miércoles, 4 de marzo de 2015

Método científico y estudios pluridisciplinares (II)


En este nueva entrada de la serie continúo con el acercamiento a la naturaleza del método experimental profundizando en ciertas temáticas –la cuestión del empirismo, la de la inducción, la de las hipótesis, la falsabilidad  y la de la idea de paradigma-  para a continuación entender la ciencia como lenguaje. Soy consciente de la aridez de la temática tratada. Con todo la creo de especial relevancia si queremos determinar la perspectiva propia del método científico para a partir de ahí ser capaz de pensar la ciencia. A partir de tal acercamiento, atendiendo a la propia naturaleza y principios del método experimental, podremos fundamentar la necesidad de otras perspectivas de investigación. Como ya he indicado el autor de este blog considera esencial hacer valer una perspectiva pluridisciplinar como base para el estudio de los fármacos visionarios.


(1) En lo referente a la cuestión del empirismo y al modo de observación propio del método científico es importante hacer un matiz. No estaremos ante una observación empírica [1] en sentido estricto, en el sentido que este término tiene filosóficamente hablando. Reparemos en que esa observación no apela a una atención sensualista, ni siquiera a la propia experiencia vital en un sentido amplio; apela a una observación mediada por el cálculo matemático y por instrumentos tecnológicos. De ahí que lo propio del método científico no sea lo experiencial sino lo experimental, esto es, la atención al experimento en tanto observación de la naturaleza mediada por diversos aparatos de medición y por la aplicación del cálculo matemático. Tal será el contexto de la afirmación de Gustavo Bueno de que el método científico no es empírico sino experimental –glosada ya en otra entrada-.

Del mismo modo será una necedad, una coloquialidad casi ágrafa, esa afirmación que, a veces se escucha, reservando el carácter empírico sólo a las disciplinas científicas… En realidad, lo empírico en su sentido más amplio, entendido como atención a la propia experiencia vital y a los procesos perceptivos del hombre, encontrará una importante esfera de elaboración en los discursos y las reflexiones humanísticas.

(2) En relación a la inducción –inducir: inferir leyes universales con capacidad predictiva atendiendo previamente a fenómenos y hechos particulares- ésta se reveló finalmente problemática para fundamentar teóricamente el método experimental ya que los proposiciones y enunciados alcanzados por la investigación praxis tenían cierta provisionalidad. Adviértase que tales proposiciones acusarán siempre esta provisionalidad en su dependencia de las capacidades tecnológicas y de observación existentes y, también, en su vínculo con los paradigmas y programas de investigación que puedan estar vigentes. Dicho de otro modo las proposiciones científicas podrán cambiar en el tiempo... Con lo que difícilmente podríamos hablar de inducción de leyes universales y generales... La conclusión de los debates teóricos se ha decantado por dejar en suspenso esa pretensión de inducción y la inferencia inductiva para pasar finalmente a entender las inferencias propias del método científico como inferencias experimentales. Tal inferencia corroboraría hipótesis con capacidad predictiva y no leyes generales.

(3) En relación a las hipótesis ya he indicado que su formulación y marco de comprensión dependerá de nuestras capacidades tecnológicas y de sus límites así como del paradigma vigente y del programa de investigación que se aplique. Con lo que siempre existirá esa provisionalidad. Esta provisionalidad nos revelará una determinada distancia entre las hipótesis propuestas y el ser o figura completa y total del fenómeno –la verdad del fenómeno-; la cual, de algún modo, siempre quedará del otro lado. En este sentido el propio Karl Popper, en el "Postcriptum a la lógica de la investigación científica", nos dirá que, brindándose un conocimiento de la realidad en la ciencia, éste no dejará de ser un conocer fragmentado, referido a aspectos concretos y revisable.

Así las cosas no deberá extrañarnos que el rango epistemológico y cognoscitivo de las hipótesis haya sido una cuestión muy debatida en el contexto de las reflexiones epistemológicas. Ya Aristóteles distinguió las hipótesis –un supuesto del que se extraen determinadas consecuencias- de las definiciones. A estas últimas reservaba el filósofo griego la capacidad de dar cuenta del significado y ser de algo; con lo que ya desde su primera formulación intelectual las hipótesis fueron entendidas desde cierta provisionalidad y relatividad. El mismo Newton en sus Principia Mathematica expresará serias dudas de que las hipótesis pudieran dar cuenta de la razón científica. Newton, para la ciencia, propugnaba una inducción de la que se infirieran leyes generales y no enunciados tan provisionales como las hipótesis. Una ley general, según su criterio, nítidamente verificable como verdadera o falsa apelando a la experimentación.

