sábado, 24 de enero de 2015

Método científico y estudios pluridisciplinares (I)


En esta entrada -y en la serie que inicia- trataré de sentar las bases de los estudios pluridisciplinares en lo singularidad y lo propio de cada perspectiva de investigación. Para ello abordaré un acercamiento al método científico de corte hermenéutico, entendiendo las proposiciones científicas como lenguaje y atendiendo a las posibles anomalías de paradigma que pudieran darse. A partir de estas anomalías indicaré la pertinencia de las investigaciones de corte humanístico. Consideremos que vivimos en un mundo en permanente agresión contra las disciplinas humanísticas cuando el caso es que éstas pudieran ser decisivas para poder investigar, comprender y acercarnos a las experiencias que inducen los fármacos visionarios. En este sentido un acercamiento a estas sustancias fragmentado entre la ciencia más exigente y la new age más delirante sólo sellaría la imposibilidad de tal acercamiento. Finalmente, soy consciente de que un acercamiento teórico al método científico puede resultar árido y acaso offtopic. Con todo, lo entiendo indispensable para poder pensar la pluridisciplinariedad; especialmente si atendemos a la relevancia social que hoy en día tiene la razón científica. Percatémonos de que la pluridisciplinariedad nos indica una auténtica clave de acercamiento a los desbordantes y enigmáticos efectos de las plantas y los fármacos visionarios.
 
 
Un acercamiento al método científico
 
Las llamadas ciencias fisicalistas -especialmente la neurofisiología- y el método científico aportan una enorme riqueza al estudio de las experiencias con sustancias visionarias. No voy a glosar los importantes descubrimientos científicos habidos, entre otras cosas por no ser mi especialidad, pero sí que creo pertinente abordar una serie de reflexiones epistemológicas, es decir, filosóficas  en relación al estudio científico de los efectos de los fármacos visionarios.
 
Por ciencias fisicalistas los epistemólogos entienden las disciplinas propiamente científicas -las también llamadas ciencias duras-, es decir, las disciplinas que atienden al conocimiento que nos aporta la observación de los fenómenos físicos y naturales previamente formalizados como objetos de estudio de acuerdo a las exigencias métodológicas y protocolos de estas disciplinas. A esta formalización, que convierte el fenómeno en un objeto de conocimiento científico, es, precisamente, a lo que apunta la objetividad propia de las ciencias fisicalistas. Tal formalización, realizada a través del desarrollo de un metalenguaje específico –el lenguaje científico-, pretenderá apuntar a la estructura del fenómeno.
 
De cara a entender esta formalización -y el propio concepto de objeto- es importante subrayar cómo el fenómeno queda objetivado con el fin de convertirse en ese objeto de conocimiento reconocible por el método que se aplica. En este sentido resulta importante ponderar que la noción de objeto, en términos generales, viene a constituirse a partir del proceso de objetivización de un fenómeno con la finalidad de conocerlo. El conocer humano tendrá pues sus propios modos de formalización de un fenómeno a la hora de conocer. Esto, necesariamente, indica una determinada actividad cognoscente a través de la cual constatamos los modos en que se ordena y despliega la capacidad de conocimiento. En resumen, el conocer del hombre y su acceso al mundo no depende de  una pasividad receptiva respecto de lo real sino del modo en que el hombre conoce.
 
Este conocer quedará vinculado a praxis intencionales y a finalidades concretas. Hasta el punto de que todo saber o disciplina, en su origen, tenga a su base esas praxis intencionales. Por eso las ciencias o la matemática encontraran su origen en técnicas previas como la agrimensura o la arquitectura.
 
El calificativo de fisicalista apelará a la propia génesis de estas disciplinas -ya que las mismas fueron desglosándose de la antigua física aristotélica- y también a la clara fisicidad de los fenómenos estudiados. Esta fisicidad supondrá que estemos ante fenómenos naturales nítidamente mensurables y medibles experimentalmente; por lo que la física –de ahí que hablemos de ciencias fisicalistas- pasaría a considerarse como el modelo-raíz de referencia para las diversas ciencias.
 
El método de estas disciplinas será el método científico. De acuerdo al mismo toda observación deberá quedar formalizada a través de las mediciones y los cálculos correspondientes. El método propio de las ciencias tendrá pues unos protocolos estrictos.
 
