sábado, 11 de julio de 2015

Algunas notas sobre investigación psicológica de los fármacos visionarios




Tras la serie de entradas dedicadas al método científico quisiera lanzar una serie de reflexiones concretas, ordenadas en dos entradas, sobre la investigación psicológica de los efectos de los fármacos del género phantastica -que dijera Lewin-. Con el fin de clarificar la perspectiva propia de estas reflexiones apuntaré su significación estrictamente epistemológica, es decir, referida a esas cuestiones generales y de principio que determinan y troquelan los perfiles de la investigación psicológica. Esta primera entrada de la serie la dedicaré a la ponderación de paradigmas psicológicos específicos. En concreto me ocuparé del conductismo y del paradigma biologicista en tanto reconstrucción de la Psicología desde la Biología y la Neurofisiología. En la segunda entrada de la serie me centraré en las psicologías de corte hermenéutico para, finalmente, indicar el desafío teórico apuntado por la pluralidad de saberes que convoca la investigación de los efectos de los fármacos visionarios.

 
 
Vinculables con la Psicología, históricamente,  podemos distinguir perspectivas diversas que, por regla general, se han visto abocadas a un permanente choque de paradigmas; con todo el fragor y el conflicto que esto supone. Como ejemplos de estos choques de paradigmas podemos señalar el que confrontó y confronta a la Psicología experimental con las Psicologías hermenéuticas de orientación introspectiva y el choque que parece perfilarse entre el conductismo y el biologicismo emergente. Recordemos la radicalidad y la virulencia con los que Thomas S. Kunh describe las situaciones de choque de paradigma en su obra “La estructura de las revoluciones científicas”; situaciones en las que se confrontan concepciones del mundo y concepciones de la propia investigación sin que quepa conciliación alguna. Abordar esta situación de choque de paradigmas si algo nos exige es una atención al modo de conocer específico de estos paradigmas, a sus principios y a su perfil general.
 
 
1.- Psicología experimental y conductismo
 
La Psicología experimental adoptará como referente y modelo cognoscitivo el aportado por las ciencias naturales o fisicalistas. De hecho el calificativo de experimental apuntará al carácter experimental del método científico. Este intento de ordenar la Psicología desde el referente cognoscitivo que nos aportan las ciencias naturales continúa una importante tradición que se remonta al pensamiento ilustrado y a esa atención preferente por el fenómeno que, en palabras de Ernst Cassirer, caracterizaría la Ilustración. En el caso de un paradigma de psicología ordenado desde tales a prioris de lo que se tratará será de delimitar un fenómeno lo suficientemente mensurable y medible como para poder cuantificarlo y reducirlo a variables matemáticas.

Esta manera de entender la psicología encontrará en el conductismo una referencia nítida de ordenación de la disciplina psicológica. El gran mérito del conductismo, su principal aportación, será ser capaz de fundamentar la autonomía disciplinar de la Psicología desde una perspectiva experimental que toma como referencia metodológica a las ciencias fisicalistas. Para ello el conductismo deberá encontrar un objeto de estudio nítidamente observable, medible y cuantificable. Ese objeto de estudio será la conducta en tanto fenómeno formalizable a partir de cálculos estadísticos. La conducta y los modos en que ésta varía ante los diversos estímulos o contextos existentes –por ejemplo, ante la ingesta de sustancias- será pues el objeto de estudio del conductismo.
Se ha criticado al conductismo, además de por las limitaciones que ofrece la propia estadística, por el hecho de que su campo -el de la conducta- quede, de suyo, abierto a haces de causalidad y a esferas que transcienden la conducta en lo que sería un medio psicológico interno –el de la vida anímica- que los estudios estadísticos no serían capaces de penetrar. Esto no le resta valor ya que su programática lo que intenta hacer valer es la esfera propia de una Psicología Experimental que se dota de un método propio -el cálculo estadístico- y de un campo de estudio propio -la conducta- en tanto manifestación externa de ese medio interno. De ahí que pueda afirmarse que el conductismo construya una Psicología experimental que adapta, atendiendo a circunstancias específicas, el método científico-experimental a la investigación psicológica.
Como podemos constatar el conductismo supone un planteamiento razonable a la hora de perfilar una Psicología experimental que tome como modelo la referencia epistemológica de las ciencias fisicalistas. No olvidemos que el medio interno –la esfera de lo anímico- del que dependería la conducta no es mensurable ni matematizable atendiendo a las exigencias del método científico. De ahí que la conducta, por ser observable y cuantificable, sea el objeto de estudio.
En relación a la investigación de los fármacos visionarios los estudios de corte conductista atenderán a los cambios y al estado psicológico que observamos entre quienes ingieren estas sustancias -atendiendo a contextos específicos-  a través de una comparativa con quienes no lo hacen. La delimitación de los grupos humanos que se estudien deberá ser rigurosa y estar bien acotada atendiendo a criterios específicos. Algo especialmente interesante de este método de investigación será que al ponderar directa o indirectamente determinados contextos de uso nos podrá indicar referencias antropológicas y contextos precisos en relación a un uso más idóneo de los fármacos visionarios. La metodología conductista, en realidad, no se adentrará en las causas de los beneficios que pudieran asociarse al uso de sustancias visionarias en ciertos contextos –no podría hacerlo por quedar su campo causalmente abierto- sino que se centrará en constatar esos beneficios. Este método de investigación ha aportado y aporta referencias y contenidos de enorme valor.
 