Es cierto que las hipótesis no pueden ser estrictamente verificadas –de las hipótesis no se puede decir con carácter universal y general que sean verdaderas o falsas ya que entonces no serían algo provisional- pero, al tiempo, no son ajenas al fenómeno aludiendo al mismo aun desde cierta distancia. De ahí que hayan pasado a considerarse como indispensables para la ciencia, en tanto explicaciones provisionales -en palabras de Ernst Mach-, ya que se ajustan a la perfección a la propia dinamicidad de la investigación científica. De hecho en la historia de la ciencia será algo de lo más común que las hipótesis vengan a ser suplantadas unas por otras o recontextualizadas en paradigmas o programas más amplios de investigación.

Siempre habrá pues una distancia, irreductible, entre la figura o forma completa del fenómeno, de un lado, y las hipótesis y proposiciones científicas, de otro. Por eso la pertinencia de apuntar a los fenómenos en tanto los referentes a los que se remite la investigación científica. El objeto no será pues ese referente. Recordemos que los objetos de conocimiento quedaran ya significados desde lo que el propio método es capaz de reconocer, es decir, los fenómeno físicos y naturales en tanto formalizables desde esa observación tecnológicamente mediada que apela al cálculo matemático. Con lo que el objeto que se reconoce responde ya a un modo de representarlo y a un modo de representarnos el mundo fenoménico que habitamos. A partir de la idea de representación el conocer científico y, en realidad, todo conocimiento imaginable, quedará condicionado, determinado y prefigurado por la forma y el modo en que el propio hombre conoce. Un último matiz. El hecho de que el fenómeno sea el referente y el objeto de conocimiento responda ya un modo de representarlo y significarlo nos introduce a considerar las ciencias como lenguaje.

(4) En relación a la verificabilidad y la falsabilidad indicar que éste última -y no la verificabilidad- será el criterio básico de cientificidad de las hipótesis científicas. La apelación a la falsabilidad tiene que ver con la crisis del concepto de verificación como criterio de cientificidad. Verificar –ya lo he indicado-  supone confirmar la clara veracidad o falsedad de un enunciado a través de una acción -en este caso de un experimento-. Así la verificabilidad resultaría difícilmente compatible con el carácter provisional de las hipótesis no siendo viable, en términos lógicos, hablar de una clara veracidad o falsedad de las mismas. En conclusión, las hipótesis no serán verificables en el sentido de que al no expresar una ley general no podrán ser consideradas, en sentido estricto, como verdaderas o falsas. A lo sumo serán corroboradas -utilizando el concepto propuesto por Popper- en la medida en que no puedan ser falsadas. Por lo que toda corroboración será provisional. Mantener la verificación como criterio de cientificidad exigiría una verificación por grados… Algo difícilmente encajable con el significado del término verificar.

La crisis de la verificación trajo consigo el criterio de falsabalidad por reflejar mejor los formalismos lógicos y la operatoria propia del método experimental. De ahí la tesis de Popper de que lo propio de las proposiciones y enunciados científicos quedaría acogido a la posibilidad de falsarlos poniendo a prueba sus capacidades predictivas. Como ya he indicado las hipótesis serían corroboradas provisionalmente en la medida en que no puedan ser falsadas. Así la falsabilidad pasará a convertirse en el criterio general de cientificidad.

(5) En relación a la idea de paradigma Platón la utilizará en tanto patrón o modelo. Así el eide platónico sería el patrón o modelo de las diversas realidades sensibles. También nos dirá Platón en la República –Rep, VI, 484 C 9- que la atención a paradigmas, es decir, a patrones o modelos será la condición previa de todo conocer. Con lo que observamos dos sentidos en este uso originario del término paradigma. Un sentido ontológico –el paradigma como modelo o patrón de algo- y otro cognoscitivo –el paradigma como patrón que permite conocer algo-.

En el siglo XX Thomas S. Kuhn, sin lugar a dudas el más  importante epistemólogo del siglo XX, ordenará toda su reflexión epistemológica desde la idea de paradigma en su sentido más cognoscitivo, esto es, desde la existencia obligada de patrones o modelos de conocimiento previos a la hora de que el conocer científico venga a poder desplegarse y dar sus frutos. Estos paradigmas, según el criterio de Kuhn, cambiaran a lo largo del tiempo e, incluso, podrán entrar en conflicto unos con otros. Lo que introducirá en la idea de ciencia una determinada historicidad. Esta historicidad servirá el contexto al hecho de que ciertas teorías científicas aparezcan en ciertos momentos históricos siendo, sin embargo, rechazadas en otras. Adviértase que las diversas teorías científicas, según Kuhn, dependerán para su cristalización y emergencia de la vigencia de paradigmas específicos.