A partir de tales protocolos podremos abordar la reducción analítica tan característica del método científico. En virtud de la misma el fenómeno estudiado será reconocido mediante una observación tecnológicamente mediada a través de aparatos de medición; lo que constituirá el carácter estrictamente experimental del método. A partir de esta observación el fenómeno quedará referido y reducido a unos elementos básicos o enunciados de medida. En realidad las variables matemáticas que podamos apreciar en el fenómeno valiéndonos de las mediciones y los cálculos correspondientes. Así, discriminando y diferenciando unas variables de otras, el fenómeno quedará reducido a los elementos básicos que, desde la perspectiva del propio método, constituyen su estructura. Tal será la reducción analítica tan característica del método científico. Como se hace evidente la discriminación de los diversos enunciados de medida dependerá de los límites, condiciones y capacidades de esa observación tecnológicamente mediada.
 
Ante el proceder analítico del método científico no estaremos pues ante una simple observación del fenómeno. Los enunciados de medida, a la sazón los enunciados básicos resultantes de la aplicación del método, dependerán de esa observación mediada tecnológicamente y referida a determinadas unidades de medición. Estos enunciados también recibirán el nombre de enunciados protocolarios, por depender estos de la estricta aplicación de los protocolos inherentes al método. Popper se referirá a los mismos como proposiciones básicas.
 
A continuación, por inferencia –derivar una conclusión de unas premisas mediante la aplicación de unas reglas concretas-, se formularán las hipótesis que den cuenta de los enunciados de medida en lo que sería un intento de ofrecer una explicación estructuralmente integrada de esos elementos básicos en un todo matemáticamente coherente. Tal hipótesis nos ofrecerá una determinada formalización del fenómeno que compendiará y dará cuenta de las inter-relaciones estructurales –mecánicas- de sus elementos básicos. Las hipótesis podrán ser corroborables o falsables a través de las correspondientes  mediciones y experimentos. La falsación de hipótesis estará vinculada con la capacidad predictiva de esas hipótesis. De ahí que sea se falsen o corroboren proposiciones o enunciados predictivos inherentes a la hipótesis estudiada. Para todo ello la aritmética y el cálculo matemático serán instrumentos fundamentales. Esta hipótesis, en términos lógicos, ontológicos y formales, no podrá considerarse una síntesis[1] del fenómeno ya que para que así fuera el todo resultante debería ser algo más que la mera suma o entramado mecánico-estructural de las parte.
 
Este, por cierto, no será un asunto baladí ya que dará cuenta del complejo encaje de una ciencia tan importante como la biología en la perspectiva fisicalista apuntada; lo cual ha abocado a esta disciplina a recurrentes conflictos de paradigma. En este asunto se resolverá el primado de una perspectiva, bien mecanicista o bien superadora del mecanicismo, para las investigaciones de corte neurocientífico; asunto éste decisivo para la decantación del estudio de los fármacos visionarios desde un punto de vista neurofisiológico. No me extenderé en este asunto ya que requeriría una entrada específica.
 
En conclusión, desde la perspectiva de las ciencias y su método las realidades físicas se nos brindan al conocimiento a través  de la matemática. De ahí la afamada sentencia de Galileo de que la naturaleza se expresa en un lenguaje matemático. Un lenguaje que tendrá el rigor y la precisión que nos aportan las matemáticas.
 
De todo el protocolo apuntado creo importante destacar su carácter experimental, la matematización del fenómeno, el carácter analítico que descompone el fenómeno estudiado en las variables y elementos básicos y, finalmente, la formalización explicativa que supone la hipótesis. Si atendemos a la capacidad del lenguaje científico de expresar un orden natural –por muy humano que éste sea- sus enunciados tendrán un carácter ontológico. Si atendemos al lenguaje científico, en tanto expresión del modo de conocer del hombre, estos enunciados tendrán un perfil cognoscitivo.
 
El protocolo metodológico descrito deberá ser aplicado con rigor y precisión si es que se quiere que esa observación tecnológicamente mediada culmine en el cincelado de un objeto de conocimiento propiamente científico. Para esto será fundamental ponderar que el fenómeno estudiado no se remita, en su propia complejidad, a haces de causalidad que no sean empíricopositivos, esto es, que no sean claramente cuantificables y medibles. Si esto sucediera la reducción analítica quedaría desvirtuada [2]–especialmente si no se consideran otras perspectivas de investigación- ya que los fenómenos no serían reducibles a esos enunciados básicos que son los enunciados de medida.
 
