religiosa es aquí un arte medicinal que involucra el propio espíritu; lo que allí era milagrerismo es en las tradiciones nativas saber hacer, maestría y conocimiento preciso; lo que allí es una alteridad sobrehumana aquí es encuentro, cópula y medicina que mide al hombre y sus estados…
Ya me he referido a la importancia decisiva del lenguaje. A través del mismo, el hombre enhebra su vida anímica, despliega sus propios universos de sentido y se encuentra con la vida. Recuerdo cuando me referí a los efectos del peyote estando con un hombre-medicina de tradición lakota. Me corrigió ya que según él no se trataba de efecto alguno sino del encuentro con una potencia, con un acontecer que se brindaba al hombre abriéndole nuevas posibilidades en el cuidado de sí. En realidad un encuentro que a todo interpela y todo remueve. Un encuentro que desvela horizontes hasta entonces inéditos y que reordena la percepción del pasado y la narrativa de nuestra propia existencia. Por eso mismo, emergeran pautas renovadas de encuentro con la vida. Estamos pues ante un encuentro espiritual en toda regla y es que con nuestro propio espíritu nos las vemos. Entender ciertos lenguajes necesariamente templa el nuestro. Espíritu, más allá de sus usos más demenciales o supersticiosos, nos indica eso mismo: creatividad, potencia vital, fuerza activa, vitalidad, genio…En lo referente al hombre la cuestión del sentido y de la libertad más íntima.
(3) Tradicionalmente ser reconocido en la capacidad de manejar medicinalmente la ayahuasca exigirá una formación precisa, compleja y larga; además del reconocimiento y la autorización expresa de alguien ya capacitado como hombre-medicina. Dicho de otro modo para que alguien ejerza de hombre-medicina o chamán tendrá que haber una transmisión previa de otro chamán u hombre-medicina en virtud de la cual quede reconocida esa capacidad. No podía ser de otro modo si nos atenemos a la propia complejidad de todo lo indicado.
Muy lejos de esto los “organizadores de sesiones” de ayahuasca de corte new age apelaran sin demasiado sonrojo a su propia relación con el “espíritu” de la planta y a como éste les habría comunicado la misión de organizar ceremonias y sesiones… La propia ayahuasca les habría transmitido un mandato con todo lo que esto supone: idolatrar la planta, considerarla un poder superior, atribuir a la misma una personalidad concreta, humanizarla en esa medida… Tal sería el “espíritu” de la ayahuasca para esta sensibilidad new age: una especie de ente sobrehumano y sobrenatural, casi una deidad, que curiosamente elige a quien sana, a quien descalabra y a quien organiza sus sesiones… En realidad, si los modos de narcisismos asociados al hecho de considerarse un elegido no fueran tan desagradables o no facilitaran el descalabro de terceros estaríamos ante algo francamente cómico.
(4) Lo dicho quedaría incompleto de no referirnos a lo que sería la adulteración de la sensibilidad espiritual y pan-anímica de las tradiciones chamánicas promovida por la new age. De acuerdo a la sensibilidad nativa todo está lleno de espíritus si atendemos a cada forma particular. Espíritu, en la línea de lo ya dicho, es la potencia de vida de cada forma particular;  su propia naturaleza en tanto fuerza activa e impulso vital… Al tiempo la naturaleza, rebosante de vida y creatividad, será entendida desde esta impronta espiritual; la naturaleza entera considerada desde su propia potencia vital y creadora. Desde esta perspectiva todo queda acogido a un plano de unidad o de totalidad. Me refiero a esa instancia que algunas tradiciones han llamado Gran Espíritu, Gran Misterio o Pachamama en tanto instancia de Unidad  de la vida y de su propia potencia creativa…
Apelo a una determinada hermenéutica filosófica y sapiencial de la idea de espíritu presente en la tradición occidental y bien lejos de las supersticiones new age. La pretensión será vislumbrar las declinaciones más sugerentes de las tradiciones chamánicas. Como vemos alma, espíritu, cuerpo, forma y materia son términos completamente vinculados por un mismo proceso. No cabrá pues escindirlos. Todos ellos intentan describir el devenir de la vida, su creatividad, su misterio… Forjadas a la medida de la propia experiencia del hombre tales ideas son básicamente lenguaje; son cartografía pero no territorio; pictografías y claves simbólicas que dan cuenta de las capacidades del hombre al encuentro con la vida. En relación a lo dicho no olvidemos cómo los lingüistas distinguen entre significante –el sonido de una palabra-, significado la –el concepto que indica- y referente– el afuera de experiencia que el lenguaje indica.