2.- La cuestión del biologicismo: exposición crítica
De entre los diversos paradigmas que confluyen y se confrontan en el ámbito de la Psicología podríamos apuntar a una determinada manera de entender lo anímico o lo psíquico desde lo biológico. En virtud de esta perspectiva toda la fenomenología psíquica, en última instancia, sería explicativamente reducible a variables bioquímicas y neuronales. Así lo mental y la conciencia quedarían en función de lo cerebral. Esta perspectiva, en palabras de Mario Bunge, supondrá considerar el psiquismo como un epifenómeno dependiente de lo neuronal.
Conviene advertir que la presentación que hace Bunge del paradigma biologicista no niega toscamente la existencia del psiquismo tal y como han llegado a hacer los biologicistas más furibundos y más ágrafos, acaso sin detenerse a pensar siquiera qué quisieran enunciar. En este sentido la de Bunge es una exposición que tiene una determinada madurez expositiva. Con todo, para este biologicismo, intelectualmente elaborado, la causa subyacente a todo fenómeno psíquico, la referencia que lo explica de un modo completo en tanto pauta explicativa general que totaliza y reduce el fenómeno a sus propias variables, pertenecería al orden biológico.
Como se hace muy evidente desde esta perspectiva la Psicología sería reducible, en términos generales, a la Biología. Hasta el punto que el campo de estudio y el método propio de la Psicología serían directamente los de la Biología.
Esta corriente encuentra sus precedentes más inmediatos –no podría ser de otra manera- en la biología de corte mecanicista, en la llamada “psiquiatría basada en la evidencia” (neurológica o bioquímica) y en las corrientes más reduccionistas de la llamada neurociencia. Con todo, la gran referencia teórica será ese mecanicismo en virtud del cual la vida de los cuerpos sería explicable apelando a la mecánica fisiológica. En el caso de la biología el origen del mecanicismo se remontará al siglo XVIII. Por expresar toda una época y una mentalidad este origen será indesligable del tópico científico-cultural del hombre-máquina enunciado hacia 1750 por La Mettrie en su obra “El hombre-máquina”.
Desde el punto de vista de la investigación de los efectos de los fármacos visionarios este enfoque supondría atender, principalmente, a las investigaciones farmacológicas y neurológicas. De esta manera cualquier beneficio del uso de estas sustancias dependería de la modificación de equilibrios bioquímicos, en última instancia, atribuibles a la mera ingesta del fármaco. Efectivamente, reducir los efectos de los fármacos visionarios a determinadas variables bioquímicas o neurológicas presupondría que la mera ingesta del fármaco visionario, de un modo mecánico, será lo que dé cuenta de la aparente complejidad de sus efectos y de sus posibles beneficios.
Esta perspectiva, biologicista y neurocéntrica, dejaría de lado la atención a la relevancia de factores singulares que empíricamente se nos revelan como decisivos a la hora promover los efectos beneficiosos de la ingesta de fármacos visionarios. Me refiero a factores puramente cualitativos como son las referencias antropológicas, los marcos culturales, rituales o formales de la ingesta, las cosmovisiones y circunstancias personales del experimentador, los recursos que éste pueda movilizar a la hora de asimilar y tomar conciencia de la experiencia o los contextos que puedan facilitar la integración de la misma…
Criticar la “Psicología” de corte biologicista no supondrá, en modo alguno, poner en cuestión la gran importancia de la farmacología o de la neurofisiología. La farmacología, con su propio método y esfera experimental tiene, de hecho, una importancia decisiva en la investigación de los fármacos visionarios. No se trataría pues de criticar la farmacología sino de criticar la reducción de las investigaciones psicológicas a este enfoque fisicalista en el que ante la ingesta de una sustancia solo se atenderá a esa dimensión farmacológica y neurológica. En realidad criticar la “Psicología biologicista” o “Neuropsicología” lo que pretenderá será reivindicar un espacio específico para las investigaciones psicológicas autónomo respecto de la neurofisiología y la farmacología.