En este acercamiento al método científico he atendido básicamente a su génesis y a sus elementos constitutivos. Así lo he hecho en la medida en que estos nos ofrecen un marco  que nos introduce a la propia noción de ciencia. Lo dicho se podría matizar convocando al uso de la estadística en las diversas ciencias –siempre y cuando la formalización del fenómeno tenga una expresión estadística- o a la aplicación de metodologías mucho más deductivas en las cuales se construye completamente el entorno experimental que ha de validar una deducción matemática previa, tal y como sucede en el ámbito de la física teórica y la física de partículas. Con todo, esta atención a los elementos más nucleares que constituyeron el método científico nos mostrará los principios básicos que constituyen al conocer científico.
 
Los principios del método
 
De la operatoria del método científico ya indicada podremos deducir los principios de los que éste parte. Estos enunciaran las bases y proposiciones generales que hacen posible el conocer científico. Estos principios no serán demostrables a partir de la operatoria del método científico de ahí que considerados desde el propio método tengan un carácter axiomático y apriorístico. En base a este carácter axiomático los principios del método podrán considerarse como una serie convenciones que nos vienen dadas. En relación a lo dicho el epistemólogo y matemático Henry Poincare hará un importante matiz al indicarnos que la indemostrabilidad de los axiomas no supondrá su arbitrariedad ya que estos deberán adecuarse al mundo físico que se pretende conocer; y eso por mucho que se estime que tal mundo quede enhebrado por el modo de conocer del hombre. Consideremos que el mundo que se conoce responde tanto al propio modo de conocer del hombre como a la existencia de un referente externo.

Estos principios, si bien indemostrables atendiendo al propio método científico, encontrarán su fundamentación racional en la reflexión filosófica, la epistemología y la teoría del conocimiento. Como principios serán los que marcan las pautas a través de las cuales los objetos de conocimiento vienen a reconocerse y a quedar delimitados, enhebrando el paradigma de estudio del que dependerá nuestra capacidad investigadora. Efectivamente, todo conocer dependerá de un paradigma previo; el cual vendrá a quedar constituido desde los principios de ese conocer. De los mismos dependerán los diversos desarrollos y cristalizaciones de la razón científica.
 
Este paradigma, el propio del conocimiento científico, atenderá primariamente a lo dado fenoménicamente al conocer del hombre -postulándose, por tanto, que los fenómenos serán fuentes de conocimiento-, al carácter experimental del método, a la reducción analítica y a la inferencia de hipótesis. En resumen, se partirá de lo fenoménico considerándose una observación tecnológicamente mediada sobra la que descansarán las pautas de formalización de las que depende la objetivización del fenómeno; de esta aproximación experimental –y no experiencial- a los fenómenos implicará que estos queden cuantificados y reducidos a una serie de mediciones. La formulación matemática del fenómeno, propuesta por la hipótesis, culminará ese proceso de reducción analítica del fenómeno a sus elementos básicos y a las interrelaciones entre los mismos.
 
Lo afirmado nos desgrana de un modo inmediato lo que serían los principios del método científicos: La atención preferente al fenómeno, el concepto de lo experimental en tanto observación tecnológicamente mediada, la elaboración del objeto de conocimiento científico mediante una formalización que lo traduce a lenguaje matemático y ese carácter analítico, reductivo e inferencial [3] del método. Como ya he indicado desde el punto de vista del método científico estaremos ante unos axiomas indemostrables. Desde el punto de vista de la epistemología estaremos ante unos principios que requerirán de fundamentación filosófica.
 
Estos auténticos pilares del conocimiento científico operaran como aprioris cognoscitivos que enhebran la propia textura del conocer científico al tiempo que permiten reconocer sus objetos de conocimiento. Su fundamentación, ya lo he indicado, dependerá de la reflexión  filosófica y epistemológica; la cual, a su vez, solo será concebible desde determinadas concepciones del mundo de carácter previo, esto es, desde un modo de representarnos el mundo -e incluso de imaginarlo-. Estas concepciones previas serán el contexto que [4] torne concebible tal fundamentación [5]. No olvidemos que tanto la idea moderna de representación como la idea clásica de imaginación operan como condiciones previas al juicio racional por determinar y enhebrar el modo en que habitamos el mundo. En este sentido creo muy importante atender a la relevancia cognoscitiva de la imaginación para poder comprender la génesis y la existencia del método científico y es que todo juicio encontrará en sus cimientos una imago mundi específica. Así, todo juicio racional, descansará sobre una determinada manera, de carácter previo, de reconocer, de habitar y de quedar abiertos al mundo, esto es, sobre toda una serie de disposiciones básicas.




