lunes, 30 de junio de 2014

Los chamanes de la prehistoria (I)

En esta entrada y en las dos que la seguirán me adentraré en la interpretación del arte del paleolítico superior en un sentido chamánico. Esta cuestión exige una determinada aproximación a las tradiciones chamanicas a partir de la cual entender ese desconcertante arte. El punto básico de partida  de toda la investigación serán las investigaciones de Jean Clottes y David Lewis-Williams en su libro "Los chamanes de la prehistoria" además de los estudios de Mircea Eliade sobre simbolismo y sobre lo sagrado que encontramos en sus obras "Imágenes y símbolos" y en el volumen I del "Tratado de historia de las religiones". En la segunda y tercera entrada me centraré respectivamente en una caracterización general del chamanismo y en la lectura del arte paleolítico desde el marco hermenéutico que nos brindan las tradiciones chamánicas.



La época del paleolítico superior y su fabuloso arte nos interpelan entre enormes misterios. El primero de ellos el de la enorme calidad de muchas de sus representaciones; lo que supone una considerable complejidad social así como transmisión en el tiempo de técnicas complejas. Otro, especialmente desconcertante, es el hecho de que nunca antes los hombres parecen haberse adentrado por las sendas de la expresión artística –o, al menos, no hay resto alguno de ello-. Hombres anatómicamente modernos -sapiens sapiens- parece haber desde hace unos 100.000 años sin embargo el nacimiento del arte parece remontarse a las expresiones artísticas del paleolítico superior hace unos 35.000 o 40.000 años; especialmente en el área cantábrico-pirenaica… Si esto es así, por qué razón se despertó en el hombre esa capacidad para la expresión artística con toda la complejidad simbólica que le es inherente. Este hecho fascinante nos interpela en nuestro núcleo más íntimo. ¿Hubo antes de esas fechas hombres fisiológicamente como nosotros pero sin esa capacidad de abstracción imaginaria y simbólica?; ¿siendo el arte símbolo y representación habrían desarrollado estos hombres no artísticos un lenguaje lo suficientemente elaborado?; ¿acaso el nacimiento del arte y de sus complejos códigos simbólicos, acaso parejos a los del lenguaje, supusieron el desarrollo de unas potencialidades psicofísicas  hasta entonces en latencia?...
Consideremos la enorme relevancia antropológica y el grado de complejidad que nos indica el desarrollo del arte en términos imaginarios y de abstracción… Qué indujo a que el hombre desarrollará unas habilidades artísticas hasta entonces inéditas; qué dinamizó su imaginario y su capacidad de abstracción. Y en lo referente al arte prehistórico; qué simbolismos acogen las imágenes del arte rupestre, cómo las podríamos leer o entender…. La emergencia del arte –de lo que nosotros llamamos arte- fue, sin lugar a dudas una de las más fascinantes y decisivas revoluciones de la historia humana; una revolución de la mentalidad y la conciencia; una revolución del imaginario, la instauración de un mundo rebosante de símbolos; símbolos que nos dicen, que expresan al propio hombre y construyen su mundo. Advirtamos los complejos simbolismos inherentes al arte y como todo arte, si expresa algo, es la propia complejidad humana y la creatividad de su espíritu al encuentro de la vida.
Si bien es cierto que estos enigmas nos interpelan resolverlos resulta extremadamente difícil. El gran tiempo transcurrido desde esa época y la escasez de fuentes y documentos dificultan mucho las investigaciones. En este sentido podría decirse que la prehistoria es una anomalía de paradigma en el método positivo dominante entre muchos historiadores –atender asépticamente a hechos verificados- ya que positivamente poco podemos saber de esas sociedades. De ahí que emerja la necesidad y la posibilidad de una hermenéutica o interpretación del arte prehistórico capaz de indicarnos un esbozo de comprensión general –que no completa- del mismo. En el contexto de las investigaciones históricas en pocas áreas como esta de la prehistoria quedan esbozados los recurrentes choques de paradigmas que solemos observar en diversas disciplinas. ¿Cabe interpretar o el historiador debe limitarse en todo caso a hechos positivos?. ¿Acaso esos hechos positivos no quedan ya prefigurados desde nuestra propia mentalidad de tal modo que incorporamos ya un sesgo cognitivo?. ¿No introduce de soslayo el método positivo los modos de interpretación más evidentes a la mentalidad dominante?. ¿Cuál es el rigor exigible a un método hermenéutico bien lejos de fantasías y proyecciones sin fundamento?. ¿Debe el investigador renunciar a introducir hermenéutica alguna, aun a costa de empobrecer o limitar su investigación?.... En fin, como siempre, los choques de paradigma crujiéndolo todo en las fronteras y áreas de sombra de las diversas disciplinas…  Personalmente considero, como dijera Nietzsche, que no hay hechos sino interpretaciones y que todo hecho incorpora una determina perspectiva que lo prefigura. De ahí el sinsentido de renunciar tozudamente a toda pretensión hermenéutica. Especialmente por lo que se refiere al método propio de las disciplinas más humanísticas. Si lo dicho es cierto lo será especialmente para una disciplina como la historia de las religiones; inabordable sin algún género de reconocimiento de la experiencia religiosa en tanto ese humus que sirve el contexto de interpretación de las diversas expresiones vinculables con el fenómeno religioso. Ahora bien todo método hermenéutico deberá esbozar detenidamente su propio rigor. Este rigor lo encontrará en la fundamentación de los principios de los que parta. Estos deberán amparar una comprensión y un sentido transversal al objeto de estudio. Dicho de otro modo no se tratará tanto de interpretarlo todo, ni de entrar en cuestiones de detalle con analogías fuera de contexto, sino sencillamente de esbozar un marco de comprensión general.
En este contexto de misterios, enigmas y vacilaciones no pocos investigadores han apelado a los chamanismos contemporáneos –o a lo que queda de ellos- con el fin de entender el arte rupestre y las sociedades del paleolítico superior. A comienzos del siglo pasado estableciendo analogías en exceso apresuradas o poco rigurosas y, más recientemente, buscando principios generales de interpretación del arte prehistórico. No se tratará pues de interpretar determinadas obras apelando a descontextualizados símiles chamánicos en un ejercicio de completa ausencia de rigor. El aval de rigor de estos principios de interpretación sería la capacidad explicativa del arte prehistórico en tanto totalidad de la que emerge un sentido. Desde luego que no estaríamos ante hipótesis demostradas sino ante perspectivas de interpretación capaces de ordenar con sentido una trama de obras artísticas cuyo contexto propio nos es completamente desconocido.
Las sociedades del paleolítico superior, como la mayoría de las tradiciones chamánicas, eran sociedades de cazadores-recolectores con un imaginario completamente enhebrado en la naturaleza. Su arte y sus pinturas así lo atestiguan; aunque como ya hemos indicado, fehacientemente, poco más podemos saber de estas culturas tan distantes.
Atendiendo a este esquivo punto de partida ha habido diversos intentos de entender el arte prehistórico. El primero fue la de atisbar en el arte rupestre una idea pura del “arte por el arte”. En el origen de los tiempos se habría dado una expresividad artística no mediada por historicidad ni por institución alguna sea ésta religiosa o del tipo que fuera. La crítica desechó esta propuesta por proyectar, sin la más mínima base, los debates propios la modernidad artística a la prehistoria.
Otra vía abierta de interpretación fue la de la magia cazadora. Atendiendo a este criterio los dibujos que encontramos en el fondo de las cuevas serían actos de magia simpática con la finalidad de asegurar la caza. La crítica y la investigación académica han desestimado también esta pauta general de interpretación dada la desigual relación existente entre los animales que se cazaban y los animales representados en las cuevas; y también por la representación secundaria de los temas de caza en el arte rupestre[1].
Tras varias décadas de debate los investigadores en el último tercio del siglo XX , especialmente a partir de la obra de Leroy Gourhan, encontraron cierto consenso en que ante el arte rupestre nos encontramos con un bestiario animal, simbólica y culturalmente relevante. Desgranar esos simbolismos condujo al análisis estructural de los yacimientos y de las pinturas rupestres con el fin de encontrar relaciones, sintaxis y significados subyacentes. Lo que según los investigadores reveló la evidencia de que nos encontrábamos ante auténticos santuarios que se acogían a la profundidad de las cavernas y que presentaban una simbólica muy compleja.  Este sería el contexto del nacimiento del arte; el mismo que el del nacimiento de la religión o del ritual; surgiendo indistinguibles de una esfera común de experiencia.  A partir de ahí el desafío planteado sería el de comprender y leer esos códigos simbólicos. Aquí es donde entra en escena la alusión a las tradiciones chamánicas en tanto marco hermenéutico y de comprensión general del arte del paleolítico superior.