Finalmente, un importante matiz; esta pretensión de reducir lo psíquico a lo biológico lejos de ser una elaboración científica postulada por la farmacología será una programática postulada, especialmente, por ciertos psicólogos en su desmedida exigencia de asimilar la Psicología con las llamadas ciencias duras.
 
En relación a la crítica del neurocentrismo y del biologicismo me remito a la entrada Marino Pérez y el efervescente mito del cerebro creador. Sobre este tema me limitaré a apuntar que esta crítica, evidentemente, no niega que todo lo relacionado con la conciencia tenga un determinado correlato fisiológico. La cuestión que se plantea es si lo fisiológico recapitula y explica causalmente los hechos de conciencia de tal suerte que lo mental pueda ser explicativamente reducido a lo neuronal. En tal caso lo neuronal nos daría una respuesta completa que totalizaría cualquier fenomenología anímica…. Lejos de lo dicho, lo cierto, es que plantear estas cuestiones parece revelarnos la obstinación de lo mental en no dejarse reducir a lo cerebral a la hora de ser explicado y comprendido. Otros factores y otras variables reclaman atención a la hora de entender las causas que explicarían la fenomenología anímica.
 
La tesis bio-psico-social de Marino Pérez según la cual la vida anímica respondería a la interacción compleja de lo neuronal, de lo social y cultural y de factores biográficos puramente personales apunta satisfactoriamente a la complejidad de la propia conciencia y a esa obstinación de lo mental en no dejarse reducir a lo neuronal. Desde esta perspectiva todo hecho de conciencia tendrá, efectivamente, un correlato fisiológico aunque los hechos de conciencia no serán comprensibles ni entendibles sin apelar a ese paradigma de complejidad. En sintonía con el mismo los hechos de conciencia y cualquier fenomenología anímica, para ser explicada, deberá atender a la inter-relación compleja de lo cerebral, de los socio-cultural y de lo psicobiográfico.
 
 
2.1.- El biologicismo y su ascenso

El contexto de irrupción de esta Psicología biologicista encontrará su causa en las tendencias que podemos observar en el seno de la Biología en las últimas décadas del siglo XX. En la misma reconocemos una determinada evolución hacia un paradigma crecientemente mecanicista. La intención será equiparar la biología con la física en tanto ciencia fisicalista por excelencia en cuyo seno cristaliza el método científico. El artículo de Fernando Colmenares Biología, Etología y Psicología: pluralismo, interdependencia y respeto (Cfr. Psicópolis. Jose Luis Romero Ed. Ed Kairos) en el que se trata este asunto de manera impecable y ahí remito al lector interesado. Esta tendencia que podemos observar en la biología -y que deja completamente de lado la atención a paradigmas de orden vitalista u organicista- afectará notablemente a la Psicología. Ponderemos que en relación a la conducta de los cuerpos vivos, hombre incluido, el mecanicismo vigente entenderá la conducta como mecánicamente determinada desde la esfera de lo biológico. Con lo que muy poco margen quedaría para apreciar la creatividad de los cuerpos vivos considerados en tanto sinergias autopoieticas y creativas capaces, en sus potencias adaptativas, de desbordar una referencia mecánica estricta. No olvidemos que para el paradigma mecanicista el cuerpo vivo toma como referencia explicativa el simil de la máquina.