[1] Efectivamente, desde la perspectiva del análisis el todo será más que la mera suma de las partes. Consideremos que lo analítico queda referido al discernimiento de los elementos integrantes de un todo que, básicamente, es el compendio o entramado mecánico de los elementos que lo integran. De ahí que las partes de ese todo, en su trama de relación, no signifiquen o revelen alguna textura de ser o esfera ontológica que transcienda al conjunto de esos elementos.  Lo que en términos lógicos supondrá que los juicios analíticos no alcance proposiciones diversas a ese todo que consideramos como algo dado. Así todo juicio analítico quedará referido al fenómeno estudiado y a su descomposición de tal suerte que la realidad del todo se resolverá en la descomposición de sus partes. Mientras lo sintético exige que ese todo alcance o signifique una perspectiva cualitativa, textura de ser o esfera ontológica que transcienda la mera interrelación o cotejo mecánico de las partes. De ahí que los juicios sintéticos, como dijera Kant, introduzcan nueva información mientras que en los analíticos los predicados queden contenidos en su sujeto. En resumen, la esencia de lo analítico será esa descomposición de un todo –con fines explicativos-, en sus elementos básicos. La de lo sintético será alcanzar nuevas proposiciones, ideas o intuiciones a partir de la mirada atenta sobre un fenómeno y las partes que lo componen. En el análisis todo quedará remitido al fenómeno mismo y a sus elementos básicos. En la síntesis el fenómeno quedara abierto a su propia transcendencia y al modo en que la atención sobre el mismo ampara otros enunciados y otras esferas de ser. Para el análisis el todo queda referido a sus partes. En la síntesis el todo, ontologicamente, es algo más que la suma de sus partes y por tanto irreductible a las mismas. Sirva lo dicho para una mejor caracterización del método científico y de su carácter analítico.
[2] Esto sucedería en el caso de una psicología que no sea consciente de incorporar perspectivas alternativas de estudio ajenas a la modelización estadística de las conductas humanas. Consideremos que la conducta queda causalmente abierta al psiquismo y al complejo medio interno del hombre. Un objeto de estudio éste –el medio interno del hombre-, inabordable desde el método científico en su propia complejidad precisamente por no ser cuantificable. Lo que no menoscaba la pertinencia de las modelizaciones estadísticas de la conducta propias de la psicología experimental o las investigaciones neurofisiológicas a la hora de estudiar ese medio interno. En realidad lo que postulo, a través de la crítica filosófica- es la necesidad de una perspectiva pluridisciplinar. Y es que ni el psiquismo se puede reducir causal y explicativamente a lo neurofisiológico –cfr. entrada Marino Pérez- ni tampoco los estudios sobre conducta pueden obviar que su campo de estudio queda causalmente abierto a un medio interno muy complejo       
[3] Primariamente quiero decir. En la génesis del método científico la inferencia de proposiciones de carácter general y con capacidad predictiva a través  de la ponderación de unas premisas previas –los enunciados de medida- es algo nuclear al método experimental. Es cierto que ciertos desarrollos del método científico vinculados con la matemática deductiva han ido teniendo una relevancia creciente, especialmente en la física teórica y la física de partículas. Ahora bien no es menos cierto que la apelación a la observación y la inferencia experimental está en el núcleo del método científico. Otra cosa será el debate sobre el status epistemológico de lo deductivo en el método científico algo que suscita no pocas voces críticas
[4] Creo importante esta referencia a estas concepciones del mundo de carácter previo que subyacen a los diversos modos y maneras de la racionalidad. No olvidemos que, en la línea de lo afirmado por Wilhem Diltehy, lo que caracteriza la razón filosófica es la existencia de una pluralidad de sistemas los cuales se van sucediendo en la historia y dependen de diversas maneras de habitar y concebir el mundo en tanto expresiones de la vida humana.
[5] Esta fundamentación y esta especulación racional fue la que permitió, en el siglo XVII, la cristalización del propio método científico. El cual, por gozar de una rigurosa fundamentación y ser fruto de un riguroso discernimiento, ha alcanzado grandes cuotas de precisión en todo lo que tiene ver con el objeto de estudio que él mismo reconoce, es decir, en todo aquello que es observable y medible en términos cuantitativos mediante el cálculo matemático.