jueves, 30 de abril de 2015

Método científico y estudios pluridisciplinares: La ciencia como lenguaje (III)


Continuamos con esta serie de entradas dedicadas a clarificar el discurso científico para finalmente postular la necesidad de una perspectiva de estudio multidisplinar capaz de reconocer diversas esferas de comprensión e investigación. Entiendo que para muchos seguidores del blog se haga árida esta temática en incluso off topic. Por mi parte considero esencial, en estos tiempos de marea alta de modos de un cientificismo vulgar -especialmente en ciertos entornos académicos-, saber reconocer el discurso científico para a partir de ahí postular la necesidad de los estudios pluridisciplinares en tanto referente elemental de todo método que pretenda investigar los efectos de los fármacos visionarios.

 
El discurso científico y sus enunciados no dejan de ser un lenguaje peculiar, en concreto, un lenguaje formalizado y elaborado por el hombre. A través del mismo queda expresada tanto la urdimbre de la naturaleza como el modo en que el hombre es capaz de conocerla. En este sentido es, también, un modo de expresión del hombre y de su modo de conocer.

En el lenguaje científico, como en todo lenguaje, encontraremos siempre un referente, esto es, el fenómeno estudiado que queda indicado y apuntado, en este caso, desde las representaciones y enunciados propios del método científico; un significante –las propias notaciones matemáticas y científicas- y, finalmente, el significado de esas proposiciones científicas. Estamos pues ante un lenguaje que traduce la realidad físico-natural que el hombre conoce[1].

El lenguaje científico es pues un lenguaje formalizado y construido por el hombre. Un lenguaje que responde al modo de conocer del hombre y a los procesos de formalización de los que depende ese conocer. A este proceso de formalización y matematización, es decir, a la aplicación de las exigencias y protocolos del método científico, responderá la construcción y el cincelado de los objetos de conocimiento propiamente científicos. Con todo, el lenguaje científico es algo más que una simple convención social tal y como propone la escuela convencionalista;  precisamente por reflejar el modo en que el hombre ordena y elabora la realidad con la finalidad de conocerla.

Respecto del fenómeno, el objeto de conocimiento que el método reconoce, será un modo de representación específico que responderá a la reducción analítica característica del propio método a partir de los principios y axiomas inherentes al mismo. Por eso siempre habrá –ya lo hemos indicado- una distancia entre el fenómeno observado y su representación. Consideremos que el conocer propio del método científico quedará prefigurado en los axiomas que aplicamos y en el cálculo de las variables cuantitativas a las que atendemos, quedando descartadas aproximaciones de otro orden e, incluso, variables de orden menor. La propia caracterización del método científico, en tanto método analítico-reductivo, da perfecta cuenta de lo dicho. Con vistas a una mayor fundamentación de lo afirmado me remito a la primera entrada de la serie.

Ponderar la distancia existente entre el fenómeno y su representación en los enunciados científicos –la representación no agota la totalidad del fenómeno- no será sino tomar conciencia de que la ciencia, antes que nada, es un lenguaje que como tal indica. Efectivamente, atendiendo a la propia naturaleza del lenguaje siempre habrá una distancia, un hiato, entre el lenguaje, sus modos de representación y el referente al que el lenguaje apunta. En el caso que nos ocupa tal distancia será la existente entre la estructura indicada para un fenómeno en el lenguaje científico y la propia complejidad y forma o figura completa del fenómeno. De esta distancia se deducirá la pertinencia y posibilidad de otro tipo de aproximaciones y modos de comprensión del fenómeno que puedan dar cuenta de otras perspectivas posibles. No habrá pues un isomorfismo literal e inmediato entre lenguaje científico y referente -lo mismo cabrá decir de todo tipo de lenguaje-. Consideremos que este isomorfismo supondría que las representaciones que sobre el fenómeno elabora el método científico tengan una forma idéntica al fenómeno cuando lo cierto es que el referente –el fenómeno- siempre quedará más allá. Con lo que su representación en el lenguaje nunca podrá acoger la totalidad del fenómeno ni ser un calco del mismo.

En conclusión, el lenguaje indica pero no suplanta a la realidad, ni la refleja como si de un espejo se tratara. En el caso del lenguaje científico éste apuntara, efectivamente, al fenómeno pero atendiendo a un modo de conocer específico que tendrá a su base esos principios y axiomas propios del método.