Esta pequeña glosa de la sensibilidad espiritual de las tradiciones nativas tendrá muy poco que ver con el espiritismo new age; a la sazón muy influido por el espiritismo y el ocultismo europeo del siglo XIX. Aquí el espíritu será algo desconexo y confrontado con la materia; una especie de ente de naturaleza desencarnada y volátil. No en vano el origen del espiritismo europeo del XIX, bien lejos de ese pan-animismo vitalista y naturalista característico de las tradiciones chamánicas, estará muy centrado en los “espíritus de los muertos” y los estados post-mortem.  Lo espiritual no indicara el plano de creatividad de la propia vida sino algo desmaterializado, desgajado de ella y ultramundano. La sensibilidad new age se acogerá a esta supersticiosa manera de entender la idea de espíritu deformando completamente el pan-animismo vitalista y naturalista de las tradiciones chamánicas. De ahí que entrar en contacto con el espíritu de la planta, en boca de un occidental, pueda significar cualquier superstición o cualquier fantasía delirante completamente ajena a ese encuentro entre modos afines de vitalidad que en todo caso pretende describir y elaborar una determinado acontecer de la propia vida.
En fin, soy consciente que mucho de lo dicho en esta entrada sobre las tradiciones chamánicas exigiría de entradas específicas que indagaran mucho más en las cuestiones tratadas. Con todo, de lo que se trataba era de caracterizar las típicas supersticiones, de raíz occidental, que observamos en ciertos ambientes ayahuasqueros diferenciándolas de los modos nativos de entender la ayahuasca. Y es que, con seguridad, los usos más irresponsables de esta medicina tienen una clara vinculación con una idea distorsionada de la ayahuasca que lejos de amparar usos medidos y prudentes (dosis, contexto, etc) fomenta todo tipo de excesos. Las cuestiones del espíritu en nuestras sociedades occidentales se encuentran poderosamente reprimidas por la cultura dominante así que no es de extrañar que rebroten como sombra de la mano de la superstición y empapadas de irracionalidad. Por eso la new age proyectará sobre la ayahuasca carencias y supersticiones diversas forjadas en el propio Occidente y completamente ajenas a las mentalidades nativas. No trato de mitificar las tradiciones nativas. Estas encuentran sus modos de plenitud y también de decadencia; con sus propias contradicciones y también con sus modos específicos de superstición de acuerdo a su propia cultura. Con todo, creo que bien cabe una mirada atenta sobre las mismas para saber de ciertos usos milenarios.


[1] Como se hace evidente apelar sin orden ni concierto a las tradiciones espirituales más diversas servirá para todo menos para profundizar en senda espiritual alguna. En este sentido creo importante tomar conciencia de que seguir un camino espiritual y acceder a su intimidad supone transitar efectivamente un camino concreto desde su propia coherencia interna; con sus propias formalidades, contextos y medidas, es decir, con su propia especificidad y lejos de ocurrencias de última hora, gazpachos o remezclas de ocasión. Consideremos que, si bien es cierto que las diversas tradiciones espirituales tienden a confluir en sus operativas últimas, no es menos cierto que transitan sendas diferentes en ese acercamiento al Misterio…


 

2 comentarios:

Tula dijo...

Decía D. Juan que el toque del espíritu es inevitable y con suerte desciende sobre uno, ya que el es quien decide, no nosotros.
¿porqué?..así es el universo y la "regla".

jcaguirre dijo...

Me dejo muy pensativo este comentario y dilate su respuesta ya que plantea una de las cuestiones más complejas. La de la gratuidad estricta de determinados procesos -él decide-y al tiempo la relevancia de las propias decisiones. Un tema más a considerar: la idea de espíritu tiene muchas orillas... la del espíritu como potencia creativa, la del genio propio de cada viviente...