[1] Resulta revelador que la cultura popular siga insistiendo en la teoría de la magia cazadora como pauta general para la comprensión del arte rupestre cuando ha sido completamente desechada desde hace décadas. No deja de expresar un imaginario de corte evolucionista en el cual la magia y la mentalidad mágica sería la propia de las culturas primitivas y también de los llamados “primitivos actuales”. Como digo resulta revelador que esta creencia colectiva persista insistentemente contra las evidencias que va aportando la investigación


9 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno el artículo.
Tula

jcaguirre dijo...

gracias tula

jcaguirre dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rab dijo...

Por eso, digo yo, que a los artistas nos cuesta tanto atenernos a los dogmas, que poco tienen de religiosos y sí mucho de estructuras creadas para el control del personal. El sentido de lo sagrado es algo tan distinto a lo dogmas que vendrían después... Coincido con los investigadores en que seguramente arte y religión nacieron juntos.

Has elegido un tema fascinante, el mismo que elegí yo para mi tesis de Arteterapia transpersonal. Todavía recuerdo mi visita a la rèplica de Altamira... fue increible ver las reproducciones, que prácticamente se pueden tocar.

Esperamos gozosos la llegada de la segunda parte ;)

salutti

jcaguirre dijo...

Ya lo tengo hecho pero resultó muy largo y si; a mi también es un tema que me tiene fascinado. ¿Qué paso en el área francopirenaica hace 37000 años?...

Anónimo dijo...

C. Castaneda en su libro el conocimiento silencioso explica un poco el desarrollo
de los humanos y en que lugar de conciencia se encontraban hace 30 o 40. 000 años.
La belleza reflejada en su arte expresa (como ahora no lo es) el estado interior de los humanos en aquellos tiempos….
Tula.

Rab dijo...

De seguro fue una experiencia cumbre *
:)

hiniare dijo...

Yo también espero las continuaciones. A mí me marcó la lectura de Lewis-Williams, la entrada que le dediqué era parte de un trabajo de la universidad para la asignatura de prehistoria, pero he de decir que cambió la visión que tenía de esta época. Los diferentes estados de la mente, y los animales-guías emergiendo de la piedra... Hay tanto en lo que profundizar y aprender...
Un tema apasionante,
h.

jcaguirre dijo...

Efectivamente, un tema apasionante el de qué sucedió hace 35000 o 40000 años. Quizá la más importante revolución que ha tenido el hombre hasta la fecha