El epistemólogo y matemático J. Schwartz[2] nos advertirá con lucidez del desatino que supone pensar los enunciados básicos del lenguaje científico -y todo el proceso de matematización y de reducción analítica- como una traducción del fenómeno en términos literales e isomórficos capaz por eso mismo de acoger la figura o forma completa del fenómeno. Según su criterio una traducción literal “tendría la total exclusividad a la hora de conocer y comprender el fenómeno”; lo que para empezar tornaría irreconocible e implanteable toda perspectiva pluridisciplinar al hacer superfluas o marginales otras perspectivas de investigación y estudio... Desde el punto de vista de Schwartz esta pretensión aplicada al método científico, careciendo de base, producirá paradójicamente la ilusión de un enorme rigor y precisión. Esta ilusión encontrará su apoyo en la precisión aportada por la matematización propia del método científico en lo que sería una mala comprensión de esa matematización.

Para este matemático y epistemólogo, si no se quiere caer en costosos desórdenes epistemológicos, no podrá dejarse de lado esa distancia existente entre el fenómeno y su representación en la aplicación del método científico.  Efectivamente atendiendo al discurso de Schwartz, entre el fenómeno, de un lado, y las unidades de medida y las correspondientes hipótesis, de otro, habrá un determinado hiato. Tal hiato responderá al proceso de formalización del objeto de conocimiento científico mediante la aplicación del método.

Las complejidades y encrucijadas que suscita este hiato entre la realidad y el lenguaje científico no serán pocas. ¿Qué decir sobre la realidad y sobre su relación con las verdades y certidumbres científicas?. ¿La matemática se corresponde con el modo de conocer del hombre y de ordenar la realidad o bien con los equilibrios y armonías de una realidad absoluta?.. En este sentido Albert Einstein nos dirá: “En la medida en que las proposiciones matemáticas se refieran a la realidad no son ciertas; y en la medida en que son ciertas (matemáticamente) no son reales”. Con todo, de este carácter lingüístico de la ciencia, dependerá la intersubjetividad y comunicabilidad del discurso científico. No olvidemos el vínculo existente entre la matemática y el modo en que el hombre puede conocer la realidad.

El hiato y la distancia existente entre lo real y su traducción matemática -y también entre lo real y todo lenguaje- será una de las cuestiones epistemológicas más candentes. Esta cuestión exigirá la existencia de una “realidad en sí” susceptible de ser abordada desde perspectivas y lenguajes diversos pero que, como tal, siempre se retrae. Consideremos que ese hiato entre realidad y lenguaje es inherente al propio carácter del lenguaje en tanto sistema de representación integrado por significante, significado y referente. La representación no reproduce literalmente y en su completitud lo representado. Por eso mismo esa figura o forma total o completa del fenómeno será una noción-límite, meramente regulativa, del conocer del hombre. Como tal nunca se podrá brindar al conocimiento ya que, de suyo, se retrae no indicando objeto alguno.

En lo referente al método científico esta cuestión exigirá que la matemática quede acogida a como nos representamos el mundo, a cómo ordenamos el mundo a partir de nuestros procesos perceptivos y de entendimiento, esto es, a cómo conoce el hombre el mundo. Lo que no desdice, por lo demás, que la propia realidad se nos brinde matemáticamente en ese encuentro entre lo real y el hombre del cual depende el mundo humano en el que quedamos instalados.

Consideremos que la mirada del hombre no es ajena a la realidad sino parte de la misma... Un mundo con sus trazas de realidad, efectivamente, pero al tiempo una realidad a la medida del hombre que vendrá a ser elaborada –llegará a ser- a partir de su propio modo de conocer y percibir. Lo real, lo real como tal… Un concepto límite que siempre queda del otro lado…

Como se hace evidente para pensar la pluridisciplinariedad evitando todo tipo de talibanías o pasiones cientificistas –o del género que sean- un asunto decisivo será saber ponderar el carácter lingüístico del discurso científico y de todo discurso con pretensiones de veracidad. A la hora de abordar el método de estudio de los fármacos visionarios perder de vista esta pluridisciplinariedad condenaría las investigaciones a la más absoluta mediocridad.
 


[1] En lo dicho me remito a la semiótica y al desglose del signo en el referente extralingüístico, el significado y el significante.

[2] J. Schwart. “The pernicious influence of Mathematics on Sciencie”. A Froda, H. Margenau, J. Schwartz, J. A Wheller, “Symposium on the role of Mathematics in the formulation of physical theories” en Logic, Methodology and Philosophy of Science(proceedings of the 1960 international congress), ed. E. Nagel, P Suppes, A. Tarski, 1962, pgs, 340-374.

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