Desde la llamada teoría de los paradigmas el conocimiento científico se considera pues acogido a un determinado paradigma, el cual quedará referido a una serie de principios que se toman como algo dado y que no son objeto de duda -recuérdese lo ya apuntado respecto del carácter de axiomas indemostrables que tendrán los principios del método científico considerados desde el propio método-. Efectivamente, pensar desde un paradigma específico supondrá que demos por sentado los principios del mismo, dando estos cuenta de cómo nos representamos e imaginamos el mundo. Nuestra capacidad de juicio operará pues a partir de esta disposición del imaginario.

Si bien es cierto que tales principios -los axiomas del método- pueden fundamentarse desde la reflexión filosófica no es menos cierto que esta fundamentación dependerá -como ya hemos indicado en la anterior entrada- de concepciones previas y, en concreto, de esa disposición del imaginario; o lo que es lo mismo de una imago mundi específica. No en balde Kuhn relacionará los cambios de paradigma con cambios básicos en la manera de entender y percibir el mundo y los fenómenos naturales. Para este epistemólogo estos cambios quedaran dinamizados por la creciente toma de conciencia de las anomalías que presenta el paradigma que entra en crisis.

Desde cierto punto de vista estos principios darán cuenta del propio conocimiento científico como tal pero, al tiempo, podrán introducir diversas variaciones o matices de los que dependerán los diversos paradigmas científicos. Kuhn se detendrá en estudiar esta pluralidad de paradigmas interna a la propia ciencia así como los choques entre los mismos. En relación a lo dicho y en el contexto de su obra cabe destacar "La revolución copernicana" -un estudio sobre el conflicto entre el paradigma aristotélico-ptolemaico y el copernicano-newtoniano- y su obra “La estructura de las revoluciones científicas” en la que trata de un modo más general de estos choques de paradigma y de la propia idea de paradigma.

Serán precisamente las anomalías de paradigma las que vengan a cuestionar los paradigmas vigentes dentro del ámbito de la propia ciencia. Tales anomalías vendrán dadas por las referencias y los contenidos irreconocibles e inasumibles dentro de un paradigma dado y, en esa medida, irreconducibles teóricamente al panorama explicativo del paradigma que entra en crisis. En las situaciones de choque de paradigma la toma de conciencia de esas anomalías será el asunto decisivo. De tal toma de conciencia se derivará una determinado desplazamiento en el orden de la percepción y del entendimiento básico de los fenómenos que se investigan. De tal suerte que los fenómenos observados empezarán a ser vistos desde una perspectiva diferente. Kuhn entenderá este desplazamiento como un desplazamiento en la figura, es decir, en la referencia de totalidad –gestalt-, a través de la cual totalizamos, entendemos y reconocemos el mundo; lo que supondrá una cambio de importante calado en nuestra representación del mundo. Necesariamente este desplazamiento tendrá a su base un cambio en la visión del mundo que tienen los científicos; y este cambio, en su raíz, responderá a mutaciones de calado en la esfera del imaginario vigente en una sociedad. Estas mutaciones en la esfera del imaginario serán indesligables de determinados contextos sociológicos, tecnológicos y económicos y también del propio debate de ideas como tan oportunamente reivindica el historiador de la ciencia Alexander Koyré(Cfr. Alexander Koyré. "Qué es la ciencia"). A tales dinámicas responderá la estructura de las revoluciones científicas y la propia vigencia de los paradigmas.

Los cambios de paradigma se traducirán en profundos cambios en el orden de los significados, lo que se traducirá en una reordenación a fondo del conocimiento científico. Este cambio en el orden de los significados será lo que detone la inconmensurabilidad entre dos paradigmas científicos distintos –literalmente se entienden los fenómenos de un modo diferente con lo que el conocimiento científico se decantará de diversas maneras- y el choque duro al que se ven abocados los mismos. Con todo, esta inconmensurabilidad será en todo caso local o parcial ya que el conocer científico mantendrá su propia singularidad a pesar de que acontezcan cambios específicos en los principios de los que depende ese conocer. Consideremos que de no ser así ni siquiera cabría hablar de ciencia.

Como se hace evidente la idea de paradigma se instala en esa distancia o hiato existente entre los fenómenos y las proposiciones científicas. En este sentido Kuhn negará la existencia de una realidad o verdad al margen de la teoría y a la cual nos estaríamos acercando progresivamente. Advirtamos que toda idea de realidad y de verdad, atendiendo al propio concepto de paradigma, aparecería ya vinculado a un modo específico de conocerla. De ahí que Kunh, muy oportunamente, vincule el desarrollo científico con la capacidad de resolver problemas y con la capacidad para realizar enunciados predictivos y no con un progresivo avance quimérico hacia la "pureza de lo real".