Para la Psicología –o para algunos psicólogos- atender a la biología supondría acercarse a las ciencias fisicalistas y al emblema de cientificidad que ansía para sí la institución psicológica académica –básicamente por cuestiones de poder y prestigio social; nada que tenga que ver con criterio teorético alguno-. Esto será lo que la llevará a pugnar por asimilarse al panorama que podamos observar en el contexto de las llamadas ciencias duras; precisamente por querer equipararse a las mismas y por buscar su reconocimiento. De ahí que constatemos el surgimiento de una Psicología acentuadamente biologicista de corte mecanicista por mucho que ese biologicismo cuestione la existencia de la Psicología como disciplina autónoma. Lo dicho no deja de resultar llamativo ya otros paradigmas existentes en la Biología -reivindicados al día de hoy por gentes como Sheldrake, Fritjof Capra, Francisco Valera o Humberto Maturana y también desde cierto neolamarckismo reconocen esa esfera de creatividad de los cuerpos vivos irreductible al símil mecánico. Precisamente esa creatividad que en el caso del hombre -y ya fuera de la Biología- ampararía la apelación ámbitos como el psicológico o el antropológico.
Algo similar le ha sucedido a la psiquiatría en la eclosión de la llamada “Psiquiatría basada en le evidencia” según la cual cualquier trastorno anímico quedaría referido a desequilibrios bioquímicos o neurológicos. Análogamente a lo que pretende la Psicología, la Psiquiatría biologicista, intenta así paliar lo que consideraría sus insuficiencias intentando asimilarse al resto de ramas médicas. A partir de este giro mecanicista que observamos en la biología, en la Psiquiatría y en la Psicología entenderemos ciertos deslumbramientos, a veces muy primarios y elementales, por la llamada neurociencia.
En relación a lo dicho aclaro que no menosprecio en absoluto el enorme valor que tienen los estudios e investigaciones sobre el cerebro. Hasta el punto de considerar que el siglo XXI muy probablemente sea el siglo del cerebro. Otro tema será el marco de comprensión e interpretación, es decir, el marco y los principios -el paradigma en suma- a partir del cual se entiendan y ordenen esas investigaciones.
 
2.2.- Biologicismo e investigación
En el ámbito de la investigación de los efectos de los fármacos visionarios el giro mecanicista que se observa en las últimas décadas del siglo XX ha dejado estas investigaciones en una situación muy delicada. No olvidemos que a partir de tal giro será la propia Psicología académica la que entienda los posibles efectos beneficiosos de estas sustancias desde una perspectiva biomédica y estrictamente farmacológica, es decir, atendiendo a ese paradigma mecanicista que solo entenderá esos beneficios desde los equilibrios y modificaciones bioquímicas que facilita la simple ingesta de dichas sustancias. Lo que, como ya he indicado, deja de lado la atención a determinados factores de orden cualitativos en el primado absoluto de esta mecánica biológica.
Todo este revival mecanicista que observamos en las últimas décadas y que, por lo demás, retrata y expresa muy bien la evolución general de la cultura y de las mentalidades en ese mismo tiempo, se ha configurado como uno de los problemas más importantes que la investigación de estas sustancias debe afrontar. Consideremos que la investigación precedente fue evolucionando desde el paradigma biomédico de los años veinte, incapaz de simplemente reconocer los efectos de los fármacos visionarios al contemplarlos como simples psicosis sobrevenidas farmacológicamente. Desde esta perspectiva, estrictamente biomédica, se fue avanzando en la dirección de un reconocimiento progresivo de todos los factores de índole cualitativo, tanto terapéuticos como formales o, incluso, rituales, que servían de contexto a las transformaciones personales y catarsis que se observaban en ciertos experimentadores. Tal fue la evolución que vio nacer la llamada escuela psicolítica y su pretensión de integrar este género de experiencias en el contexto de una terapia analítica. O de la escuela catárquica en el reconocimiento de la posibilidad de importantes catarsis personales tras la toma de estas sustancias y en su indagación sobre el marco y los contextos que facilitarían esos procesos de transformación personal. O del propio Grof en su pretensión de síntesis de las escuelas precedentes en su valoración de la esfera terapeútica como modo de integración a medio y largo plazo de las tomas de conciencia subyacentes a esas catarsis…
Toda esta tendencia es simplemente irreconocible desde la perspectiva biologicista y biomédica. De ahí la catástrofe que supone encajar las investigaciones sobre enteógenos en los departamentos de psicobiología de las facultades de Psicología. Y digo catástrofe por el gran paso atrás que supone. Liberar las investigaciones psicológicas sobre estas sustancias de las estrechas miras de los departamentos de Psicobiología –o al menos la flexibilizar esas investigaciones- será la condición para que determinados factores cualitativos puedan ser reconocidos y evaluados.
 
3.- Breve sobre Psicología cognitiva-conductual
Un apunte más. La psicología cognitivo-conductual como modelo teórico no tiene sostén epistemológico alguno ya que la apelación a la metáfora del ordenador es un auténtica agresión contra el método científico ya que éste no incorpora el pensamiento analógico y mucho menos lo metafórico en su racionalidad o en su método. Las investigaciones hechas desde dicha perspectiva, apelando a una matematización inspirada en la matemática computacional, solo pueden ser calificadas de pintorescas y extravagantes además de acientíficas.