Otro filósofo de la ciencia Imre Lakatos acuñó un concepto que puede complementar al de paradigma. Me refiero a la noción de programa de investigación. Estos programas responderán a una serie de reglas metodológicas que priman ciertas perspectivas de investigación al tiempo que dejan de lado otras ordenando, en todo caso, la interpretación de la los avatares de la investigación científica. Para Lakatos -por mucho que condicionen al científico y a diferencia de lo que sucede con los paradigmas- la relación con estos programas de investigación se moverá a un nivel mucho más consciente, manejable y racionalizable; de tal suerte que los científicos se decantarían por unos u otros programas de investigación atendiendo a las finalidades de las investigaciones que emprenden y a los resultados que obtienen. Más que a los principios del método científico implicaran a los principios y finalidades que rigen una investigación específica concreta. Es evidente que en un tiempo de choque entre paradigmas los posibles programas de investigación aplicables cobraran una especial relevancia. Con todo, la idea de anomalía de paradigma transcenderá completamente estos programas de investigación  ya que las anomalías implicaran asuntos no reconocibles desde la estricta aplicación del método científico; sobre todo si el científico de que se trate se ciñe incondicionalmente a un paradigma concreto. Por lo que estos programas no podrán integrarlas o dar cuenta de las anomalías existentes ya que los científicos instalados en un paradigma en crisis, si no se lo cuestionan, serán impermeables a estas anomalías. En cualquier caso -y más allá de toda consideración- la noción de programa de investigación da perfecta cuenta del margen de maniobra que los científicos tienen a la hora de ordenar y sentar las bases de una investigación dada; eso si dentro de un paradigma concreto que, en principio, les vendrá dado.

Finalmente, hay quien ha vinculado la idea de paradigma con la noción de episteme o campo epistemológico de Michel Foucault. Efectivamente, esta noción nos permite enriquecer la comprensión de la idea de paradigma subrayando un determinado acento antropológico para la misma capaz de dar cuenta de diversos contextos humanos. Para Foucault los campos epistemológicos son la trama subyacente e inconsciente que en un contexto histórico-cultural dado delimita el campo de conocimiento y los modos en que las cosas son percibidas y entendidas. Estos campos epistemológicos no son creaciones conscientes de hombres concretos sino modos de positividad, en realidad una trama de disposiciones básicas, que acontecen históricamente y en los cuales los hombres quedan instalados. A partir de los mismos los hombres perciben, actúan, piensan y conocen. Como se puede observar esta noción de episteme foucaultiana, si bien claramente emparentada con el paradigma kuhniano, es más amplia aunque, por eso mismo, nos da perfecta cuenta de la profundidad que implica la propuesta epistemológica de Thomas S. Kuhn.

En lo referente a los fármacos visionarios -y atendiendo al método científico- las cuestiones de paradigma, los programas de investigación vigentes y todo lo relacionado con los principios y las áreas de anomalías de las investigaciones emprendidas serán algo decisivo a la hora de reconocer la posibilidad de una pluridisciplinariedad real. Precisamente por que tales anomalías, frecuentemente, a lo que apuntaran será al estudio del fenómeno desde otras perspectivas. De ahí que la idea de paradigma de perfecta cuenta no solo de la evolución de la ciencia sino también de la capacidad de que ésta reconozca otras esferas disciplinares.


[1] La cuestión del empirismo y las ciencias modernas merece algún género de reflexión ya que en lo que sería un uso coloquial o poco riguroso del lenguaje se habla del carácter empírico de las ciencias modernas. El positivismo decimonónico y el positivismo lógico alaban el carácter empíricopositivo del método científico. Efectivamente, ante lo empiricopositivo y desde la propia sistemática de estas corriente filosóficas no estaremos sino ante lo experimental y ante la formalización matemática del fenómeno. De tal suerte que esta formalización sería la base del conocimiento objetivo y de la propia condición del fenómeno en tanto objeto de conocimiento. En este sentido podríamos distinguir entre (1) lo empírico de acuerdo a la perspectiva sensualista del empirismo filosófico, (2) lo empírico en un sentido laxo atendiendo en términos generales a la valoración de la experiencia fenoménica y vital, (3) lo empíricopositivo en tanto atención a un objeto de conocimiento formalizado matemática y experimentalmente.

2 comentarios:

Tula dijo...

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